jueves, 18 de diciembre de 2014

¿VOS QUÉ LLEVÁS EN LOS BOLSILLOS?



¿Cuántos secretos se pueden guardar en los bolsillos? Llevo conmigo algunos trozos de papel vencido por el tiempo y el agua y la tinta abandonó lo que ayer escribí allí. Tengo en la camisa, cerca al corazón, el recuerdo del lado oscuro que también soy yo del que me habla Kubrick en su resplandor pero dejo intacto el deseo de latir por la emoción. En el pantalón guardo las llaves y una dirección de otra puerta que no es la mía y a donde puedo llegar y sentirme en casa. Ya no llevo los dulces que alguna vez guardaron los bolsillos de mi infancia que eran toda la comida que se necesitaba para pasar una tarde, los he cambiado por pastillas para esquivar, o al menos intentarlo, este pulso en la cabeza que ha crecido conmigo y que el doctor que no sabe con que palabra quedarse dice que es migraña-jaqueca-cefalea.

En estos bolsillos de hoy llevo algunas canciones como algún tango de mi abuela o una salsa de mi papá a quien llamaban Don Luis. Tengo aquí esa pregunta del niño ciego que insiste en saber de qué color es el viento, y el tiquete de la película París Je t´aime sólo por recordar además de la cinta también la dulce compañía y el café que vino después. Mis bolsillos tienen números que cuentan la pobreza que además encuentras en esta tierra (Colombia tiene 21 millones 500 mil pobres, 5 millones 500 mil indigentes, 10 millones de personas viven con 2 dólares al día y otros 3 millones y medio sobreviven con 1 dólar al día) y ahí mismo un billete mal doblado de diez mil pesos que no cambia para nada lo que entre paréntesis te he contado. En un bolsillo llevo los dolores, en otro tengo los alivios.

Estos bolsillos guardan también recetas con el sabor de lo vivido. Sé bien que hay listas de muerte en los bolsillos de otros con nombres de personas que odian por encargo. Y por encargo disparan. Por eso llevo en los míos la lista de mis afectos y mis queridos que son mi protección, abrazo y coraza. Esos nombres de mi cariño son los que nunca dejan mis bolsillos vacíos.

Nunca tuve caucheras ni perseguí ranas, nunca tuve rifle ni balas, nunca guardé piedras para lanzarlas, tuve siempre a mano mi cobardía en el bolsillo de atrás para correr cuando los otros chicos de la cuadra sacaban su arsenal. Guardé tarjetas con números de teléfono que nunca marqué por temor físico a que realmente alguien del otro lado del auricular me pudiera contestar. Y también tuve como vos eso que aquí llamaban credencial.

A veces hay mañanas en las que, al esculcarme los bolsillos, descubro que este jean está más roto de lo que pensaba y he dejado caer, seguro, la idea del cuento que mañana tendría revisado y escrito. Por ahí mismo se han caído dos o tres sueños que se llevó el olvido.

Tengo en el bolsillo un tiquete de metro y un teléfono celular, seguro que así empieza un viaje que no sé a dónde me va a llevar. También busco un lapicero y una pequeña libreta por si el paisaje me exige detenerme a escuchar con estas palabras que puedo luego dar. En el bolsillo llevo el mapa de varios barrios donde encuentro que es cierto que nada está perdido.

¿Cuántos secretos se pueden guardar en los bolsillos? 

Ya te he mostrado algunos míos. 
Decíme ¿qué llevás en los tuyos?

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