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EL SUELO BAJO NUESTROS PIES

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Suena el teléfono. Carlos al otro lado del auricular saluda, pregunta dos tres cosas como suele suceder cuando llama alguien con el que hace días no hablas y luego dice lo que venía a decir. La pregunta que hace puede servir para titular una tesis de varios tomos, un curso entero, una conferencia taquillera y rentable. La pregunta que comparte es “Juan, ¿cuáles son los retos de los jóvenes en el posconflicto?”
Jóvenes. Retos. Posconflicto.
Joven y reto son dos palabras que no están lejos la una de la otra porque ¿qué otra cosa es la juventud sino un desafío? Sobre esto ya hay líneas y páginas y libros y libros y más libros escritos. Lo nuevo aquí es la palabra posconflicto. Esto cambia toda la ecuación.
¿Quiénes han peleado la guerra en mayor número? Los jóvenes. ¿Quiénes han puesto la cuota más alta de muertos? Los jóvenes.
¿Quiénes deciden la guerra? Los viejos.
Es contra natura que los padres entierren a sus hijos. Pero nos acostumbramos a ese paisaje. Lo aceptamos. Algunos por temor, mu…

PIEDRAS QUE HABLAN

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Conocí el mar a oídas.
Alguien fue hasta un lugar que no sé cuál fue, con playa y palmeras, y trajo de allí algunas historias y conchitas y caracoles. Tomo uno y lo puso en mi oído. Cerré los ojos y escuché un océano entero. Y sonreí.

Conocí Auschwitz, también, sin haber ido.
Gaby regresó de otro de sus viajes por el mundo. La Maestra pasó esta vez por lugares en que sólo puedes caminar en silencio; templos del Nunca Más que nos recuerdan el horror del que el hombre puede ser capaz. Se detuvo en las cicatrices, el ghetto y los campos de concentración. Allí recogió una piedra y tantas millas y horas de vuelo y de insomnio la trajo pensando en mí. Sus hijos le decían si estaba dispuesta a llevar esa piedra por medio planeta a sabiendas de lo que pesa. Y no hablamos de gramos sino de historia y dolor y memoria, esa que tanto pesa.

Y la trajo. Y la puso en mi mano.

Durante una conferencia que compartimos no pude dejar de sostener el holocausto pequeñito en la palma de mi mano aunque la p…

CERATI, GRACIAS POR VENIR

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El mensaje de María del Rosario decía “¿Murió Cerati?” quise creer que era una de esas veces (otra vez) en que alguien mata con rumores falsos por Internet a algún famoso. Hace cuatro años esperaba esa noticia pero ahora, cuando recién me contaban, me vi sorprendido como si no la hubiera previsto. ¿Murió Cerati? Murió Cerati. Alivio y tristeza en la misma frase. Soda Stereo me invitó a bailar mientras afuera estallaban bombas, me llevó a la calle con alegría mientras el miedo me invitaba a quedarme en casa, me enseñó el sentido exacto de la palabra concierto, eso es cierto, gran acierto. Por favor rebobinar: un lapicero entre los dedos, el movimiento circular de la muñeca de la mano, el casete girando como una honda a punto de lanzar canciones adentro de mi cabeza. Hay música que se queda en tu corazón. Cerati siempre tocó su guitarra en inglés mientras cantaba en español. Podría hablar de su primer concierto en Medellín con el trío o del último que ofreció años después como solista en la…

TODOS TUS MUERTOS

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En Colombia los muertos nos hablan desde el calendario. Mientras algunos buscan el día de su santo en la fecha de su cumpleaños, otros encuentran el aniversario de una tristeza. Semana tras semana podrías conmemorar a una, otra y otra ausencia. Ya son tantos los nombres que se vienen a la cabeza cuando quieres terminar la frase ¿Qué estabas haciendo cuando mataron a...? y entonces aparece la mañana de sábado en que te despertaste con la muerte de Andrés Escobar y la de viernes en que la víctima fue Jaime Garzón o la fatiga en el pecho de la noche en que mataron a Luis Carlos Galán y allí solo cito tres nombres que nadie olvida para empezar a cerrar los ojos con lágrimas que desembocan en la boca del miedo.

No hay violencia buena y violencia mala. Toda es mala. Y está tan muerto el dirigente político en manos del sicario como el futbolista en manos del guardaespaldas del apostador como el ciudadano sin notoriedad pública que salía del cajero y se encontró con la mano del fletero armado.…

NEGRO HIJUEPUTA

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El hombre grita, vocifera, deja salir colérico algún madrazo enojado en medio de su limpia argumentación sobre la presión que sienten dos personas cuando son escogidas con malas palabras y peor actitud por la policía para una requisa “al azar” en medio de una calle colmada de gentes que, igual que ellos, van a sus obligaciones al empezar el día. Los detienen porque llevan una “prisa sospechosa” dicen. Carlos Angulo lanza con rabia, con indignación en estado puro, sus pertenencias al suelo para que los policías vean que en la mochila no guarda nada que deba esconder salvo la ropa que ha de sudar en la jornada laboral. Su hermano menor, quieto en la acera, mira con temor a los policías. María Alejandra Pulido, que pasaba por ahí en ese momento, ha grabado toda la escena con su teléfono celular y ha subido el video a internet. El testimonio instantáneo y espontáneo se hace viral. El desahogo en dos tomas de este ebanista inunda las aguas de los navegantes en internet. Se convierte inclus…

LA ÚLTIMA NOCHE EN LA TIERRA

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La mañana después no habían cucarachas en el cuarto, ni kafkas en los espejos.

Todas las canciones estaban escritas en una escala que su voz no podía alcanzar y nunca aprendió a silbar bien, por tanto la música ya era asunto de otros y no el suyo. Desde esta orilla cualquier río parecía un mar porque tampoco decidió jamás que aprendería a nadar. La vida era un toro dispuesto a cornearle en el pecho y desde la barrera sonreían sus amigos del club antitaurino. Se puso su mejor sonrisa y salió a la calle a buscar una bonita excusa para regresar a casa de la misma manera que algunos chicos evitan hacer bien la tarea para intentar una ausencia en la clase siguiente. Aún así el sol insiste en brillar de oscuras maneras y castiga con todo fervor la insolencia de tipos como él: dicen que prefieren la luna pero dejan sus vampiros en los bolsillos.

Perdió las horas no sabe dónde, no sabe cuándo. Encontró algo del tiempo perdido en un bar al final de la tarde donde todos los vasos estaban medio ll…

RELATO DE PUGILATO

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El Hombre Triste tiene rotos y desgastados sus guantes de box. 

Han sido tantos los golpes de la vida que hace años no pasa tiempo largo sin sentirse en pleno combate. Algunas mañanas, antes de poner pie fuera de la cama, siente que ya ha perdido por nocaut pero no tiene más remedio que enfrentarse al ring de los días y se levanta como quien ha besado la lona con labios sangrientos. 

Sólo acaba de abrir los ojos y ya trae la mirada cansada. La Oda a la Alegría es una música que sale a la calle desde la ventana de al lado, nunca desde la suya. Tiene rotos y gastados los guantes, sabe que nadie tirará la toalla para salvarlo a él. 

Calienta el café de ayer y debe ser por eso que siente que la vida se encadena sin pausas de la misma manera que los cines rotativos de su infancia. Todo listo después de los movimientos habituales del ritual matutino. Incluso el polvo está en su lugar. Gira el pestillo, abre la puerta, el sol de frente ofende su rostro, unos pasos cortos y ya está en la calle. …