miércoles, 2 de septiembre de 2015

TINTA ROJA


Yo sé que los medios de comunicación son dueños de su agenda informativa, claro. Pero creo que Colombia es el único país en que los peores criminales salen de prisión y les organizan ronda de medios para que sean héroes de sus propias culpas ante la sociedad. Por supuesto que pienso en alias Popeye y alias el Alemán y ojalá —me digo— esa misma cobertura, micrófonos y amplificadores conviertan a sus víctimas en protagonistas. Hablo de la viuda célebre y el huérfano anónimo, hablo de los dolientes del magnicidio y de los deudos del ene ene, hablo de aquellos a los que la cámara no mira ni la radio pregunta, esas voces que no están en el titular de la prensa de mañana. Digo de los callados que son la historia pendiente por escuchar para permitir que este país tenga un futuro distinto. Por supuesto, yo solo soy uno más de los que están afuera y lejos del reflector que prefiere iluminar a alias Popeye y alias el Alemán. Hay días en que al periodismo le falta pudor.
El camino que suele convertir el oprobio en anécdota, la herida en chanza, la culpa en gloria está pavimentado por versiones que los criminales hacen sobre sí mismos, en los cuales —no podría ser de otra manera— ellos solo dejan ver el lado conveniente y convincente para que todas las circunstancias de existir hayan conspirado de forma única para justificar el monstruo que —también— han sido. Dale cinco minutos al Dr. Jekyll para que hable bien de Mr. Hyde.
Creo, por supuesto, que el relato del país necesita escribirse con todas las voces. Pero debería ser coral y no únicamente el canto del solista pistolero. Y dudo, me perdonan, cuando personas sin ningún compromiso de aportar por la convivencia de la nación les instalan el megáfono para que sean comentaristas, consultores, del mundo del crimen y sus dolores. Cuando en México se fuga alias el Chapo Guzmán y al día siguiente en Colombia alias Popeye dicta cátedra en medios de comunicación afirmando como si supiera cuánto valió, incluso, el túnel de escape del capo mexicano. ¿Es que ahora es contratista o interventor de obras civiles el otrora jefe de sicarios de Pablo Escobar?
Cuando la entrevista con alias el Alemán pasa por la frase “nosotros si le cortamos la cabeza pero no jugamos fútbol con ella”algo no funciona bien, no sólo en la psique del autor del horror que piensa que decapitar es un verbo que conjugan sus manos con solvencia en lo que él llama “trabajo” sino en el eco que tiene esa frase nefasta: es la naturalización de la barbarie que se presenta bien vestida, como el hombre que la pronuncia y que ha calculado esto de la misma forma que ensayó qué ropa ponerse en televisión y cuál tono de voz usar al hablar en radio.
Disculpen ustedes que, por un instante, mire yo al espejo de lo vivido pero no puedo dejar de recordar la presentación en sociedad que le hiciera años atrás la periodista Claudia Gurisatti al jefe paramilitar Carlos Castaño en una —para muchos— tristemente célebre entrevista en la que el hombre se presentó como un moderno Robin Hood que logró al termino de la charla índices de popularidad más propios de un galán de telenovela que de un combatiente al margen de la ley. No olvido esto porque al ver esta entrevista que parecía infomercial publiqué luego una crónica de los crímenes de ese autodefensor de la sociedad colombiana y el artículo en cuestión no fue del gusto del señor y el título “De Castaño a Oscuro” con que bauticé el escrito resultó siendo una descripción adelantada de lo que vendría después para mí con la primera amenaza que recibí ejerciendo el periodismo. Amenaza que vino del señor entrevistado por doña Claudia.
Punto y aparte.
Ahora está por salir de prisión alias el Iguano de quien se dice que dio orden de matar a 8133 personas, a quien se le atribuye la autoría de 28 masacres, el diseño y ejecución de hornos crematorios para desaparecer desaparecidos —en uno de los cuales él mismo arrojo 27 cuerpos, dice— y autor de más de dos mil homicidios por mano propia (¡por mano propia!) según dicen fuentes conocedoras de este caso. Alias el Iguano desarrolló ansiedad por matar, asunto anteriormente relatado. A esta hora no ha de faltar quien piense que este prontuario es equivalente a una lista de méritos y que es tiempo de pautar pronto entrevista exclusiva en prime time y luego coordinar ronda por radioemisoras y entrevistas para edición de domingo en los periódicos de tirada nacional.
Dejo algo claro: entiendo el sentido y la importancia de la justicia transicional, sé que hará posibles grandes cambios pero cuestiono el hecho de que los verdugos sean únicos protagonistas de esta historia en un país en el que ya no se enseña historia en los salones de clase. Por ese camino viene primero el libro y luego la telenovela. También consigno que no estoy hablando solamente de los convictos acogidos a sentencias dentro de procesos políticos, de hecho mencioné a alias Popeye que no tiene que ver con procesos de dejación de armas ni nada parecido. Hablo aquí de esta devoción por la nota roja que está muy lejos de producir un próximo A sangre fría como en el que Truman Capote instala un espejo para que toda una sociedad vea el retrato de cómo se ha desfigurado. Digo que, por este mismo caminito empedrado, veo que una vez ponga un pie en la calle alias la Bestia —conocido también por su apellido: Garavito— confeso autor del asesinato de 172 niños, vengan luego los micrófonos a hablar con él y terminen casi por pedir su concepto sobre la crianza de niños o los métodos de algún otro asesino en serie.
El periodismo no puede escribir la historia del dolor y horror de nuestros días con tinta humedecida en la sangre de las víctimas sin tenerlas en cuenta, sin hacerles siquiera una pregunta. El relato del país no es solo la versión extrajudicial de los verdugos. Colombia no es una palabra para escribir solo con tinta roja.
@lluevelove

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