sábado, 30 de marzo de 2013

CARTA A PIEDAD BONNETT

Cuatro palabras recorren este libro. Cuatro palabras que usted escuchó en el teléfono en la voz de su hija Renata que la dejaron luego sin voz ni palabras. Cuatro palabras que anunciaron que una voz amada se apagó: “Mamá, Daniel se mató”. Al eco de las últimas tres palabras les tengo miedo, mucho miedo “Daniel se mató”. Yo tengo un hermano que se llama Daniel. Yo tengo un hermano que sufre lo que no tiene nombre igual que su Daniel, Piedad. Las estadísticas se ríen de nosotros.

No la pudieron bautizar mejor porque piedad es justo lo que he encontrado en su libro, no es consuelo ni siquiera amparo (que es el nombre de mi mamá) es piedad lo que acompaña a su hijo y al lector página tras página, esa piedad que es la forma que tiene el amor por lo sagrado según enseña en su primera acepción cualquier buen diccionario.

Igual que usted no tengo fe en algún después sobrenatural en que nos volvamos a encontrar. La muerte no abre la puerta de unos puntos suspensivos, es un punto final. Sólo eso. Todo eso.  

Escribo esto para decirle gracias. Gracias porque no pude soltar su libro cuando apenas comencé por la primera línea y me costó mucho cerrarlo al llegar a la última palabra. Mi cuerpo ya no era cuerpo sino despojo –admito- y mis ojos eran sólo lágrimas. En mi pecho ardió su libro. “Buscamos un sitio vacío…” comenzó diciendo usted y yo encontré ese lugar que me llevó con el corazón en la mano hasta “…la poca sangre que puedo darte, que puedo darme” y en verdad no hubo sangre más transparente que estas letras con las que termina usted este libro que jamás se llamará olvido, porque literal y literariamente es memoria, claro. Memoria suya, de su hijo Daniel Segura Bonnett y de su familia. Y ahora memoria mía también.

Me sucede con Daniel, mi hermano, que a veces siento que estoy ante una pregunta que no sé responder cuando me mira con esa otra mirada que también es suya. Tengo una rara habilidad para sembrar estúpidas distancias entre lo que amo y yo, así esté a pocas calles y minutos de mí. Y no me lo perdono. 

Conozco esa escalera de emergencia que menciona: usted ha visto la real yo vivo con la imaginaria. Tantas veces hemos corrido mis hermanos y yo, como Renata  y Camila, a apagar ese incendio que se ha quedado a vivir en casa de mamá. Cuando de niño deseé ser bombero jamás presentí que el fuego lo llevábamos dentro.

Escribo para decirle gracias. Gracias por usar las palabras precisas, exactas, para nombrar lo que no tiene nombre. Gracias por el valor inmenso de publicar lo que aquí a menudo se calla como si fuera pecado o vergüenza. Sólo nos excomulga de la fe en la verdad esta manera de cubrirnos con mentiras, con silencios mal pronunciados. Gracias, con su libro ha encendido una luz en nuestras oscuridades.

Sepa usted que desde siempre he amado su poesía y la he acompañado en sus tantas maneras de escribir: hoy una columna, ayer una novela, antes un ensayo. Por eso me tomo este atrevimiento de escribirle esta carta, porque usted hace años habita mi casa. Y porque esta memoir es el poema más dolorosamente hermoso que ha escrito. Que otros le digan testimonio, que alguien más le llame novela, para mí será su Carta al hijo.

Hay libros así, escritos con sincera honestidad, que al hablar en singular son la voz más plural que se puede escuchar. Yo siento ya que conozco a su Daniel, incluso compartimos gustos musicales, le digo. Le cuento que Daniel, mi hermano, está contento. Tiene en sus ojos la mirada más tierna de la que es capaz. Por estos días se ha vuelto a enamorar.

Pie de página/
Dijo Héctor Abad en la presentación de Lo que no tiene nombre en la noche bogotana del 13 de marzo de 2013: Los psicólogos, los psiquiatras, los enfermos y los familiares de personas que padecen una enfermedad mental, deberían leer este libro. Así como se encontró el bacilo que ocasiona la lepra; así como el cáncer se puede contener, operar, a veces curar, así mismo, con el valor de Piedad, tenemos que ser capaces de mirar a los ojos los efectos devastadores de la esquizofrenia, pero también las esperanzas que se abren -gracias a los avances de la química y de la logoterapia- para que estos enfermos puedan llevar una vida digna, activa, útil, y en la medida de lo posible alejada de sus terribles fantasmas generados por el cerebro mismo. Piedad en su libro nos ayuda a entender que la esquizofrenia no es culpa de los padres, de una mala crianza, de oscuros traumas, sino de simples desarreglos físicos, químicos, dentro del más desconocido de nuestros órganos: el cerebro. Entender la enfermedad mental como algo doloroso, involuntario y tratable, ayudaría a no segregar, discriminar y marginar a los enfermos, como unos seres completamente extraños al mundo de los sanos, casi tan contagiosos como los leprosos. Hay que luchar con los enfermos, hasta donde se pueda, sin aislarnos ni obligar a sus familias a callar, y buscar que estén mejor, y que en la medida de lo posible consigan tener una vida digna y llevadera, una vida menos dolorosa para ellos y para su entorno inmediato”.

                                        Click acá para conocer la obra de Daniel Segura Bonnett

sábado, 23 de marzo de 2013

EN LA NACIÓN DE LA INDIGNACIÓN

Te tomas un café en la mañana con la radio pintando el telón del país. Te indigna. En la fila del banco dos señoras delante de ti agitan las manos comentando una indignación distinta a la tuya, pero indignación al fin y al cabo. Pasas las páginas del periódico. Te indignas. En el almuerzo no se habló de otra cosa más que de lo indignante que fue lo que pasó. Vas por una cerveza, o lo que quieras, con tus amigos y el tema de la charla es la indignación de hoy. En casa te espera el televisor con nuevos motivos para renovar tu indignación. Te duermes. Mañana el menú del día volverá a ofrecer su plato de indignación.

Y a eso nos acostumbramos: a que todo sea apenas un tópico más. La rabia compartida se pasa con el siguiente enojo, la tristeza de hoy mañana la cubrirá una decepción mayor. Y hablamos, si, pero de alguna manera lo hacemos en baja voz, como en los corrillos, como si estuviéramos en clase sentados en la esquina de atrás del salón. No levantamos la mano para preguntarle nunca nada al profesor, sólo seguimos entre nosotros compartiendo sotto voce la indignación. Por eso lo sucedido estos días alrededor de la serie de tv Tres Caínes cobra un gran valor: porque vimos cómo se puede pasar del trino al hecho, como la agenda pública se puede escribir desde abajo y sembrar un tema de conversación en el país sin que sea vinculado a un sector con un interés particular. Porque lo vivido es singular por plural.

No hablo de dos grupos en Facebook con 11.818 personas uno y 2.667 personas el otro, a los que se pueden sumar 1.513 seguidores de una cuenta en Twitter. Números que veo al momento de escribir esto. No hablo de un asunto que se queda entre los que comentan en las redes porque ése es otro corrillo como los que contaba arriba. Hablo de lo que se puede leer en columnas de opinión de distintos periódicos, en el tema que ya es parte del análisis igual en un noticiero en Bucaramanga como en un programa mañanero de la radio en Cali o en Bogotá, hablo del debate, afortunadamente abierto, en canales públicos de aquí y de allá. No hablo de las diez empresas que han anunciado públicamente el retiro de su pauta. Porque ése es sólo uno de los puntos que deben considerarse (uno muy importante, la verdad) al momento de revisar la página histórica que se está escribiendo en el álbum de callados.

¿En qué están pensando los ejecutivos de Claro, Auteco, Suzuki, Nivea, Ésika, Winny,  Éxito, Efecty, Dogourmet y Nestlé? ¿Cómo se les ocurre retirar sus comerciales del programa más visto de la televisión colombiana en horario estelar? Eso es lo que se preguntan algunos zares de los medios de comunicación con voz de nueva indignación. Incluso reclaman sanciones a los anunciantes. Y la respuesta que puedes encontrar señala que la historia está cambiando. Con respeto, pacíficamente, con argumentos, con afecto, sin agenda escondida miles de ciudadanos han dicho que están cansados. Eso es todo. El agotamiento lleva a eso y sucede en cualquier momento luego de años de lo mismo al punto en que no se puede esconder un descontento. Lo sabe igual una pareja que se separa como un combatiente que abandona el conflicto. Le preguntas ¿qué pasó? y contesta: me cansé. ¿Por qué ahora y no antes? y te contesta: porque fue hasta hoy que aguanté. Es sólo eso.

Voces de académicos, voces de estudiosos, voces de instituciones y agremiaciones, voces de víctimas, voces de niños, voces de amas de casa, de gente del común, voces de gente tan común, insisto. Voces que hoy han sido un coro. Incluso los que no están de acuerdo con lo que unos proponen enriquecen la conversación. Yo prefiero un país así: donde las discusiones busquen puntos de solución con palabras y no con balas.

Preguntarán por la ética, claro. Preguntarán por el negocio, claro. Preguntarán por lo público y lo privado. Hablaremos sobre la memoria que se construye modificando la historia para bien de una ficción. Vienen las preguntas que debemos responder juntos.

La historia hay que contarla, claro, pero bien. Y en esas cuatro letras está una gran diferencia. Preguntarán incluso por los géneros apropiados para un relato. Preguntarán por el dolor. Preguntarán por las preguntas, claro. Pero por ahora empezamos por una pregunta con respuesta: ¿el televidente debe ser escuchado? Si. 

Algunos cambios profundos empiezan con algo tan simple como cambiar de canal. El televidente tiene el control. Y no es remoto, es cercano.

Algo ha sucedido: la caricatura de siempre muestra a unas personas arrulladas por la luz electromagnética del televisor como si estuvieran en trance. Esa imagen aquí ya se desdibujó. En la nación de la indignación viene bien menos lamento y más acción.  

 








martes, 19 de marzo de 2013

LEA ESTO ANTES DE TIRAR PIEDRAS (Y TÍRELAS DESPUÉS, SI QUIERE)

#NoEn3Caínes

#NoEn3Caínes no es ninguna estrategia en contra de RCN. Es un repudio contra este tipo de productos televisivos que  sin ningún rigor
-siendo este el caso- y apeados en la excusa artificial de "hacer memoria" mal retratan y reproducen personajes que causan gran daño en barrios que conozco, en niños que saludo con nombre y apellido. Hablo con pleno conocimiento de causa.

Puedo hablar en primera persona porque estuve desde el primer instante en esto y lo digo sin vergüenza. Invité diciendo #CambiemosDeCanal y luego -igual que muchos ya- dije pauten si, pero #NoEn3Caínes. Ahora somos tantos en este acto de audiencia consciente y activa. Primero apelamos a los televidentes, luego a los anunciantes.


Me dicen ¿por qué ahora y no antes? porque nació en este momento, no en otro. Nada es premeditado aquí. ¿Por qué no en contra de la serie de trata de blancas que está al aire? creo que ése seriado desestimula desde el primer capítulo las ambiciones de las niñas para que no se dejen pintar pajaritos en el aire, cumple con un fin dentro de su dramaturgia muy distinto a los caínes en los que se ve una familia a la que se justifica en convertirse asesinos porque "pobrecitos les mataron al papá". Algo conozco de dramaturgia, sé un poquito sobre televisión. Y no me apelo a falsas modestias: sé de que estoy hablando. El protagonista aunque sea malo debe despertar simpatía mínima e identificación, siempre. Por eso es protagonista. Alguien me dice ¿por qué no hacemos lo mismo con el programa de Pirry? aunque el periodismo que Pirry encarna -donde el héroe es él y no la historia que cuenta- distrae a veces, destaco el valor de sus denuncias y críticas y la compañía y seguimiento en procesos como la "Revolución de las pequeñas cosas".


Detrás de #CambiemosDeCanal y #NoEn3Caínes no hay una conspiración, tampoco anónimos: pongo mi nombre, mi rostro y mi reputación en esto. E igual que yo tantos con nombre, apellido, rostro y profesión hacen lo mismo. Daniel Naranjo, Marcela Trujillo, Andrés Ochoa, Daniel Botero, Juan Felipe Builes, Felipe Tabares, Paulo Ochoa... Los hay estudiantes y profesores, sicólogos, periodistas, investigadores, músicos, publicistas, activistas que hasta ayer eran pasivistas. Y somos muchos. Aquí estoy. Aquí estamos. Hay una diferencia entre ser individuos y ciudadanos. Y lo que está sucediendo aquí es un acto ciudadano. Tan simple como eso.

Y digo gracias a Nivea, Falabella Colombia, Ésika, Auteco y Winny por retirar su pauta de este programa. Cinco marcas que ya han dicho que si pautan pero #NoEn3Caínes. Mañana seguro serán más. Por algo se empieza: un paso a la vez. Ahí vamos, aquí estamos.


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Para saber más:
Pasar del trino al hecho: http://cort.as/3jKl
Grupo en FB NoEn3Caínes: http://cort.as/3jKs


sábado, 16 de marzo de 2013

PASAR DEL TRINO AL HECHO


Las campañas #CambiemosDeCanal y #NoEn3Caínes demuestran el papel de una audiencia crítica y muestran un primer resultado: la empresa Auteco retira su pauta a la serie sobre los paramilitares hermanos Castaño en el canal RCN

AYER
Recuerdo a la joven periodista bien peinada ante la cámara, sentada frente al tipo vestido de camuflado nuevo con los dobleces bien planchados y la voz arrugada, gastada por gritos de mando destemplados. Recuerdo la casi escenografía que quería decir “desde las montañas de Colombia” pero más parecía el patio de atrás de una finca de clase alta en tierra caliente. Recuerdo la casi devoción de esa mujer ante ese hombre en la charla en la que más que una incisiva entrevista vimos la presentación en sociedad de un personaje que terminó siendo el nuevo Robin Hood para la audiencia que vio la taquillera entrevista esa noche en televisión. Recuerdo que fue ahí cuando conocimos a Claudia Gurisatti y a Carlos Castaño. Hasta mi mamá creyó que era un buen tipo. Las madres de muchos amigos también.

Recuerdo que escribí en el periódico de esos de esos días un informe que recordaba todo lo que la entrevista de tv dos noches antes no contó: el listado de masacres de los castaño, el recuento de víctimas, algunas historias particulares del miedo general que impartían. Luego llegaron las amenazas al director y a mí. La amenaza contaba nuestras rutinas: dónde estudian los hijos de él, cuáles rutas tomaba yo… Al protagonista de mi artículo no le había gustado lo que había recordado en esas páginas. El titulo era, perdón por lo obvio: “De Castaño a Oscuro”. 


HOY
La televisión reemplazó hace años la conversación del final del día alrededor del comedor. Son otros tiempos y esto no es un canto a la nostalgia. Incluso le dieron al televisor el papel del cuidachicos que reemplaza a padres y nanas ¿cuántos han crecido al arrullo del tv? Igual lees o escuchas la clasificación de audiencias ¿en cuántas casas hay un “adulto responsable” que se tome el trabajo de explicarle a un niño lo que está viendo? No sólo se ha eliminado la historia como curso lectivo en los colegios sino que ahora la tv posa y pasa por docente. Una vieja frase dice “lo que no sale en televisión no existe” y es así como la ficción empieza a ser tomada como lección de historia.

Un par de semanas atrás en redes sociales como Twitter y Facebook empezó a circular la etiqueta (o hastag) #CambiemosDeCanal como primer llamado a una teleaudiencia crítica ante el estreno de Tres Caínes, la serie que recrea la historia de los paramilitares hermanos Castaño y que RCN ofrece como respuesta al Patrón del Mal de Caracol que a su vez fue respuesta a El Capo y por ahí han cruzado títulos que van desde El Cartel de los Sapos a Las Muñecas de la Mafia hasta Rosario Tijeras creando casi un género televisivo con estas series. Sobre este tema Felipe Tabares, director de Etnológica, firma de investigación y consultoría, que ha estudiado el caso dice: “La visión aleccionante de las programadoras con sus narconovelas no es más que una falacia. ¿Por qué? Aprender de nuestra historia en medio de un negocio rentable como una telenovela en horario triple A no es muy creíble, donde desde la construcción del guión tienen que hacer que el personaje central - el malo - genere identificación y emoción. La lección que, en teoría, genera la novela se demora 6 meses a un año en llegarle a alguien, mientras tanto los niños ven un hombre con poder, dinero, mujeres y unas razones muy poderosas para hacer lo que hace. Que termine perseguido y muerto después de 80 capítulos es irrelevante, la lección no será aprendida por todos como el canal presume”.

Y por razones como esta es que la campaña ciudadana que apuntó en principio a restar rating a este tipo de series amplió su foco y dedicó su esfuerzo a hablarle a las marcas y compañías que anuncian en este espacio. Que pauten, si pero #NoEn3Caínes como dice el hastag (y el grupo en FB creado con este mismo nombre: no en 3 caínes) que puede seguirse en redes y que ha generado ya un primer impacto: por la presión de este llamado de atención de parte de consumidores y televidentes la empresa de motos Auteco ha retirado ya sus comerciales de este espacio como consta en la comunicación oficial en la página de Facebook de esta empresa: "(…) Auteco retirará los comerciales de sus productos de la franja correspondiente al programa". Los mensajes de agradecimiento y felicitación para Auteco por esta posición abundan hoy en las redes sociales. Es conocido que las marcas reciben críticas negativas al asociar su nombre a personas o productos que tienen mala reputación por su comportamiento para la audiencia: de eso saben los atletas Oscar Pistorius, Tiger Woods y Lance Armstrong. Hoy estamos asistiendo al primer caso de control social a la tv colombiana por parte de la audiencia.


 MAÑANA
La flaca defensa de Gustavo Bolívar, libretista de la serie, que reafirma su ignorancia mientras ofende a la audiencia. Las cartas de asociaciones de víctimas que han sufrido de cuenta de los Castaño como ASFADDES y las voces críticas de columnistas, teleaudiencia y las decisiones tomadas por los anunciantes en el marco de la tan difundida responsabilidad social empiezan a escribir una nueva historia en cuanto al consumo de medios en nuestro país.  Las reflexiones y los aprendizajes deben hacerse igual que los debates frente a cuestiones así. Y la pertinencia de ciertos formatos si quieren excusar la sed de raiting y pauta. Memoria antes que olvido, claro. Pero no al costo de transformar en héroes a los criminales que son la pesadilla de un país.
¿Cuántos años se tomó Alemania antes de producir una memorable reflexión como “La Caída” con aquella inolvidable encarnación de Hitler?

A esta hora, después de un click, muchos están pasando del trino al hecho. 


sábado, 9 de marzo de 2013

EN MEDELLÍN (TAMBIÉN) VIVE LA NOVIOLENCIA

En Medellín la noviolencia se vive todos los días. No niega la existencia de la violencia, claro, pero señala un mejor camino desde lo más cotidiano.

Sucede aquí. Lo digo porque lo he vivido. Son constancias surgidas de la persistencia y resistencia de personas que conocen la diferencia entre ser individuo y ciudadano. Que han sido conscientes que sólo existimos con el otro, nunca está de más recordar a los demás. Este lugar que habito también es un sitio en el que respira la noviolencia aunque no leas esa palabra en los titulares del diario pero puedes verlo en los rostros de tantas experiencias que a la vez son historia y esperanza. No empezó ayer. Si en algo se fundan las transformaciones vividas en las dos últimas décadas de Medellín la respuesta está en su gente

Vi a un niña sonreír con sus ojos. Con el cuerpo entero. La recorría por dentro una alegría difícil de contener. De esas que se desborda y contagia. Parecido a eso que luego puedes llamar “el día más feliz de mi vida” le pintaban el rostro con mariposas. Y las mariposas las sentíamos todos en el estómago. Había amor en el aire. Esto fue en el barrio Santa Cruz. Fue una escena sin ensayo vivida años atrás en cercanías de la sede de Nuestra Gente, corporación que recibe invitados de distintos acentos en el hermoso festival nacional de teatro comunitario que desde allí se convoca y del que Jorge Blandón con el amor del que un padre habla de sus hijos.

Una multitud de cinco mil personas pronunciando un mismo silencio. La fotografía la puedes tomar en el teatro Carlos Vieco en el cerro Nutibara. Ése silencio escucha un poema. Y en ese poema cabe entera una ciudad que respondió con palabras a las bombas que alguna vez nos consumieron. Fernando Rendón mantuvo encendido el fuego de la vida con letras y papel El Festival Internacional de Poesía de Medellín celebra este año su vigésima tercera versión y por estos días 728 poetas de 138 países han suscrito una declaración de apoyo a los diálogos de paz en el país. Acciones que demuestran el aliento y vigor de la palabra. Muestras que te recuerdan que este Festival necesario obtuvo ya el premio nobel alternativo de paz. 



Al otro lado de la ciudad unos chicos que se hicieron raperos como opción para contar, cantar, denunciar y resistir crearon Revolución sin Muertos. Y bajo esa bandera han organizado por tres, cuatro años, un festival donde las armas de cualquier bando están proscritas y la gente se encuentra a ejercer entre canciones el natural derecho a la alegría, a reunirse. He vivido en una cancha entre desconocidos el sentido exacto de la palabra Familia. Esto es la Comuna 13.

En el centro de la ciudad la sala de teatro a oscuras me recuerda la luz con la que ilumina un actor una escena cuando interpreta su papel con maestría. Estoy en Matacandelas, es medianoche de tantos años atrás, y ha sido precisamente por este teatro que hemos salido a la calle a vencer el toque de queda que nos impuso el miedo. Oh Marineiro nos salva del naufragio y el abismo que somos nosotros mismos. Pessoa nos ayudó tanto a pensar leer esos días con la lámpara que encendió Cristóbal Peláez.

Voy al sur. Llego a Pies Descalzos, a Ciudad del Río, a El Poblado. Voy años adelante hasta una fecha que puede ser hace poco y me encuentro con una cantidad incontable de locos bajitos cantando canciones escritas para ellos y –descubro- también para sus padres. Porque con música también se educa.  Es el  Festival Internacional de la Canción Infantil que Tita Maya y su alegre Cantoalegre hacen posible aunque el presente sea incierto y aún así mantiene su fe en el futuro. Hay músicos venidos de Argentina, de España, de Brasil y han llegado a cantarle a los niños que ningún periódico menciona pero que escribirán nuestra historia mañana.



Todo esto me lleva a un abrazo que no olvido, años atrás, en calles de Santo Domingo Savio. Me pierdo en el pecho y el corazón de Luis Fernando García, el negro García,  que con todos sus cómplices de Barrio Comparsa nos enseñó que la cultura resiste porque la habita un espíritu invisible que es capaz, como pocos asuntos, de inspirar.  De atravesar fronteras.

He dicho noviolencia y usted dirá ¿por qué no habló de Gandhi? ¿dónde está Martin Luther King en esta historia? y es que sucede con la noviolencia algo parecido al budismo: no tienes que saber sus preceptos para cumplirlos. La noviolencia no es una palabra, es una forma de vivir. Y aquí de festival en festival en cada esquina de la ciudad no hemos renunciado jamás a la fiesta de encontrarnos para permitir que entre nosotros (también) vivan la vida y la paz.

sábado, 2 de marzo de 2013

YO ESTUVE AHÍ

Vimos irse al Papa. Siglos de que algo así no sucediera. Primera vez que sucede ante los ojos de todos. Hoy somos testigos de la historia, casi protagonistas. Eso creemos.






Yo estuve en el Vaticano viendo al Papa en retirada abordar su automóvil blindado en el que no penetran ni balas ni miradas. Lo vi llegar a helipuerto. Pensé: antes ascendían a los cielos en cuerpo y alma, ahora lo hacen en helicóptero y con alba blanca. Estuve luego en Castel Gandolfo y vi el movimiento de sus labios al decir en italiano con voz cansada: ahora soy un peregrino. Vi la ventana cerrarse detrás de él y en ese gesto de Houdini clerical fui testigo de la Historia, con mayúscula, una vez más.

Yo estuve en New York a la hora exacta en que un segundo avión se estrellaba contra la segunda de las Torres Gemelas. Vi las columnas de humo y escuché decir en realidad esa frase que pensé sólo se pronunciaba en películas de ciencia ficción: “en este momento el Presidente de E.U. ha sido evacuado y se encuentra en un lugar desconocido”. Luego vi las Torres caer esparciendo cenizas, polvo muerte por todo el downtown. Yo estuve en Manhattan y tuve miedo de lo que vendría después

Yo estuve en el aeropuerto militar acompañando a los secuestrados, ya libres, cuando fueron rescatados en la Operación Jaque. Los vi llegar con esa alegría del que abandona sus cadenas en la selva y me estremeció el abrazo frío de Ingrid a su marido, nadie sabe cómo late la vida adentro de un corazón. Pero todo desasosiego se desvaneció cuando, hablando sobre Jaque, dijo: Perfecta. Yo la abracé a ella y a todos en la pista. Y eché de menos a los tres norteamericanos que no estuvieron ahí.

Yo estuve en Londres justo para los Juegos Olímpicos y mis lágrimas apenas me dejaron ver de qué color es el oro de la gloria mundial cuando Mariana Pajón en sus labios dibujó la sonrisa de una nación y subió al podio con las piernas aún temblando después de pedalear por la medalla que, siendo suya, es de todos acá.   

Yo estuve en la Casa Blanca cuando Obama anunció que habían encontrado y eliminado a Bin Laden. Lo vi caminar por el pasillo con la certeza de los pasos del vencedor. Yo estuve en la estratófera, sin casco, casi hombro a hombro con Félix Baumgartner con el vértigo en el estómago al verlo caer rompiendo records, velocidades y casi sus huesos. Yo estuve en el Capitolio cuando luego de firmar fue proclamada nuestra Constitución y también estuve en el Staples Center en la velación de Michael Jackson recién muerto y John Meyer me atravesó con su guitarra al interpretar Human Nature. Yo estuve ahí les digo.

Yo estuve ahí. Yo estuve ahí. Yo estuve ahí. Yo estuve ahí.

Este don de la ubicuidad es el fantasma de nuestros tiempos, la ilusión constante que nos dan las pantallas: la del televisor, la del computador, la de teléfono entre las manos. Todo en directo, todo en el instante exacto, todo ante nuestros ojos antes que nuestro cerebro comprenda la dimensión de lo que está sucediendo. El momento en que la historia mayúscula empieza a perderse entre las minúsculas anécdotas. Estamos en todas partes y también en ninguna. El tuiter me cuenta qué estás pensando al segundo después en que has dicho con tus dedos lo que estás sintiendo. Por esa vía estamos adentro de los pensamientos de otros y sabemos qué deciden los gobernantes antes que los papeles oficiales se den por enterados con la firma que dice publíquese y cúmplase.  Estamos en tantos lugares y en ninguno a la vez. En la puerta de al lado de mi casa alguien llora con la tristeza de mil lamentos, no puedo intentar consolarle siquiera; nunca he estado ahí, no conozco a mi vecino ni su casa, soy otro desconocido. Soy el hombre que nunca ha estado.

 

DESPUÉS DE VER LA MUJER DEL ANIMAL

UNO Interior noche / Sala de cine Margarita García fue secuestrada por el primo de su cuñado. Raptada a ojos de tantos y con compli...