sábado, 20 de octubre de 2012

ORIÓN, EL CAZADOR CIEGO

Orión, el cazador.
Orión, el cazador ciego.
Orión, el cazador ciego de un ojo.
Orión, el cazador ciego de un ojo que dejó su sombra en el inframundo según el relato de Odiseo. Así era Orión. Y diez años después de la Operación Orión que dejó heridas que aún sangran en la Comuna 13 de Medellín resulta irónico -por coherente- el nombre que tuvo este despliegue armado que cambió la palabra Conflicto por el significado exacto al decir Guerra. Guerra urbana. Vivida a pocos minutos del centro de la segunda ciudad de Colombia. Guerra con helicópteros artillados. Guerra con ráfagas nocturnas rompiendo el sueño y la madrugada. Guerra donde la comunidad fue trinchera y botín. Guerra sucia. Porque ninguna guerra es limpia.

Cinco días antes de la Operación estuve allí: caminando por siete, nueve, barrios de aquellos veintitrés que sumados hacen la Comuna 13. En una esquina los elenos, al centro los comandos armados populares, en la otra orilla las FARC. Haciendo lo suyo juntos: es decir trayendo terror y desgracia. En la parte alta crecía el rumor (y las balaceras) que señalaba que los paramilitares habían comenzado a moverse para formar un cerco. El Bloque Cacique Nutibara. En las escalas de estos barrios, esos laberintos, unas sandalias apresuradas daban paso a unas botas de caucho de tipos que ya se vestían de camuflado porque ya no se escondían. La tienda pagando impuesto por el derecho a vender comida pa´l diario. La escuela sumando más sillas vacías que alumnos. Abuelitas y nietos durmiendo bajo sus camas y no sobre ellas. El pánico de estar cerca de una puerta. Los barrios vecinos fueron una larga sucesión de ventanas anunciando Se vende y Se arrienda y casas y apartamentos sólo fueron ocupados por el vacío y el miedo. Huyeron por igual los deterrados y los desplazados. Los milicianos nunca han estado "del lado del pueblo" sino de sus intereses y sus ganancias. Una década atrás allá iban a dar las víctimas del secuestro express y estas milicias usaron la comunidad como escudo humano. Nada tan triste como un hombre pidiendo permiso para caminar por las calles que él mismo construyó años atrás cuando fundó el barrio. Pedir permiso para salir a trabajar, cuando se podía salir a trabajar. Y no siempre se podía.

Y llegó, ciego, Orión el cazador el 16 de octubre de 2002: disparando contra todo desde la nada. Empezaron 40 días de comuna sitiada. Tanques de guerra arriba de la calle San Juan, cercas y cercos que custodiaban el horror que -también- sucedió allí. Detrás de la "retoma" 300 personas con nombre y apellido que están bajo esa inmensa fosa común conocida como La Escombrera (sepultados con metros y metros de tierra sobre ellos tan alto como un edificio de seis pisos). Allá no ha llegado aún la debida exhumación y tampoco a sus familias una bendición. Llegó Orión por tierra y aire y con ese desasosiego que hizo más inciertos los días que mal se vivieron allá. Allí volví en los días en que la fuerza pública hacía presencia y otra fuerza, la de las ausencias, se sentía cada vez más fuerte. Conocí al grupo de mujeres que se reunían a llorar los jueves porque no podían hacerlo los demás días en sus casas. Conocí niños enfermos que buscaban atención médica porque la unidad intermedia de salud era hospital de Guerra y sin heridas de bala no te atendían. Hicimos programas de tv en directo para que los líderes comunitarios pudieran hablar sobre los abusos a los que fueron sometidos, lo hicimos porque nadie quería oírlos, muchos sólo entrevistaban voces oficiales y testimonios que seguían eso que llaman el conducto regular. 

En Medellín hemos vivido tantas caras del temor: desde el terror por los actos del narco hasta el miedo por la frecuente delincuencia común. Y todos los demás males del país que también han sucedido aquí. Pero esta operación militar (y otras más en la misma zona que juntas sumaron casi veinte) dejaron además una extraña mezcla entre la confirmación de la necesidad de intervención del Estado en lugares que estuvieron abandonados y los abusos sucedidos en hechos que diez años después no han sido esclarecidos. La siempre mencionada participación paramilitar y los procedimientos que desafían cualquier letra escrita en el Derecho Internacional Humanitario han dejado en este lugar una cicatriz difícil de cerrar si no empezamos por encontrar la verdad. Aquí, como nunca antes, se construyeron bases militares provisorias, luego hicieron estaciones de policía. Bibliotecas y colegios sólo llegaron años después. 

Han pasado diez años de preguntas y desaparecidos. De dolor y estigmatizaciones; algunos todavía mienten sobre su dirección en la hoja de vida a la hora de buscar empleo. Diez años de familias rotas. En la semana en que se conmemoró la primera década de esta verdad sin decir se instaló en estas calles la Comisión de Esclarecimiento de los Derechos Humanos -con participación internacional-  y la Asociación de Mujeres de la Independencias y muchos habitantes más colgaron  carteles, pendones y pasacalles que insisten en la denuncia con frases Operación Orión nunca más, No más impunidadEn la 13 la violencia no nos vence... palabras que responden a los deseos compartidos y a las exigencias colectivas. Pero los carteles fueron descolgados sin dar razón en la noche del 19 de octubre. Otra vez quedan las preguntas en el aire pero esta vez estos barrios no se dejan arrebatar la voz. La Comuna13 no es un número en un mapa; es la vida y el derecho a vivirla en paz.

@lluevelove 

(Fotografía: Harold Smith)





2 comentarios:

  1. Me acuerdo de la gente que esperando el bus en alguna calle de Santa Monica moria por una bala perdida que venia de un rifle de algún bando desde la Comuna 13 en ese momento, y de tanques de guerra subiendo por San Juan...bizarro. De hecho en la facultad de minas alguna vez una bala llego desde algun sitio de estos y cayó en una fotocopiadora.

    Y yo desde Los Pinos, donde vivia en ese momento, de noche a lo lejos alcanzaba a escuchar ráfagas dependiendo de para donde iba el viento.

    Y leí ahora que si por Luis Perez fuera repetía lo mismo en otros barrios, me imagino que habla de la Comuna 8 y vecinos. Lo mismo pensará Campuzano digo yo.

    Si este proceso de paz naciente fracasa se le dará más fuerza a la ultraderecha y las repercusiones no serán sólo en la selva.

    Y como dijo Alonso Salazar en tuiter "En Irlanda desde el 1100 por cuestiones de dios, católicos y anglicanos de reventaron con todo tipo de armas. Llego la paz en este siglo... Así que comparado con los 1000 años de Irlanda, los 50 años de este rollo colombiano son corticos. Y no hay mal que dure cien años"

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  2. Yo recuerdo que estaba parada en la terraza de mi casa en Santa Mónica uno. Angela (mi mamá) y yo veíamos como el helicóptero Black Hawk disparaba y las explosiones se veían brillantes. En la radio, mientras tanto, decían que no disparaban a la población civil o algo así. CAsquetes de bala se hallaban empotrados en las paredes de las casas que habitaban amigos y conocidos. Rabia.

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