lunes, 27 de enero de 2014

SE NOS VA LA VIDA EN INSULTAR

Insulto, improperio, vejamen, intimidación, burla, humillación, injuria, acoso… ese caminito empedrado y corto que deriva tantas veces en amenaza. No hay semana en que no escuches sobre bullyng o matoneo. Si algo tenemos facilito en el verbo es la ofensa. Aquí a nadie se le niega un madrazo por la mínima razón. El lugar en que empezó el último incendio fue en la palabra. Unos pronuncian fósforos mientras la saliva de otros es gasolina.

Dos hombres corren detrás de una pelota en una cancha de fútbol, sucede lo que puede pasar igual sobre la grama de un estadio que en la arena de la cancha de barrio: una pierna atrapada por otra pierna y una rodilla que se descentra. Lesión, dolor. Es el riesgo natural de esa profesión. Incluso vale recordar que detrás de una patada no siempre hay mala intención ni una conspiración. No importa que sea un equipo de primera contra otro de tercera división, lo que es de quinta es la reacción: después de caído Falcao, el defensa Soner Ertek recibe un tsunami de insultos por vía electrónica e incluso amenazas que condicionan su futuro a la gravedad de la lesión del delantero.

¿Qué puede pensar –sentir- un jugador de fútbol que lee estos epítetos venidos de un país en el que matan al árbitro Álvaro Ortega en mitad del campeonato y al seleccionado Andrés Escobar luego un autogol en un mundial?

Tal vez aquí para muchos un insulto no significa nada, tal vez aquí las amenazas se puedan medir fácilmente entre serias y no tanto, entre peligrosas y no tanto, entre altas y leves. Pero esa alevosía no es natural en todo lugar. Hay sitios del mundo donde un insulto es un insulto y una amenaza es una amenaza. No hay atenuantes, son lo que son.

Aquí es natural que un político insulte a un pueblo “…como perfumar un bollo  dice uno, “…merienda de negros” afirma otro. Aquí es natural que un pastor ofenda a su grey  “…Si ven el predicador sin un brazo, (los fieles) no se van a agradar mucho. Por la conciencia, otros dirían por estética, no lo ponemos en el púlpito A unos no les faltarán votos en la próxima elección. A otros no les faltarán creyentes en el templo el próximo domingo. Ah, y votos tampoco. Aquí pasa todo y no pasa nada. Esos hechos primero son noticia luego anécdota y después olvido.

El humorista de estos lares sabe que la ruta fácil para conquistar a un público difícil es matizar el final del chiste con un hijueputazo, apelar al poco sutil fonema de lo soez según la ocasión. La escuela de la Nena Jiménez todavía tiene matrículas abiertas aunque ella ya no esté.

Qué fácil se nos va la vida en el insulto. Qué fácil citamos a la muerte en el discurso. Qué manía trágica la de practicar la ofensa como si fuera deporte. Si algo necesitamos en este país es construir puentes en lugar de levantar muros y el insulto no es más que una de las máscaras más deslucidas del odio.

Qué preciosa es la palabra Concordia.

Si pasas por los foros abiertos en la páginas web de los diarios se te cierran las tripas. No hay noticia o columna de opinión que no reciba una catarata de improperios contra el autor o contra el hecho o contra los protagonistas. Y se trenzan peleas entre los comentaristas con una bilis sólo propia de los nombres ilegibles con que firman para no perder la sombra del anonimato desde el que lanzan sus piedras.

Y ese mismo aire pesado también lo respiras en lugares como Twitter y Facebook donde muchos escriben como quien escupe, plena camorra digital, a un cielo sin santos desde su teclado henchido de frustración cotidiana para exhibirla luego como ficticia indignación, tan pasajera como el tema del día. Y a veces no es más que la metódica expresión de una ira rancia que despierta cada día con la tarea de intentar espantarle el sueño a un contrincante imaginario. Primero stalker, luego trol y no sé qué más. Si aplicaran la misma energía y entusiasmo a las tareas de la vida en 3D seguro que limpiarían un poco el aire que comparten con los demás.

Qué bellos son los árboles; capaces de transformar el dióxido de carbono en oxigeno.
Metáfora perfecta de la mala vibra convertida en energía positiva.

Qué falta nos hace un poquito de sabiduría vegetal.


domingo, 19 de enero de 2014

AQUÍ NO ESTÁN MATANDO RAPEROS




Aquí no están matando raperos.

El apodo más reciente en la lista de caídos del hip hop que los medios de comunicación nombran es el de Morocho. Pero, más que Morocho, él era Juan Camilo Giraldo Mazo.  Tenía 14 años. Estudió en la Institución Educativa Eduardo Santos en el barrio El Salado, en la Comuna 13, en Medellín.  A esa edad estás en la frontera entre niño y joven y dadas algunas circunstancias muchas veces te enfrentas a la vida como adulto si vives en un barrio como el de Juan Camilo. Pero sigues siendo niño. Eso no se puede olvidar.

Aquí no están matando raperos.

Sumas nombres, biografías que se restan, fechas de asesinatos que luego son olvido y todo esto que al juntarlo son fragmentos de silencio: 25 de agosto de 2009: Héctor Enrique Pacheco, Kolacho. 4 de julio de 2010: Andrés Felipe Medina. 5 de agosto de 2010: Marcelo Pimienta, Chelo. 13 de marzo de 2011: David Fernando Romero, El Gordo. 26 de marzo de 2011: Daniel Alejandro Sierra Montoya, Yhiel. 30 de octubre de 2012 Elider Varela, Duke. 9 de noviembre de 2012 Roberth Steven Barrera, Garra.  Ellos, junto a Morocho muerto el 12 de enero, vivían todos en la misma comuna 13, en Medellín.

Los titulares de prensa han puesto en el mismo triste inventario de ausencias a Luis Alberto Pacheco, Rasta, asesinado en 2011 en Belén en el sector de La Mota. También cuentan a Alejandro Serna, Alejo Muletaz, abaleado en el barrio Santa Lucía el 25 de abril de 2012 y al grafitero Juan Miguel Otálora, El Zirca , muerto en el barrio Castilla el 29 de junio de 2012.  Balas que vienen, rimas que se van. Hay canciones que nunca más se escucharán igual.

Aquí no están matando raperos.

Y cuando digo aquí no están matando raperos no es ironía, es verdad. No está en las letras de su lírica el motivo de sus muertes. No hay en Medellín una guerra entre crews, no busques en algún lado a un Tupac y en otra esquina a un Notorius B.I.G. ese asunto gansta no es aquí.  No hay una sentencia escrita o implícita de alguna banda particular en contra de los MCs. Sólo sucede que en un lugar de tantas muertes al año la estadística puede leerse como quieras, incluso en contra. El oficio de los raperos está en las calles, como sus problemas también. Aquí el asunto está en las dificultades y las circunstancias que entraña ser joven en ciertas comunidades de la ciudad. No es un conflicto contra el verbo encendido por ese periodismo oral que es el hip hop del barrio, el asunto está en que pocos colectivos son de verdad tan colectivo como esa hermandad que los lleva a repudiar en coro y a marchar y acompañarse, igual en conciertos que en velorios, como devotos de la hermandad del rap. Qué lección de solidaridad le dictan ellos desde ese punto de vista a la sociedad. Su primera lucha es contra la invisibilidad y por eso los ves y no los puedes olvidar. Igual sabrás de ellos si borran al destajo sus grafitis como ya pasó en Medellín un par de meses atrás. Algo han aprendido y conviene tomar nota: ellos no van a callar.

Aquí no están matando raperos.

Pueden vivir para el rap pero pocos pueden decir que viven del rap. Siempre está la obligación de hacer algo más que rapear para buscar el sustento diario. Pregúntale a Crew Peligrosos, a Alkolirykoz, a C15, a Kiño, a Mary Hellen… camina por ahí la excepción y no la norma. Algunos fundan escuela: Los Cuatro Elementos una, Kolacho otra. Y así el germen de resistencia se esparce. Porque la cultura en mi ciudad ha sido herramienta de resiliencia durante décadas.

Al caer en el simplismo de quedarse con la primera línea del periódico que dice  mataron un rapero (otra vez) asistimos a la naturalización del asesinato, nos acostumbramos a leer el cómo y olvidamos que la pregunta es por qué. Y en ese desvío se pierde el quién. Quién mata. Quién muere. Quién sigue. Y algunos confunden entonces el rap con culpa. Así como sospechan del joven sólo por ser joven, como si el que mira desde esta orilla hubiera nacido ya viejo.

Aquí no están matando raperos.

El que han matado es un niño. Y la pregunta es por qué estaba más del lado de la calle que de la escuela. Por qué algunos justifican los actos de una banda criminal como si fueran ellos los encargados de impartir justicia. La familia de Juan Camilo salió ya del barrio sintiendo amenazada no sólo la tranquilidad sino el futuro que desde el principio era ya incierto. Semillas de Futuro siembra el AKA con su escuela en que hip hop y agronomía son parte de la misma canción. Son niños apenas. A ellos los vi llevar en hombros un ataúd blanco con el cuerpo del Morocho adentro. Una misa de niños en una vieja iglesia en martes en la que sólo se escuchaba el llanto infantil. Pocos adultos estuvimos ahí. Creo que de alguna manera esa imagen define todo.

Aquí no están matando raperos.

Tres días antes del asesinato de Juan Camilo Giraldo mataron a Elver Giraldo, también de 14 años, también en la misma comuna. Fue el 9 de enero, iban al mismo colegio pero de él no se habló en la prensa. Tal vez le hizo falta un poco de rap en vida para que al menos pudiera ser noticia.

Una lírica de Alkolirykoz reza: “Si muero al hip hop dono mis órganos”.
Que no mueran violentamente hoy. Que no mueran nunca así.


Pienso en el periodismo y me digo: de nosotros también depende que la vida sea noticia, no sólo la muerte. Porque la realidad respira.

lunes, 6 de enero de 2014

EL MAPPING DE LA CATEDRAL



Este es uno de esos instantes en los que orgullo y emoción hacen parte de la misma frase. El mapping sobre la Catedral Metropolitana, en el parque de Bolívar, dejó mis ojos llenos de imágenes que no quiero olvidar y algunas lágrimas a punto de brotar. Y precisamente que sea en ese centro del centro en mitad de tanta marginalidad -hablo de quienes viven casi al margen- le da un sentido que no puede darse en otro sitio. La cultura, desde su lugar, brinda herramientas para recuperar espacios que sociedad -toda- y estado -todo- no deben descuidar. Y también lo digo por la historia que representa no sólo esa fachada sino la construcción entera, ése patrimonio nuestro de cara al parque al que le hamos dado la espalda. Ayer vi este espectáculo, esta lección de identidad y me sentí abrazado por gentes venidas de todo rincón de la ciudad y por la música que conducía el ritmo de cada momento de la proyección. 



Hoy lunes 6 de enero es la última noche, las funciones comienzan desde las 6:30pm y van hasta luego de las 9:00pm considérese invitado. Vaya. Es emocionante. Como dijo Gabriel Velez Cuartas "esto es dibujar con cine".


miércoles, 1 de enero de 2014

CHOCQUIBTOWN | EL CORAZÓN DETRÁS DE LA MÁQUINA



Después de apagar la máquina de los bits, los beats siguen encendidos. Eso está claro en la piel oscura de los ChocQuibTown: su ADN es puro ritmo y eso se siente incluso en la forma en que Goyo pronuncia un silencio, en la manera de caminar de Tostao y en la sonrisa de Slow. Qué bonita famiempresa es CQT (Goyo y Slow son hermanos, Goyo y Tostao son esposos) y eso mismo dota de sentido y sinceridad la obra artística que construyen juntos: sólo hacen canciones en las que creen. Y puedes notarlo. Behind the machine es un disco llamado a convertirse en su pacifica versión de un unplugged pues guarda el calor de la sesión en vivo que muestra la dimensión más orgánica del grupo, no digo acústica pero si señalo que los computadores se han quedado por ahora en el cuarto de al lado. Y este instante a solas con sus instrumentos permite que la obra del artista crezca con humanidad, con esa imperfección que nos define, con la nobleza de la posibilidad del error que cabe en una interpretación y que la convierte –incluso por eso- en memorable.

Este disco grabado y producido entre Bogotá y Medellín se escucha con el Atrato de fondo. Ésa es su gran virtud. Bienvenido al folclor una palabra definitiva: contemporáneo. Porque eso nos ofrece CQT; folclor contemporáneo. Te quedas corto si quieres catalogarlo con la estrechez de una etiqueta convencional porque aquí caben tantos géneros que Behind the machine, en honor a la verdad, es un disco desgenerado.

Más que un productor –que lo es, claro- Juancho Valencia se convirtió para esta encomienda en el cuarto ChocQuibTown. Algo así como el quinto beatle. Lo digo porque es bello y notable el aporte que da a este sonido no sólo con su criterio y arreglos sino con su enorme capacidad como intérprete e instrumentista. Juancho Valencia dejó atrás hace tiempo su momento de niño genio, luego se liberó de ser la gran promesa del jazz latino (ojo, no dije nacional) para ser hoy la más destacada referencia y presencia del panorama musical del país. Unió la academia y lo popular con el atrevimiento necesario para recordarnos que hasta nuestras tristezas se pueden bailar. Es el alma de Puerto Candelaria y el cerebro de otras tantas realidades exitosas (porque proyectos ya no son) que han revitalizado la música colombiana como hace tiempo no sucedía.

Un desafío particular habrá sido escoger el repertorio para no hacer un disco de greatest hits o the best of CQT. Prueba superada. Después de los exitosos álbumes Somos Pacífico, Oro y Esto es lo que hay deciden abrir esta nueva entrega con Condoto -del notable compositor chocoano Hansel Camacho-  y marca el ábum como lo que es: un tributo a la raíz. Obvio que constatarás por qué son ganadores del Grammy latino –la evidencia está allí- pero nada de lo que te encuentras en Detrás de la máquina  lo habrás escuchado antes así. Más que versiones resultan ser casi nuevas composiciones por la dinámica misma que alcanza este disco en el que instrumentación, coros y arreglos dan una nueva dimensión a las letras de las canciones que se quedan contigo al salir a caminar a la calle después de oírlo en casa. Esta música te acompaña.

Cuando ChocQuibTown se pregunta ¿de dónde vengo yo? la respuesta está en Behind the Machine Detrás de la máquina. Este disco es un incunable. Conviene tenerlo, les digo.



    + Aquí puedes escuchar (y ver) CONDOTO
    + Aquí puedes escuchar (y ver) LO NUEVO / RUMBA SIN PELEA
    + Aquí puedes escuchar (y ver) EL BOMBO






DESPUÉS DE VER LA MUJER DEL ANIMAL

UNO Interior noche / Sala de cine Margarita García fue secuestrada por el primo de su cuñado. Raptada a ojos de tantos y con compli...