domingo, 29 de marzo de 2015

HOY VENGO A DECIRTE LO QUE NUNCA TE DIJE


Había que verte correr los cien metros lisos. Corrías como si quisieras dejar atrás todo lo que duele del pasado. Los años de la pobreza y las tristezas, los días de ausencias y escasez. Corrías con tanto empeño en ello que fuiste record nacional, el más veloz del país. Corrías con el talento propio de aquellos que quieren aprender a volar para perder contacto con su propia sombra. Pero la sombra, al final, siempre te alcanza.

Corriste a irte pronto.

Tal vez era más fácil decirte Don Luis que decir papá –o Pá- la razón estuvo en algún nervio del afecto que tuvimos atrofiado por ahí. Seguro que en los abrazos que fácilmente doy a otros está un poco el deseo de que los abrazos con vos no hubieran sido tan difíciles. No diré que estaban prohibidos, sólo que pudieron ser más.

También es cierto que pude ir a despedirme de vos y no lo hice.
No creí que ese viernes de mayo que empezó en la universidad donde nos enseñaste la dignidad, el orgullo y el valor de ser el profesor que fuiste siguiera luego en una clínica y terminara el sábado temprano en funeraria. Fue muy rápido. Como todo lo que sucede sin anuncio. La vida es temporal, la partida es fugaz y la muerte, permanente.

Hoy vengo a decirte lo que nunca te dije.   

Si leí todos los libros que pude prestar en la biblioteca en primaria fue para tener excusas para hablar con vos. Casi siempre funcionó. Y me quedó el hábito de leer que agradezco como un legado. Siempre me gustó verte devorar diccionarios con el interés de quien lee una novela de misterio. No heredé tu ingeniería pero sí, en algo, el ingenio. Creo que cualquiera de tus hijos mira fútbol en la tv y escucha de vez en cuando el eco de tu voz en el próximo grito de gol. Hay quien te llora bailando mientras escucha canciones de salsa y mi mamá dice tu nombre en voz alta a diario, por el motivo que sea, como pidiendo ayuda. Una ayuda que no llega.

Me habría gustado conocer el Chocó con vos. He ido algunas veces después de tu muerte a esa tierra de ríos, selva y lluvia a la que no regresaste -salvo para enterrar a tu madre- y vi con mis ojos todo lo que no querías mirar para no convertirte en estatua de sal. Allí supe de un montón de gentes que conocieron al niño que fuiste y que hablan de vos, el adulto que nunca vieron y que fue el que me tocó a mí, diciendo que vos, Luisito, lograste hacer realidad lo que para muchos se queda en intento. El sueño americano de cualquiera que nazca en La Vuelta, en el municipio de Lloró, sigue siendo llegar a Medellín y hacerse profesional para ser otro distinto al que señalaba el primer pronóstico del destino.

Vos lo hiciste.
Y allá todavía te aplauden por eso.

La memoria es selectiva y caprichosa, trabaja en random. Con el tiempo uno no se acuerda de lo que quiere sino de lo que puede. En la misma esquina en que están los recuerdos de infancia en fin de semana yendo con mis hermanos al estadio de fútbol con vos, corriendo atrás tuyo como paticos en fila porque caminabas muy rápido, están las imágenes de la calle vacía en la madrugada que se mira desde una ventana en la que el niño que fui todavía pregunta a ese mismo vacío que si ya viene el taxi, que si ya vas a llegar, que dónde queda la palabra Bar.

Era fácil estar contento si estabas.
También era fácil estar triste si estabas ahí.

Nunca entenderé por qué corrías tanto, esa pregunta me faltó ¿de qué huías? A veces creo que incluso de nosotros, de tu familia, deseabas escapar. Me gustaría que estuvieras aquí para decirme “¡no, cómo se te ocurre!” y que luego me dieras un abrazo, nada más. Y que luego te volvieras a morir en paz. Pero siempre llevabas prisa, aunque nunca corriste al sentir un temblor de tierra. Con razón la muerte te sorprendió caminando.

Te digo que algunos espejos que nos reflejan sólo sirven para romperlos. Es por eso que todavía hoy no tomo licor, porque no quiero ver en mí lo que vimos en vos. Te digo que en algunas fotos mías no veo mi cara sino la tuya, por eso mismo no esperes que venga pronto el olvido. Te digo que todos somos, también, nuestras ausencias.

Vengo de un país con muchas despedidas pendientes. Donde tanta gente se va de súbito, arrebatada, donde quedan muchas cosas por decir. Lo tuyo aunque natural fue intempestivo y por eso a ese punto final le quedaron además dos puntos suspensivos. Tal vez si hubiera ido aquel viernes de mayo al hospital habría podido decirte algo y tal vez no me hubieras escuchado o tal vez sí o tal vez la anestesia o tal vez el dolor de cinco aneurismas a la vez o tal vez son demasiados tal vez juntos como para sumar una certeza que nunca voy a tener.

Nunca te dije, despacio y al oído, que te odio.
Nunca te dije, despacio y al oído, que te quiero.

Nunca te dije, papá, que hay días en que te extraño tanto.

@lluevelove





domingo, 22 de marzo de 2015

MALA GENTE QUE CAMINA


Un policía corrupto le hace daño a la fuerza entera ¿quién confía luego para pedir ayuda cuando siente que puede pasar de denunciante a convertirse en víctima? Un juez corrupto le hace daño a la justicia entera ¿quién puede estar tranquilo si las culpas no las decide la legislación sino el dinero que compra inocencias? Un militar corrupto rompe la confianza y sensación de protección de una comunidad entera de la misma forma que el sacerdote pedófilo ahuyenta gentes de los templos. No se extrañe usted que por estos días las noticias nos inviten a perder la fe. Cualquier fe. Toda la fe.

Imagine usted un maestro que prefiere enseñar mentiras en el salón de clase. Los niños abren cuadernos para atender el dictado que dice, que habla de nueve continentes. Luego les pide, muy serios, que anoten con tinta roja que la capital de Sumatra es Sumadre y ya entrados en gastos les enuncia que no deben olvidar que hay una raza superior y que las mujeres son inferiores al hombre en toda ocasión ¿confiaría usted en esa educación?

Jean Monnet, político francés, fue quien dijo siglos atrás “las personas pasan, las instituciones quedan” el punto es que en este instante de la historia de Colombia las personas cuando pasan se están llevando por delante a las instituciones. Se están encargando hoy que sólo ruinas queden, porque sus actos son detonaciones a las bases y columnas éticas en que se levanta cada institución ¿o acaso no recuerda usted que, por esto mismo, ya no existe el DAS? organismo que terminó siendo agencia de inseguridad para los ciudadanos, especializada en espiar y escuchar y actuar en contra de todos y en beneficio de alguien que aún no terminan de señalar.

Cada país tiene un libro sagrado –y no es la Biblia, señor Procurador- ése libro es la Constitución. Por eso duele que quienes deben guardarla no sean lo mejor de entre nosotros sino reflejo de un espejo de vergüenzas.

Mira usted un soborno de $500 millones de pesos para comprar el fallo de una tutela –y sume los millones que debieron pagar para llegar hasta allá- es suficiente en otro lugar del mundo para que todo se detenga hasta que algo cambie de raíz. Pero aquí no. Sale a flote el mal olor que rodea la hacienda No hay como dios con una historia de once muertos, quinientas reses robadas, muchos desplazados, una familia reclamante que luego es asesinada… y hoy día esas tierras que fueron de Edilberto Villalba, acosado y desplazado, son propiedad del magistrado Jorge Pretelt luego de que su propia esposa se las vendiera después de que ella las comprara al reconocido paramilitar Evelio Enrique Díaz Yañes, alias “El Burro”. Y no es sobre lo único que tiene que dar explicaciones.

Pero en lugar de obrar en concordancia con lo que ética y honor le señalarían a otra persona el honorable magistrado prefiere dar declaraciones que concluyen en un desafiante “mañana mi esposa y mis hijos se van del país para que (el Fiscal) no les ponga un pelo encima” como respuesta al llamado de la Fiscalía a Martha Ligia Patrón, esposa de Pretelt y funcionaria de la Procuraduría, a presentar declaración en un caso que investiga supuesta apropiación de lotes baldíos allí donde el acecho paramilitar cubrió de sangre, miedo, huida y ausencia hectáreas de tierra que luego se compraron baratas. En el instante en que otras personas tendrían una posición acorde a la dignidad que representa el cargo escuchamos decir “No voy a renunciar, si yo me voy nos vamos todos”. Entonces pienso; claro, este es el país del si-yo-me-caigo-no-me-caigo-solo.

¿Quién iba a pensar que eso iba a pasar de Corte a Cartel?

El cinismo ha tomado la voz: quieren que te conformes con el menos culpable cuando ya no encuentres inocentes.

Hay días en que a la vida sólo la explica bien la poesía. Entonces voy en busca de quien me quiera ayudar a entender. Y esta vez es Machado en sus versos quien me habla:

He andado muchos caminos,

he abierto muchas veredas,

he navegado en cien mares

y atracado en cien riberas.



En todas partes he visto

caravanas de tristeza,
soberbios y melancólicos

borrachos de sombra negra,



y pedantones al paño

que miran, callan y piensan

que saben, porque no beben

el vino de las tabernas.

Mala gente que camina

y va apestando la tierra...



@lluevelove

sábado, 14 de marzo de 2015

ANA CRISTINA RESTREPO

Es hermosa y casi frágil. Eso puede decir quien no la conoce porque ciertamente es bella muy bella y, a la vez, delicada en gestos y en su cuerpo delgado. Es inteligente y muy fuerte. Eso puede decir quien la haya leído porque ciertamente sus columnas de opinión son demostración de su talento, de la mujer culta y sensible que es, de sus posiciones polémicas y frenteras. Ella es incómoda, dirán los poderosos. Ella es necesaria, decimos los ciudadanos. Ana Cristina Restrepo es hoy una de las más importantes voces del periodismo de opinión en Colombia, una de las periodistas más influyentes que se puedan encontrar en provincia (porque para pensar bien no hay que estar en Bogotá) puedes leerla semanalmente los miércoles en El Colombiano y los sábados en El Espectador. Su firma es suficiente motivo para visitar las páginas un periódico. Su pluma es razón suficiente para entregarse a la lectura de un libro. Su nombre le da buen nombre a la facultad de comunicación en EAFIT en la que dicta clases y las palabras suyas en su voz son buen motivo para escuchar la radio nocturna en la emisora Cámara FM en la que realiza el programa Página en blanco. Ana Cristina nos reconcilia con el periodismo en un país en que la decepción está a la orden del día.

Ana Cristina es hija, hermana, madre, esposa.

Ana Cristina es una de esas mujeres que puedes admirar con facilidad porque es consecuente. Actúa como piensa. Y en esta ciudad, Medellín, que por momentos sigue siendo una parroquia salida de los relatos de Tomás Carrasquilla su postura de mujer que no calla resulta ser transgresora para algunos, incomprensible para otros, aplaudida por muchos.

Es sábado.
Suena el teléfono.
Ella contesta.
Al otro lado una voz que nunca antes ha escuchado le llama por su nombre y le habla de su familia y lo que sigue es un rosario de insultos de grueso calibre y amenazas que prometen muerte con balas de algún calibre, digo, para resumir la llamada.

Ana Cristina no es cobarde, es consciente. Ella ya ha leído mil y un insultos en los comentarios de sus columnas de opinión, conoce incluso la mirada desaprobadora de padres de familia del colegio de sus hijos porque ella dice lo que dice  igual contra un expresidente que a favor de un campesino. Y ante lo que sucede en esa llamada matutina una vez más decide ser consecuente: una amenaza se denuncia, no se calla. Y eso hace. La acompaña su esposo Jeremy McDermott, también periodista como ella, fundador y codirector del portal In Sight Crime, uno de los mejores medios de comunicación de investigaciones periodísticas sobre crimen en América Latina. Gente bien informada. Las amenazas que recibe Ana Cristina señalan a la banda criminal conocida por años como La oficina de Envigado, molestos porque las investigaciones recientes de la también reportera y cronista se adentran en la realidad de lo que hay tras los inquilinatos en la Comuna 4 de Medellín.


Qué pequeño es el hombre que tiene por argumento un arma para intimidar.
Porque un arma no es un argumento.
En las palabras hay valor, en las armas cobardía.

Tal vez usted se pregunte por qué tanta alharaca por una amenaza más, una amenazada más, en un país donde el miedo ha sido lengua materna y a diario son amedrentados tantos colombianos. “Claro, es que una amiga suya” dice el indolente. Y le respondo que sí, que quiero yo que ella me sienta su amigo porque sería un honor para mí. “Claro, es que son colegas” y le digo que sí, que me siento orgulloso de que gente como ella dignifique y eleve esta profesión. El asunto, para que quede claro en esta Colombia de fobias y filias, es que amenazar a una periodista no es amenazar a una sola persona: es intentar callar a todos a los que ella les da voz, a una comunidad entera que sólo encuentra eco cuando alguien como ella cuenta su historia. Amenazar con silencio de muerte a una periodista es intentar callar a una sociedad entera, prohibirle pensar en voz alta, romper los espejos en que nos reflejamos y condenar a los demás a la oscuridad.

En los pocos meses de este 2015 en Colombia ya ha sido asesinado un periodista (Edgar Quintero, en Palmira), han sido agredidos nueve en ejercicio de su labor y se reportan 17 periodistas amenazados, según indican los informes de la Fundación para la Libertad de Prensa.

Los que quieren que Ana Cristina Restrepo no duerma tranquila al cerrar sus párpados son los mismos a los que no les conviene que ella nos abra los ojos con la mirada sensible con que ella acostumbra acompañarnos cada día.

Por eso invito este lunes 16 de marzo (mañana) a las 12 del día a quien quiera acompañarnos en un gesto de solidaridad a reunirnos en la Plaza de La Libertad, justo donde está la llama eterna en honor del periodismo, para que juntos rechacemos cualquier intimidación. La amenazas a ella, nos amenazas a todos.

Escribo porque esto es lo que puedo hacer para abrazarla. Escribo para decirle a los que la insultan que también a mí me insultan. Escribo porque la vida es sagrada y se defiende cada día en cada gesto además de caminar las calles un domingo. Escribo para decirle a quienes la amenazan que, entonces, yo también estoy amenazado. No puede haber temas de los que esté prohibido hablar, no puede aceptarse que haya lugares de la ciudad a los que te prohíban regresar, no puede ser que unos pocos decidan sobre qué pueden enterarse los demás. Escribo estas líneas porque muchas veces estoy de acuerdo con ella y también porque muchas veces no estoy de acuerdo con ella. Escribo esto con rabia, impotencia y tristeza enredadas entre los dedos a la hora de escribir. Ella defiende la libertad, la democracia, la búsqueda de la verdad ¿no es a eso a lo que aspiramos todos los demás? He conocido a pocos como ella que las sacuda la inequidad y lo expresen en voz alta sin temor al que dirán. Escribo para pedirle a las autoridades que investiguen y además que la acompañen en esta zozobra y le brinden seguridad. Escribo como una forma de protestar contra la indiferencia, que es una forma de complicidad con todo crimen que se quiera perpetrar.

Si mañana tengo la mala suerte de volver a las listas de amenazados en que estuve alguna vez quiero que Ana Cristina Restrepo pueda levantar su voz pronunciando mi nombre. Porque sólo así –juntos- podemos derrotar a quien nos odia, a quien nos prefiere callados y quiere hacernos todo el mal.

@lluevelove  







domingo, 8 de marzo de 2015

EN EL DÍA DE LA MUJER MUNDIAL

Yo no regalo flores el Día de la Mujer (insensato) tampoco compro chocolates para entregar con sonrisa (insensible) no creo que sea un día para decirle “bonita” a todas las mujeres en la lista de contactos del celular de cuenta del calendario (amiga, lo peor) me resulta imposible dedicar la canción de Arjona que dice Mujer en plural como refinada forma de piropo (algo bueno he de tener) y aunque los restaurantes y las perfumerías ofrecen promociones por la fecha soy incapaz de comprar nada para celebrar el 8 de marzo.

Qué tipo tan aburrido soy.



Interpreto el día internacional de los derechos de la mujer como un llamado de atención sobre la inequidad expresada de formas tan contundente como el hecho -aún frecuente- de que le paguen menos a una mujer que a un hombre por la misma labor, que en roles de dirigencia la proporción de mujeres al frente de organizaciones sea menor que la de hombres con el letrerito de yogerencioaquí en su puerta.  Veo en este día un homenaje a las mujeres que han abierto caminos con su postura ante la vida, que van desde Virginia Wolf hasta Malala, de María Cano a Teresita Gaviria. Hablo de la revolución en lo cotidiano y lo íntimo y también en lo público y la pancarta. Un reconocimiento a sus luchas y conquistas.

¿Cuántas veces hoy en día el fuego de la fábrica de la fábrica Triangle Shirtwaist de Nueva York vuelve a encenderse entre nosotros para quemar las ilusiones y posibilidades de otra mujer?

Un día como este es un día para que muchos entiendan, para que tantas otras reivindiquen, para que todos seamos conscientes. La madre de la madre de tu madre no pudo votar, tu abuela vivió un mundo que empezó a ser distinto porque su función social ya no fue “sólo” parir hijos, tu madre pudo estudiar y tu sabes que puedes decir No cuando quieres decir No y que el mundo no se acaba en la esquina de tu casa. Ha sido largo y difícil el camino de las mujeres en el mundo para decir Yo decido.



Mujeres dignas de admirar, mujeres de quienes aprender, en ese terreno es fértil la realidad en todos los campos que la vida. Disculpe usted que hoy no me asista un verso fácil pero creo que hoy más que un día de decirles eres lo más hermoso es un día para decir Te Respeto.

@lluevelove

CERATI, GRACIAS POR VENIR

El mensaje de María del Rosario decía “¿Murió Cerati?” quise creer que era una de esas veces (otra vez) en que alguien mata con rumores...