sábado, 4 de abril de 2015

FÁBULA DEL DÍA DESPUÉS (DE LA FIRMA DE LA PAZ)

Es el día después de la firma con que concluyen las conversaciones del proceso de paz en La Habana. Es el día después de la foto que da la vuelta al mundo en lo que demora hacer click sobre un teclado. Sonrisas en la isla, voces satisfechas en cada costado de la mesa, aplauso cerrado de la comunidad internacional. Es el día después de un momento en que la tinta sobre el papel ha escrito La Historia y no hay noticiero en el mundo que no destaque el hecho en sus emisiones. El gobierno colombiano y las FARC han firmado la paz ayer.

El Papa Francisco, por supuesto, se ha unido al júbilo. El reporte de llamadas de felicitación en el teléfono de Juan Manuel Santos pasa por Obama hasta la Merkel, todos los presidentes de la región hablan de esto y prometen pronta visita a Colombia. Los periodistas que han olvidado hacer preguntas reales buscan declaraciones virtuales en tuiter. Alguien se apresura, una vez más, y habla del premio nobel de paz.  

Es el día después y tantos dicen que el aire ya es distinto aunque sea el mismo que respiraste siempre. Hablo, físicamente, de tus pulmones, no tu estado de ánimo.

Mucho ha cambiado con esa firma.
Poco ha cambiado con esa firma.
Y ambas frases son ciertas.

Firmado el acuerdo de paz ya no hay excusa alguna para la violencia política que nos ha desangrado por seis décadas largas, interminables. Ya no hay argumento que justifique un secuestro más, la siembra de una mina antipersonal más, la voladura de aquel oleoducto y la caída de esta torre de energía. No pueden sumar nuevos reclutas en contra de su voluntad porque ha comenzado la desmovilización. Ni qué decir de esa oscura forma de financiación que va desde la extorsión hasta el narcotráfico. Ni un muerto más en combate del lado que sea porque no habrá combates, ni un campesino más torturado y asesinado por ser colaborador de este o aquel o pueblos sitiados ahora y desplazados después. Firmado el acuerdo de paz no hay excusa para sostener esa suma de crímenes y dolores que sólo es una resta, una resta que se lleva vidas valiosas. Y futuro. Y esperanza.

El gobierno, por supuesto, habrá de cumplir sus compromisos.

Tienen razón los que dicen que mucho ha cambiado con esa firma.

El día después de firmado el acuerdo de paz la tarea pendiente es la construcción de la paz cotidiana. Porque lo firmado es el fin de un conflicto. Y la paz necesaria es algo que empieza en casa.

El día después, cuando las FARC no están ahí como culpables de todos nuestros males, vemos las proporciones de espanto de otros monstruos que nos asechan. La corrupción nos mira y se ríe de todos. Lo suyo no es tamaño, es desproporción. Y el apellido de la corrupción es violencia porque te roba el acceso a la salud a vos y a los demás y la jubilación a tus padres, a tus abuelos y a tantos que nunca sabrán qué significa esa palabra y la corrupción se roba también los ahorros de aquel y los impuestos de todos. El día después de la firma celebrada notamos en a la inequidad respirándonos en cuello como un vampiro. La inequidad es una de las formas que condena a comunidades enteras al atraso. La inequidad convierte en privilegios lo que deben ser derechos. El día después de firmada la paz en La Habana empiezas a ver la proporción concreta y las implicaciones casi sin explicaciones de la violencia doméstica, del crimen organizado y desorganizado, los muertos con camiseta de fútbol, los delitos nacidos por intolerancia, los suicidios… Todo esto que ha estado aquí y que muchos prefieren no ver. Pero con cerrar los ojos no basta.

Por eso tendrán razón, también, los que digan que poco ha cambiado.

El día después de la fotografía que dio la vuelta al mundo, después de los aplausos, en plena vigencia de la palabra posconflicto y todo lo que deriva de ella tendremos ineludiblemente otro asunto pendiente: ocuparse de esta preocupación que vivir en guerra había dejado en un segundo renglón.

Entonces, el día después de la firma de la paz, nos miramos a los ojos.
Y algo tenemos qué hacer con esa mirada.
Por ejemplo: hagamos un país.
Un país, este país, nuestro país. Nuestro. De todos. Para todos.

@lluevelove





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