martes, 3 de noviembre de 2015

JUANES ES (MUY) BUENA PERSONA



La agenda puede señalar siete países en diez días en Europa o un recorrido intenso por el interior de Argentina donde otros artistas de pergaminos parecidos no van. A esa agenda convenida con meses y meses de antelación busca cómo robarle horas y días porque le gusta llevar a sus hijos al colegio. Y lo hace más seguido de lo que alguno de sus fans pudiera suponer. Como un padre más.

Suma millas y millas de vuelo y matasellos en el pasaporte que repone con frecuencia por las páginas que agota y, aún así hoy después de tantos años y aeropuertos, todavía siente miedo a volar. El avión para él es un mal necesario.

Nunca deja de venir a Medellín. Sagrado es su compromiso -como el de todos sus hermanos- de acompañar el sueño de su hermana Luz Cecilia que lleva 21 años en coma. Y le habla y le toma la mano y le cuenta historias. En algún lugar de esos ojos cerrados, de ese sueño largo, ella habrá podido ver triunfar a su hermano con miles de personas que corean su nombre. A la hora de pensar si debía tener un nombre artístico (Aristizábal pudo ser, pero era muy largo y difícil de pronunciar en algunas geografías) decidió quedarse con el apócope de Juan Esteban que desde pequeño así le llaman en casa. Aunque de cuando en cuando tenga que explicarle a algún periodista que él no es una banda de hombres en la que todos se llaman Juan sino un hombre con nombre que suena en plural.

Esteban no le dice nadie. Algunos se quedan con el simple Juan.

La ausencia de su padre para él fue arrasadora. Cuando murió Javier Aristizábal Ekhymosis tenía un concierto en la plaza de toros La Macarena. No suspendieron el recital. Algo de ese dolor cantó en su voz aquella noche. Ya estaba decidido que lo suyo no sería el diseño industrial que estudiaba en la Bolivariana sino cumplir este sueño. Vinieron luego los días de dormir en la sala en casa de un amigo en Miami, de caminar calles inextinguibles en Los Angeles, los días de la precariedad y también del hambre en que compraba una hamburguesa de un dólar como ración del día. Por supuesto, en días difíciles quiso renunciar a todo y al otro lado del teléfono Alicia, su madre, le dijo que no debía rendirse.

Ya sabemos que no lo hizo.

Ya sabemos la historia de reconocimientos, premios Grammy, ventas millonarias, giras mundiales… y tanto más que vino después.

Compromiso es una palabra que hace parte de su vida. Su consciencia social no es pose, es postura ante la vida. Puedes rastrearlo en las letras de sus canciones desde los días del sonido fuerte de Ekhymosis, el pop rock posterior y luego en cada uno de sus trabajos como solista. Y no sólo canta lo que piensa sino que actúa en consecuencia: ustedes recordarán aquel inolvidable Paz son Fronteras en La Habana, en 2009, que se adelantó a lo que políticamente vino después y que hizo evidente que los cambios debían llegar para Cuba. Es justo reconocer que él pagó de su dinero gran parte de los costes de producción de ese mega evento que estadísticamente es el tercer concierto más grande de la historia: reunió un millón 150 mil personas. Pues bien, yo recuerdo un momento más modesto y también profundo: era 1999 cuando en el velódromo de Medellín organizamos en tiempo breve un concierto de varias bandas de la ciudad con Juanes al frente para recoger ayudas la semana después del terremoto del eje cafetero. Juan casi ni durmió, todo músico convocado dijo sí, la radio también y Ekhymosis tocó por primera vez acá su versión de Message in a bottle producida con The Police. Veinte toneladas de ayudas conseguimos aquella vez.

Su participación, desde entonces, en galas y conciertos solidarios es constante.

Cuando la Fundación Mi Sangre aún no tenía nombre ya tenía objetivo: “quiero trabajar para que un día haya paz en Colombia”, dijo. Y se fijó bien en los que nadie miraba: las víctimas de minas antipersona. Y por ahí empezó el trabajo que hoy es plataforma de educación, prevención, promoción y apoyo para niños y jóvenes que hacen parte de programas de acompañamiento sicosocial a través del arte y la lúdica creando entornos protectores de paz. Temas como el reclutamiento forzado, el trabajo infantil, consumo de sustancias psicoactivas, diferentes tipos de violencia y vulneración de derechos son el eje del impacto de la fundación que, en nueve años, ha trabajado en 35 municipios de siete departamentos acompañando a más de doce mil personas y sumando 68 mil participantes en su programa de Educación para la Paz. Decir que 81.212 personas se han beneficiado de las acciones de Fundación Mi Sangre no es sólo hablar de un gran número, sino tener presente que cada dígito es una vida, una biografía, una historia, que hoy es distinta gracias a la inspiración de un hombre que transmite a un hermoso grupo de gentes convencidas de que nuestro país merece mejores días.

Su interés lo llevó a ser gran lector de historia colombiana, análisis sobre el conflicto, legislaciones internacionales… no es ingenuo Juan Esteban, además suele estar bien informado. Aunque un manager anterior le insistió que no era conveniente “meterse en política” ha sido una voz pública en momentos decisivos de la historia reciente del país e incluso ha fijado su posición en tiempos electorales. Tal vez eso no sea conveniente, dirán algunos, pero es perfectamente consecuente consigo mismo.

En algún momento, no sé cuándo,  este mundo dejó de pedirle consejo a los científicos y de exigirle a los políticos lo que debería. A ese lugar, el de ser portavoces de distintas causas, llegaron artistas y celebridades. Juanes no le dio la espalda a esa obligación que no es su obligación. No por nada la revista Time lo nombró como una de las cien personas más influyentes del planeta.

Juanes es (muy) buena persona. Y, como todos, tiene sus días en que no quisiera salir de la cama. Como todos, tiene ratos de mal genio y silencio. Como todos, llora y no se siente bien y es inseguro y tiene temores. Defectos tiene, claro ¿quién no? Hay días en que incluso ha de ser pesado salir al mundo a ser Juanes cuando quisiera ser sólo Juan.  

Es entonces cuando sale rumbo al próximo aeropuerto a esperar el siguiente vuelo a perseguir el sol para encontrarse con una canción con la ilusión de que sea realidad que Luna, Paloma y Dante, sus hijos, hagan parte de la primera generación que, en décadas, viva una Colombia en paz.

@lluevelove



Canción escrita por Juanes a su madre Alicia. La única.


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