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Mostrando entradas de mayo, 2015

SALGAR, ESTE DOLOR

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(Foto: Fabio Palacio, desde Salgar / La Pluma)
Cada minuto que pasa el panorama se desnuda más triste y peor. Al primer reporte de 9 muertos le siguió uno de una veintena y ya va arriba de 33 la cifra de muertos y decenas de heridos y desaparecidos. Y lo que sube no son números simples sino vidas perdidas, rotas, un corregimiento desaparecido dice la alcaldesa al anunciar que La Margarita ya no existe más. La creciente de La Liboriana sólo puede compararse con el río de lágrimas que ha dejado a su paso. No es hora de políticos viajando a tomarse fotos para posar de solidarios cuando lo único útil son las brigadas de socorro. Es buena oportunidad para no ser oportunistas, digo. Es hora de ayuda real porque luego de la tragedia primera siempre empieza la tragedia de los sobrevivientes.

TRAGEDIA EN EL OLVIDO

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En Colombia aprendemos geografía a partir de las tragedias. Somos, también, un mapa de dolores. Sabemos que existe Bojayá por aquella masacre, no por el buen guiso de pescado que se hizo allá. Sabes de Trujillo en el Valle, de Silvia en Cauca, de Granada en Antioquia, de Betulia en Santander por tragedias distintas. Pero tragedias todas al fin y al cabo. Cuando hay algo qué lamentar, hay algo qué nombrar.
Entonces dicen: Condoto.
Condoto, en el Chocó, se vio sorprendido el jueves por un vendaval que algunos mencionan allí como el día del juicio final. Río, selva, lluvia, viento, furia. Todo en un mismo instante estallando contra la cara de cada habitante. Nada más parecido a la escena aquella del cuento de los tres cerditos cuando viene el lobo a soplar para tumbar la casa. Y la tumbó. Y no era una canción de salsa muy bailada por allá. La tumbó el vendaval luego de soplar y soplar y soplar. Trescientas casas, medio pueblo, terminaron a pedazos en el suelo. Paredes perdidas igual que la…

LA COMIDA DE LA MAMÁ

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El asunto es así: un día cualquiera algunas Madres de la Candelaria (madres de desaparecidos) cuentan en una conversación que lo que más extrañan es cocinar para sus hijos que no están. Entonces la idea que surge es cocinar para huérfanos de la guerra que vivimos, niños que extrañan que una madre les cocine con el amor que sólo ellas dan en cada plato servido. Ambos dolores, por un instante, reciben un alivio.