jueves, 7 de febrero de 2013

ZURRIBURRI


(Diatriba contra un corrupto)


“El político se convierte en estadista cuando empieza a pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones" -Wiston Churchill-

Seguro al levantarse esta mañana se ha vestido usted con su sonrisa falsa dispuesto a sonreír falsamente como cada día. De su casa todos han huido. Su sombra, si pudiera, también lo abandonaría como lo hizo su esposa. Esa silueta oscura en la pared o en el piso es lo más puro que le queda.

¿Sabe? Usted da asco.

Ya tiene la corbata puesta. La misma con la que nos ahorca sin manchar su cuello blanco. Lo escuché esta mañana en la radio hablando otra vez contra el proceso de paz, contra todos los procesos de paz, apóstol de cada guerra no son tus hijos los que van a la batalla. ¿Cómo se atreve a disparar sus palabras con el cuchillo entre los dientes? Usted es peor que cualquiera de los demás: nos mete la mano al bolsillo de todos para robar incluso a los que no tienen nada en los bolsillos. Tanta calle que he caminado me enseñó que la corrupción es la madre de todas las violencias, de la desigualdad, su primera condena debería ser al silencio. A callar. A que la vergüenza que sienten los espejos que lo reflejan no lo deje hablar.

Usted fue a la universidad, al extranjero, trajo varios cartones que sólo pueden certificar que sabe mentir en distintos idiomas.  

A usted lo inspira Nerón: le gusta sentarse en la ventana a ver su ciudad arder. Qué fácil resulta mantener las cenizas calientes y hacer política con el fuego cuando esconde los fósforos en la palma de sus manos. Por gente como usted hay días en que siento que mi país no es un país sino una conspiración.

Esconda bien su computador y su disco duro de roer con esas listas que guarda, con los números que lo desvelan, con sus malditas columnas de Excel. Es obvio que usted sólo lee libros contables que la poesía no lo toca, que si le digo zurriburri no me entiende y ni siquiera lo busca en el diccionario porque no sabe dónde lo tiene, sus libros son para hacer juego con las cortinas.

La música de sus oídos es la palabra contrato: igual un puente que un hospital, igual una carretera que un arsenal, igual una escuela que cualquier otra obra que para usted es otra forma de hacerse más rico mientras otros trabajan allá. Usted cultiva el hambre en los demás porque sabe que los estómagos vacíos no piensan a la hora de ir a votar. Eso lo tiene claro al comprar su vestido nuevo de emperador que ha crecido en la cintura dos tallas más.

Habrá quien le quiera inyectar aire en las venas pues su respiración nos ahoga cada día. Yo estaré contento con mucho menos que eso: sus años de cárcel con devolución de bienes que están por empezar sin pensión ni visita conyugal.

Zurriburri, eso es usted. Si algún día entiende qué es, no lo olvide jamás.


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