domingo, 29 de septiembre de 2013

QUE GANAR UN PARTIDO NO SEA PERDER UNA VIDA



Supongamos esto: sumas los minutos de silencio con los que empiezan de tanto en tanto los partido de fútbol. Resulta entonces atronador ese recuerdo mudo en las tribunas al compás de trompetas tristes, necesitarías tiempo suplementario si de verdad vivieras todos esos minutos de luto en un solo encuentro. Y después de que se marcharan equipos y barras aún se escucharía solitario en mitad de cancha ese llanto de la diana marcial en memoria de los que murieron bajo la excusa de un juego que debería vivirse en paz.
No van a suspender el torneo de fútbol profesional. Eso está claro. No correrían el riesgo de que la Fifa los descalifique ya (casi) clasificados a un mundial. Empezarían los comentaristas deportivos a hacer las cuentas del desempleo que vendría por las canchas vacías, el impacto negativo en las ventas ambulantes afuera de los estadios, la pérdida de la lúdica y todo lo demás que también es cierto. Alguien en baja voz hablaría de lo que pierden en pauta las radios, los canales de tv y los periódicos, otro dirá ¿qué vamos a hacer con los derechos de transmisión de tv? El empresario deportivo no se puede dar el lujo de quedarse sin vitrina para “mostrar al muchacho y poderlo vender” (si, suena a esclavismo y a veces eso es). Hay tanto en juego por fuera del juego que muchas veces el marcador es lo que menos importa al final del juego. Hay otros números que importan más.
Hoy es domingo y hay partido en mi ciudad. En la tuya también. Pronto alguien podría venir a aconsejarte que, sin importar si te gusta o no el deporte, te abstengas de usar prendas con colores que puedan confundirte con un hincha. Es por tu bien.  En la calle te miran con la sospecha que puede despertar ser, literalmente, del otro equipo. Ya no es solo que no volviste a una tribuna por miedo al vandalismo, lo próximo es que mejor te quedes en casa si hay fecha en el rentado. El calendario empieza entonces a marcar otros días de guardar. Y no son de fiesta.
Escucho a los comentaristas decir que el problema no es del fútbol, que la muerte por cuenta del color de la camiseta sucede a kilómetros del gramado, que eso ya no toca a los estadios. El dirigente deportivo con un exceso de prudencia puede decir que eso no está en manos del equipo. Y tienen razón. Pero tener razón no es lo mismo que no tener responsabilidad. Lo que sucede en nuestras calles es problema de la sociedad, cierto, y la solución empieza por empezar a decir que la solución está en todos y no solo en los demás.
Al margen de sanciones, de tribunas clausuradas, de estadios cerrados, de multas millonarias, de jugadores que empiezan una gresca que otros usan como excusa para encender una hoguera que termina en sangre viene bien buscar un punto y aparte para un reflexión conjunta. Paren el balón. Ténganlo ahí. Que las barras expulsen a los vándalos, que la ley procese a los criminales, que los jugadores recuerden que son ejemplo, que los directivos sean justos, que todos entiendan que el país sucede adentro y afuera de la cancha, que no existe una república independiente del fútbol que deba mirarse con otros ojos y juzgarse con otras normas a las de todos los demás. Que los comentaristas y narradores sepan el peso de sus palabras cuando se mezclan con el licor embriagante de las pasiones. Que los padres sepan que ya no es el locutor sino el hijo que afuera solo es hincha el que corre el riesgo de que se cumpla en él lo de “y no me esperen en la casa”. Debemos tomarnos un tiempo para pensar y actuar. ¿Cuántos muertos más hay que esperar?
La misión exacta del fútbol hoy es recuperar la alegría. Y lo digo en todo sentido.
En estos días viene bien recordar las últimas palabras que publicó Andrés Escobar en julio de 1994: “Pero, por favor, que el respeto se mantenga… Un abrazo fuerte para todos y para decirles que fue una oportunidad y una experiencia fenomenal, rara, que jamás había sentido en mi vida. Hasta pronto, porque la vida no termina aquí”.
Que un grito de gol no sea grito de batalla.
Que ganar un partido no sea perder una vida.
Que jugar sea jugar.
Porque la vida no termina aquí. Un buen hombre, noble jugador de fútbol ya lo dijo antes.

domingo, 22 de septiembre de 2013

MEDELLÍN PROTAGONIZA UN DÍA DE PAZ



Conocí a un hombre que, mientras hacía un (otro) documental sobre la guerra, se preguntó ¿qué debo hacer para que esta película tenga un final distinto? La respuesta que encontró fue enlistarse en un pacifista ejército imaginario que propusiera un día (sí, un día) de paz en el mundo. Un mensaje fuerte y poderoso y a la vez sencillo que ofreció por ruta un camino difícil. Su deporte personal es tocar puertas. Y sus nudillos no se cansan porque lo acompaña la insistencia de quien cree con fe en una idea. Claro, siempre será más fácil recorrer cualquier distancia si te acompaña un amigo. Así fue como buscó gente con la que había trabajado alguna vez para que los reflectores que usualmente los acompañan a ellos le ayudaran a girar el picaporte de ciertas oficinas y hacer diplomacia de alto nivel y así llevar adelante su empeño. El hombre se llama Jeremy Gilley ¿sus amigos? Jude Law, Angelina Jolie… y por esa misma vía Lenny Kravitz, Annie Lennox, y una colección de celebridades que, juntas, ayudan y representan lo que Jeremy consiguió en 2001: la declaración del día mundial de la paz por parte de la ONU.

Caminé con Jeremy las calles de la comuna 8 en Medellín. El hombre es un huracán ambulante. Vi en sus ojos la pasión del que no abandona la utopía porque encuentra herramientas reales para ganar las batallas que otros dan por perdidas. Pasamos juntos aquellas fronteras que la tragedia ha marcado entre algunos barrios que van de La Sierra a Caicedo, nos acompañaban niños que se multiplicaban en las esquinas. Por ellos, por esos niños, entiende uno fácilmente porque no se cansa este trotamundos.
Jeremy Gilley hizo un compromiso con Medellín en aquellos días y por eso el 21 de septiembre —ayer no más— la ciudad fue protagonista del día de la paz porque bajo tantos dolores la esperanza tiene tanto por decir. Porque el amor no debe callar. Sucede que Peace One Day se celebra en 197 países. Sucede que una veintena fueron escogidos para participar en la transmisión global vía youtube en que se mostraron en directo durante 24 horas los testimonios de un mundo que busca la paz como derecho fundamental. ¿Con quién quieres hacer las paces? fue la pregunta recorrió Australia, China, Japón, Rusia, Irak, Siria, Holanda, Sudáfrica, El Congo, Israel y Palestina, Inglaterra, México, El Salvador, Brasil Estados Unidos…  una pregunta que resuena también hoy, el día después del día de la paz. Conversaciones y conciertos con un mensaje común en distintos acentos. Piedad Bonnett nos habló de las paces en la intimidad, Jeihhco de la paz en el barrio y Aníbal Gaviria de la búsqueda de la paz al gobernar. Jesús Abad Colorado y Natalia Orozco conversaron sobre el periodismo de guerra como forma de buscar la paz. El curado Juan Gaviria compartió la forma en que el arte cura mientras el escritor Sergio Ramírez abordó la historia de guerra y paz en Nicaragua y la activista Toto Pérez contó cómo abordó el Peace Boat que recorre los mares del mundo con su mensaje y acción de paz. Aquí la música vino de México, Costa Rica, España, Perú, Uruguay y distintos lugares del país: Xoel López, Omar Camino, Rialengo, Álvaro Abitia, César López, Alejo García, Andrés Correa, Solo Valencia fueron precioso batallón de cancionistas para cerrar la transmisión global.
Jóvenes de Medellín cosieron con prendas conseguidas por toda la ciudad una (nueva) bandera de paz de nueve metros. Iglesias cristianas caminaron para encontrarse y compartir el pan, practicantes del yoga hicieron una hermosa e inmensa sesión grupal de meditación, Telemedellín dedicó el día a ser el canal de la paz y tantas iniciativas más rimaron en esta manifestación que es otra forma de manifestar inconformidad y deseo de cambiar los titulares de nuestra realidad. La mejor protesta es una buena propuesta.
Algo está sucediendo en mi ciudad. Se escribe con una tinta distinta que no escandaliza y por eso, tal vez, hay muchos que todavía no han percibido que la vida ha encontrado en los actos y gestos de muchos ciudadanos una (nueva) forma de respirar. No se niegan los problemas, se afrontan. Pero desde el lugar en el que cada uno está. Medellín el 21 de septiembre de 2013 fue protagonista de un día de paz. El calendario necesita más días así.

lunes, 16 de septiembre de 2013

EL PASACINTAS DE PALA

Pasacintas es el primer libro del cancionista colombiano Pala. Editado por el sello argentino OtroContar deja ver en 107 páginas de sonetos, versos y décimas el atrevimiento de un hombre, literal y literariamente, de palabra. Recién ha sido presentado en la Fiesta del Libro de Medellín. 




A Carlos Alberto Palacio le dicen Pala. Sucede que, de pequeños, nos enfrentamos a esa época que sólo la distancia convierte en ese lugar tan amable: infancia, escuela, recreos, apodos. A él le fue bien con el apócope de su apellido. Pero fue casi un anuncio: yo creo que le llaman Pala, no por Palacio, sino por Palabra. Las palabras lo habitan. Las lleva tatuadas en la piel, incluso. De las palabras puedo decir que  él respira el aire que más alegría le da -claro, Pala dirá que su Simoneta, Piedad, es la que más motivos le da de felicidad) pero yo me arriesgo a apostar por las palabras porque este músico que es capaz de ambientes íntimos y melodías memorables nacidas en su guitarra ha cultivado en las letras el hecho irrefutable de ser el mejor escritor de canciones del país. El primero en decir que esto último que digo no es cierto es el mismo Pala, con lo que demostramos que además es buen poeta, porque sabe mentir.

Diré Bob Dylan.
Diré Leonard Cohen
Diré Joaquín Sabina.

Es en ellos, en esa sagrada trinidad,  en que uno encuentra la tradición de la que bebe –tal vez sin proponérselo- este autor que da un paso natural del disco al libro. Muchos textos de sus canciones pueden leerse en silencio y pasar la prueba de bajar el volumen de la composición. Los textos de este libro encontrarán su propia música en cada lector, aunque no busquen convertirse en canción.

Pasacintas es un compendio de poemas escritos en rigurosa décima, género para muchos en desuso, pero es justo en la métrica clásica que el verso bien pulido encuentra destinos contemporáneos: porque Pasacintas no guarda palabras viejas que se enreden en la cinta mientras la reboninas con el lapicero. Este libro puede abordarse como una grabación de alta fidelidad porque ha sido asumido con la dedicación del orfebre. Aquí no habla el lector, habla el testigo.

Cuatro ciudades marcan la brújula de estos escritos. Cuatro escenarios para un relato. Seamos sinceros en esto: todo poema –incluso fabulado- es auto referencial. Aquí La Habana, aquí Bogotá, aquí Buenos Aires, aquí Medellín. Justo estas latitudes han marcado su biografía, puedes leer aquí el espejo y también las astillas.

Bienvenido el hedonismo, ese puente que nos salva del abismo. Bienvenido el ácido de la palabra que manifiesta inconformismo. Bienvenido el deleite de las letras que acarician con erotismo. Aquí hay cuchillos sangra Bienvenido el verso a esta hora, es tiempo de escucharnos entre sordos. Este libro guarda luz, el que tenga ojos para ver… que lea.




  
( Más información en: www.lodepala.com )

domingo, 15 de septiembre de 2013

UNA COLECCIÓN DE PREGUNTAS



¿Por qué decidieron que el progreso vendría en locomotoras en un país sin rieles? ¿Cuándo decir campesino o montañero empezó a ser un insulto y no un halago? ¿Quién nos condenó a que siempre nos falten cinco centavitos para el peso? ¿Cuándo fue que a alguien le pareció sensato eso de que el vivo vive del bobo?¿Quién nos consagró al sangrado corazón y tiñó de sangre tierra y bandera?¿Por qué insisten en salvar bancos antes que personas? ¿Por qué, si mañana va a llover, nunca estamos preparados para el invierno? ¿Desde cuándo nos define más el olvido que la historia?

¿Cuántas noches caben adentro de una canción? ¿Cómo eres capaz de levantarte de la cama en medio de las noticias con las que la radio te recibe cada día? ¿Dónde estabas tu cuando Lucho Herrera pedaleaba con la cara cubierta de sangre, dignidad y gloria? ¿Recuerdas a Lucho Herrera? ¿Cuándo decidiste no aprenderte ningún número telefónico y delegarle todo a la simcard? ¿Cuántas capitales de los departamentos de Colombia puedes nombrar sin preguntarle a google? ¿Has sentido que es un soplo la vida?

¿Quién señaló que era obsceno amarse en público? ¿De quién es el dedo acusador? ¿Por qué resulta obvio y necesario desnudar una mujer hasta para vender un chicle? ¿Hasta cuándo tendrá que mentir en su hoja de vida el habitante de barrio marginal cuando preguntan por su domicilio? ¿Seguirá campeando el prejuicio que les marca el destino a algunos según el color de su piel? ¿Reconoceremos más allá del papel que nuestra principal riqueza es la diversidad?  

¿Cuándo dices Colombia en qué piensas?¿Cuándo firmaremos la paz en la mesa del comedor?¿Cuándo será ese cuándo? ¿Cuándo nos importará menos ser el país más alegre del mundo y valoraremos más tener menos lutos? ¿Habrá un momento en que sea más significativo la imagen que vemos en el espejo antes que la imagen del país en el exterior? ¿Si hablamos de violencia buscaremos sanar las  causas y no sólo atacar las consecuencias? ¿Cuándo empezaremos a hablar de Equidad?  

¿Habrá una hora en que necesitemos menos cárceles? ¿Será posible que alguna vez el corrupto sienta vergüenza de serlo? ¿Entenderán los que buscan votos que el poder no es pa ´poder sino para poder servir? ¿Alguna vez serán transitorios los impuestos transitorios? ¿El país en la calle se parecerá alguna vez al país que está escrito en la las leyes? ¿Tenemos claro que el libro sagrado del país no es la biblia sino la constitución?

¿Florecerá alguna vez una pregunta con semilla de respuesta?


Mientras tanto un niño ciego me pregunta ¿de qué color es el viento?

domingo, 8 de septiembre de 2013

PIEDRA, PAPEL, TIJERA



El peso de las palabras que se pronuncian se siente en el aire que respiras. Hay palabras que hacen todo más liviano, de amor han de ser, porque aclaran incluso los días más oscuros. Hay también palabras graves que traen anuncios que son toneladas en tu espalda y te roban la sonrisa, noticias de enfermedades y tristezas, por ejemplo. Hay palabras que concilian y levantan puentes, son pertinentes. Hay palabras que traen luz como las de la ciencia y la poesía y hay otras que dibujan un abismo, como las amenazas, por supuesto.

PRIMERA PALABRA
La mejor respuesta a una diatriba bien vendría siendo otra argumentada diatriba o incluso un elocuente silencio. Hablo aquí de lo que ha sucedido hace poco con el cronista Alberto Salcedo Ramos (un hombre necesario a la hora de entender el significado de esta otra palabra: Colombia) quien escribió por encargo de la revista Soho su “Diatriba contra Silvestre Dangond” en una habitual sección de esa publicación en la que se apela a la ironía, a la sátira a veces. Salcedo Ramos, periodista como es -fiel a la verdad por definición- no escribió nada que no sea cierto. Si alguien lee allí una caricatura es porque el reflejo del personaje descrito puede verse así ante un espejo por algunos de sus más célebres actos públicos. Porque eso hizo el cronista: recopiló y expuso lo que simplemente ya estaba expuesto, lo que es de dominio público. ¿El resultado? una legión de indignados, previsible, lo que si resulta un poco más incómodo son las voces que pasan fácilmente del insulto a la amenaza sin ruborizarse siquiera. Confirmando de paso el ánimo pendenciero que guarda el espíritu que representa este cantante, este intérprete. Disculpen, no soy capaz de usar la palabra Artista para referirme a Silvestre Dangond. Hubo quienes le pronosticaron pocos días al autor y pidieron cortarle las manos al cronista para que no escribiera más, funcionarios públicos incluso  señalando que la diatriba ataca la cultura de una región y casi expulsando a Salcedo del parnaso intelectual costeño. Y, bueno, esos mismo deben ser los que justifican la respuesta que dio Silvestre después de tocar los genitales de un niño sobre una tarima: “es que eso es cultural”. Yo, honestamente, creo que la cultura de la costa atlántica tiene un representante más alto en las historias relatadas por el autor de La eterna parranda que en las canciones del parrandero que grita megustamegustamegustamegusta mientras se viste con prendas propias para un militar a la hora de promocionar su novena batalla.

En fin, el poeta Jaime Jaramillo Escobar bien lo dijo antes: “En Colombia exponer las ideas no atrae un contradictor sino un sicario”. Y es sobre eso en lo que detengo la mirada: en la falta de humor del país que goza con el abstracto título de ser El país más feliz del mundo. Aquí para algunos resulta más práctico desaparecer que convencer.

ÚLTIMA PALABRA
Las palabras fundan un mundo. Eso está claro, basta con ver el mundo del arte. Pero en política las palabras, además, deben acompañarse de acciones. Eso es gobernar. Distinto es el anuncio que la ejecución de la obra. No basta con decir “haremos una escuela” para que la escuela aparezca. Hay que construirla. No basta con negar que un paro existe para que el descontento desaparezca, es más: dices que no existe y la furia te demuestra lo contrario. Cambiar ministros no es cambiar la realidad, pero es un paso concreto si se acompaña de acuerdos que se cumplan después de levantar los bloqueos de las carreteras. Firmar la paz en La Habana con unos y en Montevideo con otros no deshace por encanto el maleficio de nuestros peores días porque no es de papel la inequidad que habita entre nosotros. Bien podrías ponerle más ceros al billete que tienes en el bolsillo y eso no te hará más rico. Las palabras hacen compromisos, los compromisos necesitan hechos. El tiempo de cambios que necesita este país es el presente, no esperar a ese tal vez que es el futuro. Hay que hacer que esta sea la hora del hacer.




domingo, 1 de septiembre de 2013

USTED TAMBIÉN ES AGRODESCENDIENTE



Un país con dos alocuciones presidenciales matutinas consecutivas es un país que está jodido. Muy jodido. Y no es que nadie esté esperando que una palabra lo cambie todo pero si alguna frase y una decisión que ilumine el camino. La semana que acaba de vivir Colombia ha sido generosa con los periodistas que necesitan llenar de noticias sus páginas y, a la vez, ha sido egoísta con la esperanza que es el pan necesario de un pueblo. Hemos vivido horas oscuras que son la consecuencia de años y años debilitando esa lámpara y despensa que es el campo. Y todo esto también es terreno fértil para recordar tantos descontentos. Vives en un hogar en llamas al que llamas país.

Primera lección: no subestimes un problema fingiendo además que no existe. El poder de detonación de un presidente que dice peyorativamente “el tal paro agrario no existe” desemboca en un estallido inocultable que reafirma la existencia del problema y exige soluciones con urgencia.

Cuando hablas del asunto campesino estás hablando de lo más delicado. Son ellos quienes llenan tu plato tres veces al día. Recuerda que no es viable un país que ocupa su vajilla sólo con alimentos importados. En el campo te encuentras la raíz de la inequidad (es histórica) y también la semilla de solución a tantos problemas nuestros de cada día. Todas nuestras biografías, cualquiera que sea tu apellido, han sido abonadas con esta misma tierra.

Segunda lección: recuerde que usted también es agrodescendiente.

Hay gente que dice que apoya el paro agrario pero en ese campo sólo les interesa sembrar cizaña. Lo pueden hacer arengando y agitando por sus propios intereses y agenda oculta o se infiltran y son igual de nocivos, vengan de izquierda o derecha, si se diluyen en una marcha para romper la calma con violencia y vandalismo (*). Los hay que confunden “piedra, papel, tijera” con salir a la calle a “piedra, ruana, capucha”. Hay gente así: capaz de desdibujar una causa justa.  

*Vándalo: persona de neurona tonta que ataca y destroza los bienes públicos que le pertenecen también a él para pagarlos luego con los impuestos de todos.

Vendrán los que digan que esta semana que pasó Juan Manuel Santos perdió la reelección. Los que digan que tras bambalinas Germán Vargas Lleras sonríe porque Francisco Santos no es adversario que lo atemorice ante la salida de Luis Alfredo Ramos de la precandidatura presidencial con su detención y entrada a la cárcel ante la orden emitida por la Corte Suprema de Justicia. El otro precandidato seguro es Antonio Navarro, ex guerrillero que demuestra en cuerpo y alma que los procesos de paz funcionan, pero esa idea aún tiene tantos enemigos que Germán Vargas Lleras sigue sonriendo. En Colombia la renovación política consiste en cambiar a veces los nombres, nunca los apellidos.

Nota al margen/ hay personas que te recuerdan a Nerón: ven desde el balcón cómo arde el país mientras tocan la lira.

Tercera lección: no es conveniente dormir en una cama en llamas.

Mientras todo esto sucede esta misma semana que termina el ELN libera al geólogo canadiense Jernoc Wobert, quien estuvo secuestrado durante más de siete meses. La comisión humanitaria encargada de traerlo de nuevo a la libertad lo encuentra en el campo –si, en el campo- en el sur de Bolívar. Se anuncia luego la cercana posibilidad de iniciar diálogos y mesa de negociación con esta guerrilla.

Cuarta lección: liberar un secuestrado es un gesto de paz. Liberarlos a todos es una declaratoria de paz. No secuestrar nunca más, así se vive en paz.

Colombia es este país que desafía la imaginación, no sólo por las noticias que aquí se cuentan sino porque nuestros problemas de siempre, hoy más que nunca, necesitan nuevas soluciones. Un día como hoy es imposible decir que en este país no pasa nada. Cierra los ojos. Puedes verlo.


DESPUÉS DE VER LA MUJER DEL ANIMAL

UNO Interior noche / Sala de cine Margarita García fue secuestrada por el primo de su cuñado. Raptada a ojos de tantos y con compli...