sábado, 28 de diciembre de 2013

SELFIE: AUTORRETRATO DE UN INSTANTE



El fotógrafo del parque despertó una mañana con su oficio en vías de extinción. Nadie le avisó que cada día serían menos las sonrisas que retrataría en las tardes bajo el sol. Los billetes de baja denominación se convirtieron en monedas de alto cuño pero monedas al fin y al cabo que sumaban en su bolsillo pero restaban a la hora de llenar el plato a la hora de almorzar. El fotógrafo esperó frente a la estatua del parque como cada día y terminó por convertirse casi en una estatua más que quedó en el fondo de una autofoto que llevó de recuerdo el turista. La tomó con la cámara de su teléfono que a veces le sirve también para llamar.  

Autofoto. Sí, autofoto o selfie –en inglés- es la palabra del año para los autores del diccionario Oxford. Un neologismo capaz de describir y contener una época. Ya es imborrable la imagen de los mandatarios Barack Obama, David Cameron y Helle Thorning Schmidt todos sonriendo para el iphone durante el funeral de Mandela. ¿La habrán subido al Facebook de EE.UU. Reino Unido o Dinamarca? De selfies, autofotos, está lleno el reino de las redes (sociales) en las que hasta el hombre araña puede perderse. El famoso publica selfies para estar más cerca de sus fans –dice- y también para señalar que es un poquito humano como los demás con su ventana expuesta de intimidad. El desconocido toma la autofoto para decir estoy aquí. En el concierto el público da la espalda al cantante y usa al artista como telón de fondo, nada más. La vida es sólo un background, un paisaje incidental, algo que olvidamos ver con nuestros propios ojos porque es preferible la constancia selfie de que algo sucedió mientras no miramos antes que haberlo visto.

Alguien se tomó demasiado en serio eso de que una imagen vale más que mil palabras y creyó que no podía contar una historia sin su teléfono pasando fotos en la palma de su mano.

A veces parece que todo el legado al que aspiras es a dejar detrás de ti una autofo que no volverás a mirar. Nos preocupamos más por dejar una evidencia que por marcar una huella.

Claro que una autofoto es un autorretrato y los autorretratos son tan antiguos como el arte mismo pero, a la vez, la autofoto es algo más que esto: es una señal de los tiempos que vivimos como quedó visto en la portada del New York Post que dio su primera plana a la selfie de una chica que sonreía a su teléfono para postear en instagram su visita a N.Y. con el puente de Brooklyn atrás en el momento justo en que alguien saltaba al suicidio desde aquella estructura. Sonrisa y salto en el mismo cuadro, inmortalidad.

Somos el coro y el solista de nuestra propia canción. Una música en la que toda la audiencia tiene un solo nombre: yo.

No son cámaras, son espejos. El calendario de una época afina las manijas del reloj, escucha el tic tac, es la hora de Narciso.








domingo, 15 de diciembre de 2013

DESPUÉS DE MUERTO SIGUE CAMINANDO



Mandela. Madiba. En cualquier idioma todos los diccionarios fueron pocos y los adjetivos cortos para construir el retrato hablado de este hombre que fue superior a la época que le tocó vivir.  Jacob Zuma nos dio la noticia contando que su país quedaba huérfano porque había muerto el padre de una nación. El pésame, realmente, fue para todos porque es la tierra la que pierde un sol. Barack Obama ofreció su discurso después que el presidente sudafricano y dijo “Mandela ya no es nuestro, ahora le pertenece a la historia”. Y tiene razón.

Nelson Mandela es un árbol: crecemos bajo su sombra.

Lo suyo no fue fundar una religión milenaria pero bien podría haberlo hecho porque tiene la estatura de los hombres irrepetibles. Lo que digo no es una exageración: Madiba nos devolvió la fe en el perdón. Si una palabra hizo escuela en su legado es reconciliación. Mandela muere sin color de piel porque es tan negro y tan blanco como el país que cambió.

Dice John Carlin, su biógrafo, que Mandela entró a la cárcel lleno de furia y salió sabio. La voz del enojo dio paso a la sonrisa de la esperanza sin perder la fortaleza en las palabras es lo que puedo decir sobre la forma en que siempre lo vi. Busca su foto en la enciclopedia allí donde dice Dignidad. Nació con más restricciones que privilegios aunque haya logrado ser el primer estudiante negro de leyes en su país que dirigió su propio bufete. Obviamente entre los suyos era afortunado pero vivir en un país en el que ser negro no era lo mismo que ser ciudadano y a veces era igual que ser tratado como menos que un ser humano entenderás que aquí hay una dimensión distinta a lo que llamas dificultad. Y justo por eso su luz brilla más allá de su país y su continente.

Es difícil escribir sobre Mandela en esta hora. No sabes qué adverbio usar, si hacerlo en pasado o en presente o en futuro quizás, porque después de muerto sigue caminando. Los golpes que dio contra la piedra en los trabajos forzados en la prisión de Rooben Island fortalecieron su voluntad durante 27 años. Y esos mismos golpes llenaron de humanidad su mensaje.

Fue un prisionero que nunca lograron apresar. Claro que sí encerraron su cuerpo pero nunca a sus sueños de vivir en un país distinto. Prohibieron mencionar su nombre y entonces empezaron a escuchar una leyenda. Ni hoy ni ayer Mandela fue silencio. Y los ríos de palabras de la prensa de este domingo y los que has podido leer y escuchar desde el jueves pasado te darán una referencia mínima del tamaño que logró su cruzada de resistencia plena de humanismo y humanidad. Porque estas pequeñas letras mías no hablan de un santo sino de una persona grande, enorme, que tuvo y mantuvo sus pies en la tierra en que nació, en la arena de la aldea de Qumu, aunque calzara mocasines en el Palacio de Buckingham para tomar un te con la Reina de Inglaterra a la que llamaba simplemente Elizabeth o llevara tenis en la madrugada de Johannesburgo al salir a trotar o tuviera zapatos de cordel en el momento de recibir el Premio Nobel en Oslo. Los pasos de este hombre son el camino que se abre para que generaciones enteras caminen detrás. Y en paz.

Su vida es una lección. Su vida es una novela. Y a la vez es un poema. Como los versos de William Ernest Henley en su Invictus que fueron el mantra de Nelson Mandela en los años del cautiverio.

Más allá de la noche que me cubre
negra como el abismo insondable,
doy gracias a los dioses que pudieran existir
por mi alma invicta.
En las azarosas garras de las circunstancias
nunca me he lamentado ni he pestañeado.
Sometido a los golpes del destino
mi cabeza está ensangrentada, pero erguida.
Más allá de este lugar de cólera y lágrimas
donde yace el Horror de la Sombra,
la amenaza de los años
me encuentra, y me encontrará, sin miedo.
No importa cuán estrecho sea el portal,
cuán cargada de castigos la sentencia,
soy el amo de mi destino:
soy el capitán de mi alma

Son pocos los que al partir no se van, esa es la realidad. Vendrán los funerales de Estado y ante nosotros la despedida que invita al recuerdo y desafía al olvido: la historia contemporánea sólo ha visto un instante así en el sepelio del Papa Juan Pablo II. Todo honor y toda gloria para Mandela por los siglos de los siglos, diré.

Que tomen nota todos aquellos a los que les dicen Mandela y hablan como si lo hubieran conocido. Y luego les dicen proceso de paz y olvidan lo que conocieron de Mandela.




@lluevelove

domingo, 1 de diciembre de 2013

EXPRESIDENTES




El presidente ya no es Presidente. Es expresidente. Hay una sutil y radical diferencia en lo que va de la s a la x pero él, convenientemente, no lo nota. Cuando alguien le dice expresidente él oye “es presidente” como si todos los días fueran 7 de agosto y estuviera por comenzar su período presidencial. Casi puede escuchar que el conductor le dice al atardecer “¿A Palacio?” pero la noche termina con su cuerpo en una cama lejos de Casa de Nariño aunque su mente lo lleve en sueños hacia allá una y otra vez.

Las memorias que publican los expresidentes colombianos no les procuran un lugar en la historia sino una silla en el club para ser el tema de conversación después del almuerzo de un día entre semana. Su legado no es un pensamiento nacional, esa reflexión trascendental que nos pueda iluminar, sino un recuerdo mal contado que termina por ser una vez más otra forma de atacar. Todos publican libros al dejar el solio de Bolívar pero sus tomos están más cerca de la canasta en la caja registradora del supermercado que de la mesa de consulta en la biblioteca nacional. Qué lejos están de Los Sueños de Luciano Pulgar.

A la sombra de una pensión vitalicia que algunos de ellos podrían no necesitar se sientan en sus mecedoras como en el corredor de una vieja casona a ver el país pasar y no resisten la tentación de criticar con frases que empiezan con un yo-te-lo-dije y terminan en tono de las-cosas-deben-hacerse-de-otra-manera. Habrá que recordarles que esa caravana triste frente a sus ojos es también el río de sus consecuencias.

Casi como regla general cada expresidente ha sido parte del gobierno de otro que, cómo él, hoy es expresidente. Y ahí salta la génesis de su contradicción: lo que antes le pareció bien ahora le resulta mal. Luego de un tiempo el retrovisor sólo sirve para señalar que los pasos del otro nos marcaron un mal camino, pero con él todo sendero sería distinto. La pregunta es obvia ¿si sabe tan bien qué debe hacerse hoy por qué no lo hizo él mismo ayer? El asunto es sencillo: dicen que tienen la medicina y sin embargo nos dejaron con la enfermedad.

Uno de ellos tuvo la sinceridad alguna vez de pedirnos pintar palomitas de la paz en el piso y las paredes. Los demás, aún hoy, nos pintan pajaritos en el aire. Habrá que admitirlo: con ellos tenemos buen material para los episodios de una serie llamada “La Isla Expresidencial”. Hay uno con dotes de humorista, que es una de las más grandes virtudes de su familia, y le cuenta chistes a su sombra en el rincón. Hay otro que mientras mira las pinturas de su sagrada colección prepara el cambio y la renovación y por eso instruye a su hijo para que el apellido funde una dinastía aunque no lea las leyes antes de firmarlas. Uno más recién publica un libro que puede ser el guión de la próxima narconovela. Está el que está en campaña para el Congreso y la Presidencia en simultánea, desafiando las leyes de la física para ejercer dos cargos al mismo tiempo. Y está aquel que se refugió en la poesía después de la prosa sin métrica ni verso de la política y ejerce con mejor postura y dignidad aquello de ser Ex. Es el mismo que puede pronunciar solemnes silencios como nadie más.
Difícilmente podríamos invitarlos a formar un grupo musical porque cada uno procura sólo su propia canción, les resulta difícil acompañarse. Hasta el Himno Nacional tiene en sus voces una intención distinta que no les permite compartir el coro, porque si algo han aprendido es a ser solistas. Esa cosecha también describe a este país.

Su dedicación constante como jubilados que son –aunque no lo admitan- es la de levantarse cada día a prender el radio y preguntar ¿dónde está el teléfono? Ellos necesitan tenerlo a mano porque seguro ya pronto los van a llamar a participar en el tema del día, en el tema del dial. Que me llame Julito, que me llame Darío, que me llamen Yolanda o Néstor, que me llame Vicky o aunque sea que me tengan en cuenta los de alguna emisora regional parece ser su oración antes de irse a acostar. Y alguno de ellos llamará él mismo si no lo han llamado y si el teléfono no suena ya lo oirán cuando comience a trinar en tuiter que es su agencia de noticias personal.

Qué fuerte resulta ser la viudez del poder.

Qué duro insistir en el pensamiento que dice sólo yo sé.

Qué pequeña es la herencia que deja el que después de pasar por la más alta dignidad no comprende que hay algo más grande que él mismo. Diga usted vereda, barrio, patria, país y nación. Y a eso, de verdad, llámelo amor.




DESPUÉS DE VER LA MUJER DEL ANIMAL

UNO Interior noche / Sala de cine Margarita García fue secuestrada por el primo de su cuñado. Raptada a ojos de tantos y con compli...