domingo, 25 de enero de 2015

CRUZ Y FICCIÓN

Ya conoces la secuencia: un hombre vestido de naranja, rodillas en tierra, dice frente a la cámara las palabras que le han ordenado pronunciar. A sus espaldas el verdugo presta guardia mientras anuncia la ejecución que sucederá en 72 horas si el gobierno del país que representa la víctima no cede ante las exigencias del delirante grupo extremista. Ya conoces la consecuencia: al primer video le sigue un segundo video en que el inocente sentenciado a morir culpa al presidente de su nación porque sus actos —por acción u omisión— han obligado al verdugo a cumplir su amenaza, luego un cuchillo al cuello, la tortura rebanando vida. Luego la dantesca imagen del cuerpo decapitado con la cabeza sobre el pecho (o espalda, no sé ni quiero mirar) y la amenaza del verdugo de que las muertes seguirán. Una escalofriante película que siempre queda en “continuará…”
¿Recuerdas los rostros de James Foley, Steven Sotloff, David Haines…?

¿Has visto a los japoneses Kenji Goto y Haruna Yukawa?

A esta hora de la era que vivimos la cámara con que registran sus movimientos es tan eficiente como el filo del cuchillo o la bala con que atacan. Memorias de sangre disparan imágenes de odio que buscan propagar miedo. Y más sangre.
¿Hemos vuelto a un oscuro medioevo? ¿Otra vez en nombre de dios —de cualquier dios— alguien llamará justicia divina a lo que solo es terrorismo? Ningún dios está pidiendo ofrendas de sangre, no te confundas, aunque nunca se haya dejado de matar con la excusa de una creencia. Hoy, cuando el color de las banderas de los yihadistas son tinta de cada periódico en el mundo es necesario pronunciarse en contra de todo lo que pueda leerse como guerra santa. Porque ninguna guerra es santa. Y conviene ser claros y contundente al momento de decirlo.
Es necesario procurar entender y no propagar más prejuicios que solo consiguen distanciarnos más: ser musulmán no es lo mismo que ser terrorista, así como ser colombiano no equivale a ser narcotraficante. Que cada aeropuerto en el mundo no comience ahora con que cada mujer con burka va a estallar en la calle, ya sabemos los colombianos lo que significa llevar con nosotros el pasaporte por el que nos exigen visa en más lugares que al que nació en el país de al lado. La nación de la discriminación no conoce fronteras.
De cuando en cuando recuerdo a los niños que juegan con amigos imaginarios y pienso que los dioses de cualquier confesión religiosa son justo eso: amigos imaginarios. La ficción cumple con igual propósito para el infante que para el creyente: le permite la ilusión desentirse acompañado.
No hablo de una religión en particular. Hablo de todas, en realidad.
Pero esa compañía del dios que invoquen no es en ningún caso justificación válida para despreciar, agazapados en la fe, la vida de los demás porque no compartan las mismas creencias. Dios no es argumento, es excusa.
Las cruzadas ya fueron, ya pasaron.
Que un día el odio haya pasado también.


IMAGINA
(John Lennon)


Imagina que no hay paraíso,
Es fácil si lo intentas,
Ningún infierno debajo de nosotros,
Arriba de nosotros,
solamente cielo,
Imagina a toda la gente
Viviendo al día…
Imagina que no hay países,
No es difícil hacerlo,
Nada por lo que matar o morir,
Ni religiones tampoco,
Imagina a toda la gente
Viviendo la pida en paz
Imagina que no hay posesiones,
Me pregunto si puedes,
Ninguna necesidad de codicia o hambre, 

Una hermandad del hombre,
Imagina a toda la gente
Compartiendo todo el mundo…
Tu puedes decir que soy un soñador,
Pero no soy el único,
Espero que algún día te nos unas,
Y el mundo vivirá como uno solo.

domingo, 18 de enero de 2015

EL DERECHO A MATAR


Escuchas el sonido del tecleo frente al computador. Luego un silencio. Luego gritos. Luego una ráfaga de disparos en la sala de redacción. Luego escuchas un silencio más espeso. Escuchas luego, casi imperceptible, cómo caen lágrimas por las mejillas de los sobrevivientes. Días después escuchas los pasos de más de dos millones de personas por las calles de Paris. Escuchas que cantan la Marsellesa.
Es que ellos se burlaban de dios. No respetaban siquiera la religión. Yo no estoy de acuerdo con que los maten, claro, pero…
Escuchas una voz ahogada que no se entiende. Hay poca luz en la calle y la nomenclatura de esa esquina, para algunos, dice Peligro. Escuchas un ruido extraño, luego una súplica “lléveselo todo pero no me mate”. Luego un forcejeo y onomatopeyas. Escuchas luego el sonido sordo de un cuerpo que cae de bruces contra el piso y los pasos de alguien que se aleja corriendo.
Es que él ofreció resistencia. Cómo se pone a pelear con un tipo armado. ¿Qué andaba haciendo por allá a esa hora? Eso no le debió pasar, pero…
Da igual. Puede ser el suceso de primera plana mundial o la noticia triste que no llega ni a la última página de los periódicos. Da igual. Después del relato de lo absurdo de un asesinato alguien viene con una frase entre los labios donde resulta casi justificando la sangre derramada aunque —claro— primero dijo que no estaba de acuerdo con “un crimen como estos”.  Hay qué ver el tamaño de las cosas que hay que oír después de un pero así: “no estoy de acuerdo con que los maten pero…”
Es perversa esta lógica que busca primero culpas en la víctima por provocar al victimario antes que condenar al asesino que subvierte el orden natural y no permite que sean los hijos los que entierren a sus padres. Es que ella le puso los cachos… Es que la gente de esos barrios… Es que no respetan… Es que quién sabe qué habrá hecho… Es que, es que, es que…
Es que nada.

Atenuar. Casi justificar. Aquí hizo carrera decir “por algo será” para cubrir con un manto de duda el cuerpo del muerto alivianando el peso de la culpa del gatillero. No puede confundirse el hecho de intentar comprender los hechos de la realidad con el peligroso juego de justificar, de otorgarle razón a la sinrazón.
Siembra muertos y cosecharás fantasmas, dijo alguna vez el escritor argentino Rodrigo Fresán. Y esas palabras resuenan hoy en mi recuerdo antes que llegue el olvido. Memoria, asignatura pendiente en amnesialand.
Permítanme ser claro: el derecho a matar no existe.
Permítanme ser directo: si algo hay sagrado es la vida, no la religión.
El derecho a la vida es la cruzada que merece, de todos los credos juntos, una unánime bendición.

De los crímenes de odio solo nace más odio. Y más crimen.
Del paisaje de crímenes cotidianos el homicidio no puede convertirse en simple paisaje. Cuando sumas asesinatos (que fue por robarle, que fue por celos, que fue porque estaba borracho, que fue por encargo…) no estás sumando números sino biografías que igual que vos querían ejercer el derecho a un final distinto.
Hace poco le escuché decir esto a Antanas Mockus “nuestra meta debe ser que la gente muera aquí de muerte natural” y no hay forma en la que pueda estar aún más de acuerdo. Por eso mismo aprovecho este espacio y estas letras y con mi voz digo a quien me quiera escuchar que los invito a salir el 8 de marzo a la calle a caminar por la vida, por la tuya la mía y la de los demás, por la vida de los otros y por todos nosotros. Cuando digo #Vida8M sé que nuestro compromiso puede —y debe— ir más allá de un hashtag que igual que tantos en este país también estoy dispuesto a firmar.
En cada prueba aprendemos.
Somos alumnos de la vida.
Incluso ante la muerte.


Acedia / Jeremy Geddes


Bonus track Jorge Drexler, una vez más, tiene algo qué decirnos:

…No hay muerto que no me duela,
no hay un bando ganador,
no hay nada más que dolor
y otra vida que se vuela.
La guerra es muy mala escuela
no importa el disfraz que viste,
perdonen que no me aliste
bajo ninguna bandera,
vale más cualquier quimera
que un trozo de tela triste.
Y a nadie le di permiso
para matar en mi nombre,
un hombre no es más que un hombre

y si hay Dios, así lo quiso.
El mismo suelo que piso

seguirá, yo me habré ido;
rumbo también del olvido
no hay doctrina que no vaya,
y no hay pueblo que no se haya
creído el pueblo elegido…”



domingo, 11 de enero de 2015

dos mil quince


Los calendarios comienzan. También algunas desgracias. Arde París. Distritos en pánico se encierran en sus casas bajo llave e intentan dormir mientras despierta el temor a los desconocidos. El mundo mira, el Terror le devuelve la mirada.
Los calendarios comienzan. También algunas promesas. Por ahí caminan juntos la que dijo que la dieta le quitará los kilos de más y el que el gimnasio solo lo dejará con algunos pesos de menos. Está por estrenarse la lista de promesas de este-año-si que tendrá finales conocidos.
Sin embargo lo vuelves a intentar.
Los calendarios comienzan y la diferencia entre el año que se fue y el que llegó es que todo está un poco más caro, un muchísimo más inalcanzable para muchos, algunos dígitos más altos en el costo de vida son la raíz de una grieta que, tantas veces, es una herida.
El sol es el mismo.
El orden de los días va igual.
Las horas sucederán en idéntica procesión hoy igual que ayer.
El minuto quince vendrá luego del catorce y el reloj dirá —otra vez— que ya pasó tu cuarto de hora.

Lo sabes.
Los calendarios comienzan. Y también la esperanza insiste en palpitar. Piensas que vendría bien que firmaran aquel papel en La Habana para que los verdaderos problemas del país no se sigan ocultando detrás de una sigla —que hace siglos no describe a una guerrilla— que sirve de excusa para no enfrentar los asuntos pendientes que Colombia debe encarar para que un día la paz sea un asunto cotidiano que precise menos titulares de prensa y más conversaciones en la mesa del comedor de la casa de cualquiera.
Los calendarios comienzan.
El mundo es igual y a la vez distinto.
No es necesario que cambie la geografía para que los mapas no sean los mismos.

Tal vez este año tu equipo sea campeón.
Tal vez este año veas en vivo a los Rolling Stones.
Tal vez este año termines aquel libro pendiente.
Tal vez este año entiendas por qué el brillo del sol es amarillo.

Tal vez este año el viento que llevas adentro sople a favor.

viernes, 2 de enero de 2015

DE ESTO ES CAPAZ EL HOMBRE



Construir una bomba que destroza todo lo construido. Secuestrar un hombre y enterrarlo en vida durante meses en una prisión en la que cuesta respirar o contener esfínteres y liberarlo solo si se paga una millonaria recompensa. Quitarle su pasaporte a una mujer en un país extraño en el que el único idioma que entiende es el de los jadeos y el llanto mientras cada mañana se despierta como esclava en tiempos en que a esto lo llaman trata de blancas. Y sus días son oscuros. Forzar a unos niños a pasar los días en harapos inspirando lástima para conseguir unas monedas que luego les quitan mientras les pagan con golpes y hambre por vivir a la intemperie sin conocer qué es jugar, qué es infancia. Dispararle en la calle a un inocente desconocido solo para probar valor y ver de cerca qué tan rojo es el rojo sangre. De esto es capaz el hombre.
Cuando digo hombre, estoy diciendo ser humano.
Siembra fronteras entre lugares unidos por historia y geografía. Prefiere la resta a la suma en la matemática de sus días porque se dejó vender aquello de divide y vencerás. Prefiere un odio rancio antes que un perdón nuevo. De esto es capaz el hombre.
Cuando digo hombre, estoy diciendo cualquiera.
Escribe con ácido en el rostro de una mujer y corre. Escribe con un cuchillo la herida sobre el marido en un ataque de celotipia. Escribe con cigarrillos sobre el brazo de su hija. Escribe con tinta de engaño la letra del contrato con que le robará el futuro al que hoy llama su mejor amigo. Escribe con pomposa letra la historia oficial que dejará en el olvido al que piensa distinto. Escribe leyes para el beneficio de pocos con el sueldo que le pagan entre todos. Escribe una lista negra y da la orden de salir a matar. De esto es capaz el hombre.
Cuando digo hombre,  también podría decir mujer.
Uno hace apartamentos de mala calidad que vende como si fueran castillos que resultan más peligrosos que casas en el aire. No es hogar, son trampas. Otro diseña un collar bomba que detona en el cuello de una campesina. Uno más dispara contra un campesino y a ese asesinato le dice falso positivo. Aquel otro fue capaz de estallar un avión en el aire. Estos llegaron a un pueblo, lo sitiaron, y en la plaza del pueblo los mataron: hombres, mujeres y niños cayeron ahí. Aquellos llegaron a un pueblo, lo sitiaron, y en la plaza del pueblo los mataron: hombres, mujeres y niños cayeron aquí. De esto es capaz el hombre.
Cuando digo hombre,  digo país.
A esta hora llora un chico en el salón de clase mientras sus compañeros se ríen de él por sus gestos delicados. A esta hora alguien corre, corazón en mano pies en polvorosa, mientras los skinheads le insultan con piedras en la voz y en las manos. A esta hora entran al hospital por la puerta de urgencias dos familias que lloran las heridas de sus hijos por una bandera de fútbol. A esta hora es detenido en la esquina un hombre que trazó con sus manos las calles de su barrio y le han dicho que no puede pasar de la esquina porque él es del lado de allá. Se traga su rabia y la tristeza y entiende que se tiene que mudar sin quererse ir. De esto es capaz el hombre.
Cuando digo hombre, digo tantos que digo legión.
Todos los días
nos levantamos
a morir un poco.
A eso le llamamos vida.

El hombre enseña a odiar lo que piensa que es diferente. El hombre aprende a mirar con el odio que le enseñaron. El hombre enseña a aplaudir el sacrificio en el circo romano. El hombre aprende a juzgar con el pulgar hacia abajo. El hombre enseña a gritar. El hombre aprende callando. De esto es capaz el hombre.
Es capaz de la guerra. Y es capaz de la paz.
No hay nadie en casa
que abra la puerta
se escuchan voces.
La radio está encendida.
El perro se siente
un poco
menos solo.

Entonces el hombre ve la luna y es capaz de volar y caminar en ella. Entonces siente la enfermedad y es capaz del milagro que trae la salud de vuelta. Entonces se encuentra con un abismo y es capaz de un puente. Entonces le habita la creación y es capaz de todo arte. Entonces le proponen un desafío y se dispone a superarlo… más alto, más lejos, más fuerte. Entonces descubre que algo falta y es capaz de inventar inventos. Hace posible lo imposible. De esto es capaz el hombre.
Es capaz de romper un corazón.
Pero también es capaz del beso.

jueves, 1 de enero de 2015

PUNTOS SUSPENSIVOS



…Escribir. Por necedad o necesidad. Escribir con la urgencia más apremiante que te acerca y te aleja de la gente. Escribir como único verbo que invita a la acción, como primera y última devoción. Escribir porque entre el latido y los dedos reconoces la obligación de la misma manera que el silencio también está en la voz. Escribir con sed y bajo el sol, también a la sombra del árbol mayor. Escribir con la certeza de ser parte de tu propia conspiración. Escribir como única religión. Escribir con odio. Escribir por amor. Escribir con la prisa a favor y también con la pausa por timón. Escribir para tejer telarañas que rompe el viento después. Escribir para recordar que somos olvido y tal vez. Escribir para encontrar la mirada perdida. Escribir porque es una cita. Escribir porque es el encuentro con uno mismo y también con el abismo. Escribir una lágrima para leer una sonrisa. Escribir a primera vista. Escribir desde la oscuridad del ciego para encontrar luz en mis manos…

DESPUÉS DE VER LA MUJER DEL ANIMAL

UNO Interior noche / Sala de cine Margarita García fue secuestrada por el primo de su cuñado. Raptada a ojos de tantos y con compli...