sábado, 29 de noviembre de 2014

LA PEOR NOCHE DE MEDELLÍN

Aquí no llega la navidad, aquí estalla. En Medellín el comienzo del último mes del año truena como el estruendo del final de todas las cosas. Esto que se vive aquí no es una Noche de Paz como invita el villancico, las detonaciones en la ciudad encuentran, justo por ser un valle entre montañas, la caja de resonancia perfecta para el desasosiego. A esto ahora le llaman La Alborada. Pero no es la alborada del pacífico y otras regiones que reciben con cantos y fiestas el cambio de tiempo religioso, sino una alborada que incluso se roba esa palabra para disfrazar de tradición lo que realmente no es más que una mala costumbre.

El origen de esto no tiene nada que ver con todo lo que te contaban tus abuelos y que pasaron de generación en generación. Lo que sucede es la recreación constante de La Hora Cero que dictó para el 1º de diciembre de 2003 luego de la desmovilización del Bloque Cacique Nutibara a órdenes de alias Don Berna que marcó con esta descarga inesperada y contundente la señal de que se iban sin irse porque marcaron como suyos los territorios de las comunas 13, 8 y 16 además de los corregimientos de Altavista, San Cristóbal y San Antonio de Prado. Barrios en los que al unísono estalló la pólvora distribuida en esas zonas entre el 25 y 30 de noviembre de ese año. El hecho de que coincida con el cumpleaños de Pablo Escobar -1º de diciembre, igual que La Alborada- son asuntos más cercanos al anecdotario que a la realidad pues difícilmente Diego Murillo Bejarano le tributaría un homenaje a su expatrón a quien activamente ayudó a matar. El aniversario de esta muerte se recuerda cada 2 de diciembre. La asociación de La Alborada con el asunto narco y paramilitar es indisoluble.

La peor noche del año para vivir en Medellín es esta: La Alborada. Ensordecedora y habitada por una tristeza que se cubre de pólvora disonante como una alegría que no alegra. Noche de tristeza porque la cosecha de esta siembra de explosiones por doquier van desde gentes quemadas por chorrillos, totes, papeletas, hasta pájaros muertos por el pánico y la desorientación así como una galería incontable de animales domésticos que si pudieran estar en otro lugar se habrían ido antes de que el reloj anuncie que a la media noche quedarán presos del sufrimiento y la desesperación. Pocas cosas tan crueles para una mascota que el bombardeo al que se ve sometido en esta noche en la que, para muchos de ellos víctimas de crisis nerviosas, habrá de ser su última noche.

La Alborada del año pasado registró 17 personas quemadas, siete de ellos fueron niños, varios entre todos ellos de altísima gravedad. Cicatrices de la estupidez y el descuido. Marcas de la torpeza que les acompañarán por vida.

En Medellín la pólvora está prohibida desde el 7 de noviembre pasado hasta el 31 de enero de 2015 según reza el decreto 1869 de 2014 que señala también que quien incumple el decreto en mención incurre en sanciones que van de dos a veinte salarios mínimos, multas que pueden alcanzar los veinte millones de pesos. El asunto, como siempre, debe partir de la denuncia y para eso están dispuestas las líneas telefónicas 112 –de la policía- y 123 que conecta a todo el sistema de emergencias. Incluso en el mundo del ciberespacio encuentras dos aplicaciones para para reportar puntos de venta o lugares en que veas la pólvora arder. Igual, cada noche en que ha ganado Atlético Nacional luego del 7 de noviembre no ha dejado de escucharse la pólvora mientras no se escucha de multados o detenidos. Y ahí hay algo para detenerse a pensar –como sucede con las fotomultas de tránsito- hay a quienes no les preocupa cumplir las normas o el bien común o la posibilidad de causarle daño a alguien más sino que no les toquen el bolsillo y hasta que esto no se vea de forma contundente no piensan que deben detenerse en lo que hacen. Hasta entonces el decreto será letra de una constitución de ángeles como fue llamada nuestra constitución mientras el país se desangraba.



No estoy en contra de la alegría de nadie pero si estoy en desacuerdo con el sentido de esta nueva “fiesta” y su significado y, sobre todo, con sus consecuencias palpables en la sala de emergencia de cualquier hospital en la madrugada del comienzo decembrino. Ya estoy en la edad de las nostalgias, ha de ser, por lo que prefiero el tiempo en que diciembre empezaba con las velitas el 7 y 8 de diciembre y entonces hacíamos amigos con la facilidad con la que podíamos jugar con bolitas de cera en la acera iluminada por una hilera de suspiros en que nos contábamos historias sobre el niño dios que nos decían que estaba por venir.

Igual hay campañas en contra de La Alborada que ya se ha propagado a los municipios vecinos del área metropolitana, puedes encontrar iniciativas de ambientalistas, de las autoridades, de ciudadanos sin filiaciones y de grupos organizados… puedes buscar el rastro en redes sociales de #NoALaAlborada y #NoALaAlboradaMafiosa pero a cien trinos les gana un comentario de locutor de emisora tropical que invita a la fiesta con bombos y platillos –debería decir con totes y chorrillos- porque la pauta publicitaria en algunas radios puede ser más costosa en diciembre cuando la audiencia ser refleja en los números de sintonía popular. Y entiendes, de paso, por qué noviembre está en vías de extinción.


Tal vez mi voz no se escuche en la noche de La Alborada porque más alto será el rugido de la pólvora, sin embargo no me callaré ante esto hoy ni mañana ni después y aunque sé que ha muerto el Chapulín Colorado preguntaré esto con esperanza de encontrar alguna vez una respuesta ante la noche que llega: ¿y ahora quién podrá defendernos?

miércoles, 26 de noviembre de 2014

EL DOLOR DE SER VIEJO EN COLOMBIA




Envejecer.
Envejecer en Colombia.
Envejecer en Colombia y no tener una certeza.
Envejecer en Colombia y no tener una certeza sobre el breve futuro que te espera.
El taxista al volante tiene tantos años que, juntos, le hacen difícil soportar en el cuerpo el cansancio de un turno que suma hoy casi diez horas. Dice que el día ha sido difícil pero que él aprendió a no quejarse, que eso mismo le enseñó a sus hijos pero que sabe la vida no es fácil y que como a ellos no les ha ido bien entonces no puede dejar el taxi. Apenas hace un rato hizo lo del carro y el patrón y apenas empezó a sumar algún dinerito para poder llevar a casa.
Ser taxista es un oficio muy complejo si no eres el dueño del carro —la mayoría no lo son— el taxi solo se detiene para lavarse, para tanquear o mientras el conductor come algo antes de entregárselo al del siguiente turno que está en las mismas que vos. Te sientas a empezar tu jornada y ya estás debiendo plata: tienes que pagarle al dueño del taxi, cubrir la gasolina de tu turno, entregar el carro lavado y solo a partir de ahí empieza el taxímetro a correr a tu favor. Cada madrugada o cada tarde, según te toque, apenas te sientas para empezar la labor ya estás debiendo entre $60.000 a $80.000 diariamente. Ese viento en contra sopla más fuerte cuando tienes más de 60 años y lo que pase en tu casa mañana depende exactamente de suceda hoy con vos en la calle ante un semáforo que cada vez permanece más tiempo en rojo en frente tuyo.
¿Cuándo empezará el descanso que sabes que no puedes tener?
Cuarenta y ocho millones de personas dicen que somos en este país. Menos de dos millones aquí tienen una jubilación hoy día. Entre ellos 704.208 reciben apenas $600.000 al mes para sobrevivir. El número de ancianos —adultos mayores, disculpe usted— que no son jubilados ni lo serán supera esta cifra con creces. Y con tristeza.
Uno de los hombres más sabios que he conocido es un viejo campesino que, con sus manos marcadas por los trabajos y los días, me dio como presente algunos de los frutos de la tierra que cosechó justo el día en que nos vimos. Me habló de la tierra suya bañada en sangre joven, de los hijos perdidos, de los hijos que huyeron, de su tozudez a quedarse a vivir en una vereda en la que sus vecinos fueron el miedo y la soledad. Me dijo que la asfixia que vive el campo solo la va a sentir la ciudad el día en que los platos vacíos sin arroz, papa, tomate o carne nos demuestren a los del lado de acá que los billetes no se pueden comer. A este hombre el país lo olvidó antes de que fuera el viejo que es y sin embargo el no nos olvida y nos llena el plato y también el suyo para tomarse esta noche una aguapanela y pronunciar con su boca desdentada el nombre de otros que no llegaron a viejos como él. Ellos, esa lista de ausentes, a la que llama familia. Mañana estará de nuevo con sus manos en la tierra para hacer por nosotros lo que nadie hará por él.
Envejecer.
Envejecer y tener que buscar fuerzas.
Envejecer y tener que buscar fuerzas en un lugar que está entre los recuerdos y la esperanza para enfrentarse al día con un sí-señor, no-señor y cargar con perfecto equilibrio el charol, la bandeja, los platos, la bebida y sonreír sin cansancio en el restaurante al que solo puede entrar porque es mesero y comer allí le descuadraría la semana o la quincena. Apurarse a la mesa en la que podrían estar sus hijos —pero no lo son, aunque la edad sea la misma— para atender a los clientes con una devoción que pocas veces ha recibido. Y al final de la noche, al contar las propinas que se han de repartir, se les escucha decir entre labios gracias-a-dios-porque-siquiera-tengo-este-trabajito. Porque hay gente que recibe como bendición la condena de tener que trabajar hasta el último de sus días.
No country for old men es el título de una de las novelas más difundidas de Cormac McCarthy. Y esas palabras no son ficción, la realidad lo dice: No es país para viejos.
Aquello de la fila preferencial para personas de la tercera edad solo es verdad en el letrerito que difícilmente los ojos viejos pueden leer. Lo puedes comprobar en la fila que empieza en las madrugadas del centro de salud en búsqueda de un ficho para pedir la cita médica en la que igual para una artosis que para las señales de un cáncer oculto empezarán por recetarles acetaminofén. Esa fila camina lenta, con frío y dificultad, con un tinto apenas, con necesidad de un pan. La anciana que vende confites aquí cerca confía en que el cliente le ayude a contar las monedas con que le va a pagar. Otros más van por nonagésima vez a visitar al abogado que les va a ayudar a sacar la pensión que ya están debiendo y que mientras no resulte la obligación es no dejar de trabajar aunque ya hayan cumplido edad y semanas de cotizar. Seamos sinceros: para ellos este país nunca dispuso una fila preferencial.
Envejecer.
Envejecer duele.
Y en Colombia el dolor de ser viejo puede doler un poquito más.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

AMÍGOS MÍOS



Hágase amigo de un poeta —puede estar vivo o muerto, ese detalle no es obstáculo— y permítase la compañía de unos versos de vez en cuando. Léalo como quien escucha las palabras de una de las personas más cercanas que ha conocido, de seguro encontrará una voz que le está hablando únicamente a usted. Yo frecuento a Ángel González y a Darío Jaramillo Agudelo, charlamos animadamente durante horas. Uno de ellos está muerto, el otro está vivo y tengo las mismas posibilidades, en mis días, de estrechar la mano con cualquiera de los dos. Sin embargo han sabido acompañarme cuando se los he pedido. No son mis únicos poetas amigos, pero los nombro a ellos para proponerle a usted que por curiosidad les busque —a ellos, también a otros— que seguro se dejan encontrar. Hay gente así: capaz de contar una historia íntima que nos contiene a todos. Cuando quiero entender un poco el desvarío de nuestro conflicto, por ejemplo, no busco el discurso de un político de aquí sino Primera evocación, un poema de ese ángel de apellido González…

Recuerdo

bien
a mi madre.
Tenía miedo del viento,
era pequeña
de estatura,
la asustaban los truenos,
y las guerras
siempre estaba temiéndolas
de lejos,
desde antes
de la última ruptura
del Tratado suscrito
por todos los ministros de asuntos exteriores.

Recuerdo

que yo no comprendía.
El viento se llevaba
silbando
las hojas de los árboles,
y era como un alegre barrendero
que dejaba las niñas
despeinadas y enteras,
con las piernas desnudas e inocentes.
Por otra parte, el trueno
tronaba demasiado, era imposible
soportar sin horror esa estridencia,
aunque jamás ocurría nada luego:
la lluvia se encargaba de borrar
el dibujo violento del relámpago
y el arco iris ponía
un bucólico fin a tanto estrépito.

Llegó también la guerra un mal verano.

Llegó después la paz, tras un invierno
todavía peor. Esa vez, sin embargo,
no devolvió lo arrebatado el viento.
Ni la lluvia
pudo borrar las huellas de la sangre.
Perdido para siempre lo perdido,
atrás quedó definitivamente
muerto lo que fue muerto.

Por eso (y por más cosas)

recuerdo muchas veces a mi madre:
cuando el viento
se adueña de las calles de la noche,
y golpea las puertas, y huye, y deja
un rastro de cristales y de ramas
rotas, que al alba
la ciudad muestra desolada y lívida;

cuando el rayo

hiende el aire, y crepita,
y cae en tierra,
trazando surcos de carbón y fuego,}
erizando los lomos de los gatos
y trastocando el norte de las brújulas;

y, sobre todo, cuando

la guerra ha comenzado,
lejos nos dicen— y pequeña

no hay por qué preocuparse, cubriendo

de cadáveres mínimos distantes territorios,
de crímenes lejanos, de huérfanos pequeños…

Conviene que entre los amigos que son tus amigos aunque no te los encuentres de cerca jamás haya directores de cine, músicos, narradores, fotógrafos, artistas plásticos, actores, bailarines, escultores, escritores… ir a ellos en sus obras es una forma de darle sentido al silencio que somos nosotros mismos en mitad del murmullo y barullo constante del mundo.
Las películas que escribe y dirige Isabel Coixet me cuentan historias de una forma que yo nunca aprenderé a contar una historia y por eso habrá de ser que resulta, para mí, vecina en el barrio de los días que he vivido. La vida secreta de las palabras, Mapa de sin mí… en títulos así, aunque ella nunca lo sepa, hay algo de mí. Soy amigo de Serrat y de Sabina, de Charly García y Martin Gore, de Nach y Jorge Drexler y una lista amplia que tampoco es infinita porque amigos-amigos no son todos los que he conocido. Los amigos han llegado para quedarse aunque no les veas a diario. Los amigos que me dan canciones me ayudan a respirar, ha de ser porque la música está en el aire. Y adentro de algunas canciones cabe entero este que soy yo. Los busco cuando tengo sed y siempre me dan de beber.
Luis Caballero me estremeció y se hizo inolvidable para mí por rotundo y sensual, de la misma forma que José Antonio Suárez me confirma en cada trazo la belleza magnífica por minúscula de lo cotidiano. La belleza que veo en la belleza que sus ojos han sabido mirar me inquieta al mismo tiempo que me da paz. Annie Leibovitz y Rubén Afanador capturan en una foto toda la libertad que quisiera abrazar yo. Y son generosos porque el mundo que han creado lo comparten con todos y conmigo.
Algunos de estos amigos son como viejos sabios de una tribu imaginaria, otros traen humor ironía y picardía y cada vez que nos vemos llaman pronto a mi sonrisa, otros son maestros a los que atiendo con toda la humildad de la que soy capaz cuando vuelvo a mi verdadero lugar: soy aprendiz de aprendiz, nada más.
Todos ellos, aún en la tristeza más honda, me confortan y concilian con el privilegio de estar vivo.
Qué buen amigo ha sido José Saramago que me anima con insistencia a escribir. Qué cálido es el abrazo de Martha Graham que me habla en delicados movimientos en su idioma sin palabras. Qué buen amigo es Ray Loriga que me dio la mano al final de la adolescencia así como Hermann Hesse estuvo conmigo en el final de la infancia mía. Hoy le doy gracias a Joan Miró por su amistad invaluable que me recuerda el valor del juego cada día. Qué buena amiga es Meryl Streep que se propuso, lo sé, no dejarme solo en lo que me quede de vida.
Porque eso son los amigos, son compañía.

domingo, 16 de noviembre de 2014

DÉJAME DECIRTE QUÉ ESTÁ PASANDO


1
Entonces sucedió aquello que atentó contra la dignidad de tantos, incluso sin que lo notaran, cuando alguien que no conocimos decidió que una bonita forma de instalar una bomba de deshonra que devore a los demás con sus esquirlas era convertir un gentilicio en insulto. ¿Recuerdas cuando tu madre decía que el problema era “el tonito”? así fue que en voz de algunos decir “colombiano” se convirtió en un juicio pesado porque invocaba lo peor que hemos vivido como si fuera un único lado: “México se colombianizó” dijeron, para decir que ellos estaban jodidos y que el narcotráfico les marcó los días. Frase fácil para ofender al tiempo a unos y otros como si una nación fuera un mal verbo. Colombia es más que drogas ilícitas y tragedia, eso no tengo que explicarlo. Pues eso mismos esa frase no es cierta aunque algunos horrores se parezcan tanto. Ojalá y Colombia se mexicanizara, pienso, en el sentido de la expresión pública de la conciencia ciudadana y el repudio general de un pueblo que ante el desgarramiento por los 43 desaparecidos en Ayotzinapa dice hoy No Más a una situación en la que el sueño cada vez se hace más difícil porque te despiertas en mitad de la pesadilla: la peor cara de la corrupción es la máscara del terrorismo. Cuando en una sociedad se hacen cómplices los criminales con miembros del gobierno y de las fuerzas armadas pocos lugares quedan para la confianza. Esa historia, lo sabes, también la conocemos acá.

México lindo y querido, cantaba Jorge Negrete.
Colombia tierra querida, nos enseñó Lucho Bermúdez.

La diferencia está en el hartazgo. En el paisaje de un país de un país descontento. Tengo los mismos átomos en común con las madres de Soacha que con las familias en Ayotzinapa, me duele lo que pasa allí y eso no excluye que me preocupe y ocupe de la sangre nuestra derramada cada día. En México tienen sabido que en cualquier lugar que se reúnan les hacen falta 43 personas para estar completos. ¿Aquí cuántos? ¿Aquí cuándo?

2
No olvido la lluvia, dios está en sus gotas. Por estos días Medellín se inunda con cada brisa fuerte. Parece que una tormenta tropical se ha mudado a vivir cada semana a este valle entre montañas, ya no sabes bien si esto es cambio climático o clima cambiático. A este lado todo es helado. El calentamiento global es enfriamiento local. No hay oficio más inexacto para el ciudadano de a pie que el pronóstico del clima para mañana, puedes arriesgarte a acertar más fácil al especular en cuáles puntos de la ciudad se detendrá la movilidad.

No solo llora el cielo cuando llueve por aquí.



3
Noviembre es el mes en que aflora otro deporte nacional: reírse de las reinas de belleza. Ahí se les ve a estos deportistas de alta competencia frente al televisor o la pantalla del computador esperando el próximo desliz y la caída, que el tacón se les rompa en mitad de una respuesta que les otorgue por unos momentos un aire de superioridad intelectual de la que puedan presumir con memes, videos virales y chistes fáciles. Esta vez la señorita Huila y su repuesta sobre Mandela le han dado de comer a los críticos de ocasión que no están pensando en las modalidades cada vez más torpes que usan las preguntadoras –no sé si periodistas- para sus creativos interrogatorios de cultura general ¿recuerda usted que la candidata tenía que mover las caderas al compas de la respuesta de selección múltiple? La pregunta, dirás, fue fácil. La respuesta fue tonta. Y yo haciendo ula-ula y contestando al mismo tiempo me equivoco con la tabla del 2.

4
#AquíLaIndignaciónNosDuraLoMismoQueElTrendingTopicDeUnHastag

5
No digas luego que no hay cine para ir a ver: Interestelar es un viaje a las estrellas para llegar al fondo de un corazón. La única materia que no contiene la matemática es el amor, raíz –cúbica o cuadrada- de nuestra perfecta imperfección. Eso es lo que cuenta Christopher Nolan en su épica película sobre el fin del mundo y el comienzo de una nueva era. No digas luego que no hay cine para ir a ver: Relatos Salvajes son la constatación este año de que el talento no siempre debe proyectarse subtitulado. Las historias acerca de la tenue línea entre la cordura y la ira en situaciones límite. La narración del joven director Damián Szifron en sus seis cortos constituye una (otra) obra maestra del cine latinoamericano, aunque el apellido sobra: es una obra maestra del cine. Punto. O bueno, fade a negro.

6
El ser humano acaba de dar un paso tan grande como lo fue la llegada del hombre a la luna. El hombre ha escuchado un sonido desconocido para cualquiera en la historia de este planeta: el canto de un cometa. Qué hermoso es el misterio. Qué precioso llamar Rosetta a este instante en que una piedra, como aquella primera Rosetta, puede ser la llave que abra la puerta de una nueva historia.

7
Que la memoria nos acompañe, que el olvido no se quede a vivir entre nosotros. Acaban de conmemorarse 29 años de una página de historia nuestra que fue escrita con sangre, impotencia y tristeza. Fue en 1985. Casi en una misma semana fue el Palacio de Justicia y después Armero. Casi en una misma semana vi envejecer cien años un presidente que luego se convirtió en silencio.

8
Quiero decir tres cosas al final de estas líneas:
Uno: En Colombia la justicia entra en paro, la injusticia no.
Dos: “El vivo vive del bobo” y otras frases así mantienen enfermo a este país.
Tres: Macondo es un lugar muy real donde algunas gentes se inventan a diario un lugar llamado Colombia.


Adrift, pintura de Jeremy Geddes.




DESPUÉS DE VER LA MUJER DEL ANIMAL

UNO Interior noche / Sala de cine Margarita García fue secuestrada por el primo de su cuñado. Raptada a ojos de tantos y con compli...