lunes, 22 de diciembre de 2014

A VECES, MÁS QUE UN PAÍS, SOMOS UN ESTADO DE ÁNIMO


1

Creo que Dios ha olvidado mi nombre.
Bueno, tal vez nunca lo supo.

Hay días en que somos apenas fragmentos, pedazos de pedazos, un conjunto que suma nada. Se nos hace difícil respirar. Todo aire es poco. Hay días en que duele más estar vivo.
2

Se escuchan gritos de contento adentro y afuera de los televisores, Colombia pisó la grama de nuevo en un mundial, ya lo sabes: la alegría no es solo brasilera. Todo esto dibuja una sonrisa en tu rostro y estás agradecido por estar en medio de un país que se convertió en un estadio que corea el nombre de un solo equipo.  Qué bonita es Colombia cuando se une como las letras con que escribes la palabra Fratenidad.
3

Los taxistas llevan pasajeros en la silla de atrás y verdades permanentes en su silla, adelante. Una de esas verdades es que pueden difundir un comentario, de pasajero en pasajero, con la firmeza de una certeza aunque sea solo para propagar un error o un prejuicio. Los taxistas pueden fundar mitos con solo repetir durante el día el mismo cuento como un mantra. Y el pasajero luego cuenta el cuento en casa. Ya quisieran algunos periodistas tener la influencia de un taxista.
4

En Colombia todo es extraño, hasta la polarización al final de unas elecciones: a un lado está la derecha (una que dice centro) y a otro lado la derecha (la que admite que es de extremo).
5

Gabriel García Márquez sigue escribiendo nuestros días y tú no te has dado cuenta. Todos los asombros suceden acá. Macondo es este lugar en que las sentencias judiciales las conoce primero la prensa que el implicado, es la provincia en que los locutores deportivos  narran por tv como si siguieran viviendo adentro del radio y tuvieran que describir lo que todos estamos viendo, es el mismo sitio en que el caso Colmenares termina ahora en el punto en que empezó como si fuera un suicidio con siete puñaladas por la espalda. No sabemos a cuál santo habrá que atribuir el milagro de un chico que a esta hora recibe la noticia de haber recuperado un riñón que tenía casi perdido mientras Colombia adentro, en Vigía del Fuerte, el pueblo empieza a parecerse a su nombre con la construcción de un edificio que puede llamarse Esperanza.  En otra esquina del país alguien piensa que tener la razón es lo mismo que subir la voz y lanzar naranjas. Gabriel García Márquez tiene razón: aquí la realidad supera la ficción.
6

En la casa de la infancia sonaba el teléfono después de las nueve o diez de la noche y una voz seria contestaba antes que tú y decía “estas no son horas de llamar a una casa decente¨ al otro lado alguien colgaba apresurado. Ya no suena el timbre.  Ni siquiera el teléfono fijo. A veces solo se escuchan las campanitas que anuncian al WhatsApp, esa aplicación que acerca y también tortura al inseguro cuando ilumina un nombre, un ícono, un reloj que marca la hora de la última conexión o te señala el double check que no terminas de entender. Triste argumento para los celos que no necesitan argumentos porque son celos.

7
La torpeza tiene mil maneras de enredarse entre mis dedos.
8

A veces, más que un país, somos un estado de ánimo.
9

Llevas adentro a Dr. Jeckyll y Mr Hyde y un día descubres que Hyde es tu lado bueno.
10

En mitad de un partido de fútbol nos pueden cambiar la Constitución completa y no nos vamos a dar cuenta hasta dentro de un mes. Gol.
11

Pastillas contra el dolor ajeno, qué bien nos vendría en este país tomarnos algunas. Esa campaña de Médicos sin Fronteras nos enseña que son los actos más pequeños los que logran los resultados más grandes. No es necesario el sacrificio imposible para ser solidario. La vida no reclama superhéroes de capa en la espalda y calzoncillos sobre una malla, no, gestos sencillos son suficientes para lograr grandes transformaciones. Mira aquí esto es lo que el diccionario puede mostrarte cuando buscas el significado exacto de Inspiración.

12

No es lo mismo pedir justicia que pedir venganza, aunque de cuando en cuando lo confundan tanto.
13

...escribo bajo el cielo de una ciudad que estalla la pólvora que tenía guardada para volver a inventar el fuego.
14

Por favor, no herede usted el ánimo pendenciero de los candidatos que se presentan a las urnas. El día después de elecciones, gane el que gane, en este país seguimos viviendo los mismos. Intentemos caber en paz.

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