domingo, 13 de diciembre de 2015

LAS ÚLTIMAS PALABRAS

Mi única noción de futuro está en los trailers, en los adelantos de las películas de cine. Hacen que desees estar en ese momento del calendario para cuando las estrenen. Es la única pantalla que anuncia buenos augurios. Los noticieros, por el contrario, casi parecen decir que todo tiempo pasado fue mejor -aunque no lo haya sido- porque el presente para las noticias siempre es un precipicio parecido al fin del mundo. La condena del eterno presente es que no es eterno ni es presente. Los días que vivimos son tiempos en que la única certeza que llevas contigo es la incertidumbre.
 “Te llaman porvenir porque no vienes nunca”escribió el poeta español Ángel González. Cuánta razón guarda la matemática espiritual de sus versos…
 Te llaman porvenir
porque no vienes nunca.
Te llaman: porvenir,
y esperan que tú llegues
como un animal manso
a comer en su mano.
Pero tú permaneces
más allá de las horas,
agazapado no se sabe dónde.
…Mañana!
Y mañana será otro día tranquilo
un día como hoy, jueves o martes,
cualquier cosa y no eso
que esperamos aún, todavía, siempre.
Hay quien tiene un pedacito de confianza en el mañana: sabe bien cuál es el cajón en que guarda el papel de un boleto para ver a los rolinstón o ir al estéreo picnic o tiene un abono para el festival iberoamericano de teatro. Tiene, por certeza, el plan de llevar su cuerpo a ese lugar en aquel día y hora.
Hay quien tiene fe en la promesa de un viaje para el que ya compró tiquetes. Cree en el destino porque esa palabra está escrita en el pasaje para nombrar el lugar al que ha de llevarlo el avión del vuelo programado. Y también destino es el tiempo que aún no sucede pero que, supones, te espera en alguna parte. Dirás que todos esos datos son tu agenda. Diré que es una muestra de fe.
Un calendario siempre es una marca sobre lo invisible.
A veces fijar una fecha en el calendario no es suficiente para que el futuro aparezca tal como lo señalas por más entusiasmo y empeño que pongas en esa suma de número y mes y año. El 23 de marzo de 2016 a más tardar, prometió el gobierno nacional, debe firmarse el acuerdo de paz con el que concluye el proceso que se vive hoy en La Habana. Y aunque la fecha esté ahí no puedes decir que la tinta y las plumas ya están dispuestas y confirmadas al lado de aquel papel.
“Futuro” fue el título que, en buena hora, escogió Barba Jacob entre todas las palabras posibles para nombrar su más intenso poema autobiográfico. Versos que repasan la vida vivida y son una plegaria para antes del olvido. Versos que hoy son pasado definitivo. Memoria de un hombre que ya ha partido. Palabras que nos hablan desde el silencio, que es ese otro aire que compartimos.
Es muy delgada el alma de un almanaque deshojado. Es una ajada colección de papeles vencidos. Las estrellas lo saben: los fugaces somos nosotros, no ellas.
Siempre dijeron que podías escoger tu futuro. Mintieron. La palabra Después es todo un género de ficción. Siempre podrás dibujar un mapa pero no siempre podrás encontrar el tesoro. Y si hay algo que puedes escoger es tu pasado, porque tu decides qué es lo que quieres recordar. Nadie lleva en su espalada el peso consciente de cada minuto de su existencia, el equipaje de cada quien termina siendo la versión que, de sí mismo, tiene cada cual.Y hasta los asesinos encuentran un recuerdo que les ayuda a dormir en paz.
Hay quien ensaya las últimas palabras que podría pronunciar mientras tiene un resto de aire en los pulmones, como la actriz que ensaya su discurso para recibir el premio Oscar frente al espejo empañado, botella de shampoo en mano, luego de ducharse en la mañana. Y en el momento en que suceda –la muerte o el premio Óscar, da igual- no recordará jamás a pie juntillas lo que ensayó para el momento. Una promesa siempre es un intento por derrotar el azar. Y el azar es un jugador que conoce tus cartas y nunca enseña las suyas.
Tantos escritores han dicho esto con mejores y más o menos palabras: la patria es la infancia. Convengamos que esto es cierto. Entonces, al cabo de unos pocos años, todos somos exiliados. Y esa soledad del desterrado nos acompaña toda la vida.
Ya se asoma el futuro. Cuando el porvenir sea presente todo será pasado.



Fotografía de Noell Oszald

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