viernes, 19 de diciembre de 2014

HOMOFILIA


Verónica & Ana & sus hijos / Foto AFP
Ignorancia y Prejuicio son los padres naturales de la homofobia. Claro, también tiene tíos cercanos como Moral y Religión. Solo para nombrar cuatro de las raíces de ese árbol familiar que siembra odios y discriminación. Yo les soy sincero: soy heterosexual y prefiero la homofilia. Amo el amor de los que se quieren amar con plena consciencia, ellos merecen ejercer su libertad y encontrar respeto. Y si los hijos son parte fundamental de su relación es el derecho mismo de esos niños a la seguridad y felicidad el que realmente beneficia el fallo de la Corte Constitucional a favor de Verónica Botero en la tutela que reconoce la responsabilidad y unión suya con su hija y,  por tanto, la familia que forma con Ana Leiderman.
Pareja reconocida por vínculo formal, en Alemania, desde 2005.
Familia reconocida por vínculo legal, en Colombia, desde 2014.

Este país nuestro, tan aficionado a las hogueras, reacciona al calor de las disputas y se escuchan voces que parecen revivir argumentos del Medioevo cuando la cacería de brujas estaba (porque lo estuvo) bien vista. A los que buscan argumentos en las delgadas hojas de Biblia les traigo las palabras de San Agustín:

Ama y haz lo que quieras
si callas, callarás con amor
si gritas, gritarás con amor
si perdonas, perdonarás con amor
Si está dentro de ti la raíz del amor,
ninguna otra cosa sino el bien
podrá salir de tal raíz
.¿Quién dice que una pareja heterosexual solo por ser heterosexuales serán buenos padres? ¿Todo gay y lesbiana es hijo de un homosexual según la lógica del que piensa que un chico será influenciado por sus padres homosexuales? Estamos en el siglo veintiuno ¿en verdad alguien piensa que ser marica es una costumbre que se contagia por imitación?, ¿una mujer, cree usted, es lesbiana por capricho o rebeldía? Es el siglo veintiuno, insisto, que nadie procure invitar a palabras como enfermedad o pecado al hablar de esto que digo.

Un asunto claro en nuestra sociedad es que cada día son más los hijos, disculpe que lo mencione así, concebidos por error. El embarazo no deseado es un importante foco de atención en políticas de salud en Colombia por las consecuencias palpables y, tantas veces dramáticas, que trae consigo. Se estima que el 44 % de los embarazos no deseados en Colombia terminan en aborto inducido (más información aquí http://cort.as/GHYP ). Permítame resaltar un punto obvio: los hijos que llegan a una unión homosexual son planeados, deseados, ansiados incluso, hijos bien queridos. Una sonrisa de seis años y medio juega a esta hora con una sonrisa de cuatro años ante la sonrisa de su madres bajo el sol de una tarde de Medellín. Ambas alegrías van creciendo bien acompañadas. Esa niña y ese niño son los dos hijos de Verónica y Ana y nunca antes un papel dio tanta esperanza en esa casa tanto para ambas madres como para la hija beneficiada hoy por esta histórica decisión legal y ojalá pronto para su hermanito que en breve deberá recibir igual cobijo, que no es privilegio sino derecho. Aunque los chicos no entiendan hoy el motivo del alboroto y el teléfono que suena constante en casa de Mamá y Mami —así las llaman— esa casa que es hogar. Esa familia que es familia.
El valor de estas mujeres que, con nombre y apellido, enfrentaron un caso tan difícil como escribir la primera línea de una nueva historia que es luz para muchas personas que ellas jamás conocerán debe ser reconocido por esta sociedad. La tinta de este relato es amor en estado puro y la materia de esas páginas es paciencia: cinco años de abogados y folios para llegar a este instante. Qué orgullo y emoción siento al escribir sus nombres: Verónica Botero y Ana Leiderman. Qué orgullo y emoción sentirán sus hijos al cabo de algunos años al entender plenamente el tamaño del propósito y el logro que sus madres han conseguido.
No vengas ahora con la mezquina pregunta sobre el padre, con que esta familia tenga claro que la genética del afecto es real no hay nada por lo que alguien ajeno deba indagar para satisfacer su morbo nada más.
La ponencia del magistrado Luis Guillermo Guerrero que defiende y avala esta adopción en particular es un paso firme que a muchos nos devuelve la fe en la igualdad, esa esquiva palabra de nuestra realidad cotidiana.
Ese papel que brinda seguridades para los hijos de esta unión más que un papel es una declaración que respalda esta imagen breve que imagino: en la mesa del comedor están los cuatro y nadie más, comen tranquilas las madres con sus hijos, se cuentan las historias del día, eso mínimo que hace que valga la pena respirar, algo perfectamente olvidable pero que es todo lo que importa, eso que al final del día da felicidad. Se la merecen.




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