domingo, 29 de noviembre de 2015

NADIE SABE LO DE NADIE

La noche, esta noche, iluminada apenas por el azul eléctrico de televisores ajenos que se asoma por las ventanas de otras vidas. El tránsito mínimo de las calles en perfecto abandono se escucha como el vaivén del oleaje de un mar distante; ése efecto doppler que cruza por tus oídos es el eco del que lleva prisa por estar en otro lugar. Todos se han ido a dormir, aunque nunca sabrás cuántos son esos todos. Tampoco sabrás cuántos son los que están igual o más despiertos que tu. De niño te enseñaban que antes de irte a dormir debías estar en paz con Dios, luego creces y comprendes que es preferible estar en paz con tus demonios porque ellos son los que convertirán en pesadillas tus sueños y no te dejarán dormir.

Hay ventanas, de esas del televisor encendido, que dibujan adentro la silueta de los que duermen con dos cobijas distintas en la misma cama. Hay ventanas que guardan la historia de alguien sentado en la orilla de la cama mirando al piso de la misma manera que un suicida contempla la orilla del abismo. Hay ventanas de cuarto de bebé que despierta tres veces en la noche para recibir leche y calma. Afuera de los hospitales siempre hace frío en las madrugadas aunque la noche esté caliente. El himno de sala de urgencias es la voz de una sirena que no sabe nadar, es un grito de desconsuelo que siempre anuncia que algo está mal. Muchas de las estaciones de radio han decidido ahorrarse el sueldo de un locutor y lo han cambiado por un computador que pasa con la misma emoción la mejor canción que la peor cuña. Cuando la noche se convierte en madrugada tiene algo de automático en la entraña como ese semáforo que se queda colgado en colores que no cambian y a los que nadie les hace caso. Entonces encuentras en el dial la voz de un confesor sentimental que escucha penas de amor hoy y mañana historias de fantasmas. Si estás de suerte una canción de los Beatles puede ayudarte a llegar a mejor puerto porque no conviene quedarse mucho tiempo cerca de la radio a esta hora porque diciembre ha cambiado hasta el tono de los anuncios publicitarios. Y no olvides que aquí diciembre empieza casi dos meses antes que los calendarios lo señalen.

La noche, esta noche, todas las noches, llevan algo de paz imaginaria con ellas. Tal vez porque las malas noticias no se han despertado aún para anunciarse en el informativo de la mañana.

Hay un libro abierto al final de la noche y un lector entregado a una historia. Hay una de vaqueros en el canal que pasa películas clásicas y unos ojos esperando el final del duelo. Hay una madre con angustia por la incertidumbre de las cuentas por pagar y la certeza de tenerle que decir a sus hijos que su papá no va a regresar. Hay un silencio pesado como un juicio sobre los hombros del empresario que hace números en el techo a oscuras buscando que le den las cuentas para pagarle a los empleados esta quincena. Hay un mensaje de whatsapp iluminando la pantalla del teléfono sobre el nochero. Hay un sonido de los muebles que hablan en la sala de cualquier casa al retomar las formas perdidas durante el día por los culos que se sentaron ahí. Hay un poema de Ángel González en el que caben todas las noche, incluso esta, pero no tienes cerca ese libro.

Hay tantos sonidos adentro de lo que pensabas que era un paisaje callado. Una nevera que quiere ser grillo y lo logra. Un perro que súbitamente le ladra a la sombra de algo que no ves. La conversación lejana de aquel taxista con el portero que quiere confirmar una dirección. Otra vez no sabes quien vació el baño de no sabes dónde y los intestinos del edificio responden en concordancia a las tres de la madrugada. Y hay un momento, de golpe, que el silencio es solo silencio. Y aturde.

De noche todos los gatos son pardos.

Esas ventanas iluminadas por aquel azul van apagándose, dispares, a la orden de un botón que dice sleep. A esta altura de la madrugada algunos tal vez se hayan dormido antes que el televisor. Otros tantos no. Y despertarán luego con el cansancio del que no supo en qué momento comenzó el día de la noche que no terminó. Mira esas ventanas de la ciudad que vuelve a empezar y deshazte de tus prejuicios por un instante y procura no juzgar; nadie vive como tu crees, cien rumores sumados no constituyen necesariamente una verdad. Tuvo razón la mamá de la mamá de la mamá de tu mamá cuando dijo “nadie sabe lo de nadie”. 


@lluevelove



Fotografía de Noell Oszald



martes, 24 de noviembre de 2015

SUPERHÉROES (CON NOMBRE Y APELLIDO)

Los superhéroes son imperfectos. Su verdadera virtud está en que, igual que vos y yo, pueden fallar. Su verdadero superpoder es que, sin proponérselo a veces, nos invitan a soñar que este mundo puede ser un mejor lugar. O al menos un sitio que nos guste un poquito más. Los héroes caminan por ahí con las mismas obligaciones que los demás y visitan el baño como cualquiera. Seguro tienen mañanas en que se sienten inseguros y dudan sobre si podrán vencer el día. Y aún así salen de la cama al despertar. Ese es el primer acto heroico, de todos, en verdad.
Tengo un superhéroe personal: Ángel González se llama, está en el mismo cielo que Gabriel García Márquez. Hay gente así, que tiene la generosidad inmensa de compartir palabras en las que caben planetas enteros, posibilidades infinitas, universos paralelos. Y entre sus letras encuentras consejos que no les has pedido pero que necesitabas leer. Aunque ellos no están propiamente dando consejos. Un poema de Ángel González puededarle sentido a un día que considerabas perdido.
Una tarde de mayo conversé con el neurólogo Francisco Lopera, un superhéroe particular del que podrías suponer que su habilidad especial está en los conocimientos científicos con los que le va ganando la batalla al alzhéimer en su memorable investigación contra la enfermedad del olvido. Y sí, pero no. Su superpoder es la inmensa humanidad que lo habita: de alguna manera, en cada paciente que trata desde 1982 está buscando curar a su abuela que desapareció tras la niebla blanca del alzhéimer. Cuando habla de esto se rompe, llora, se deshace. En esa fragilidad está su fuerza: nunca un paciente suyo en sus investigaciones es visto como un número; siempre es una persona, una historia que importa.
He conocido de cerca a mujeres maravilla… hablaré de dos Teresitas —Gómez y Gaviria— una con su piano y otra con su voz dan vida a los ausentes y brindan compañía a los presentes. Entre las teclas blancas y negras en manos de Teresita Gómez todo compositor que interpreta vuelve a la vida. Cuando su música está en el aire respiras distinto. En ella toda la melancolía y toda la alegría. Existir es un verbo distinto en presencia de la Maestra.
Existencia, insistencia son palabras que riman cada día en Teresita Gaviria quien ha entregado su vida a reclamar el retorno de los desaparecidos. O al menos el regreso de la verdad y la respuesta a la pregunta ¿dónde están? Ella persiste, resiste, no desiste, acompaña. Ya supo del destino triste de su hijo Cristian Camilo pero sus búsquedas no terminaron ahí. Las Madres de la Candelaria abogan por un destino mejor para todos porque, como nadie, conocen el significado del perdón y reconciliación.
Haré una lista breve con algunos superhéroes con nombre y apellido que si otro fuera el caso poblarían mi devoto altar personal. Pensaré en José Antonio Suárez por sus minúsculos trazos y su mirada mayúscula a la hora de fijarme en detalles que paso por alto, invocaré a Lelia Guerriero y al ritmo de sus palabras ante el acoso de la página en blanco en que solo escribo silencios, enciendo velitas a Charly, Fito y Cerati santísima trinidad para que me den una canción ante la tempestad, ante el peligro me encomendaré a Lou Reed para que me cuide en el lado salvaje y le pediré fuerzas a Lucho Herrera cuando la cuesta de la vida luzca cada vez más empinada. Porque los superhéroes sirven también para eso: para darte confianza y ayudarte a caminar.
No están en revistas de Marvel o DC Comics los superhéroes de los que hablo yo. A veces cuentan algo sobre ellos en los diarios, muchas veces no. Sus gestas y sus gestos son reales y cotidianos. David Bowie siempre tuvo razón we can be heroes… al menos por un día. No llevan capa ni prometen eternidad, las suyas son moléculas que se cansan, como las de todos igual. Gente que es extraordinaria y ordinaria a la vez y que no por eso dejo de admirarles igual. Pueden ser contradictorios pero no por eso menos valiosos. Puedo a veces no estar de acuerdo con ellos pero eso no me ciega como para no ver que tienen algo por enseñar. Y tengo tanto por aprender.


martes, 3 de noviembre de 2015

JUANES ES (MUY) BUENA PERSONA



La agenda puede señalar siete países en diez días en Europa o un recorrido intenso por el interior de Argentina donde otros artistas de pergaminos parecidos no van. A esa agenda convenida con meses y meses de antelación busca cómo robarle horas y días porque le gusta llevar a sus hijos al colegio. Y lo hace más seguido de lo que alguno de sus fans pudiera suponer. Como un padre más.

Suma millas y millas de vuelo y matasellos en el pasaporte que repone con frecuencia por las páginas que agota y, aún así hoy después de tantos años y aeropuertos, todavía siente miedo a volar. El avión para él es un mal necesario.

Nunca deja de venir a Medellín. Sagrado es su compromiso -como el de todos sus hermanos- de acompañar el sueño de su hermana Luz Cecilia que lleva 21 años en coma. Y le habla y le toma la mano y le cuenta historias. En algún lugar de esos ojos cerrados, de ese sueño largo, ella habrá podido ver triunfar a su hermano con miles de personas que corean su nombre. A la hora de pensar si debía tener un nombre artístico (Aristizábal pudo ser, pero era muy largo y difícil de pronunciar en algunas geografías) decidió quedarse con el apócope de Juan Esteban que desde pequeño así le llaman en casa. Aunque de cuando en cuando tenga que explicarle a algún periodista que él no es una banda de hombres en la que todos se llaman Juan sino un hombre con nombre que suena en plural.

Esteban no le dice nadie. Algunos se quedan con el simple Juan.

La ausencia de su padre para él fue arrasadora. Cuando murió Javier Aristizábal Ekhymosis tenía un concierto en la plaza de toros La Macarena. No suspendieron el recital. Algo de ese dolor cantó en su voz aquella noche. Ya estaba decidido que lo suyo no sería el diseño industrial que estudiaba en la Bolivariana sino cumplir este sueño. Vinieron luego los días de dormir en la sala en casa de un amigo en Miami, de caminar calles inextinguibles en Los Angeles, los días de la precariedad y también del hambre en que compraba una hamburguesa de un dólar como ración del día. Por supuesto, en días difíciles quiso renunciar a todo y al otro lado del teléfono Alicia, su madre, le dijo que no debía rendirse.

Ya sabemos que no lo hizo.

Ya sabemos la historia de reconocimientos, premios Grammy, ventas millonarias, giras mundiales… y tanto más que vino después.

Compromiso es una palabra que hace parte de su vida. Su consciencia social no es pose, es postura ante la vida. Puedes rastrearlo en las letras de sus canciones desde los días del sonido fuerte de Ekhymosis, el pop rock posterior y luego en cada uno de sus trabajos como solista. Y no sólo canta lo que piensa sino que actúa en consecuencia: ustedes recordarán aquel inolvidable Paz son Fronteras en La Habana, en 2009, que se adelantó a lo que políticamente vino después y que hizo evidente que los cambios debían llegar para Cuba. Es justo reconocer que él pagó de su dinero gran parte de los costes de producción de ese mega evento que estadísticamente es el tercer concierto más grande de la historia: reunió un millón 150 mil personas. Pues bien, yo recuerdo un momento más modesto y también profundo: era 1999 cuando en el velódromo de Medellín organizamos en tiempo breve un concierto de varias bandas de la ciudad con Juanes al frente para recoger ayudas la semana después del terremoto del eje cafetero. Juan casi ni durmió, todo músico convocado dijo sí, la radio también y Ekhymosis tocó por primera vez acá su versión de Message in a bottle producida con The Police. Veinte toneladas de ayudas conseguimos aquella vez.

Su participación, desde entonces, en galas y conciertos solidarios es constante.

Cuando la Fundación Mi Sangre aún no tenía nombre ya tenía objetivo: “quiero trabajar para que un día haya paz en Colombia”, dijo. Y se fijó bien en los que nadie miraba: las víctimas de minas antipersona. Y por ahí empezó el trabajo que hoy es plataforma de educación, prevención, promoción y apoyo para niños y jóvenes que hacen parte de programas de acompañamiento sicosocial a través del arte y la lúdica creando entornos protectores de paz. Temas como el reclutamiento forzado, el trabajo infantil, consumo de sustancias psicoactivas, diferentes tipos de violencia y vulneración de derechos son el eje del impacto de la fundación que, en nueve años, ha trabajado en 35 municipios de siete departamentos acompañando a más de doce mil personas y sumando 68 mil participantes en su programa de Educación para la Paz. Decir que 81.212 personas se han beneficiado de las acciones de Fundación Mi Sangre no es sólo hablar de un gran número, sino tener presente que cada dígito es una vida, una biografía, una historia, que hoy es distinta gracias a la inspiración de un hombre que transmite a un hermoso grupo de gentes convencidas de que nuestro país merece mejores días.

Su interés lo llevó a ser gran lector de historia colombiana, análisis sobre el conflicto, legislaciones internacionales… no es ingenuo Juan Esteban, además suele estar bien informado. Aunque un manager anterior le insistió que no era conveniente “meterse en política” ha sido una voz pública en momentos decisivos de la historia reciente del país e incluso ha fijado su posición en tiempos electorales. Tal vez eso no sea conveniente, dirán algunos, pero es perfectamente consecuente consigo mismo.

En algún momento, no sé cuándo,  este mundo dejó de pedirle consejo a los científicos y de exigirle a los políticos lo que debería. A ese lugar, el de ser portavoces de distintas causas, llegaron artistas y celebridades. Juanes no le dio la espalda a esa obligación que no es su obligación. No por nada la revista Time lo nombró como una de las cien personas más influyentes del planeta.

Juanes es (muy) buena persona. Y, como todos, tiene sus días en que no quisiera salir de la cama. Como todos, tiene ratos de mal genio y silencio. Como todos, llora y no se siente bien y es inseguro y tiene temores. Defectos tiene, claro ¿quién no? Hay días en que incluso ha de ser pesado salir al mundo a ser Juanes cuando quisiera ser sólo Juan.  

Es entonces cuando sale rumbo al próximo aeropuerto a esperar el siguiente vuelo a perseguir el sol para encontrarse con una canción con la ilusión de que sea realidad que Luna, Paloma y Dante, sus hijos, hagan parte de la primera generación que, en décadas, viva una Colombia en paz.

@lluevelove



Canción escrita por Juanes a su madre Alicia. La única.


CERATI, GRACIAS POR VENIR

El mensaje de María del Rosario decía “¿Murió Cerati?” quise creer que era una de esas veces (otra vez) en que alguien mata con rumores...