lunes, 24 de agosto de 2015

TOM CRUISE EN LAS CALLES DE MEDELLÍN

Seré obvio: Tom Cruise vino a Medellín a hacer una película de ficción, no un documental. Muy obvio: si hablo de Pablo Escobar el sinónimo que asoma, para mí, es Monstruo. Demasiado obvio: dejar de hablar de algo atroz no hace que desaparezca como si nunca hubiera sucedido sino que se convierte en una sombra tan pesada como un juicio.
A mí Tom Cruise me resulta buen actor en Magnolia y varios títulos más, la verdad. No habrán sido gratis sus tres nominaciones al Óscar. Y de su presencia en otras tantas películas no pienso lo mismo aunque es obvio que logra su cometido: entretener. Tom Cruise es una franquicia de sí mismo. Taquillero como pocos, hábil empresario y productor. Es un hombre que identifica oportunidades y las aprovecha. Y eso está bien. En una época en que a las celebridades y a los artistas se les otorga la responsabilidad de cambiar el mundo, en lugar de los políticos y científicos, Tom Cruise cumple con su cuota de brillar como estrella, asistir a variada gala benéfica, dar de comer a los pasquines de chismes y mostrarse a la vez cercano y cordial. Es rentable, como el que más.
Hay días en que confundimos —todos, yo incluido— el espíritu crítico con el ánimo criticón. Pienso.
Las películas sobre Al Capone buscan a Chicago como locación y nadie deja de visitar esa ciudad porque el fantasma del mafioso se le vaya a aparecer en una esquina. Las películas de los horrores de la segunda guerra se ruedan en Europa y Alemania sigue viendo esvásticas con cámaras que las filman y nadie espera la resurrección de Hitler. Una historia que evoca a Stalin pasa por Moscú, naturalmente. Estamos en la época en que los escenarios no son de cartón. Claro, lo que pasa ahora es que hablamos de un dolor propio cercano reciente íntimo y personal. Hablamos de nuestra piel. Y la piel es sensible.
Cuando dicen que una producción como Mena, título de la película de Cruise sobre el asesinado piloto y narcotraficante Barry Seal al servicio del clan Ochoa y espía para la DEA quien operó y diseñó rutas para el cartel de Medellín, busca hacerse en esta ciudad porque Medellín ha cambiado creo que no es exagerado. Y lo digo porque si todavía viviéramos la hora histórica que narra esa cinta un carrobomba podría estallar en la puerta de cualquiera, nadie se aventuraría a venir y el miedo nos tendría prisioneros en casa ¿no lo recuerdan? ¿Vamos a colgar un letrerito de “No tocar” sobre este tema como si fuera jarrón de cristal? ¿Hablar sobre narcos en Medellín está bien si lo hace Víctor Gaviria pero no tanto si está Tom Cruise? Pronto se ha de filmar en estas mismas calles otra producción extranjera: Angosta, a cargo del brasileño Affonso Beato basada en el libro de Héctor Abad Faciolince y esa Medellín que está escrita allí no es precisamente la del orgullo paisa, ni la de editorial de El Colombiano ¿También habrá quien diga que es mejor que no la filmen acá?
Tom Cruise va camino a ser mito por estos lares. Que fue a comer a Carmen, que pasó el sábado por el centro comercial Oviedo, que se reunió en el San Fernando Plaza a ultimar detalles de la película mientras tomó café colombiano. Todo eso es cierto. Que va a ir al barrio Aranjuez, que va a conocer lo que queda de La Catedral en Envigado, que rodarán escenas en hangares del aeropuerto Olaya Herrera, que hay lugares emblemáticos que aparecerán en la cinta. Todo eso también es cierto. No faltará luego la versión del taxista que dirá que lo llevó a nosedónde o la muchacha que bailó con él en talparte y las selfis reales se confundirán con los montajes y los memes y toda esa barahúnda que genera alrededor la etiqueta Hollywood con uno de los nombres más conocidos del planeta.
Yo, por lo pronto, no me lo quiero encontrar.
Lo que se ve, al margen del rótulo inevitable de celebridad, es que es un ser humano que hace lo que hace cualquiera y que vino aquí a trabajar. Un trabajo que hace estación por dos semanas en nuestra ciudad y que deja rendimientos por dos millones y medio de dólares en la economía local, seis mil cien millones de pesos o más a la velocidad que va el cambio entre monedas. Y no solo eso: vuelvo al rol de Tom Cruise como productor —asunto hoy día tal vez más importante que su rol actoral— y lo que pueda derivarse de su experiencia filmando acá. Hay puertas qué se abren. Ya veremos mañana quién se anima a cruzar.
Vuelvo al asunto de Pablo Escobar como referencia. Por supuesto que aquí pueden y deben contarse otras historias. De hecho se hace. Empieza en nosotros la labor de darles eco y acompañarlas. Como sociedad tenemos tanto por exorcizar para que el horror no se repita reencarnado una vez más de generación en degeneración. Hablar de esto cuesta, lo entiendo: aprender a vivir con fantasmas espanta.

Tom Cruise en C.C. Oviedo, sábado
Foto: Luis Guillermo Sosa "Pike"

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