domingo, 4 de agosto de 2013

EL CURA QUE PODÍA MANDAR A MATAR

(Presbitero Oscar Ortiz / Fotograma Teleantioquia Noticias)

 El sacerdote vestido en su sotana blanca, desde el altar, levantaba hostia y vino para transformarlas en cuerpo y sangre, decía. Sangre. Y cuando hablaba desde el púlpito algunos tenían el pálpito que el cura no cumplía con algunos de los diez mandamientos sobre los que hablaba en su homilía que tantas veces era una tribuna sobre lo que pasaba en la parroquia, literalmente.

Para algunos el padre Oscar Ortiz (Oscar Albeiro Ortiz Henao, nombre completo) ayudaba a “pacificar” los barrios a los que llegaba, para otros -entre ellos la justicia colombiana- no fue así: el pasado primero de agosto de 2013 fue condenado a 19 años de cárcel señalado de ser cabecilla de Los Desmovilizados, banda criminal responsable de asesinatos, desplazamiento forzado, extorsión, tráfico de armas y estuperfacientes y usura a través de pagadiarios. Demasiados pecados que se leen peor al recordar que hablamos de lo que llaman “un hombre de dios”. Y saber que con esas mismas manos daba entonces la bendición. Esta banda dedicada al sicariato entre otros negocios azotó el corregimiento de San Antonio de Prado durante casi una década.

Tal vez los peores años de este corregimiento de Medellín.

El nombre del presbítero Oscar Ortiz y las dudas sobre él se escucharon con más intensidad en los meses que antecedieron los últimos dos procesos electorales. El rumor de presiones por medio de esta banda y desde ese altar para apoyar a ciertos candidatos y castigar votos en contra de esos intereses fue denunciada por Alonso Salazar, anterior alcalde de Medellín. Y no sólo por él.

La historia recuerda que el padre Oscar Ortiz fue párroco en 1998 en San Antonio de Prado y que en su última homilía acusó a cinco jóvenes de guerrilleros, los mismos que aparecieron muertos el día siguiente un lunes en el año 2000 cuando el sacerdote fue transferido a la parroquia San José de El Limonar, de uno de los barrios más convulsionados del corregimiento. Un sitio de disputas que fueron disipándose luego de la llegada del presbítero que –dicen- alineó las bandas. Allí existían ocho combos además de las milicias del ELN. Quien no hizo parte del frente  que fue unificándose por influencia paramilitar debió marcharse o morir.

Sus misas, recuerdan sus feligreses, eran actos apasionados en los que el párroco podía pasar de la lágrima al grito en medio del calor de las multitudes que en muchos casos eran seducidas por su oratoria. Y claro, por lo que una sotana significa en un barrio popular pues reviste a quien la lleva de una autoridad que viene del cielo, para los creyentes. El 17 de abril de 2010 fue detenido en Medellín acusado de concierto para delinquir agravado con fines de asesinato, desplazamiento forzado y extorsión

En El Limonar lamentaron muchos lo que calificaron de persecución y atropello. Dos años de juicio y muchas vueltas de folios y radicados terminaron en una absolución a su favor. Hubo entonces una marcha de celebración en el barrio en el que el cura se acostumbró a ser rey y señor.

Al preguntar por el padre Ortiz aparecen los nombres del comandante de las autodefensas alias Camilo, del extraditado Adolfo Murillo, alias Don Berna y también del asesinado Antonio López, alias Job y Alexander Erazo alias Alex Bonito (sentenciado a 60 años por secuestro). Menciona Alonso Salazar en su cuenta de twitter que el padre Ortiz hizo política con un exalcalde de Medellín y dos congresistas actuando a favor de ellos y pide que se investiguen los nexos del sacerdote con el exalcalde y excandidato Luis Pérez y el senador Luis Fernando Duque.  


Al momento de leer la sentencia de 19 años de prisión por los cargos imputados como jefe de la banda Los Reinsertados el sacerdote no estaba en la sala. Esperan que se presente antes de declararlo reo ausente. Con la del cura ya son once las condenas proferidas contra los miembros de esta banda criminal conformada en principio por ex integrantes del Bloque Cacique Nutibara de la Autodefensas Unidas de Colombia, AUC. Esta sentencia marca el fin de una hora oscura que para muchos en San Antonio de Prado fue un calvario. Al sacerdote Oscar Ortiz lo espera el comienzo de su propio viacrucis.

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