sábado, 16 de febrero de 2013

TERESITA GÓMEZ, SINFONÍA INCONCLUSA

Primer movimiento
Teresita Gómez, nuestra Teresita Gómez –porque es de todos- se ha jubilado. El dato en papeles dice que ha cumplido ya semanas, edad y mérito para recibir su pensión. La Maestra Teresita Gómez, pianista clásica, acaba de jubilarse de su plaza como docente en la Universidad de Antioquia. Pero los Maestros, sepa usted, nunca se jubilan (tal vez lo hagan los profesores, pero los Maestros no). Teresita seguirá enseñando a unos pocos privilegiados porque su pasión por compartir lo aprendido se parece tanto, tanto, a la pasión con que acaricia tecla a tecla el piano que le ha dado nombre, vida, satisfacción y alimento. Y esa pasión la acompañará mientras respire porque es la única manera que conoce de vivir.

Nuestra célebre pianista se hizo a pulso con el viento en contra y su talento a favor. Largo ha sido su viaje que la lleva al largo aplauso de pie que ha recibido en tantos escenarios alrededor del mundo y que empezó en el silencio de los salones desocupados del Instituto de Bellas Artes y su foto icónica de pequeña niña negra decidida a aprender piano, con su historia tantas veces contada de hija adoptiva de los celadores del lugar. Pero hay muchas historias que no se han contado y que esperamos leer en las páginas de la autobiografía que ahora empieza a escribir. Para eso (también) le dará tiempo su jubilación. La profesora que siempre será Maestra.

Subo las escalas, entro a su casa, esa segunda planta en el barrio Prado, me recibe el silencio de dos pianos en el salón en que estudia sus conciertos y ese silencio es suficiente música porque siempre encuentro en su figura menuda un abrazo que termina con su cuerpo en el aire... En la pared están retratadas sus manos, las que alguna vez se enfermaron y volvieron al piano tiempo después con el temor del adulto que debe volver a aprender a caminar. En la mesa de Teresita está la evidencia de otra de las bendiciones de sus manos: cocina delicioso. Prepara una lasagna que reclama un bis al terminar el plato como cuando termina siempre un recital. Entrar a la casa de la Maestra Teresita es un poco como si nos dejara habitar un rato el pecho suyo: pasos después del dormitorio está el salón de meditar, su propio templo, porque los años y la música la han hecho maestra no sólo de piano. Cada día crece y aprende. Siempre hay en sus actos un eco de su espiritualidad. En su casa hay ecos de sus mil y un viajes, incluso de cuando este mundo tenía otro mapa y una cortina de hierro y  nos representó como agregada cultural en la desaparecida Berlín Oriental. Igual en su vida siempre sientes este eco suyo que son hijos: Adriana, Mirabay, Vladimir. El hombre fue poeta y murió joven y dejó un libro que su madre siempre lleva consigo, las mujeres son su compañía constante. Poco habla Teresita del amor aunque ella entera es amor. Allí donde ves una mujer recia yo veo a una mujer tierna que ha sabido en cuerpo y labios ser feliz.  



Segundo movimiento
ACCIÓN DE GRACIAS PARA TERESITA
Teresita Gómez. Teresita. Tere. Tu nombre es la mejor manera de decir Maestra. 
                                                                                    La mejor manera de decir Orgullo
                                                                                                       (y el orgullo es nuestro). 
Tenías que ser música porque eres inspiración. 
Tenías que ser mujer,
tenías que ser negra,
tenías que vivir esta época exacta para darnos una lección.
Tenía que ser de tus manos, en tu piano, que aprendiéramos esta sinfonía de admiración.

Teresita, muchas palabras hablan de ti: talento, constancia, alegría, sonrisa, generosidad...
                                                                      hoy la palabra con la que hablamos de ti es Gracias

Teresita, has sido humilde con los más humildes y grande con los más grandes. Gracias.
Teresita,
has sido tan colombiana como nuestra bandera que abrazarte es sentir esto que llaman Patria.          
Gracias.
Teresita en el Alma Mater has sido alma y madre. Gracias.
Teresita has acompañado generaciones a crecer
y has crecido con cada alumno que dejó su alma en tu piano. Gracias.
Por esos pasillos, por esos salones camina tu recuerdo y el recuerdo de tantos contigo. Gracias.
                                                                                  En el aire que respiramos  está tu música. Gracias.

Nunca te diremos adiós, lo sabes. Con Tere sólo es posible un hastasiempre
Nuestros días tienen tu nombre y por eso, una y otra vez, te decimos Gracias.
Teresita Gómez. Teresita. Tere.  
                                          Gracias Maestra. 



Tercer  movimiento
Celebrando nuestra fiesta nacional  el 20 de julio –breve tiempo atrás- presidente, ministros y la Nación entera tributó homenaje a lo que de manera políticamente correcta llaman afrocolombianidad. El momento más alto de esta celebración estuvo en el silencio del público y la música que brotaba de las manos de Teresita Gómez. Un honor merecido que resulta aún más alto cuando sabes que este país borró de su historia oficial al único presidente negro que ha tenido. Juan Manuel Santos es el  86º presidente de la república pero han sido 87 los ciudadanos que han ocupado este cargo. El presidente olvidado es Juan José Nieto Gil que ocupó este lugar en 1861. Ella, en desacuerdo con esas correcciones políticas del idioma, días después me decía “¿entonces ahora Leonor González Mina es `la afrocolombiana grande de Colombia´?” Teresita Gómez pronuncia con orgullo estas dos palabras y ocho letras: soy negra. Y por eso enseña a sus discípulos a tocar el piano con el sabor del que nació aquí y no en Europa. Por eso, para ella, Luis A. Calvo y Adolfo Mejía están en un mismo repertorio en el que interpreta a Bach o a Chopin.

Decía Teresita en una entrevista a Cristóbal Peláez: "Yo soy un toro que merece ser indultao" y tiene razón: al final de esta corrida los tendidos se levantan y el aplauso dice Gracias (con mayúscula) porque su vida y su música son testimonio de inspiración y coraje. La Maestra se ha jubilado. Retirado jamás. Ella baila toda la salsa. Ella canta sólo un tango: La última curda. La vida ya la ha indultado

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