viernes, 18 de enero de 2013

HÉROES





"we can be heroes, just for one day"
-David Bowie-

En las mañanas, temprano muy temprano, el primero en levantarse corría al baño y afuera esperábamos el turno de ducha para ir al colegio. La espera podía ser larga y seguro el agua no estaba tan caliente para el que se bañaba de último. Mientras caía el agua, primero caliente luego tibia por último fría, escuchábamos en el radio de mi papá cómo uno se sentía orgulloso de ser colombiano, pedalazo a pedalazo. A veces incluso pasaban en directo la etapa por televisión y a la voz de "haaaaga el cambio" "yaaaa lo hice" los locutores nos contaban cómo iba la teté de la course y nos emocionábamos todos de manera indecible cuando el helicóptero te mostraba que bajo el paso de gladiadores estaban los apellidos Flórez, Parra, Herrera escritos en el asfalto antes de que llegaran las temidas jornadas de aquel empedrado pavè. 

En el bus del colegio todos escuchábamos, con un silencio que nunca tuvimos en misa, el radio sintonizado en la competencia por cortesía de Nacho el conductor. Llegabas al colegio, primer bloque de clase, y alguien atrás tenía un radio tan pequeñito como el volumen con el que nos podía decir cómo terminaba en Francia la jornada. La alegría era grande, más grande que nosotros mismos.

El equipo Pilas Varta tenía para mí el uniforme más bonito. Porque ahí estaba mi bandera. Luego se llamaron Café de Colombia y los acompañaban Juan Valdez y la mula Conchita. La verdad, no era sólo un equipo: era la selección nacional de ciclismo. A las competencias llegaban por invitación porque apenas estaban escribiendo la historia y no tenía todavía suficientes pergaminos. Pero la suya fue una historia en letras de oro: Dauphinè Liberè, Giro d´Italia, Vuelta a España, Tour de Francia... 

Claro que queríamos ganar el Tour pero una sola etapa bastaba para sanarnos.

En los años ochenta esa imagen me marcó, como a todos: Herrera cayó para levantarse con su cara bañada en sangre y su camiseta de pepas rojas que le decía al mundo que la montaña era el lugar en el anidaba su gloria. Fue el 13 de julio de 1985 a diez kilómetros de la meta en el descenso a Saint- Etienne.

Los héroes de mi infancia tenían los pies atados a un caballito de acero. Los héroes de mi infancia se levantaban con obligación, aguapanela e ilusión. Y volvían a casa en carro de bomberos bajo el coro de campeón. Los héroes de mi infancia me enseñaron más geografía que cualquier profesor. Los héroes de mi infancia eran todos campesinos: un jardinerito era la estrella que yo más quería.

Disculpe usted que si al hablar de ciclismo no esté nombrando las proezas de Cochise y otros portentos más. Sucede que hablo aquí de los que vi correr. A mí Martín Emilio Rodríguez me tocó conocerlo cuando ya el velódromo tenía su nombre.

Fueron tantos triunfos, tantos. Fueron tantas las páginas de periódico, tantas. Recuerdo que fuimos a verlos pasar por las calles de mi ciudad y fue veloz y el paso fue fugaz pero inolvidable. Una leyenda entre nosotros nos daba alegría a la hora del pan. Incluso alguna vez esta realidad  de país difícil nos contó una noticia imposible: secuestraron a Lucho Herrera. La protesta no tuvo espera, al día siguiente lo devolvieron con disculpas porque habían cometido el error de profanar un símbolo como la bandera nacional.

Ayer vi a Armstrong confesar en señal transmitida con records de audiencia global -otro récord más para él- que él se dopaba como tantos en el lote para ganarle a los demás. Algo es cierto: tienen razón los que saben de ciclismo cuando dicen que una mula dopada no le gana a un caballo pura sangre. 

Yo cuando hablo de la historia que les cuento hablo de la prehistoria de los que pedalean hoy en inhumanas condiciones y distancias. imposibles Hoy desperté pensando en ellos: en los cafeteros, en los escarabajos, en los beatles de aquí. En Luis Alberto Herrera, El Jardinerito de Fusagasugá, y no le preguntaré si  la panela era suficiente para escalar. Sólo le diré que hoy mismo lo vuelvo a admirar. Y, si es posible, a querer un poquito más. Porque tanto que me dio este héroe nadie me lo va a quitar


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Un héroe que llevó en sus piernas a un país:

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