lunes, 29 de diciembre de 2014

NO JUZGO AL SUICIDA


Cada minuto pasa lento.
Las horas son definición exacta de eternidad.
El día puede ser brillante y caluroso afuera, pero adentro la noche y el frío no terminan. El tiempo no es un efecto fugaz. De repente, todo reloj se detiene. Stop. Un estallido. Un crujido. Una convulsión. Luego nada. Luego todo.

No es tan simple y contradictorio como decir: es el suicidio de un comediante, cuando te mencionan a Robin Williams. No es la muerte sorpresiva de Garrik. Es el final de un hombre talentoso que muere de honda tristeza, es la puerta abierta que da al abismo, es esa oscuridad que abraza y encierra como un dolor que no termina. Es la depresión profunda.

La mirada de los otros puede ser pesada como un juicio. Las palabras que se dicen luego de enterarse de un suicidio siempre son un pesquisa que busca descubrir qué estaba roto en una superficie aparentemente lisa y sin fricciones. Todos los prejuicios asoman si el suicida era alguien que “lo tenía todo” es decir; un nombre conocido. Asumes que no tiene urgencias económicas, que era exitoso en su profesión, que gozaba con el reconocimiento social, que lo que había en su vida era sólido, que si se desvanece en el aire es porque llevaba una vida secreta que lo torturaba moralmente, que se lo llevaron sus adicciones, que la única paz para su conciencia era huir… Pero no. No es una receta tan sencilla la que resume una realidad tan compleja. Si la persona es “del común” el prejuicio que asoma se llama “problemas familiares” y entonces los que sobreviven al suicida son auscultados como si fueran culpables de homicidio. Pero no, no es una receta tan sencilla la que resume una realidad tan compleja.
Buscan una razón ante lo que juzgan irracional, de la misma forma en que la iglesia católica no les concedía suelo sagrado a los suicidas para ser enterrados y sentenciaba que estaban condenados a no llegar nunca al cielo aunque hubieran sido santos antes de interrumpir su vida. Ánimas en pena.
El suicidio, entre nosotros, avergüenza y se esconde. El suicidio, entre nosotros, no se nombra por temor al señalamiento. El suicidio, entre nosotros, es un escándalo que prefieren ocultar con versiones distintas que hacen que una familia construya una mentira torpe para ocultar una verdad que siempre será una herida abierta sino se acepta.
No, no juzgo al suicida.
El apellido de Suicidio no es Cobardía.
Es Ausencia.

En Colombia el suicidio es la cuarta causa de muerte violenta. En promedio cada dos días se registran nueve suicidios. En 2013 fueron 1.685 los suicidios que cuenta el Instituto de Medicina Legal. Antioquia es el lugar que más suicidios suma en el país, le siguen Bogotá y el Valle del Cauca. En 2012 los suicidas en el país fueron 1.901 personas. Ocho de cada diez suicidas es hombre. Y podría seguir con los números y estadísticas frías como la muerte pero creo conveniente, en este punto, recordar que atrás de cada cifra se cuenta una biografía, la historia de alguien que alguna vez soñó y tuvo esperanzas, el retrato de una persona que conoció la sonrisa.
La salud mental en Colombia es asignatura pendiente, hablar sobre esto es una conversación necesaria. Este silencio nos cuesta vidas.
Yo no juzgo al suicida. 
El próximo puede estar leyendo estas líneas. Puedes ser tu.
Puedo ser yo.

Sucede un día, al final de una agonía que llevas adentro dormida y que despierta por instantes —que estuvo contigo por años, aunque algunos piensen que fue por días—que entre todos los colores que viste, que viviste, te quedas con el gris. Tu habitación se encoge, se achica, la respiración te falta y sientes que llevas un animal en el pecho, el ataque de ansiedad te acompaña y en cada sombra encuentras una culpa, el miedo tiene mil formas de hablarte, sientes que no puedes redimirte, la pasión ya se ha ido y como ciertas comidas sin sal nada te sabe a nada, eres la hija de la lágrima, el cielo puede estar despejado pero lo tuyo es la tormenta, das la vida —literalmente— por un poco de calma.
La vida es un plano secuencia.
El director respira, por última vez, antes del fade a negro.

Corten.

sábado, 27 de diciembre de 2014

GARCÍA MÁRQUEZ ESTÁ ENFERMO



García Márquez está enfermo.

García Márquez está en el hospital.

Afuera del hospital los periodistas esperan.

El nombre en metal sobre la fachada ahora es un nombre de tinta sobre el papel: Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán: tantos periódicos en idiomas distintos mencionan cada día el lugar en el que pasa los días y las noches García Márquez.

García Márquez está enfermo.

Los médicos velan por recuperarlo pronto.
A sus 87 años decir infección también es decir peligro.

La vida pública de García Márquez sucede en la puerta de su casa cada 6 de marzo cuando sale brevemente a saludar —finamente vestido para la ocasión— y dar de comer a las cámaras que esperan para saludarlo. García Márquez agradece con un gesto afectuoso el amor genuino que tantos sienten por él. Saluda, desde la nube de la enfermedad del olvido, que le cubre como si nos recordara a todos.


Conviene recordar (sin comas ni punto aparte) los motivos por lo que aunque el cuerpo enferme sus letras gozan de perfecta salud: La Hojarasca El coronel no tiene quien le escriba La mala hora Los funerales de la Mamá Grande Cien años de soledad Isabel viendo llover en Macondo Relato de un náufrago La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada Ojos de perro azul El negro que hizo esperar a los ángeles Cuando era feliz e indocumentado Chile, el golpe y los gringos  El otoño del patriarca Operación Carlota Periodismo militante De viaje por los países socialistas La tigra Crónica de una muerte anunciada Obra periodística El verano feliz de la señora Forbes El rastro de tu sangre en la nieve Viva Sandino El amor en los tiempos del cólera La aventura de Miguel Littín, clandestino en Chile Diatriba de amor contra un hombre sentado: monólogo en un acto El general en su laberinto Doce cuentos peregrinos Del amor y otros demonios Me alquilo para soñar Noticia de un secuestro Por un país al alcance de los niños Vivir para contarla Memoria de mis putas tristes Yo no vengo a decir un discurso…
La historia del país entró en la biografía de García Márquez así como García Márquez entró en la biografía del país: fue el 9 de abril de 1948 el motivo por el que el aprendiz de abogado abandonó Bogotá para desembocar en un río de letras en la costa  caribe y publicar su primer artículo en El Universal el 21 de mayo de 1948.
Si de algún político se ha dicho que “le cabe el país en la cabeza”, de García Márquez habrá que decir que le cabe el país en el corazón. Y en sus latidos he vibrado yo.
Se hizo más colombiano mientras más lejos estuvo. Sin México, sin París, sin Europa recorrida, sin su estancia neoyorquina… su forma de ser y decir no sería tan latinoamericana y tricolor como es. Érase una vez un hombre que también era una bandera de un país. Yo fui el niño que aprendió en 1982 que una guayabera, un liquilique, son formas calladas y profundas de decir: de aquí vengo yo.
Fue el 18 de febrero de 1954 cuando publicó en El Espectador La reina sola  y esa palabra se convirtió en el tema que recorre sus letras que no solo están en el obvio título de Cien años de soledad sino en la forma en que tantos personajes suyos miran el precipicio que llevan adentro, ese abismo que somos nosotros mismos. Y anticipa, como suele suceder con los adelantados, el gran mal de este siglo nuevo en que mientras más conectados resulta que estamos más solos al final de la noche.
Bendita sea la divina trinidad de Faulkner, Camus y Hemmigway que lo arropó en lecturas. Bienaventurados sus hijos que no beben del apellido de su padre porque han buscado como él hacerse su propio destino. Divina es Mercedes que le sostuvo el brazo y el bolsillo para que pudiera terminar la memoria de Aureliano Buendía y enviar los folios manuscritos a la argentina editorial Suramericana.

Después fue el aplauso.
Después fue la gloria.
Después la enfermedad.
Su obra es la suma de su pasión: periodismo y cine.

No podrías entenderlo de otra forma.

García Márquez está enfermo.

Tal vez esté lejano el día de su ausencia definitiva. O tal vez no.

Eso incluso poco importa porque hace décadas respira entre nosotros un hombre que no muere jamás. Sus letras ya le han dado la inmortalidad.

Yo no voy a esperar a que García Márquez  muera para decirle —aunque no me escuche— que lo quiero tanto.
                                                                          *
Estas líneas fueron publicadas el 6 de abril, días antes de la muerte de Gabriel García Márquez.
Noticia triste del 17 de  abril de 2014  en Ciudad de México.

viernes, 26 de diciembre de 2014

TENDRÉ FE EN EL DESPUÉS


Brevedad. Justo eso es la vida, lo sabe el anciano que en calendarios suma casi cien años. Brevedad. El cielo mismo es un cielo distinto con el desfile de nubes que ahora veo, en el que adivino un mar de figuras que pronto al son del viento no estarán más allí. Brevedad.
Que se queden conmigo los abrazos que di porque, si fueron sinceros, en el abrazo del otro también me he quedado yo. Que se queden conmigo las palabras que habitan los silencios largos que pronuncio porque en ellas está la traducción exacta del sentimiento y la sensación. Estamos hechos de historias, de eso estoy convencido. La cosecha de recuerdos tiende a confundirse con la siembra de traumas porque la semillas nacen en tierra del mismo campo. Que se queden conmigo las memorias que me enseñan a crecer, no las que me atan los pies.
Todas las páginas del periódico se marchitarán rápidamente.
Fugaz. En la nación de la indignación el motivo del próximo enojo colectivo será superado por una noticia que será olvidada por la siguiente noticia que será tan fugaz como pasar la página para llegar a los avisos clasificados que cambian más rápido que la venta de lo que ya se vendió. Fugaz.
Todas las canciones escritas solo para sonar hoy no se escucharán mañana.
No todo habrá de ser eterno presente. Tendré que tener fe en el después. Para darle sentido a las frases que escribo en un teclado o en un papel, a esa mínima huella que dará cuenta que alguna vez estuve aquí antes de volverme, definitivamente, olvido.
Tendré fe en el después porque ahí nace la esperanza. Porque no quiero que me ahuyente la sonrisa el titular nuestro de cada día —que es tan breve y tan fugaz— porque el país en el que vivo merece leer su historia con orgullo y no solo una colección de anécdotas de perogrullo: sé que somos mucho más que la pelea de este con aquel, o una suma de infidencias de las charlas de hombres de corbata y mujeres en traje coctel. Conozco un país que se viste distinto y que vive sus días distinto a lo que nos dan de leer.
Lo mío, lo he entendido, es lo que pasa en pasos adentro después de la puerta de la casa. Lo mío, lo he sentido, es lo que encuentro en la calle de barrio que caminan sus habitantes y no ilustres visitantes. Lo mío es lo más cotidiano, mundano tal vez, más cerca de la tienda de la esquina que del salón de los honorables que nos enseña a diario la tv.
Lo que mis gafas me han ayudado a ver es una nación que tantas veces es mirada con miopía. Me interesan los nombres y las biografías, más que las estadísticas recitadas como letanía. Lo que mis gafas me han ayudado a ver es un lugar que resiste porque insiste en que tiene derecho a algo más. Un país que obra como si supiera de memoria las últimas líneas de Cien años de soledad. Lo que mis gafas me han ayudado a ver es que no se puede ser ciego ante el asombro y el esfuerzo de los que muchos procuran no nombrar. Lo que mis gafas me han ayudado a ver es que debo ser consciente de lo breve y también de lo fugaz.
Para ver, también, lo invisible es que tiene sentido que yo haya llegado a este minuto de la vida en que escribo esto que usted lee en este instante.
Lo mío, lo acepto, es la vida en minúsculas.

lunes, 22 de diciembre de 2014

A VECES, MÁS QUE UN PAÍS, SOMOS UN ESTADO DE ÁNIMO


1

Creo que Dios ha olvidado mi nombre.
Bueno, tal vez nunca lo supo.

Hay días en que somos apenas fragmentos, pedazos de pedazos, un conjunto que suma nada. Se nos hace difícil respirar. Todo aire es poco. Hay días en que duele más estar vivo.
2

Se escuchan gritos de contento adentro y afuera de los televisores, Colombia pisó la grama de nuevo en un mundial, ya lo sabes: la alegría no es solo brasilera. Todo esto dibuja una sonrisa en tu rostro y estás agradecido por estar en medio de un país que se convertió en un estadio que corea el nombre de un solo equipo.  Qué bonita es Colombia cuando se une como las letras con que escribes la palabra Fratenidad.
3

Los taxistas llevan pasajeros en la silla de atrás y verdades permanentes en su silla, adelante. Una de esas verdades es que pueden difundir un comentario, de pasajero en pasajero, con la firmeza de una certeza aunque sea solo para propagar un error o un prejuicio. Los taxistas pueden fundar mitos con solo repetir durante el día el mismo cuento como un mantra. Y el pasajero luego cuenta el cuento en casa. Ya quisieran algunos periodistas tener la influencia de un taxista.
4

En Colombia todo es extraño, hasta la polarización al final de unas elecciones: a un lado está la derecha (una que dice centro) y a otro lado la derecha (la que admite que es de extremo).
5

Gabriel García Márquez sigue escribiendo nuestros días y tú no te has dado cuenta. Todos los asombros suceden acá. Macondo es este lugar en que las sentencias judiciales las conoce primero la prensa que el implicado, es la provincia en que los locutores deportivos  narran por tv como si siguieran viviendo adentro del radio y tuvieran que describir lo que todos estamos viendo, es el mismo sitio en que el caso Colmenares termina ahora en el punto en que empezó como si fuera un suicidio con siete puñaladas por la espalda. No sabemos a cuál santo habrá que atribuir el milagro de un chico que a esta hora recibe la noticia de haber recuperado un riñón que tenía casi perdido mientras Colombia adentro, en Vigía del Fuerte, el pueblo empieza a parecerse a su nombre con la construcción de un edificio que puede llamarse Esperanza.  En otra esquina del país alguien piensa que tener la razón es lo mismo que subir la voz y lanzar naranjas. Gabriel García Márquez tiene razón: aquí la realidad supera la ficción.
6

En la casa de la infancia sonaba el teléfono después de las nueve o diez de la noche y una voz seria contestaba antes que tú y decía “estas no son horas de llamar a una casa decente¨ al otro lado alguien colgaba apresurado. Ya no suena el timbre.  Ni siquiera el teléfono fijo. A veces solo se escuchan las campanitas que anuncian al WhatsApp, esa aplicación que acerca y también tortura al inseguro cuando ilumina un nombre, un ícono, un reloj que marca la hora de la última conexión o te señala el double check que no terminas de entender. Triste argumento para los celos que no necesitan argumentos porque son celos.

7
La torpeza tiene mil maneras de enredarse entre mis dedos.
8

A veces, más que un país, somos un estado de ánimo.
9

Llevas adentro a Dr. Jeckyll y Mr Hyde y un día descubres que Hyde es tu lado bueno.
10

En mitad de un partido de fútbol nos pueden cambiar la Constitución completa y no nos vamos a dar cuenta hasta dentro de un mes. Gol.
11

Pastillas contra el dolor ajeno, qué bien nos vendría en este país tomarnos algunas. Esa campaña de Médicos sin Fronteras nos enseña que son los actos más pequeños los que logran los resultados más grandes. No es necesario el sacrificio imposible para ser solidario. La vida no reclama superhéroes de capa en la espalda y calzoncillos sobre una malla, no, gestos sencillos son suficientes para lograr grandes transformaciones. Mira aquí esto es lo que el diccionario puede mostrarte cuando buscas el significado exacto de Inspiración.

12

No es lo mismo pedir justicia que pedir venganza, aunque de cuando en cuando lo confundan tanto.
13

...escribo bajo el cielo de una ciudad que estalla la pólvora que tenía guardada para volver a inventar el fuego.
14

Por favor, no herede usted el ánimo pendenciero de los candidatos que se presentan a las urnas. El día después de elecciones, gane el que gane, en este país seguimos viviendo los mismos. Intentemos caber en paz.

EL NIÑO DIOS NO SABE DE FÚTBOL


El día de navidad tenía el aroma de la novedad. Algo que se cruza exacto en el lugar en el que los sueños se encuentran con la realidad. En navidad la promesa del 24 se convierte en la certeza del 25. Estaba yo un poco más niño que hoy y a veces el traído del niño dios  terminaba en sonrisa, otras veces en sorpresa, pero nunca en desilusión. Porque nos enseñaron a decir gracias.

Y el agradecimiento, digo, es uno de los sentimientos más bellos que puedes vivir.

En casa los tres hombres –cuál hombres, éramos niños- fuimos educados con exposición directa al Atlético Nacional en el Atanasio Girardot cada domingo, era esa época en que ibas a fútbol sin asustarte, creías que Atanasio Girardot era el señor que había construido el estadio y tenías intacto el deseo de comer chucherías así te perdieras el gol en una época en la que no había repetición. Queríamos ser Cueto y La Rosa,  sabíamos quién era Osvaldo Juan Zubeldía… sucedió lo natural entonces: le pedimos al niño dios que nos trajera uniformes del equipo verde para los tres hermanitos. Ya me había imaginado yo haciendo chalacas, goles olímpicos, siendo mejor que Maradona cuando Maradona todavía no existía para mí, me imaginaba como un héroe vestido con mi uniforme de Nacional.

Llegó el día.
Llegó el día. Es decir; la noche.
Y en la medianoche llegó el regalo de navidad. No alcancé a ver al niño dios cuando estuvo en casa pero mi mamá me dijo que ella si lo vio. El caso es que cerca de la cama habían balón y paquetes.

El niño dios nos había escuchado.

Luis Carlos corrió con su camiseta puesta, Mauricio alcanzó a celebrar un imaginario campeonato mundial con la camisa verde. Se veían tan bien con sus rayas blancas y verdes que yo rompí como  pude el paquete con mi nombre y ahí estaba la camiseta futbolera...  tenía rayas verdes y ¿rojas? sí, rojas. El niño dios no consiguió de mi talla con rayas verdes y blancas entonces trajo esta que es lo mismo, dijo mi mamá que el niño dios le dijo eso.

El niño dios no sabe de fútbol.
El niño dios me trajo la camiseta del Unión Magdalena.

Entre enero y abril del año siguiente fui hincha samario aunque mi papá siguió llevándome con mis hermanos a ver al Nacional. En abril un vecino se apiadó de mi y me dio su camiseta de fútbol. Como el vecino era bogotano entonces fui hincha de Millonarios mientras alguno de mis hermanos, Luis Carlos o a Mauricio crecía un poquito más y les quedaba chiquita la camiseta del traído.

No recuerdo en qué mes pude volver a sentirme hincha del Nacional luciendo feliz mi heredada camiseta verde y blanca.  Al año siguiente entre los tres hermanos le pedimos al niño dios una pista de carros de carreras. ¿Recuerdan que dije “los tres hermanos”? pues bien, el niño dios nos trajo la pista sólo que contó mal y trajo una de sólo dos carriles, no la de cuatro para que pudiéramos todos jugar a la vez.

Pero esa es otra historia.
Tal vez para otra navidad.


@lluevelove



domingo, 21 de diciembre de 2014

HAY GENTE QUE RESPIRA CUANDO EL AIRE FALTA


Hay gente que recuerda que el papel periódico debe arrugarse mucho para hacer que esa hoja tosca luego sea suave y poder usarlo después como papel higiénico cuando en casa la escasez de mercado ya pasó de la cocina al baño. Hay gente que recuerda que el día se termina temprano cuando es mejor dormir recién empezando la noche para saltarse la cena que no habrá de llegar al plato y engañar al hambre por un rato. Hay gente que recuerda que el alcohol puede llevarse cualquier promesa de futuro como un ojo ciego cuando el padre decide que primero hay que llenar la copa y vaciar la botella antes de llenar el estómago vacío de sus hijos. Hay gente con recuerdos que prefiere dejar atrás para respirar mejor.
Hay gente que recuerda la imagen de una madre con un ojo amoratado, gente que cierra los ojos y una vez cada año vuelve a escuchar en su cabeza los gritos que habitaban la casa de su infancia. Hay gente que recuerda que el dolor habla en voz alta y que el miedo susurra. Hay gente que, de pequeños, aprendieron a coser zapatos con aguja capotera para ir al colegio donde tantos tenían calzado nuevo. Hay gente que ha visto caer sobre los alimentos las lágrimas de la madre cocinando, grandes como gotas de lluvia espesa, como una tristeza que en la mesa se han de comer. Hay gente con recuerdos tristes que vuelven de vez en vez.
Hay gente que recuerda la intensidad de la oscuridad que guardan las esquinas de ese cuarto que llaman infancia. Hay gente con recuerdos así que no se quedan atorados en sentir lástima por ellos mismos: gente que cada mañana —años después de vivir lo que se convierte en recuerdos así— se levanta al amanecer de todos los días a seguir la vida con la misma disposición de los que tienen un tesoro de sonrisas y abrazos como mantel y arrullo de los días en que fueron niños. Caminan por la calle hombro a hombro los unos y otros. Puedes tomarles una foto y no notarás la diferencia entre ambos porque tuvo mucha razón la primera abuela que dijo “nadie sabe lo de nadie”. Esos prejuicios que hablan de cucharas de plata no tienen idea del sabor de la sopa. Y sobre el pasado ajeno, y más si es pesado, poco saben los demás que no son quienes lo han vivido.
Privilegio y privación pueden escribirse en la misma frase.
Hay gente que conoce el significado exacto de la palabra dificultad pero que no tiene que nombrarla a diario para procurar que el mundo gire alrededor de su ombligo y necesidades. Hay gente que es sobreviviente de historias que si te detienes a mirar atrás te convierten en estatua de sal. Hay gente que es hija de recuerdos difíciles de olvidar pero que no encuentra en ellos el motivo para sentirse especial, distinto o mejor que los demás. Hay gente así y no tienes que ir lejos para conocerlos, pueden estar a tu lado y te miran con los mismos ojos con los que miran hacia delante, al mañana que vendrá.

Hay gente que aprendió a caminar con cicatrices que no ves, que sus pasos desgastan siempre el mismo lado de la suela de sus zapatos por la inclinación de su pie, pero su camino es firme.


Hay gente que respira cuando el aire falta. El mundo que se cierra en el instante de mayor dolor se abre luego por la voluntad de respirar. Hay gente que, no sabes cómo, enciende linternas para derrotar su oscuridad.
Esa misma gente no anda por ahí dictando cátedra de aprende-a-ser-como-yo, ni pregonando el elogio a la dificultad, ni dando testimonio para el próximo tomo de un manual de autoayuda. Esa misma gente solo busca el placer simple de vivir una vida en paz. Y en ese gesto que podría parecer mínimo le hace tanto bien a toda la sociedad.
Hay gente que ha sobrevivido a lo que no podrías imaginar ni presentir y siguen aquí, sin grandilocuencias y con discreción, haciendo de este país un lugar mejor sin pedir por eso créditos ni aplausos. Hay gente con recuerdos tristes que sabe sonreír. Y contagia.


viernes, 19 de diciembre de 2014

HOMOFILIA


Verónica & Ana & sus hijos / Foto AFP
Ignorancia y Prejuicio son los padres naturales de la homofobia. Claro, también tiene tíos cercanos como Moral y Religión. Solo para nombrar cuatro de las raíces de ese árbol familiar que siembra odios y discriminación. Yo les soy sincero: soy heterosexual y prefiero la homofilia. Amo el amor de los que se quieren amar con plena consciencia, ellos merecen ejercer su libertad y encontrar respeto. Y si los hijos son parte fundamental de su relación es el derecho mismo de esos niños a la seguridad y felicidad el que realmente beneficia el fallo de la Corte Constitucional a favor de Verónica Botero en la tutela que reconoce la responsabilidad y unión suya con su hija y,  por tanto, la familia que forma con Ana Leiderman.
Pareja reconocida por vínculo formal, en Alemania, desde 2005.
Familia reconocida por vínculo legal, en Colombia, desde 2014.

Este país nuestro, tan aficionado a las hogueras, reacciona al calor de las disputas y se escuchan voces que parecen revivir argumentos del Medioevo cuando la cacería de brujas estaba (porque lo estuvo) bien vista. A los que buscan argumentos en las delgadas hojas de Biblia les traigo las palabras de San Agustín:

Ama y haz lo que quieras
si callas, callarás con amor
si gritas, gritarás con amor
si perdonas, perdonarás con amor
Si está dentro de ti la raíz del amor,
ninguna otra cosa sino el bien
podrá salir de tal raíz
.¿Quién dice que una pareja heterosexual solo por ser heterosexuales serán buenos padres? ¿Todo gay y lesbiana es hijo de un homosexual según la lógica del que piensa que un chico será influenciado por sus padres homosexuales? Estamos en el siglo veintiuno ¿en verdad alguien piensa que ser marica es una costumbre que se contagia por imitación?, ¿una mujer, cree usted, es lesbiana por capricho o rebeldía? Es el siglo veintiuno, insisto, que nadie procure invitar a palabras como enfermedad o pecado al hablar de esto que digo.

Un asunto claro en nuestra sociedad es que cada día son más los hijos, disculpe que lo mencione así, concebidos por error. El embarazo no deseado es un importante foco de atención en políticas de salud en Colombia por las consecuencias palpables y, tantas veces dramáticas, que trae consigo. Se estima que el 44 % de los embarazos no deseados en Colombia terminan en aborto inducido (más información aquí http://cort.as/GHYP ). Permítame resaltar un punto obvio: los hijos que llegan a una unión homosexual son planeados, deseados, ansiados incluso, hijos bien queridos. Una sonrisa de seis años y medio juega a esta hora con una sonrisa de cuatro años ante la sonrisa de su madres bajo el sol de una tarde de Medellín. Ambas alegrías van creciendo bien acompañadas. Esa niña y ese niño son los dos hijos de Verónica y Ana y nunca antes un papel dio tanta esperanza en esa casa tanto para ambas madres como para la hija beneficiada hoy por esta histórica decisión legal y ojalá pronto para su hermanito que en breve deberá recibir igual cobijo, que no es privilegio sino derecho. Aunque los chicos no entiendan hoy el motivo del alboroto y el teléfono que suena constante en casa de Mamá y Mami —así las llaman— esa casa que es hogar. Esa familia que es familia.
El valor de estas mujeres que, con nombre y apellido, enfrentaron un caso tan difícil como escribir la primera línea de una nueva historia que es luz para muchas personas que ellas jamás conocerán debe ser reconocido por esta sociedad. La tinta de este relato es amor en estado puro y la materia de esas páginas es paciencia: cinco años de abogados y folios para llegar a este instante. Qué orgullo y emoción siento al escribir sus nombres: Verónica Botero y Ana Leiderman. Qué orgullo y emoción sentirán sus hijos al cabo de algunos años al entender plenamente el tamaño del propósito y el logro que sus madres han conseguido.
No vengas ahora con la mezquina pregunta sobre el padre, con que esta familia tenga claro que la genética del afecto es real no hay nada por lo que alguien ajeno deba indagar para satisfacer su morbo nada más.
La ponencia del magistrado Luis Guillermo Guerrero que defiende y avala esta adopción en particular es un paso firme que a muchos nos devuelve la fe en la igualdad, esa esquiva palabra de nuestra realidad cotidiana.
Ese papel que brinda seguridades para los hijos de esta unión más que un papel es una declaración que respalda esta imagen breve que imagino: en la mesa del comedor están los cuatro y nadie más, comen tranquilas las madres con sus hijos, se cuentan las historias del día, eso mínimo que hace que valga la pena respirar, algo perfectamente olvidable pero que es todo lo que importa, eso que al final del día da felicidad. Se la merecen.




jueves, 18 de diciembre de 2014

CERATI, GRACIAS POR VENIR


El mensaje de María del Rosario decía “¿Murió Cerati?” quise creer que era una de esas veces (otra vez) en que alguien mata con rumores falsos por Internet a algún famoso. Hace cuatro años esperaba esa noticia pero ahora, cuando recién me contaban, me vi sorprendido como si no la hubiera previsto. ¿Murió Cerati?
Murió Cerati. Alivio y tristeza en la misma frase.
Soda Stereo me invitó a bailar mientras afuera estallaban bombas, me llevó a la calle con alegría mientras el miedo me invitaba a quedarme en casa, me enseñó el sentido exacto de la palabra concierto, eso es cierto, gran acierto. Por favor rebobinar: un lapicero entre los dedos, el movimiento circular de la muñeca de la mano, el casete girando como una honda a punto de lanzar canciones adentro de mi cabeza. Hay música que se queda en tu corazón.
Cerati siempre tocó su guitarra en inglés mientras cantaba en español.
Podría hablar de su primer concierto en Medellín con el trío o del último que ofreció años después como solista en la misma plaza de toros que ya era distinta, igual que él, a esa misma arena del debut que recordó aquí antes de cantar Trátame suavemente cuatro días antes de su accidente cerebro vascular en Venezuela. Podría hablar de los momentos de mi vida en que llegaron sus discos, uno a uno, como epifanías. Podría hablar de la emoción que siempre me trajeron sus imágenes de verdadera estrella glam: ese hombre sin vaguedades conciliado con su femenino sin conflictos es el rock star que Latinoamérica no había visto jamás.
La historia es esta: Charly García y Luis Alberto Spinetta son los padres de (mi) rock en español. Fito quiso ser la reencarnación en vida de Charly, mientras Cerati no quiso repetir a Spinetta pero siendo agua de ese río algo del espíritu de Luis está en sus canciones. Por eso mismo uno de los momentos más significativos en la vida de ambos es el instante en que comparten Bajan como si fuera escrita por los dos. Y en esa canción a la caída de la tarde cabe mi biografía y todo lo que constituye y configura Amor Amarillo que señala una ruta que conduce a la sonrisa.
Gustavo, no sé decirte adiós. No escribo estas líneas para hacer un recuento de tu discografía que es la banda sonora de esta película inspirada en hechos reales que es la vida. Escribo para recordar que el primer artículo que publiqué como practicante en La Hoja de Medellín fue el día después del último concierto de Soda con aquel inmortal Gracias Totales y que me salió un artículo tan extenso y detallado que Héctor Rincón me dijo que él no publicaba tesis y que lo iba a recortar mientras Ana María Cano me señalaba que siempre debía escribir así, con el corazón. Escribo estas líneas Gustavo para recordar ese muro de lote abandonado cerca del almacén Éxito de la calle Colombia en que varios amigos hacían grafitis con fragmentos de letras tuyas para contarse el amor que se tenían —tener un beeper era muy caro y les gustaba esa dosis de peligro— ahí en spray están Magüi, Lucho, Agustín y mi hermano Mauricio. Escribo estas líneas para recordar que uno veía los conciertos con el cuerpo entero  y no a tres metros del escenario a través de la pantalla de un celular, recuerdo cuando cantaste Té para tres en el coliseo Iván de Bedout y nos abrazamos Tato, Caramego y yo como si nos estuvieras mirando esa vez. Escribo estas líneas para recordar que me diste de comer también porque tu música estaba en cada noche, durante años, en que fui disc jockey en variado bar en esta ciudad y porque te visité como periodista y con palabras tuyas me gané un sueldo alguna vez. Escribo estas palabras, Gustavo, porque adentro de una canción tuya es mi cumpleaños, adentro de una canción tuya está mi beso, adentro de una canción tuya hay un paseo un paisaje un paraíso. Escribo porque si cierro los ojos con tu música de fondo vuelvo a vivir la vida que he vivido.
Podría intentar lo obvio y juntar títulos de algunas canciones tuyas para lucir ingenioso y enterado de tu trayectoria a la hora de publicar esta columna unos días después de tu partida pero no creo que eso a esa hora de la vida sea un homenaje justo. Lo justo es más breve, simple y obvio: te digo gracias por tanto, por todo.
Cerati, gracias por venir.
Ya lo decía Felix de Bedout en Twitter al rato de confirmar que tu cuerpo dejó de respirar: “Hace cuatro años ya que Cerati se fue, hoy se transformó en leyenda”. Vuelvo al WhatsApp y miro el mensaje “¿Murió Cerati?” y creo que ante la evidencia tendré que admitir que si. Afortunadamente conozco una fórmula para volverlo a revivir: busco una canción y oprimo justo en el triangulito. Play.

¿VOS QUÉ LLEVÁS EN LOS BOLSILLOS?



¿Cuántos secretos se pueden guardar en los bolsillos? Llevo conmigo algunos trozos de papel vencido por el tiempo y el agua y la tinta abandonó lo que ayer escribí allí. Tengo en la camisa, cerca al corazón, el recuerdo del lado oscuro que también soy yo del que me habla Kubrick en su resplandor pero dejo intacto el deseo de latir por la emoción. En el pantalón guardo las llaves y una dirección de otra puerta que no es la mía y a donde puedo llegar y sentirme en casa. Ya no llevo los dulces que alguna vez guardaron los bolsillos de mi infancia que eran toda la comida que se necesitaba para pasar una tarde, los he cambiado por pastillas para esquivar, o al menos intentarlo, este pulso en la cabeza que ha crecido conmigo y que el doctor que no sabe con que palabra quedarse dice que es migraña-jaqueca-cefalea.

En estos bolsillos de hoy llevo algunas canciones como algún tango de mi abuela o una salsa de mi papá a quien llamaban Don Luis. Tengo aquí esa pregunta del niño ciego que insiste en saber de qué color es el viento, y el tiquete de la película París Je t´aime sólo por recordar además de la cinta también la dulce compañía y el café que vino después. Mis bolsillos tienen números que cuentan la pobreza que además encuentras en esta tierra (Colombia tiene 21 millones 500 mil pobres, 5 millones 500 mil indigentes, 10 millones de personas viven con 2 dólares al día y otros 3 millones y medio sobreviven con 1 dólar al día) y ahí mismo un billete mal doblado de diez mil pesos que no cambia para nada lo que entre paréntesis te he contado. En un bolsillo llevo los dolores, en otro tengo los alivios.

Estos bolsillos guardan también recetas con el sabor de lo vivido. Sé bien que hay listas de muerte en los bolsillos de otros con nombres de personas que odian por encargo. Y por encargo disparan. Por eso llevo en los míos la lista de mis afectos y mis queridos que son mi protección, abrazo y coraza. Esos nombres de mi cariño son los que nunca dejan mis bolsillos vacíos.

Nunca tuve caucheras ni perseguí ranas, nunca tuve rifle ni balas, nunca guardé piedras para lanzarlas, tuve siempre a mano mi cobardía en el bolsillo de atrás para correr cuando los otros chicos de la cuadra sacaban su arsenal. Guardé tarjetas con números de teléfono que nunca marqué por temor físico a que realmente alguien del otro lado del auricular me pudiera contestar. Y también tuve como vos eso que aquí llamaban credencial.

A veces hay mañanas en las que, al esculcarme los bolsillos, descubro que este jean está más roto de lo que pensaba y he dejado caer, seguro, la idea del cuento que mañana tendría revisado y escrito. Por ahí mismo se han caído dos o tres sueños que se llevó el olvido.

Tengo en el bolsillo un tiquete de metro y un teléfono celular, seguro que así empieza un viaje que no sé a dónde me va a llevar. También busco un lapicero y una pequeña libreta por si el paisaje me exige detenerme a escuchar con estas palabras que puedo luego dar. En el bolsillo llevo el mapa de varios barrios donde encuentro que es cierto que nada está perdido.

¿Cuántos secretos se pueden guardar en los bolsillos? 

Ya te he mostrado algunos míos. 
Decíme ¿qué llevás en los tuyos?

domingo, 14 de diciembre de 2014

MIS PERSONAJES DEL AÑO


Con el perdón del admirado Nairo Quintana y reconociendo obviamente el tamaño de su gesta -y la admiración que le profeso- mi deportista del año es Catherine Ibargüen. Sé de sobra que el ciclismo es deporte nacional en estas tierras y aún así tributo homenaje a esta mujer que ha vivido un año excepcional tanto así que  no es exagerado decir que es la atleta más importante que haya vestido el uniforme nacional. Su sonrisa como eco de sus triunfos ilumina al sol de esta nación.


 Hace tiempo ya que la música hecha por colombianos se respira en el aire de cualquier país. Hace tiempo ya que al momento de llamar a recibir un premio internacional se escuchan colombianos nombres y se ven abrazos colombianos sobre los escenarios al recibir honores. Están en la lista de lo más escuchado y atrás y delante de los créditos de lo más vendido. No es un asunto pasajero que pueda nombrarse como la Hora Colombiana porque, simplemente, este país ya está inscrito en la lógica, el reconocimiento y el talento de la industria mundial. Con un panorama así mi músico del año es Juancho Valencia capaz de componer un musical que cuenta una ciudad y días después dirigir el encuentro entre la calle de Crew Peligrosos y el salón de la Sinfónica de Colombia en el Teatro Colón, al tiempo que produce el motivo por el que Chocquibtown es nominado a los Grammy anglo y Maité Hontelé recibe el mismo honor a los Grammy latinos. Y su banda Puerto Candelaria es –para mí, como todo lo que aquí escribo- lo más interesante que está sucediendo actualmente en nuestra música contemporánea. Los puedes disfrutar por festivales de aquí y de allá con pleno orgullo de ser y representar el lugar en el que han nacido. No hay un género que encasille a estos desgenerados. Juancho levanta puentes donde otros ven barreras.


 En literatura mi personaje del año por estos lares es Héctor Abad Faciolince. Su esperado regreso a la novela está a la altura de la inmensa expectativa que despertó pasados siete, ocho años, de espera luego del entrañable El olvido que seremos –libro que ha logrado cifras de venta que se comparan con Cien años de soledad- y es así porque La Oculta nos revela un paisaje interior al que el país le esquiva la mirada. Un relato envolvente, sensible, con giros sorprendentes por el que los lectores agradecemos que Abad haya podido ganarle la batalla a su bloqueo de escritor y nos haya entregado uno de los momentos más altos de su producción literaria al publicar La Oculta.


 También encuentro a los personajes del año en listados que no existen porque nadie ha oído hablar de ellos pero su forma de vivir hace mejor para los demás este lugar. Son gente que trabaja con convicción y que nos inspira. Afuera hay vientos de desesperanza que suelen soplar con tal fuerza en el mundo de hoy que rara vez el pesimismo abandona los titulares de prensa y sin embargo ellos se levantan con confianza y persistencia cada mañana. Hablo de aquel hombre que, ganándose el salario mínimo, procura que a su familia no le falte nada. Hablo de la señora de la tienda de la esquina que aún fía a sus vecinos y abre su vitrina aunque los grandes supermercados se quieran hacer pasar por tiendas de barrio. Hablo de esa pareja que compró con ilusión un apartamento que resultó mal construido porque no tuvo cimientos la ética del constructor y ellos no han dejado de reclamar un día por ellos y por los demás. Hablo de la profesora de escuela pública vereda adentro en la Antioquia profunda que no pide que la trasladen a un lugar más cómodo para ella sino que busca computador y cuadernos para sus alumnos. Hablo de ellos que son personajes del año para los que tienen cerca porque hicieron posible para tantos que 2014 fuera el año que fue. Y son ellos el motivo para que el optimismo sea posible en el año que vendrá.



 Los oscuros personaje del año
Grandes negocios se han hecho en este país este año. Grandes negocios se hacen cada día. Multimillonarios flujos hacen que circulen inversión, trabajo y esperanza. Yo quisiera destacar a esos líderes que tienen su escritorio con bases firmes en el suelo del país que les da de comer a ellos y a nosotros también, que los hay son valiosísimos. Pero las denuncias de la Superintendencia de Industria y Comercio no se pueden dejar pasar por alto así no más. En economía mi personaje del año son las reconocidas empresas que componen el Cartel de los Pañales y el Cartel del Papel Higiénico. Y mañana ya veremos cuántos carteles empresariales más se han de destapar gracias a estas investigaciones.

Entonces mi personaje del año en la economía son ellos, los oscuros personajes del año, porque el país les ha dado la confianza y los consumidores su dinero cada vez que pasamos por el mercado a buscar productos de primera necesidad por los que ellos han acordado secreta y privadamente cobrarnos mucho más de lo que cuestan en realidad. Este robo continuado, de corrupción bien acreditada, es un acto de violencia que no debemos contemplar indiferentes. Le meten la mano a todos los estratos para robarnos y luego se dan la mano entre ellos. Les dejo por aquí la listica:

CARTEL EMPRESARIAL DEL PAPEL HIGIÉNICO | Familia, Kimberly, Drypers, Papeles Nacionales, Cartones y Papeles de Risaralda  (lea aquí: http://cort.as/Mc1z )
CARTEL EMPRESARIAL DE LOS PAÑALES | Familia, Kimberly, Drypers, Tecnosur – Tecnoquímicas (Lea aquí: http://cort.as/FMv7 )


Que venga un año nuevo en el que encontremos más personajes para el orgullo y menos para la vergüenza.

DESPUÉS DE VER LA MUJER DEL ANIMAL

UNO Interior noche / Sala de cine Margarita García fue secuestrada por el primo de su cuñado. Raptada a ojos de tantos y con compli...