lunes, 14 de octubre de 2013

Y GOL Y GOL Y GOL




Yo vengo de esa época en que Colombia tenía por costumbre clasificar a los mundiales de fútbol. Después de dieciséis años me alegra que muchos ahora puedan sentir que también son del mismo sitio que tiene, en un momento así, una sonrisa por bandera. La tarde del viernes once de octubre de 2013 revivió lo que otras generaciones hemos guardado como tesoro de juventud. Hay algo en el fútbol que no se encuentra en otro lugar: esas ganas de abrazar desconocidos que se reconocen como hermanos cuando juntos gritan la celebración del mismo gol.

Con tres goles en contra la derrota no estaba sólo en el tablero sino en el ánimo. Y, como todos sabemos, los números cambiaron. Ahí están; tres ejemplos de los motivos por los que un colombiano cree en la existencia de dios. Minutos 69, 75 y 84. Lo impensado de vez en cuando sucede a favor.

“La alegría no es sólo brasilera” canta Charly García. Y tiene razón. En Ediciones Panini también están celebrando. Ya los veo cambiando laminitas como en aquellos años en los que llenar una página del álbum era como avanzar una paso más en la clasificación.

Por un instante piensas que está bien dejar las preocupaciones para después. La realidad vendrá luego con su dosis de angustia cotidiana pero cabe bien depositar nuestra existencia en un paréntesis de noventa minutos para sufrir y disfrutar por lo mismo con un nacionalismo que, lo reconozco, nunca he sentido tan colectivo ni siquiera en la tarde un veinte de julio.

Por eso mismo, por ese gozo que significa el juego es que nunca podré comprender los muertos que vienen como consecuencia de los inconsecuentes que buscan una excusa para su estupidez al justificar su ira teñida con el color de una camiseta.

Claro que hay muchos que se alegran también por esa amnesia -que es distinta al paréntesis del que hablaba- que despierta el monotema del mundial al que iremos: por un rato más bien largo algunos se refugiarán en este telón como distractor que adormece a la nación de la indignación. Entonces lo que ayer nos molestaba tanto ahora nos disgustará un poquito menos. Obvio, anda el pueblo ebrio de contento pensarán los que subestiman nuestra capacidad de entender y reaccionar. Detrás del fútbol no se podrán esconder empezando todas sus frases con las palabras Brasil 2014. Porque nuestro país tan complejo no se puede resumir en el cobro de un penalti. Aunque algunos por conveniencia se resistan, el árbitro siempre pita el minuto final. Y vuelven los días a despertar.

Colombia ya se prepara para lo que vendrá. Algunos buscan el préstamo para viajar, los bancos apresuran la oferta y el sí en los labios del cajero. Los almacenes de electrodomésticos comienzan a proyectar el aumento en el número de televisores que han de vender. El color de temporada  ya se puede adivinar y los diseñadores empiezan a ver el mundo con un tono amarillo profesional. La danza de los millones empieza a bailar… Yo pienso en un niño que, feliz, irá a la esquina con su balón a jugar un picaíto y a la hora de escoger equipo y cancha con sus amigos dirá con orgullo “¡nosotros somos Colombia!”.  Ojalá el país esté a la altura de esa frase.

@lluevelove




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