viernes, 23 de octubre de 2015

DOS FOTOS, DOS FEDERICOS, DOS VOTOS

La historia empezó con una foto en que anunciaban su llave a la alcaldía y gobernación. Ellos se hacen un selfie. Una cámara ve la escena y deja constancia. Esta imagen comunica todo lo que quieren decir y no necesita más palabras que esas sonrisas. Twitter se encarga del resto. Fue en diciembre pasado y el golpe de opinión logró su efecto. Atractiva la imagen y el mensaje: dos personas que se conocen de años, con afinidades en sus propuestas y coincidencias en sus pensamientos se muestran como opción para Medellín y Antioquia.

Pasaron luego los días que más tarde fueron meses y el agite de todo eso que llaman campaña electoral dibujó un mapa en el que más nombres y trayectorias se pusieron a consideración del ciudadano, que no sólo es ciudadano sino elector, y cubrieron de pasacalles la vista al cielo y vallas de personas mirando al horizonte cubrieron el horizonte y los aspirantes a aspirar se multiplicaron como los panes pero nunca como los peces. En mitad de todo aquello muchos convirtieron la escena electoral en un eterno quién está con quién y cuál está contra cuál y presenciamos el eterno retorno del que nunca aparece para no ir a los debates y tuvimos entre nosotros a uno del que poco oímos su voz porque siempre su jefe habló por él, o a través de él, qué sé yo.

Los Federicos, el 21 de diciembre pasado


Corren ríos frente a nuestros ojos y corrientes subterráneas bajo nuestros pies.

Siempre habrá candidatos incapaces de articular una respuesta sin mentir y siempre habrá candidatos que dirán verdades incómodas y siempre habrá candidatos que además propondrán asuntos realizables e interesantes y habrá candidatos que prometerán lo que saben que no pueden cumplir y siempre habrá candidatos que dirán que la tierra empezó a girar cuando ellos abrieron los ojos y siempre habrá candidatos que reconocerán que tantas cosas se están haciendo bien desde hace días y que deben seguir.  Cuando hoy dices Medellín y Antioquia las mismas palabras ya no suenan igual porque tantas realidades han cambiado que ya hay un sendero que reclama no dar pasos atrás. Todos los candidatos miran el futuro, ofrecen el futuro, sueñan con el futuro. Pero todos, antes que eso, deben conquistar el presente.  

Hay días en que el presente se llama domingo. Y el futuro también.

Unos días antes del cierre de campañas se encontraron en la calle, caminando, una vez más. 17 de octubre era. Hablo de Federico y Federico, los mismos de la foto del año pasado cuando todo estaba por empezar. Venían con el cansancio de las horas de sol y barrio en la camisa, luego de repartir volantes y palabras, luego de ofrecer su oído para escuchar porque ninguno de los dos –confío en ellos- ofrece nada distinto a sus propuestas para convencer a los demás a la hora de votar.  Y Restrepo y Gutiérrez se abrazaron con alegría genuina, de esa que no se puede ensayar, de esa que guarda respeto y admiración a la vez. Hay, en ese abrazo, confianza en lo que cada uno sabe que el otro puede hacer.

Los Federicos, el 17 de octubre pasado

No escribo estas palabras para encender una hoguera. Sólo lo hago para declarar mi voto. Federico Restrepo es el gobernador que Antioquia merece y veo en Federico Gutiérrez la mejor opción para Medellín en los días que se avecinan. Quiero que su abrazo se repita al final de la tarde dominical porque ellos tienen conocimiento, corazón, capacidad y deseo para compartir una visión que le hará bien a la región y a la ciudad.

Aunque suene extraño, hay lunes que se esperan con ansías. El 26 de octubre, por ejemplo. Cuando los que hoy pelean pasionalmente por un candidato y escupen al que no piensa igual recuerdan que cambian los mandatarios pero los habitantes del pueblo somos los mismos. Y bajo el mismo cielo, sobre el mismo suelo, nos levantamos de la cama para salir a respirar el mismo aire compartido, a trabajar y a todo lo demás. Como siempre.

@lluevelove


domingo, 4 de octubre de 2015

LA LECCIÓN DE HUMANIDAD DE FITO PÁEZ

Somos gente que se quiebra. Estamos rotos. Somos pedazos de pedazos. Sobrevivimos en mitad de las astillas de lo que luego han de llamar biografía. La constante más fuerte en la vida es la fragilidad, lo sabes. Todo lo que puedas quebrar se rompe. Porque también hay personas que son su propio boicot personal. Y, por supuesto,  hay momentos en la vida en que de repente eres consciente de que no eres dueño de tu pulso ni de la frecuencia de tu respiración. Porque el boicot puede venir por mano ajena cuando algo, alguien, se lleva de improviso tu impulso vital y entonces luego eres apenas un recuerdo. Y, después, olvido.

Nada garantiza que mañana estés en el mismo lugar que hoy. Así son los días que vivimos. “Hoy tenemos, mañana no sabemos” reza un dicho en el pacífico nuestro que invita a la celebrar el instante, que es la única certeza.

En la televisión española una pareja acude a juicio acusados del asesinato de su hijo. El juez aún no ha dictado sentencia. Los televidentes si. La radio te cuenta de otra masacre en EE.UU. en la que el asesino múltiple compró sus armas en el supermercado antes de salir a matar a nueve personas y herir a veinte en la universidad pública más cercana. Los periódicos de todo el mundo hablan hoy del “error de inteligencia militar” por el que se ha bombardeado un hospital en Afganistán. Tres doctores de Médicos sin Fronteras mueren en la acción.  El mundo, lo ves, es un lugar a punto de explotar.

Pero las malas noticias no ocurren en la distancia de los medios de comunicación; a un clic o al pasar una página o al prender o apagar un aparato. La fatalidad puede acercarse a tu familia, a tus amigos que también son tu familia, a esa persona que te mira en el espejo con tu cara… nadie está a salvo, por eso es tan importante, de cuando en cuando, tomar sorbos de esperanza.

Y es entonces cuando el arte y la sensibilidad de un ser humano nos dan de beber.

Y es entonces cuando me encuentro con esta lección de humanidad y humildad de Fito Páez.

Vi este video aficionado que registra la visita del cantautor pocos días atrás al Centro de Integración Monteagudo, en el barrio Parque Patricio al sur de Buenos Aires. En algún punto de ese recital improvisado lloré -no es extraño, soy la hija de la lágrima- el asunto es este: el artista visita, alta entrada la noche, este hogar de acogida para personas en situación de calle que es como le dicen hoy a los indigentes. Se lee perfecto en la camiseta de un hombre esta frase: "La calle no es lugar para vivir". Una tela gigante la complementa "La calle no es lugar para vivir. Menos para morir. Basta de represión". Conversa, canta, comparte. Lejos del glamour en todo sentido, con un tecladito sobre una mesa apenas. Ha llevado el pianito de su hija Margarita y no contaba con que conseguirían sonido para amplificar el momento. La música de siempre suena distinto porque es otro el sentido de la interpretación sabiendo la clase de sobrevivientes que componen este público, las mismas letras pero no se oyen igual. Las canciones hablan de la vida de quien la escucha, no sólo de quien las escribió. Son momentos así los que le dan sentido a todo lo demás, pienso.


Fito canta para habitantes de calle en un refugio en Baires

Lo que testimonia este video en medio de la sencillez es la dignidad del encuentro entre personas que dejan en la puerta todo lo que los hace distintos para tener presente que estamos hechos de los mismos átomos de esperanza y necesidad de amor y cariño. No sabes quien está más emocionado porque todos son parte del mismo abrazo.  Días antes cantaba en un atestado Luna Park y dos días después en un estadio en Lima. Y puedes jurar que en el comedor de aquel albergue cantó con las mismas ganas y emoción que en cualquier escenario inmenso al momento de recibir uno más de tantos premios. Y no lo hizo posando para la gran prensa -que no estaba allí- ni para la autopromoción o vanidad en sus propias redes sociales –en las suyas no hay mención ni hubo aviso- sólo sucede porque Páez ve un reportaje sobre Horacio Ávila un hombre que vive en la calle y adelanta Proyecto7 por los derechos de los indigentes y funda, además, un programa de radio comunitaria que bautiza La voz de la Calle. Entonces Fito lo busca para conocerlo e ir al centro de integración y luego hacer lo que el video muestra bajo ese techo de paso. “¿Quién dijo que todo está perdido? Yo vengo a ofrecer mi corazón”, les dijo Fito que terminó con estas palabras “nadie puede y nadie debe vivir sin amor”.

Vendrá el que critique luego esto que escribo, aprovechando que criticar es gratis, y reclamará que Páez debió hacer más. Y le contesto que no sabemos qué más ha hecho por ellos y que conviene descansar del vicio de apedrear. Recuerdo que el mismo artista, en la cresta de su popularidad en 1993 organiza un concierto a beneficio de UNICEF llena el estadio de Vélez y dona más de un millón de dólares de aquel tiempo, y recién dos años atrás ante los embates de la naturaleza contra su Rosario natal propone un concierto solidario y dona el dinero producido por un disco exclusivamente vendido en línea. Dicen sus amigos que la generosidad es uno de sus rasgos más evidentes y contantes. Diré que generosidad y humanidad riman.     

Recuerdo a la cantaurora cubana Rita del Prado que cierta vez contaba que ante algún desastre natural en la isla acudían a ayudar a reconstruir lo caído y cada quien iba con lo que sabía hacer, así mientras los arquitectos y obreros levantaban de nuevo las casas o reconstruían carreteras, los artistas como ella se presentaban para cantar a los niños y acompañar con canciones las  duras jornadas de trabajo.

Traigo aquí las palabras del talentoso músico y productor Daniel Escobar que escribió estas líneas al ver el mismo video: “amigo artista: por encima del género, de su arte, de la afinación o de los equipos de última generación, lo que usted va a ver en este vídeo es lo que un artista debe ofrecer a su público. Un puñado de hombres y mujeres en situación de calle sanaron por un momento sus heridas y le dieron todo, todo el sentido a las letras de Rodolfo. Si su trabajo como artista logra dejar el mundo un tris mejor que como lo encontró, le ruego que olvide los premios y los estadios llenos. Su trabajo fue útil y puede marcharse tranquilo. Pero si al contrario, no le caben sus premios en casa, llenó estadios en todo el mundo, pero nadie recuerda con una sonrisa o un tris de esperanza lo que usted dijo, aún esta a tiempo de cambiar el mundo con una canción”.

No soy músico, no tengo conmigo una canción, pero sé que todos podemos hacer algo por los demás, juntos podemos ahuyentar algunos fantasmas que nos llevan a laberintos de frío y soledad.

Lo sé porque soy el bastón. Y también el ciego.

Tantas cosas suceden a un corazón de distancia.

@lluevelove



LA ÚLTIMA NOCHE EN LA TIERRA

La mañana después no habían cucarachas en el cuarto, ni kafkas en los espejos. Todas las canciones estaban escritas en una escala que s...