martes, 19 de mayo de 2015

SALGAR, ESTE DOLOR



(Foto: Fabio Palacio, desde Salgar / La Pluma)

Cada minuto que pasa el panorama se desnuda más triste y peor. Al primer reporte de 9 muertos le siguió uno de una veintena y ya va arriba de 33 la cifra de muertos y decenas de heridos y desaparecidos. Y lo que sube no son números simples sino vidas perdidas, rotas, un corregimiento desaparecido dice la alcaldesa al anunciar que La Margarita ya no existe más. La creciente de La Liboriana sólo puede compararse con el río de lágrimas que ha dejado a su paso. No es hora de políticos viajando a tomarse fotos para posar de solidarios cuando lo único útil son las brigadas de socorro. Es buena oportunidad para no ser oportunistas, digo. Es hora de ayuda real porque luego de la tragedia primera siempre empieza la tragedia de los sobrevivientes.

lunes, 18 de mayo de 2015

TRAGEDIA EN EL OLVIDO

En Colombia aprendemos geografía a partir de las tragedias. Somos, también, un mapa de dolores. Sabemos que existe Bojayá por aquella masacre, no por el buen guiso de pescado que se hizo allá. Sabes de Trujillo en el Valle, de Silvia en Cauca, de Granada en Antioquia, de Betulia en Santander por tragedias distintas. Pero tragedias todas al fin y al cabo. Cuando hay algo qué lamentar, hay algo qué nombrar.

Entonces dicen: Condoto.

Condoto, en el Chocó, se vio sorprendido el jueves por un vendaval que algunos mencionan allí como el día del juicio final. Río, selva, lluvia, viento, furia. Todo en un mismo instante estallando contra la cara de cada habitante. Nada más parecido a la escena aquella del cuento de los tres cerditos cuando viene el lobo a soplar para tumbar la casa. Y la tumbó. Y no era una canción de salsa muy bailada por allá. La tumbó el vendaval luego de soplar y soplar y soplar. Trescientas casas, medio pueblo, terminaron a pedazos en el suelo. Paredes perdidas igual que las ilusiones. La primera muerte de la que se supo fue la de una mujer que sufrió un paro cardiaco al ver su casa en el suelo, en el pantano. La segunda muerte ya recibió visita de despedida y velación. Las misas de muertos se han de celebrar en templos a cielo abierto porque hoy no tienen techo que los cubra. La lluvia de esta mañana se confunde con las lágrimas en los rostros de la gente en Condoto



Condoto, después del vendaval

Ya suman más de treinta los heridos, entre ellos un chico al que le cayó de plano una pared encima y que lograron rescatar. A propósito: ¿sabe usted cómo es la calidad de los servicios de salud en Chocó? Si enfermarse en Quibdó -la capital- es tentar al destino sino consigues cómo irte a Medellín, imagínate cómo es el paisaje de desconsuelos selva adentro a orillas de ríos de los que aún no conoces su nombre.

Pasan los días y con el vendaval que se ha ido se fue la electricidad que aún no regresa al pueblo.

Hay días en que la escasez no tiene dónde esconderse.

Si buscas un motivo para el horror y la tristeza no dejes sólo la mirada en Nepal.

Olvido y fragilidad son palabras vecinas en la misma frase ¿dónde están hoy los llamados urgentes de solidaridad de todo noticiero nacional? ¿dónde está la ayuda del gobierno nacional en mitad de esta angustia? ¿Ya despegaron las brigadas y helicópteros rumbo a la zona? ¿Ya alguien con un mediano grado de poder de decisión e influencia política dijo que esto le importa?

Los barrios más golpeados allí son Platinero, Santa Rita y Clareth. Aún no se tienen datos de lo que pudo pasar bajo los árboles en lo profundo de las veredas de Condoto. El vendaval que terminó en la madrugada del viernes 15 de mayo golpeó también a los municipios de Istmina y Medio San Juan. Al parecer, en esos municipios se pudo resistir mejor el embate de la naturaleza. Pero tal vez eso, resistir, no lo haya podido hacer Juradó: el poblado colombiano fronterizo con Panamá que está varias décadas atrás en desarrollo y probablemente ahora, después del vendaval, esté siglos más atrás cuando pueda conocerse el tamaño del impacto y la verdadera dimensión de la tragedia.

Pero esa no será la noticia de abrir en el telediario de hoy. Ni en el de mañana.

A finales de diciembre pasado me encontré en Quibdó con Goyo, los Chocquibtown siembre vuelven a casa al terminar el año. Cargaba ella a su pequeña hija y me contó que al día siguiente iba para Condoto, su pueblo, a que su niño se abrazara con toda la historia suya de madre orgullosa de nacer donde ha nacido. Hoy recuerdo su voz cantando dulce y melancólica “…Condoto pequeñito lugar que tanto extraño, que vio crecer mi infancia paso a paso entre tus calles viejas de arenas y barro…” recordando la composición de Hansel Camacho y la lluvia que la acunó a ella y a su hermano y a todo lo que puede llamar familia. Ella siempre vuelve a casa. Ojalá este año tengan un buen lugar, un pueblo en pie, al que puedan regresar.

Esto también es Colombia.
Como el lugar desde el que usted está leyendo estas palabras.
No lo olvide.

@lluevelove







LA COMIDA DE LA MAMÁ

El asunto es así: un día cualquiera algunas Madres de la Candelaria (madres de desaparecidos) cuentan en una conversación que lo que más extrañan es cocinar para sus hijos que no están. Entonces la idea que surge es cocinar para huérfanos de la guerra que vivimos, niños que extrañan que una madre les cocine con el amor que sólo ellas dan en cada plato servido. Ambos dolores, por un instante, reciben un alivio.


Este es el segundo año en que, en la víspera del día de la madres, decenas de mujeres fuertes con historias tristes preparan esto que más que un almuerzo puedes llamarlo amor. La comida de la mamá es como han dado en llamarle a este instante.

Allí donde está la silla vacía en que se sienta la ausencia de John Edison Lopera, probablemente asesinado en 2003, al que le gustaba tanto la arepa con carne según recuerda su madre se sienta hoy una niña de poco menos de seis años que extraña al padre que no conoció y que le dejó por herencia el nombre que no sabemos si volvió a pronunciar: Valentina. Justo al lado de esta niña se podría haber sentado Cristian Camilo pero cuando algo se supo de él años después de estar desaparecido –es decir: años después de no estar- es que vieron su cuerpo flotando en las aguas del río Cauca con un par de aves de carroña que lo usaron como barca, Teresita cocina pensando en él y luego le sirve a Mariangel que es una (otra) niña con el nombre bien puesto y con la tristeza de que muchos crean que su apellido es Huérfana.

Mientras las sillas de los hijos que no volvieron son ocupadas por chicos que no vieron a sus padres regresar se puede ver el revoloteo de ollas, cuchillos, tomates, carnes, tenedores, arroz, cucharas, y papas que van alimentando el sancocho mientras Ana Zapata –una de las madres que ganó el sorteo para cocinar porque todas querían hacerlo- dice “si usted no perdona se muere. Se deteriora la salud y se acaba la vida”. Entiende uno entonces  que, además, tienen entre manos la receta de la reconciliación.

Doña Adela no hace parte de las Madres de la Candelaria pero dijo que ella quería hacer el postre y venir a servirlo. Doña Adela Correa tiene 86 años y también es madre de una ausencia forzada: su hijo Guillermo Gaviria Correa era Gobernador de Antioquia cuando fue asesinado en cautiverio en medio del fracasado intento de rescate que procuró el Presidente de la República 12 años atrás y que dejó como consecuencia la muerte también del consejero de paz Gilberto Echeverri y siete policías y soldados secuestrados. No se puede olvidar que ellos fueron interceptados en medio de una marcha que promovía la noviolencia y la solidaridad con el municipio de Caicedo que se encontraba literalmente sitiado y desabastecido. Decía, doña Adela se despertó temprano este sábado a cocinar para estos niños y en compañía de su hija Irene sirven el postre fresco que alegra corazones. Y no sólo de los comensales.

La palabra víctima no tiene estrato y nadie está a salvo de ella ni es inmune a las esquirlas de esta estúpida y rancia guerra que nos carcome. Tantos que conoces podrían estar agitando aquí los cucharones en la olla, tantos que conoces podrían sentarse a esta mesa a esperar frente a este plato… Somos hermanos en el dolor.

Pero esta mañana que ya es tarde no es una jornada triste. Las madres y los niños han recorrido el Parque Explora con ojos de quien visita Disneylandia y no se han hecho esperar los gritos y las risas y también las lágrimas de emoción. Ha sido un día inolvidable este sábado y no es exageración. Esperábamos 80 niños y 60 madres y terminamos sumando 263 personas que acudieron a La comida de la mamá. Y digo “esperábamos”, disculpará el lector que me incluya, porque hago parte de las gentes que llevamos adelante Mayo por la Vida una actitud de ciudad o iniciativa ciudadana que promueve la noviolencia y la convivencia aquí y que es  realidad gracias a la alcaldía de Medellín y la participación de más de 70 organizaciones ciudadanas de distinta naturaleza. El mes que proponemos está poblado de momentos como este que les cuento y otros más que tienen un hilo que les une: la inspiración que surge en cada uno de estos instantes y la celebración de vivir bajo el mismo cielo, sobre el mismo suelo. Con todo y las dificultades cotidianas. Nos encontramos por la alegría de palpitar. Porque Medellín tiene mucho qué aprender, claro, pero hoy además tiene tanto por enseñar…



LA ÚLTIMA NOCHE EN LA TIERRA

La mañana después no habían cucarachas en el cuarto, ni kafkas en los espejos. Todas las canciones estaban escritas en una escala que s...