domingo, 27 de septiembre de 2015

EL GOBERNADOR DE ANTIOQUIA



Lo vi caminar, piso por piso, del edificio que en Medellín llaman Inteligente y saludar de mano y sonrisa a cada empleado, desde las labores más humildes hasta las más altas responsabilidades. Eran sus primeros días como Gerente de EPM. Había gente con lágrimas en los ojos y emoción en las palabras: “llevo más de veinte años acá y nunca había visto un Gerente en persona” fue una de las frases que me conmovió escuchar. Supe que hizo lo mismo en distintas sedes, luego fue habitual encontrarlo en el mismo ascensor que todos usaban y no en el privado que le disponían y verlo almorzar como cualquier parroquiano en algún restaurante del Parque de los Pies Descalzos. Un tipo sorprendentemente cercano, sin poses y -de verdad- preocupado por los demás. Algún sábado llegaba él tempranito en bicicleta a Santa Fe de Antioquia para acudir a un acto de Aguas de Occidente y yo, que estaba allí preparando un programa de tv, coincidí con su comitiva en el desayuno. Él acercaba una silla a la mesa y pidió que le sirvieran primero al conductor que se acababa de sentar  porque él se levanta todos los días antes que yo y merece desayunar primero” dijo.

¿Por qué me detengo en anécdotas? Por que son detalles así los que revelan la naturaleza de una persona.  Por esos gestos mínimos y profundos pude comprender por qué se embarcó en hacer posibles programas que miden su éxito no sólo en números de economista sino en mejorar las condiciones de vida de los demás. El corazón social de las administraciones de Sergio Fajardo y Alonso Salazar pasa por los latidos de Federico Restrepo.

Sí, hablo de Federico Restrepo; candidato a la Gobernación de Antioquia en las elecciones que están a la vuelta de la esquina. Y sé que el es hombre que el departamento necesita, no sólo para continuar lo que se viene haciendo, sino para afrontar los desafíos de Antioquia en días de posconflicto. Este rincón del país es uno de los lugares que ha sido víctima más notable e intensa de esta violencia de seis décadas. Una nueva realidad con la que debemos hacer consciencia que vamos a vivir. Porque ya sobre la mesa está la tinta con que han de firmar en La Habana en espera de la pluma para sellar el acuerda

Hablo de su paso por EPM porque allí fue donde lo conocí de cerca y pude ser testigo las vidas transformadas por Antioquia Iluminada, que llevó energía eléctrica a las veredas más aisladas del departamento trayendo a los días de hoy a gentes que vivían como en el siglo diecinueve. He visto en barrios populares el efecto de la Energía Prepago, que bien podría ser una propuesta nacional. Viví las Brigadas de Atención Social basadas en la solidaridad como concepto vivo o el programa Aldeas y su construcción de casas de alta calidad y bajo costo que son valiosa ayuda en días de catástrofe y en el retorno de comunidades a lugares de las que habían sido desplazadas.

Menciono esto porque eso es lo que no te cuenta la hoja de vida que habla hoy de su liderazgo en Autopistas de la Prosperidad y el Proyecto Integral de Urabá y como director de Planeación en Medellín.

Quiero recordar la sensación de votar a favor de alguien en lugar de votar en contra de otro. Experiencia reciente. Aunque el contendor más fuerte no fuera Luis Pérez -un señor que no me gusta para nada- igual mi voto sería por Federico, básicamente, porque además de sus probadas calidades profesionales es un hombre bueno.

Me anticipo a las piedras que puedan lanzar los que disfrutan con el ladrillo en la mano y que pretenden ver intereses ocultos en estas líneas que no guardan ningún doblez: Entonces digo: sí, uno de mis hermanos hace parte del gabinete de Fajardo, yo mismo he trabajado para Fajardo cuando fue alcalde, yo también como tantos creí en la ola verde de años atrás y desperté en las espumas del desencanto posterior. Hice televisión pública de manera continua desde cuando Juan Gómez Martínez era alcalde y Ramiro Valencia Cossio era gerente de EPM hasta tres años atrás cuando sentí que debía hacer algo distinto y renuncié. Y a varios asuntos me he dedicado desde entonces entre los que está el vínculo con la apuesta por la vida que ha hecho Aníbal Gaviria. Siempre he sentido que lo que hago le da sentido el lugar en el que vivo.  Dejo estas cartas sobre la mesa para señalar que esta columna no es escrita por encargo sino por convencimiento. El convencimiento de que Federico Restrepo debe ser el próximo Gobernador de Antioquia.

Desde que tuve edad para votar no he dejado de hacerlo nunca. He votado en blanco cuando nadie me ha convencido. He votado muchas veces por candidatos que han perdido. Algunas veces mi voto ha estado con quien ha ganado. Nunca he votado por quien me señalan las encuestas porque cuando deposito mi voto en la urna siempre pienso que voto por mi, es decir: voto por quien nos puede ofrecer un mejor futuro a todos.

Lo digo con nombre y apellido: Federico Restrepo le hará mucho bien a Antioquia.


@lluevelove

lunes, 21 de septiembre de 2015

NEGRO HIJUEPUTA

El hombre grita, vocifera, deja salir colérico algún madrazo enojado en medio de su limpia argumentación sobre la presión que sienten dos personas cuando son escogidas con malas palabras y peor actitud por la policía para una requisa “al azar” en medio de una calle colmada de gentes que, igual que ellos, van a sus obligaciones al empezar el día. Los detienen porque llevan una “prisa sospechosa” dicen. Carlos Angulo lanza con rabia, con indignación en estado puro, sus pertenencias al suelo para que los policías vean que en la mochila no guarda nada que deba esconder salvo la ropa que ha de sudar en la jornada laboral. Su hermano menor, quieto en la acera, mira con temor a los policías. María Alejandra Pulido, que pasaba por ahí en ese momento, ha grabado toda la escena con su teléfono celular y ha subido el video a internet. El testimonio instantáneo y espontáneo se hace viral. El desahogo en dos tomas de este ebanista inunda las aguas de los navegantes en internet. Se convierte incluso en noticia internacional reseñada por la cadena inglesa BBC “Para el patrón es sospechoso que llegue tarde, pero para ustedes es sospechoso que vaya rápido (…) son las ocho de la mañana, es normal que lleve prisa. Pero mi prisa sí es sospechosa, mientras la de ustedes no lo es porque ustedes son ciudadanos” Y en ese dilema gritado por el señor Angulo a todo transeúnte y a un país entero, más que una frustración, vive una denuncia.

Una denuncia que son mil voces en la garganta de un ciudadano.
Porque todos somos justo eso: c-i-u-d-a-d-a-n-o-s.

No es fácil vivir bajo la mirada de la sospecha injustificada. No es fácil vivir bajo las palabras del prejuicio histórico. No es fácil vivir bajo las actitudes del racismo cotidiano. No es fácil vivir bajo la ofensa del comportamiento del que no entiende que tu derecho a respirar es igual que el suyo.

Ya lo decía tu mamá: lo que jode es el tonito: “¡negro, una requisa!” no es lo mismo que “señor ¿me permite una requisa?” Ya lo decía tu mamá: lo que jode es la mirada: ¿por qué entre todos los que pasan escogen sólo al que no tiene la piel clara? Luego preguntan: ¿existe la discriminación en Colombia? Si, es obvio. El hecho mismo de que exista toda una legislación que propone lo que llaman discriminación positiva, en términos políticamente correctos, pone de relieve la existencia de la otra cara de la misma moneda donde nada es tan correcto.

Aquí hay quienes piensan que decirle a alguien Negro Hijueputa es igual que llamarlo por nombre y apellido. Genéricos del desprecio que fundan familia y por igual nombran a otro como Loca Hijueputa y a aquella como Pobre Hijueputa. Y los llaman así, golpeadito, con aire de suficiencia y superioridad como si eso no hablara peor del que lo pronuncia ese epíteto que del que lo recibe.

Entre nosotros están tan vigentes tantas expresiones que sólo perpetúan las heridas que es imposible no tener presente que aún hay mucho por sanar. ¿Has oído lo de “trabajar como negro para vivir como blanco”? pues bien, yo trabajo como negro para vivir como negro, le digo a un amigo que me responde –sin ánimo de ofender, insiste- “…pero a vos te ha ido bien…” así, con ese pero en la frase que significa que a pesar de ser negro me ha ido bien. Será entonces decir gracias por el favor.

Mi padre fue negro negrísimo, lo recuerdo siempre con su pelo blanco. Mi madre es  blanca, blanquísima, siempre tuvo bien negro el pelo. Tuve una abuela de piel tan pálida y otra abuela de piel tan oscura. Mi papá chocoano, mi mamá antioqueña. Y por la casa de la infancia gente venida de aquí y de allá pasaba entre aromas de fríjoles y pescado. En mi primer día de clases, en kínder, un niño en el salón me dijo “yo no me junto con negros… ¡negro!” yo no entendí por qué me decía eso y llegué luego a casa a preguntar qué era un negro.

En casa no nos veíamos por colores sino por nombres.

Mi papá me enseñó que muchos me verían negro por fuera pero que no debía olvidar que también soy blanco por dentro. No estoy aquí para negar los dos ríos de los que vengo sino para afirmarme en el mar de esa combinación. Nada es más puro que la mezcla.

Cuando en aquel video del que les hablo uno de los policías -que nunca le muestra una identificación a Carlos Angulo- lo acusa de acomplejado por reclamar sus derechos ciudadanos pienso en que el verdadero complejo sería guardar silencio y aceptar el abuso por repetido y sistemático como si fuera natural. Hay aquí una ecuación básica y fatídica: prejuicio + poder = racismo. El estado representado en la autoridad uniformada debería mirarnos a todos con ojos de igualdad tal como está escrito en la constitución. Pero no es así.

Recuerdo los escupitajos en la espalda con los que unos chicos me atacaba en el colegio insultándome por negro. Recuerdo a la mamá de una compañera en la universidad que me decía “yo no sé por qué te quiero tanto si sos negro” como si eso fuera un piropo. Recuerdo la voz de una muchacha que aún piensa que no la oí mientras decía “ella tiene un novio negro” refiriéndose a mi novia como con asco en la voz. Recuerdo el final de una tarde en que iba trotando a entrenar voleybol en Bolivariana y esa moto de policía que se cruzó frente a mi mientras me apuntaban con una pistola en la cara y tiraban mi billetera al piso sin permitirme mostrar una  identificación, para gritarme con el arma en mano y el cañón en mi frente: “negro ¿usted por qué está corriendo?”

Pero esos recuerdos no me definen por entero.

Hace tiempo que decidí no fijarme más en las señoras que por reflejo apresuran el paso, aprietan su cartera o se cambian de acera si uno viene caminando atrás.

Debo decirlo en primera persona, como todo lo que he dicho aquí: todos los días me sucede en la calle que los desconocidos me tratan con cariño inmerecido y cordial cuando me recuerdan por el trabajo que he hecho en público durante años. Y el efecto de ese afecto es impulso y motor que devuelve la fe que se pierde de tanto en tanto.

Caterine Ibargüen, diosa de ébano, la atleta más importante nacida en Colombia, levanta con sus brazos en cada triunfo suyo una bandera. Y en esa sonrisa blanca en su cara negra cabe entero un país. De todos los colores.
  
@lluevelove




domingo, 13 de septiembre de 2015

EN DEFENSA DE CAROLINA SABINO


Cuando digo que estoy con Carolina Sabino digo que estoy con cada mujer en este país que ha tenido que pasar por el tormento de abortar a escondidas (así es aquí) y que ha enfrentado riesgos entre la vida y la muerte(así es aquí) después de someterse al dilema de su vida bajo las circunstancias personales que la han llevaron a optar por esta decisión. Decidir un aborto no es lo mismo que preguntarse qué camisa usarás mañana. Esa decisión te acompaña en adelante y se asoma en tus sueños de improviso, o cuando miras un comercial de pañales en la tevé, o cuando escuchas una voz. O cuando escuchas un silencio. Aborto no es una palabra tranquila. Nunca.
Seré obvio: no deberíamos estar hablando siquiera de esto. El atentado que ha cometido la Fiscalía General de la Nación al filtrar esta historia privada a medios de comunicación es, a todas luces, una violación del derecho a la intimidad. Y en su cinismo exhiben con orgullo pruebas que no son admisibles en un caso —inexistente— porque la autorización para intervenir las comunicaciones de Andrés Sepúlveda tienen razón de ser en un caso específico que no es precisamente el tema de las conversaciones de la esposa de Sepúlveda con su hermana. ¿Alguien recuerda en que consiste el debido proceso? Parece que no. Señalo de paso que es absurdo, por decir lo menos, que se notifique primero a la prensa que a un imputado. Un micrófono de emisora no es lo que llaman vía legal. De vez en cuando estaría bien que los periodistas dijeran “no gracias” a ciertas fuentes que solo los usan para conveniencia propia. Si las cortinas son de humo es porque la casa está en llamas.
¿Creen que esta es la hora en la historia del país en que debe iniciarse la persecución del aborto? Entonces no ofrezcan condena solo a las mujeres, sume a los hombres que tienen que ver con cada embarazo interrumpido (nadie aún se ha embarazado solo) y no olvide en la sentencia a los farmaceutas, a los médicos, a las enfermeras, a los amigos que acompañan a sus amigas a pasar por este duro tránsito. Señor fiscal, no finja sorpresa, son decenas de miles de colombianos entonces a los que debe buscarle lugar en prisiones que aún no existen. Porque en las cárceles de hoy no caben siquiera los criminales de verdad.
Personas como el Fiscal General y el Procurador ídem deberían recordar que el libro sagrado de una nación democrática no es la Biblia, es la Constitución. Dejen en tierra la piedra que guardan en su puño cerrado: no hay justicia en lapidar a una mujer, no hay honor en apedrear la dignidad de nadie.
¿Sería igual todo esto si ella no fuera famosa? ¿Importa menos la intimidad de un ciudadano si se trata de una celebridad? ¿Alguno de estos diligentes funcionarios se detuvo a pensar en que están atentando contra un menor de edad? (si, Tomás, el hijo de Carolina) ¿Podría, señor Fiscal, contarnos los adelantos en casos tal vez menos importantes como La Escombrera en Medellín, por favor?
La Corte Constitucional ha autorizado la interrupción voluntaria del embarazo en tres casos: violación, malformación del feto y riesgos de la salud física y mental de la madre. Y de la salud mental estamos hablando al hablar hoy de lo que no deberíamos estar hablando. ¿El Estado colombiano forzará en adelante a procrear en contra de las decisiones que una mujer tome incluso, tantas veces, en acuerdo con el padre? Los derechos sexuales y reproductivos son justo eso: derechos.
El estado ha de velar por proteger los derechos de los ciudadanos, no por violentarlos.
Y nosotros, todos, esta tribuna constante que luce de juez, censor y verdugo desde el teclado de un teléfono o un computador en un foro o en una red social deberíamos, de cuando en cuando, dejar de practicar el escupitajo hacia los demás como deporte nacional. ¿Cuántos de los hombres que se entretienen señalando hoy a una mujer son los malos padres que no reconocen al hijo que concibieron? ¿Cuántos de ellos son la cuota alimentaria que tampoco se consignó este mes? ¿Cuántos dejaron sola a una mujer cuando ella dijo “estoy en embarazo”? Cobardes que no comprenden que embarazo se pronuncia en plural: estamos. Para decirlo en términos que a muchos entienden mejor: ¿cuántos ven la paja en el ojo ajeno y no notan la viga en el propio?
Conozco de cerca historias distintas de embarazos interrumpidos y puedo decir que ningún aborto se cuenta con una sonrisa en los labios. Duele contarlos, duele vivirlos. Una mujer que pasa por esta tribulación no necesita una amenaza de cárcel sino un abrazo. Un abrazo de verdad que sepa escuchar y comprender.

Mi abrazo está con ella.
Con tantas.
Con todas ellas.


@lluevelove


miércoles, 9 de septiembre de 2015

damos asco

...ahí está abandonado en la playa. en la playa de nuestra existencia. podría estar dormido en una cama pequeña, casi en una cuna. así se ve su cuerpo sobre la arena: como si apenas besara el sueño tres minutos antes de llegar allí ¿con qué habrá soñado Aylan Kurdi la noche antes de morir en esta pesadilla? sus padres le prometieron que irían a un lugar mejor que su propia casa ¿habrá pensado que después del mar vendrían las sonrisas? tal vez su hermanito Galip compartiría con él la bicicleta que pidió a su padre Abdullah de regalo para cuando llegaran a europa ¿entendería por qué huían los cuatro? la playa del fin del mundo para Aylan es la misma playa a la que un continente va de vacaciones a cantar mediterráneo.
la vida es naufragio y nosotros, todos, como especie, damos asco.
mirando la foto del niño de la playa no hay nadie que no muera un poco. más que insensible es inhumano el que pasa frente a esta imagen sin sentirse atravesado por el tamaño de la tragedia que revela.
vuelvo a escribir la vida en minúsculas con perdón de la editora elisa y el insistente autocorrector. solo mayúsculas para Abdullah el padre, para los 27 años de la madre Rehan, para los 5 años de su hermano Galib, para los tres años de Aylan. solo mayúsculas para quienes intentaron, con valor nacido de la desesperación, acariciar la orilla de la tranquilidad que les negaron en su país y en las embajadas en las que tramitaron en vano la posibilidad de un refugio.
la fotografía lograda por nilüfer demir es imborrable aunque cada ola dibuje un nuevo paisaje en la arena de aquella playa turca en bodrum. esa imagen plena de silenciosa dignidad nos grita en la cara cuánto cuesta la indiferencia, qué injusta es la insolaridad y nos hiere la consciencia. tan poderosa es esta imagen, que nos provoca vergüenza de nosotros mismos, que dos días después alemania y austria han abierto sus fronteras a miles de sirios que escaparon en tortuosa caminata. en la primera jornada siete mil gentes llegaron a suelo germano y mil doscientos más a territorio austríaco. son miles y serán más los que le deberán la vida a Aylan.
mientras tanto canadá, el mismo país que negó socorro y asilo a la familia Kurdi ofrece —ahora sí— recibir como refugiado a Abdullah, único sobreviviente. pero él ha preferido regresar a siria a quedarse a acompañar a sus muertos. tan fuerte como la foto del niño de la playa es la del hombre en el cementerio de los mártires en kobane dando sepultura a su esposa y dos hijos, todavía repitiendo con tristeza esta frase como letanía “mis hijos se escaparon de mis manos” recordando la oscura noche de zozobra y agua profunda en que con sus dos brazos intentó salvar a las tres personas de su famila y solo pudo rescatarse a sí mismo. y hoy se culpa por estar vivo tanto como porque ellos estén muertos.
frontera es una de las peores palabras que pudo concebir el hombre.
días antes de que el mundo conociera a Alyan más de setenta personas morían asfixiadas en el interior de un camión frigorífico abandonado en carreteras austriacas, huían de lo mismo que la familia Kurdi. ellos, igual que Abdullah, pagaron a un traficante con la esperanza de llegar a ver un cielo distinto. el traficante se quedó con el dinero y la tierra con los cuerpos. nadie vio fotos al interior del horror de aquel camión ni de los camiones idénticos con refugiados al borde de la muerte que han sido encontrados después en la misma ruta. el pudor del periodista que se pregunta ¿publicar o no publicar? se acaba cuando Alyan nos mira de costado con sus ojos cerrados.
hay días que la realidad y su espanto no pueden esconderse tras los párpados que no quieren mirar.
cuatro mil euros pagó el padre por la travesía a los traficantes de personas. el dinero lo consiguió con su hermana Tina Kurdi que logró enviarlo con dificultades desde canadá, donde está exiliada, con la esperanza de su llegada a la esquiva europa en playas griegas. pero no hay dinero que compre la certeza de huir a salvo de una guerra. menos aún si una barca inflable con sobrecupo y sin chalecos salvavidas es la única manera de escapar.
Abdallah no tiene casa a donde volver, en junio pasado una bomba lanzada por el estado islámico en su guerra contra los kurdos arrasó con su hogar. por eso buscaban llegar a grecia: para volver a empezar sus vidas sobre unas ruinas distintas.
una silueta triste camina derrotada en siria a esta hora de la historia de la humanidad; es un padre sin hijos, es un esposo sin esposa. vaya a donde vaya lo siguen tres fantasmas y lo última frase que dijo, que gritó, su pequeño Aylan en medio del mar a las tres de la madrugada de su último día con vida: “¡papá, no te mueras!”.
Abdallah no murió.
nosotros sí.










miércoles, 2 de septiembre de 2015

TINTA ROJA


Yo sé que los medios de comunicación son dueños de su agenda informativa, claro. Pero creo que Colombia es el único país en que los peores criminales salen de prisión y les organizan ronda de medios para que sean héroes de sus propias culpas ante la sociedad. Por supuesto que pienso en alias Popeye y alias el Alemán y ojalá —me digo— esa misma cobertura, micrófonos y amplificadores conviertan a sus víctimas en protagonistas. Hablo de la viuda célebre y el huérfano anónimo, hablo de los dolientes del magnicidio y de los deudos del ene ene, hablo de aquellos a los que la cámara no mira ni la radio pregunta, esas voces que no están en el titular de la prensa de mañana. Digo de los callados que son la historia pendiente por escuchar para permitir que este país tenga un futuro distinto. Por supuesto, yo solo soy uno más de los que están afuera y lejos del reflector que prefiere iluminar a alias Popeye y alias el Alemán. Hay días en que al periodismo le falta pudor.
El camino que suele convertir el oprobio en anécdota, la herida en chanza, la culpa en gloria está pavimentado por versiones que los criminales hacen sobre sí mismos, en los cuales —no podría ser de otra manera— ellos solo dejan ver el lado conveniente y convincente para que todas las circunstancias de existir hayan conspirado de forma única para justificar el monstruo que —también— han sido. Dale cinco minutos al Dr. Jekyll para que hable bien de Mr. Hyde.
Creo, por supuesto, que el relato del país necesita escribirse con todas las voces. Pero debería ser coral y no únicamente el canto del solista pistolero. Y dudo, me perdonan, cuando personas sin ningún compromiso de aportar por la convivencia de la nación les instalan el megáfono para que sean comentaristas, consultores, del mundo del crimen y sus dolores. Cuando en México se fuga alias el Chapo Guzmán y al día siguiente en Colombia alias Popeye dicta cátedra en medios de comunicación afirmando como si supiera cuánto valió, incluso, el túnel de escape del capo mexicano. ¿Es que ahora es contratista o interventor de obras civiles el otrora jefe de sicarios de Pablo Escobar?
Cuando la entrevista con alias el Alemán pasa por la frase “nosotros si le cortamos la cabeza pero no jugamos fútbol con ella”algo no funciona bien, no sólo en la psique del autor del horror que piensa que decapitar es un verbo que conjugan sus manos con solvencia en lo que él llama “trabajo” sino en el eco que tiene esa frase nefasta: es la naturalización de la barbarie que se presenta bien vestida, como el hombre que la pronuncia y que ha calculado esto de la misma forma que ensayó qué ropa ponerse en televisión y cuál tono de voz usar al hablar en radio.
Disculpen ustedes que, por un instante, mire yo al espejo de lo vivido pero no puedo dejar de recordar la presentación en sociedad que le hiciera años atrás la periodista Claudia Gurisatti al jefe paramilitar Carlos Castaño en una —para muchos— tristemente célebre entrevista en la que el hombre se presentó como un moderno Robin Hood que logró al termino de la charla índices de popularidad más propios de un galán de telenovela que de un combatiente al margen de la ley. No olvido esto porque al ver esta entrevista que parecía infomercial publiqué luego una crónica de los crímenes de ese autodefensor de la sociedad colombiana y el artículo en cuestión no fue del gusto del señor y el título “De Castaño a Oscuro” con que bauticé el escrito resultó siendo una descripción adelantada de lo que vendría después para mí con la primera amenaza que recibí ejerciendo el periodismo. Amenaza que vino del señor entrevistado por doña Claudia.
Punto y aparte.
Ahora está por salir de prisión alias el Iguano de quien se dice que dio orden de matar a 8133 personas, a quien se le atribuye la autoría de 28 masacres, el diseño y ejecución de hornos crematorios para desaparecer desaparecidos —en uno de los cuales él mismo arrojo 27 cuerpos, dice— y autor de más de dos mil homicidios por mano propia (¡por mano propia!) según dicen fuentes conocedoras de este caso. Alias el Iguano desarrolló ansiedad por matar, asunto anteriormente relatado. A esta hora no ha de faltar quien piense que este prontuario es equivalente a una lista de méritos y que es tiempo de pautar pronto entrevista exclusiva en prime time y luego coordinar ronda por radioemisoras y entrevistas para edición de domingo en los periódicos de tirada nacional.
Dejo algo claro: entiendo el sentido y la importancia de la justicia transicional, sé que hará posibles grandes cambios pero cuestiono el hecho de que los verdugos sean únicos protagonistas de esta historia en un país en el que ya no se enseña historia en los salones de clase. Por ese camino viene primero el libro y luego la telenovela. También consigno que no estoy hablando solamente de los convictos acogidos a sentencias dentro de procesos políticos, de hecho mencioné a alias Popeye que no tiene que ver con procesos de dejación de armas ni nada parecido. Hablo aquí de esta devoción por la nota roja que está muy lejos de producir un próximo A sangre fría como en el que Truman Capote instala un espejo para que toda una sociedad vea el retrato de cómo se ha desfigurado. Digo que, por este mismo caminito empedrado, veo que una vez ponga un pie en la calle alias la Bestia —conocido también por su apellido: Garavito— confeso autor del asesinato de 172 niños, vengan luego los micrófonos a hablar con él y terminen casi por pedir su concepto sobre la crianza de niños o los métodos de algún otro asesino en serie.
El periodismo no puede escribir la historia del dolor y horror de nuestros días con tinta humedecida en la sangre de las víctimas sin tenerlas en cuenta, sin hacerles siquiera una pregunta. El relato del país no es solo la versión extrajudicial de los verdugos. Colombia no es una palabra para escribir solo con tinta roja.
@lluevelove

DESPUÉS DE VER LA MUJER DEL ANIMAL

UNO Interior noche / Sala de cine Margarita García fue secuestrada por el primo de su cuñado. Raptada a ojos de tantos y con compli...