domingo, 23 de febrero de 2014

TE INVITO A CINE






El cine es esto: un espejo que conoce mil maneras de reflejarnos tan desnudos como nunca admitiremos que lo estamos a diario. El buen cine da frío como un mal viento y a veces incomoda. Hay películas que al final de la proyección la mejor crítica que pueden recibir es un silencio pronunciado que dice que todo eso que viste afuera se te ha quedado adentro. Hablaré de tres películas ahora que el tío Oscar viene caminando con su bastón justo a tiempo para entregar sus premios. Considere estas letras una invitación a ver las tres.

HER (Mejor guión original)
Alguien podría creer que esta película habla de las nuevas relaciones sociales en la era de la comunicación. Yo pienso que es un tratado contemporáneo sobre la soledad. He aquí una mirada a la fragilidad emocional en un momento en que lo virtual no es una realidad alterna (como una ficción) sino parte misma de la realidad. Deliciosa visualmente y delicada y fluida en la trama es esta obra de Spike Jonze. Aquí está el Premio Oscar a mejor guión, la historia mejor escrita para el cine en el año que pasó.

Piensa: tienes un iPhone y adentro está Siri, esa humanizada voz computarizada que te atiende, está cerca y dispuesta, incluso es divertida. Es más: es la voz de Scarlett Johansson la que te habla. Se ocupa de tus cosas y no espera tus órdenes, sólo tu aprobación. Ella incluso opina. Y aprende. Tu trabajas escribiendo cartas en un momento en que ya ni siquiera usas un teclado para el computador. La vida está en un comando de voz.
Te enamoras de Ella.
Te enamoras de esa presencia incorpórea.
Te enamoras de esa ausencia que te acompaña.
No creas que estamos lejos de eso, de ese futuro cercano que ya empezó. Uno de los gestos más hermosos del guión es que no hay un juicio moral por este amor, sólo una narración en que las decisiones sobre cómo sentirse las toma el espectador.

Dios es de silicio y nació en Silicon Valley.

La gente está tan sola.




12 AÑOS DE ESCLAVITUD (Mejor película)
Soy ateo. Y mientras veía esta película sentí que el alma existe: me dolía justo ahí.

Soy negro. La suposición podría prever que la historia real de Solomon Northup, hombre libre –también mulato como yo- que fue esclavizado por 4.380 días o 144 meses o 12 años me afecta por un asunto de piel. Pero no fue eso: todo el tiempo pensé en el secuestro en las montañas de Colombia, en la trata de blancas en cualquier región lejana. No es el año 1841, son los días de hoy los que pueden verse también en la pantalla detrás del dolor del hombre raptado, separado con engaños y violencia de su esposa y dos hijas, sometido, castigado sin culpa, abusado y sumergido hasta la asfixia en las aguas pantanosas del peor lado de los seres humanos.

Un violín calla. Un látigo lastima. La voluntad de un hombre se quiebra y no conoce más caricia que las ampollas de sus manos en el campo de algodón.

Duele como un azote. Marca, como el fuego sobre la piel.
Y por momentos te reconcilia, como un abrazo.
Imposible ser indiferente ante 12 años de esclavitud. Difícilmente te comes las palomitas de maíz en la sala del cine si te asiste algo de humanidad. Aquí está el premio Oscar a mejor película: te recuerda que el cine es arte.

12 años de esclavitud es el Diario de Ana Frank si aquel diario y Ana tuvieran un final distinto.




GRAVEDAD (Mejor director)
Hay que ver qué tan lejos puede ir el ser humano para encontrarse consigo mismo.

El director Alfonso Cuarón buscaba un lugar callado para contar su historia, lo encontró justo sobre nuestras cabezas. Metáfora perfecta del silencio y la huida. Allí, entre trajes de astronauta, relata –casi en tiempo real- un drama interior desde el espacio exterior. Puedes ver las astillas de la estación espacial orbitando en busca de la próxima colisión o la vida hecha pedazos de la doctora Ryan Stone.

Una sobresaliente Sandra Bullock y el gentleman George Clooney componen un paisaje tan precioso a la vista como la visión del planeta tierra desde el perspectiva en que nunca nos situaremos vos y yo. Gravedad lleva el peso en las palabras y aún así las imágenes resultan inolvidables.

Todos tenemos algo pendiente con nosotros mismos, eso es lo que nos recuerda esta cinta. Aunque afuera haya acción y desespero la verdadera acción está en el pensamiento. Aquí está el premio Oscar al mejor director. Es íntima y suya la voz en medio del silencio, del diálogo y del monólogo. Alfonso Cuarón juega en las grandes ligas hace años y no pierde en el iris de sus ojos la mirada de su raíz: esa sensibilidad latinoamericana que da un tono exacto a esta historia escrita en compañía de su hijo Jonás. Cuarón, mexicano universal.




  
Te invito a cine. Por hoy pasemos de largo detenernos en otras noticias.
Las películas que más me gustan tienen los efectos especiales en las palabras.



lunes, 17 de febrero de 2014

“ESTOY AQUÍ PORQUE SOY HOMOSEXUAL”




Ellen Page es hermosa. Y talentosa.
Ellen Page es una actriz que ha crecido ante los ojos de las cámaras que la siguen adentro y afuera de las películas que protagoniza.
Ellen Page fue nominada a los Golden Globes y a los Premios Oscar por su actuación en Juno, cinta en la que retrató singularmente la vida de miles de adolescentes embarazadas.
Ellen Page pronto entrará al mundo de los comics en la gran pantalla en los créditos de la siguiente entrega de X-Men: Days of Future Past.

Ellen Page admite públicamente ser gay.

Estoy aquí porque soy homosexual. Y porque quizás pueda causar un efecto positivo. Ayudar a otros a que su vida sea más fácil y esperanzadora. Siento que tengo una obligación personal y una responsabilidad social en todo esto

El auditorio se levanta y le aplaude de pie. El salón está lleno de jóvenes en la conferencia Time to Thrive  (Tiempo de Prosperar) que hace parte de una gran campaña por el respeto a los derechos humanos de la comunidad LGTBI en Estados Unidos y el reconocimiento pleno de los derechos de esta comunidad. Su símbolo es el signo matemático de igualdad. Es el día de San Valentín.

"Estoy cansada de esconderme y de mentir por omisión. He sufrido durante años porque me daba miedo decirlo. Pero aquí estoy hoy, con todos ustedes, en el otro lado de todo ese miedo que me afectó mentalmente y en mis relaciones".

Al otro lado de la pantalla alguien se escandaliza. Al otro lado de la pantalla una madre ya no la mira igual y dice que esta juventud está perdida. Al otro lado de las páginas del periódico un lector piensa que así son las celebridades. Uno más dice en casa que ese es el ejemplo de los jóvenes de hoy. Alguien en Colombia pregunta ¿quién es Ellen Page? No falta quien le responda: esa niña, la actriz lesbiana, escucho sin querer la conversación de al lado y déjeme decirle que ella no se define sólo por el énfasis que le da a la última de esas cinco palabras “esa niña, la actriz lesbiana”.

Recuerdo a Michael Stipe, vocalista del REM, dando una falsa conferencia de prensa en la que anunció entre risas y fingida seriedad “no soy heterosexual” para que se entendiera lo que quería decir. El desahogo escrito por Ricky Martin para decir lo mismo con otras palabras, o a Jodie Foster en su discurso en los Golden Globes al recibir un reconocimiento por su  vida art, admitamoslo,la mayoría nominalero reconocimiento porsu vida art a otros mñastinto momento, dos amigos
curso y dice que esta juística todos recordaron más lo que dijo sobre su vida sexual. Esa exposición bajo reflectores que les dio el mismo alivio que a mi lado sintieron, en distinto momento, algunos amigos que acompañé por azar y destino en el momento en que se admitieron a si mismos y a otros más la verdad que no podían insistir en ocultar: son hombres que aman hombres con pasión y honestidad. Uno de ellos, luego de decírmelo y del abrazo con que recibimos la noticia, me dijo que ahora que lo decía sentía que había vuelto a nacer.
Aún hoy brindo por ese momento.

Si en algo somos iguales es en que somos distintos.
Viene bien reconocerlo y respetarlo.

¿Hasta cuándo este interés por vivir atentos a lo que sucede en la cama de los demás?
¿Hasta cuándo esta necesidad que raya en necedad de legislar sobre la intimidad?
¿Hasta cuándo esta mirada que aísla y acusa al que siente algo distinto a otros?
¿Hasta cuándo dividiremos el amor que, admitámoslo, es uno solo y sin género?

Afortunadamente Ellen Page no es actriz en Rusia porque habría sepultado su carrera con su anuncio. Porque hay lugares en el mundo que a esta hora llevan el reloj de su historia hacia siglos atrás. Así como hay personas en nuestra sociedad que asumen que su pensamiento es ley porque en su delirio creen que en el silencio algún dios les susurra los nuevos mandamientos.

“Merecemos experimentar el amor por completo, con igualdad y sin vergüenza” dijo la actriz en las líneas del más sincero monólogo que ha pronunciado con la voz quebrada pero plena de orgullo y razón.

Yo estoy a favor del matrimonio igualitario, de la adopción de niños por parte de parejas del mismo sexo, estoy a favor de la equidad en derechos reconocida por la sociedad a los ciudadanos todos. Estoy a favor de la felicidad de los demás si es que  debo llamarlo de alguna forma. Sé que nosotros somos los otros de los otros y eso no lo voy a olvidar. Y diré algo que sé que no me hace ni mejor ni peor que nadie y que debiera estar de más, si el asunto es declararlo entonces aquí lo digo: soy heterosexual.


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lunes, 10 de febrero de 2014

PERIODISMO



El periodismo es silencio y palabra.
Empieza con escuchar antes de hablar. Silencio.
Sigue con decir luego de pensar. Palabra.
Y sentir siempre y en todo momento.
Es claro, las palabras están vacías si adentro no llevan imágenes.
Por eso el periodismo es una forma de ver el mundo.

El periodismo nunca es objetivo –que me disculpen mis profesores- porque no lo hacen objetos, digo. Nace de sujetos y por eso mismo habrá que reivindicar la subjetividad. Eso, claro, no es lo mismo que traicionar la verdad, la veracidad, la búsqueda de las verdades tantas veces incómodas que necesitan ser contadas para darle norte a la brújula y dibujar el mapa cierto de la realidad

Cuando llega el día en que los periodistas le recuerdan a todos los demás oficios que es El Día del Periodista (el privilegio de tener en las manos el altavoz) viene bien rendir homenaje a los periodistas de las provincias de las provincias; quiero decir de Colombia adentro, de la Colombia profunda, de ese país inmenso que sólo aparece en la portada del periódico nacional cuando una tragedia escribe su nombre. A ellos, los que cuentan cada día las historias invisibles de los lugares invisibles -dando luz donde sólo ilumina la oscuridad de los linderos apartados- es que este día debe rendir homenaje y aplauso. Ellos, los que de día son campesino tendero profesor o sacerdote incluso y que en la noche están en la emisora parroquial es a los que me aproximo hoy porque tantas veces nos dictan cátedra a los que conocimos el aula de una universidad.

Ya lo dije antes: en Colombia suele suceder que Periodismo se escribe con P de Peligro. Cuando la actualidad delega en el periodismo la responsabilidad que debe ser de la justicia te encuentras con que las verdaderas investigaciones exhaustivas son el resultado una unidad investigativa y no del equipo del tribunal y por esa vía la amenaza se convierte en una posibilidad que luego es certeza. En un país complejo donde muchos solucionan sus diferencia optando por silenciar a los demás la palabra es el gran temor de los armados.

Los periodistas deberían, deberíamos, tener presente el gesto constante de los buenos traductores: ese oficio hermoso de ser invisible para que sea la voz de otro la que se escuche. Por eso mismo tantos agradecen la visita de una cámara, de un micrófono, porque ahí está la posibilidad de recordarnos a todos que ellos existen.

La primera forma de la violencia es ignorar deliberadamente al otro. Por eso ese otro levanta la voz buscando ser escuchado. Lo ves claro con los niños más pequeños, para ilustrar este ejemplo. Y ese otro que insistes en ignorar un día viene con una revolución en las manos intentando lo que podría haberse evitado si al principio de la historia hubieras oído lo que quería decir. Por eso mismo el periodismo es una herramienta de paz.

Como en todo oficio y profesión los hay buenos y malos. Los hay con ideales y ética como constante, con decisión y talante y los hay también con un segundo interés detrás de cada línea que escriben. Flaco favor le hace a este país el hombre de la radio que habla según el libreto del patrocinador, igual en radio, web o televisión.

Y ahora que digo radio, bienvenida sea  la mágica explosión de la expresión. Esa que se vive en las radios sin dial, ahí en la web que es la casa de toda posibilidad. Cruzando por allí he visto jóvenes encontrando una vocación y a comunidades enteras reflejándose en ese espejo de palabras que susurra al oído la esperanza de ser y estar vía online. Allí el periodismo ciudadano (prefiero esa palabra antes que comunitario) ha encontrado nido y nicho. Y oportunidad.

En un día en que el calendario nos recuerda a don Manuel del Socorro Rodríguez –considerado el padre del periodismo en Colombia- viene bien tomarse unos minutos para hablar de su prole y de su herencia. Y reflexionar en voz alta sobre el relato de país que estamos escribiendo. Que estamos contando.

Cuando nos preguntamos por la posibilidad de hacer entre todos un país en paz resulta válido preguntarle al periodismo nuestro si está preparado para contar ese país distinto que puede estar por venir.

En Colombia necesitamos menos periodistas cubriendo noticias y más periodistas descubriendo noticias.


#LECCIONESDEVIDA



Entonces te sientas a escribir la historia de una muerte temprana. Es esa misma historia que ya escribiste antes tantas veces, sólo que ahora es distinto el nombre y distinta la fotografía y distinta la biografía pero es la mima historia que ya has escrito: son niños que se van antes de tiempo. Contra natura los hijos son sepultados antes que los padres y la escena aunque repetida no deja de doler. Esta vez hay algo distinto: un uniforme escolar a las puertas de la primera clase del lunes se tiñe de sangre y muerte y Luisa -así se llamaba- no alcanza a llegar a saludar a su profesor. Lleva la tarea en la mochila pero ya no importa la calificación. A menos de una cuadra de escuchar el llamado a la primera clase la muerte la alcanzó en las balas de un hombre que desapareció dejando atrás lágrimas que no son suyas pero que nacen por su culpa. Una estudiante ha muerto en la puerta del colegio. La misma historia ya no es igual. Nunca lo fue. Jamás serán iguales dos ausencias.

Hay palabras que se pronuncian tanto que su significado se gasta y pierde.
Eso es sabido.
Hay palabras que no se dicen nunca, que resumen lo que pasa, pero pocos saben de ellas porque nadie las pronuncia.
Eso se intuye.
Hay palabras en las que brilla adentro un sol, como cuando dices nuevo día.
Eso se disfruta.
Hay palabras oscuras que pesan sobre nuestro destino.
Eso se puede cambiar.

Un colegio debe ser un lugar a salvo incluso de los peores conflictos tal como lo dicen tantas normas, leyes y convenciones alrededor del mundo cuando hablan de derechos humanos. Como decir guerra y hospital, por citar un ejemplo. Un uniforme escolar debería ser un emblema que no se ataca ni profana. Como decir guerra y Cruz Roja, por ejemplo. De esto se habló el viernes pasado en la jornada de reflexión Lecciones de Vida. Niños que se van antes de tiempo que tuvo lugar simultáneamente en distintos colegios e instituciones educativas de Medellín y en todas las bibliotecas pertenecientes a la Red de Bibliotecas de la ciudad. Este gesto sincero nacido de la muerte de Luisa en cercanías del  I. E. Héctor Abad Gómez también fue eco de los hechos violentos de los que han sido víctimas estudiantes de 27 instituciones educativas en los últimos dos años según registros de la Secretaría de Educación.

Recuerdo un día de mi adolescencia en que en la puerta de mi colegio minutos antes de comenzar clases, era jueves tal vez,  dos carros interceptaron un tercero en el venía a estudiar Juan Luis el mejor de nosotros. Un estudiante como pocos: brillante y de calificaciones perfectas. Un joven excepcional porque siempre fueron por partes iguales su talento y su humildad. Era el tipo de persona que querías tener en la silla de al lado porque iluminaba. En alguno de aquellos dos carros se lo llevaron. Secuestro. Esa era una palabra que correspondía más a la realidad de los narcos que a la nuestra en aquellos días. Aun faltando a clases lo que restaba del año ya lo habría ganado así todo se calificaran en ceros. Se lo llevaron en uniforme. Y volvió en ropa nueva y cansancio muchos meses después. Secuestro extorsivo fue el nombre completo del crimen. En la silla de al lado se sentó la ausencia a terminar los dos bimestres que nos faltaban mientras nos faltaba él. Nunca entendimos cómo alguien pudo hacerle eso a un niño –eso éramos: niños casi- en aquellos días. Tampoco lo entiendo ahora.

José Luis habló conmigo dos días después de su liberación. Me contó lo vivido en la pesadilla. Su mamá me dijo que hablaba muy poco desde que llegó. Que me estaba esperando, dijo. Hablamos la tarde entera. Me pidió que escribiera y publicara su historia con el ánimo de que alguien que pasara por ese mismo dolor suyo pudiera leer en la prensa –como lo hizo él en cautiverio- una historia que le infundiera esperanza al demostrar con su historia que se puede salir vivo del infierno. Quiso José Luis, incluso en ese transe, darnos una lección más. Una lección de vida.

Ahora que lo pienso creo que es justo por eso que sigo escribiendo estas historias que tantas veces son la misma con nombres distintos.

Hay palabras que pueden salvarte.

Escribo con la esperanza de que la misma historia tantas veces repetida tendrá algún día un final distinto.


LA ÚLTIMA NOCHE EN LA TIERRA

La mañana después no habían cucarachas en el cuarto, ni kafkas en los espejos. Todas las canciones estaban escritas en una escala que s...