domingo, 24 de febrero de 2013

MORIR EN EL CORAZÓN


¿Qué estabas haciendo cuando tenías diez, once años? ¿De qué tamaño eran tus sueños? ¿Recuerdas qué respondías cuando preguntaban qué quieres ser cuando seas grande? Hace unos días acompañé los últimos pasos de unos chicos que no podrán contestar nunca esa pregunta. Tenían once años cuando los enterraron dos veces: primero en la montaña, en bolsas, en pedazos, luego en un modesto cementerio de barrio –de esos quedan pocos- gracias a la caridad de la funeraria que les donó cortejo y ataúdes. Porque la caridad que otros no tuvieron con ellos en vida fue lo primero que les dio la muerte.

Qué fuerte quema el sol afuera cuando llevamos la noche adentro.

Este cortejo fúnebre es un homenaje, una obligación y un desafío. Homenaje a la vida de los niños, obligación con su memoria, desafío a las evidentes fronteras cada vez menos invisibles. Por eso mismo este desfile de tristeza y rabia lleva agitadas banderas blancas en papel y gritos de paz que se confunden también con un sonoro silencio que aturde. Como el de la madrugada del domingo del fin de semana pasado cuando Esteban y Esneider fueron reportados desaparecidos luego de seguir el camino que los llevó de sus casas en Nuevos Conquistadores al sector El Cristo, en la parte alta del barrio El Corazón, donde jugaron por última vez.  Dos corazones muertos en El Corazón.



BARRIO EL SALADO 3:41PM
Estas calles tantas veces han sido las mías en la suela de mis zapatos. Hoy camino por acá de nuevo y esta vez con el peso de los pasos tristes. De la calle a la iglesia y de la iglesia al cementerio. Absurdo. Bárbaro. Esteban y Esneider, once años, dos vidas, una tristeza, la misma muerte. Después de la colecta y las donaciones estos niños se han ido. Y con ellos una parte de mi también. Aquí en Comuna13 todos somos comuna. Bajo el mismo cielo nuestro destino es el mismo, no lo olvido. Hace años preguntaba la tv: ¿Sabe usted dónde están sus hijos en este momento? Qué triste saberlos en un cementerio.



BARRIO SAN JAVIER  5:21PM
En la puerta del cementerio los carros de la funeraria San Vicente. Algunos llegan en dos buses otros bajamos en el colectivo. Doña Consuelo, una vecina a la que todos conocemos como  “La Pitu”, tiene su bandera de Colombia en alto “porque esto es lo más sagrado”  y acompaña a las madres y los féretros que a esta hora son parte de una misma lágrima. Y un barrio en pie camina con ellas por este empinado cementerio. Alguien cambió los gritos de paz por la jaculatoria que pide que dios saque a las ánimas del purgatorio y las lleve a descansar.  El luto es esto: un cansancio que se lleva todas las ganas de resistir o luchar.



BARRIO EL SALADO 4:02PM
En la puerta de la iglesia los niños que fueron amigos de  “Palomo” y “Mueco” -así les decían- detienen la marcha para soltar una pequeña nube de globos blancos mientras uno de los hermanitos de Esneider suelta una paloma que vuela tímida, casi con tristeza, que no busca cielo sino refugio. Y se esconde.

Ha venido el Obispo, ha llegado la prensa, el Secretario de Gobierno trae un mensaje del alcalde, la gente de derechos humanos, de la oficina de atención a víctimas, líderes de otras comunas. Muchos vecinos no se animaron a bajar después del velorio. Los chicos de los combos pasan a mirar desde cierta distancia.  Las dos familias en luto quieren irse del barrio. Gentes de otros lados de la ciudad han hecho colectas para ayudarles, ofrecen mercados. La madre de Esteban  agradece pero dice que no quiere alimentos, ella no quiere comer “yo para qué voy a cocinar si no le puedo servir un platico a él” dice, muy pasito.

BARRIO SAN JAVIER 5:40PM
Las manos cubiertas de callos y estuco cubren el osario con palustre. Alguien con pulso tembloroso y mala ortografía escribe los nombres de los dos niños torturados y asesinados. Se puede leer “Esleider Asprilla Giron y Esteban Albarez Muñoz (sic) Sólo una fecha los acompaña: Feb-19-13. Una fecha. Una fecha apenas. Los periodistas se fueron pronto, reportaban disturbios en la Universidad de Antioquia y había que ir a cubrir otra noticia. La vida sigue y alguien la tiene que contar. Las madres, los niños, las tías se quedaron ahí al arrullo del llanto y del megáfono que reclamaba justicia. La madre llora la muerte y que no sepan escribir bien el nombre de su hijo. Recuerdo “La muerte del mimo” la preciosa crónica que publicó José Guarnizo una semana atrás en el periódico El País, de España,  sobre otro chico asesinado en el corregimiento Altavista y pienso ¿cuántas veces estaremos condenados a escribir la misma historia con distintos nombres?
















COMANDO DE POLICÍA, AVENIDA ORIENTAL 2:28PM
Acabo de encontrarme con Jeihhco, líder y referente de resistencia y paz para tantos en comuna 13, él y yo vamos a ir juntos al funeral. Tomamos el colectivo que a diario toman él y sus vecinos para salir de su barrio y llevar por estas calles sus ganas de trabajar por esta ciudad.  Justo este miércoles han publicado un perfil mal escrito sobre él donde hay tantas inexactitudes que juntas hacen una gran mentira. Lo de siempre: hablan sólo de persecuciones y muertes en ese lado de Medellín. Jeihhco en respuesta habla del arte como herramienta para construir paz. Pero la crónica de Kien & Ke descontextualiza tanto que ya no importa lo que dice ahí. Suben dos chicos a cantar un rap al colectivo para cambiar sus rimas por monedas.  El rap dice que la vida es difícil en su barrio. Y esa crónica cantada si es una gran verdad. 

*
La semana termina con el presidente Santos y el alcalde Aníbal presidiendo un Consejo de Seguridad en Comuna 13, el anuncio de más policía para el sector, la creación de una nueva Consejería para la Convivencia,  el general José Ángel Mendoza, comandante de la Policía Metropolitana, se ha mudado a trabajar al barrio 20 de julio, ofrecen $30 millones de pesos por información sobre los asesinos de niños, y otras recompensas más que van entre los 5 y 20 millones por información sobre distintos delitos. El abogado Rafael Nieto desconoce los desaparecidos de la retoma del Palacio de Justicia en 1985 ante una corte internacional. Colombia, país insólito; aquí hasta los desaparecidos desaparecen. Mañana dirán que el Palacio de Justicia no existió. Mañana dirán que la masacre de (el otro) El Salado no existió. Mañana dirán que este país no existió. 
 
Si  aquel día Esneider y Esteban -a sus diez, once años- pudieran contestar qué querían ser cuando fueran grandes creo que su respuesta habría sido muy sencilla: queremos llegar a grandes. Sólo eso. Que no diga nuestra historia que estos niños no existieron.



4 comentarios:

  1. Gracias por ser mis ojos en estas y otras situaciones. Porque me imagino que surgirá la pregunta típica ¿y para que fue usted allá si ni los conocía? Y bien, cuando lleguen por nosotros ya será demasiado tarde. Como siempre. Y Colombia nunca ha existido.

    Llueve blood.

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    1. Gracias a vos Pink por la lectura, que también es compañía. ¿Cuántas veces más asistiremos a este mismo entierro de desconocidos que son parte de nuestra familia?

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  2. Juan, como esa paloma que vuela tímida, triste y asustada... en fin, mi abrazo y lectura.

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  3. Ana María, gracias por dejar señales de tu paso por aquí. Ojalá y no olvide esta ciudad las señales (que son de arena, como el piso de sus casas) de Esteban y Esneider. Diré lo obvio: uno escribe a veces sólo para dejar constancia, para plantar una evidencia. Aunque el olvido, seguro, vendrá luego por nosotros.

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