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Mostrando entradas de marzo, 2016

PERMÍTANME SER PESIMISTA

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Humano en vías de extinción, biodegradable. Acaso esas seis palabras justo con esa coma ahí, puedan describirme en este instante y en el instante que vendrá después. Permítanme ser pesimista. Por un momento. Permítanme ser pesimista. Es el minuto de las horas oscuras. No hablo del apagón que ya viene, que ya está aquí, que ya empezó. Hablo de lo que sientes al mirar por la ventana cuando descubres que esa bruma que cubre todo no está allí para que la describas en un poema sino para que te alarmes y alertes porque es aire contaminado que están respirando el recién nacido y tu madre y tu novio y tu profesor y el príncipe y el mendigo y aquellos niños en clase de educación física y todos en la ciudad y el chico que lleva domicilios en bicicleta acaba de escuchar que no es recomendable andar en bicicleta con el ambiente insalubre que se queda en los pulmones y pensar en hacer deporte antes de las diez de la mañana es casi un suicidio porque el veneno de nuestra existencia flota en partícu…

YO (TAMBIÉN) TRABAJÉ EN UN SUPERMERCADO

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El asunto es este: vas vestido de paisano, es decir: de ti mismo, y caminas entre los cuatro pasillos que el supermercado ha dispuesto para ubicar los juguetes en exhibición dispuestos a la venta. Estos son tus dominios. Debes caminar entre esos anaqueles tantas veces al día como sea necesario hasta que te hagas invisible y entonces puedas hacer tu trabajo. Has venido acá como custodio de la sacro santa mercancía que nadie puede llevarse sin pagar antes en la caja. Eres cazador de una especie en vías de reproducción que llaman escaperos. Los hay, como en todo, profesionales y aficionados. Pero la palabra que aprendí para definir lo que debía perseguir sin ser visto es Ladrón. Así, sin eufemismos. Yo era el agente encubierto que debía detectarlos y avisar a los uniformados que llevan radio en la cintura. Puedes escoger entre sentirte como Johnny Deep en 21 Jump Street o ser el tipo que cuenta los días que faltan para que llegue la quincena. La verdad, ningún trabajo que te haga pensar …

NI PASOS DEJO NI PASOS DOY

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Ni pasos dejo. Ni pasos doy. Eso entendía yo que decían en la misa de los domingos de mi infancia. Incluso encontraba cierta lógica en esas palabras: al fin y al cabo eran las de un hombre con los pies sujetados por un clavo a una cruz. ¿De qué pasos iba a hablar? La forma en que comprendía el mundo a los seis años estaba llena de frases mal oídas y una lógica ilógica que sólo entendía yo en los silencios que pronunciaba en aquellos días. Pensaba que el lugar en el que nació Jesucristo, para seguir con el tema, era el barrio al que iba el bus de la ruta 172, el bus de Belén. El letrero era grande y clarito con esas cinco letras. Por años pensé que la navidad del mundo había empezado en ese lugar de mi ciudad. En la niñez ni siquiera el peligro se llamaba así. La primera balacera en que estuve me quedé quieto mientras todos corrían a esconderse detrás de la primera puerta que encontraron abierta. En la calle se escuchaban los estallidos contra un carro en contravía y yo me quedé sentad…