lunes, 5 de noviembre de 2012

EL AMOR ESTÁ EN EL AIRE. LAS BALAS TAMBIÉN

"La paradoja es esto" dice Jeison (Jeihhco le dicen): a un lado un hombre con sus caddies escoge el mejor palo para el hoyo que tiene en la mira. Siete metros y un pequeño muro lo separan de la viuda, pala en mano, que echa tierra sobre su amor en el hoyo de esta tumba que luego visitará con sus dos pequeñas hijas el domingo. Nadie tiene la culpa de estar a un lado o al otro del campo que aquí se llama Campos de Paz y allá es la paz del campo de golf del club El Rodeo. Es martes 31 de octubre y entierran a Elider Varela Casilimas, nadie dice su nombre todos le dicen El Duke. 31 años tenía cuando fue asesinado. Todas las lágrimas de este lado del campo son por él.

El Duke -junto a sus amigos- hizo realidad el sueño de muchos: una revolución sin muertos. Literalmente. Revolución contra los días violentos vividos en calles y esquinas de la comuna 13. Y para decir vida dijeron canción. El festival que bien bautizaron "Revolucion sin muertos" con rap, la fuerza de rimas contundentes, fue el escudo que La Elite usó para sembrar una semilla de reconciliación y resistencia en la Comuna 13 cansada de ser vista de forma simplista como sinónimo de conflicto.

El entierro, muy triste, dejó más preguntas que abrazos que confortan. En tres años El Duke es el octavo rapero que muere violentamente. Una cifra que, al lado de las estadísticas en un lugar que al final del año cuenta por centenas los asesinatos, podría ser leída como breve. Pero el eco de la muerte de un rapero en Medellín es fuerte: incluso más que sus canciones. Un año atrás Caracol TV vino a hacer informes sobre lo que -a lo lejos- se bautizó como persecución contra los raperos. Yo no creo que haya algo deliberado y sistemático contra ellos en Medellín por el sólo hecho de serlo pero sí sé que está ligado en alguna medida al hecho de que aquí los raperos no son los gansters de otras latitudes sino ejemplos para sus comunidades, son gentes que enarbolan banderas como la objeción de conciencia y la noviolencia además de fundar escuelas artísticas en barriadas populares que previenen en alguna medida el ingreso de niños a las filas del conflicto armado irregular que registra la ciudad. Son molestos para los combos porque son la otra cara de la muerte: son vida. Y también sé que si van ocho muertos no debe existir un número nueve.

Una enseñanza queda al preguntar ¿por qué el asesinato de un rapero resuena tan fuerte en este valle? La respuesta viene del hecho exacto en que los miles que son parte de esto que (casi) es religión se sienten parte de una misma tribu, distintas crew reunidas que reaccionan con el poder de uno: si agreden a uno es a todos a quien golpean. Y como sociedad deberíamos aprender a reaccionar así. Igual ante la muerte de maestros que periodistas, conductores o sindicalistas, empresarios o emprendedores... Todos como uno. La ciudad entera como una. Como una comuna. Porque en esta ciudad todos somos comuna. Medellín, vos sabés.

El amor está en el aire. Las balas también.

Amenaza. Es una palabra que no debería escucharse, ni escribirse. Y nadie debería sentir esa puta palabra sobre su vida. Quien es capaz de amenazar es el hombre que está más solo. Él sólo sabe del miedo. No concerá jamás la fuerza de la solidaridad. Y por estos días resulta fácil esconderse en el silencio o detrás de la pólvora que estalla ocultando el ruido de los disparos para amenazar a quienes son líderes naturales de lo que ha cambiado los titulares de prensa que hablan de este lugar. Gente que ha trazado en la cultura un camino honrado y de servicio social incluso porque los impulsa la búsqueda de un bienestar colectivo, no sólo el propio. Ha de ser por eso que me duelen tanto más las noticias que hablan de intimidación, de desplazamientos, de huídas.

Vivo en una ciudad que a veces no se llama Medellín sino Sobreviviente.
 
Cuando amenazan de muerte a un amigo mío también me amenazan a mi. Cuando amenazan de muerte a un amigo tuyo también me amenazan a mi. Esto lo digo porque lo he sentido. También escucho el blues del desconsuelo, el tango de las angustias, el rap del desasosiego y un largo minuto de silencio. Ésa es la música de las últimas noches aquí.

En este pueblo el silencio es la voz de dios. 

Yo no sé de qué están hechos aquellos artistas y gestores culturales (¿existirá una genética distinta por crecer entre la adversidad?) pero ante el temor que a vos y a mi nos podría paralizar he sabido de muchos de ellos que ante una amenaza grave primero piensan en cómo seguir produciendo arte porque esa es su manera de respirar. La biografía de alguno podría titularse Miró de frente al miedo y sonrió con esperanza. No es que tengan sangre de héroes o mártires en las venas, sólo sucede que su vida es así: se han acostumbrado a buscar un brillo en plena oscuridad.

Miro el periódico. Hablan de negociaciones en La Habana, de declaraciones de presos que negocian penas confesando delitos de lesa humanidad. Y creo que eso, incluso, está bien. Sobre esto que te cuento el periódico no dice nada. Y entonces me pregunto: ¿cuándo hará este país la paz con los que viven en paz?



2 comentarios:

  1. Clara radiografía que muchos medios y dirigentes deberían tener en cuenta. Pero alguien les debe decir que digan "Medellín hogar para la vida", porque de lo contrario se le cagan el slogan a la alcaldía y no cumplen lo prometido.

    Eso si, para entregar escopetarras ahi si están los dirigentes, porque es mediático, es buen nombre.

    Decepción.

    Y le terminan dando la razón a lupe con su operación orión y se avivan las llamas derechistas.

    Miedo.

    Fernando Vallejo y Victor Gaviria lo sabían desde hace más de 25 años. No Futuro.

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  2. Una manera diferente, pausada si se quiere, de acercarse a una noticia más sucedida la semana anterior en Medellín. Y que gracias a este llamado de Juanmosquera, deja de ser un relleno informativo menos y se convierte en una “historia de vida” más.
    Una no con un nombre mencionado, sino con uno que es humanizado; una no con escenarios hipotéticos o supuestos, sino con unos conocidos y contextualizados; una no con cifras frías, sino con un estremecedor conteo...

    Con Juanmosquera, como siempre y por fortuna... Una “historia de vida” más. Porque lo que hay entre sus líneas, eso eso, una puerta abierta a la vida del muchacho.

    Una cacheta bien dada a todos, con esa frase suya que debería ser institucional en Medellín: “porque en esta Ciudad todos somos comuna”... Digo!

    Gracias Juanmosquera por ser periodista y por fortuna no ingeniero, te preferimos construyendo con palabras!

    Claudiaarango

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