lunes, 26 de agosto de 2013

BIENVENIDOS AL PAÍS DE LA-COSA-NO-ES-CONMIGO



Bienvenidos al país de la-cosa-no-es-conmigo. Te parece difícil la situación de los campesinos colombianos, lo dices en voz alta, pero lo primero que compras es eso tan sabroso que está en rebajas en la sección de importados del supermercado. Bienvenidos todos al país donde la culpa es de la víctima y no del atracador porque si te cuentan de un asalto piensas ¿y qué andaba haciendo usted por allá? Incluso te parece normal pensar “si lo mataron por algo será” en lugar de sentir un mínimo de  solidaridad por los demás. Bienvenidos al país donde todo sería mejor si tus buenas ideas se aplicaran para corregir lo que está mal pero te da pereza ir a un encuentro ciudadano, te ríes de palabras como junta de acción comunal y te fastidia cualquier organización cívica o social en general. Ahora que lo recuerdas nunca te has animado siquiera a ir a votar.

Bienvenidos al país de claro-que-estoy-de acuerdo-con-la-paz pero primero cárcel con cadena perpetua para todos esos terroristas que yo en indultos no voy a pensar y ni se les ocurra el día de mañana que yo quiero tener de vecino en el edificio a un tipo que antes era de las FARC Y olvídese que en la empresa no vamos a contratar desmovilizados porque mínimo me toca darles la mano y aguinaldo en la fiesta de fin de año.

Bienvenidos al país de me-gustan-los-que–piensan-bien, es decir, los que piensan como yo. Este lugar que sería un paraíso si pensaran igual que tu todos los demás. Piensas.

La ganancia más grande que tuviste alguna vez –lo cuentas con orgullo- fue dejar atrás el barrio para irte a vivir a una unidad cerrada donde no conoces el nombre del vecino, ni te interesa empezar a intimar porque el ascenso social se parece mucho a la conquista de la soledad.  Lo más público que compartes ahora son las áreas comunes de tu vecindad porque todo lo tuyo es privado: el colegio de tus hijos, tu negocio, el transporte, tus ideas son privadas claro está y que no vengan ahora con que es obligatorio fomentar eso que está de moda y que llaman “responsabilidad social”. Bueno, si sirve como deducible de impuestos entonces te invito a un tinto y hablamos del tema, pero no se digas nada más.

Bienvenidos al país de la-culpa-es-de-los-demás donde lo que va mal es responsabilidad de alguien que tu sabías que se iba a equivocar pero no hay porción de responsabilidad en ti: las decisiones que has tomado alguna vez te han mantenido ajeno, al margen, porque no tiene mucho sentido apostar por lo que ya está perdido, lógico, eso siempre lo has sentido.

Parece que nadie te ha dicho que tu vida no es una isla. Que olvidaste que el aire es compartido igual que todo lo demás. Que al lado del derecho está la obligación y por eso en todos cabe, siempre, la responsabilidad. No es sólo el Estado el que debe procurar porque todo marche como debería marchar, aunque es fácil achacarles la culpa y ya.

Hay días en los que creo que nuestro deporte nacional es tirar piedra y esconder la mano. Ya es hora de juntar esas mismas piedras y esas manos para construir juntos un puente en lugar de levantar muros de indolencia nada más. Algo aquí puede ser diferente si cambia el indiferente que llevamos dentro y que tan a menudo resulta ser nuestro primer consejero. El país de la-cosa-no-es-conmigo debería empezar a ubicarse en el mismo rincón de la historia en que está la patria boba. Sólo con inteligencia y sensibilidad podremos escribir una historia que mañana podamos leer con orgullo. Juntos.



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