lunes, 18 de abril de 2016

GENTE QUE (NOS) ABRE LOS OJOS



La suela de sus zapatos conoce más país que cualquier profesor de geografía, sus oídos han escuchado la historia que ningún historiador te narra, lo que la ciencia política teoriza con letras de molde sobre papel ellos lo viven y anotan en sus diarios de viaje a mano, han llegado tan adentro de Colombia adentro que han estado donde no ha llegado el Estado. No sólo hay que tener botas, morral y vocación: hay que tener mucho corazón para hacer lo que ellos hacen.

Hablo de Natalia Orozco, de Medellín, documentalista.
Hablo de Federico Ríos, de Manizales, foto reportero.

¿Cuántos países hay adentro de este país? Ellos pueden conocer el corazón de esa respuesta. Hay realidades que nunca llegarán a los titulares de la prensa de mañana pero son la cotidianidad con la que ellos se encuentran cada día. Y en esos hechos se traza el destino de una nación entera. La que muchos no quieren ver.

Vuelo tras vuelo, trocha tras trocha, trecho tras trecho, Federico y Natalia buscan por distintos caminos las claves del presente y futuro próximo de nuestro país, sin olvidar lo que ha pasado en el pasado reciente. Ellos invitan a la memoria donde otros exigen amnesia. Aquí, donde la vida y la muerte se han mirado a los ojos.

Federico pasa esta noche bajo el cielo de Putumayo, madruga a buscar camino a Tumaco, hace poco coordinó un encuentro con veinte fotógrafos de distintas latitudes en Amazonas, luego de adentrarse en la Antioquia que no conoce carriel ni alpargatas recibió noticias que le confirman que una fotografía suya es primera página del New York Times. En sus fotos un guerrillero, un militar, un campesino, un chico de barriada, un indígena no son indígena, militar, chico de barriada, campesino o guerrillero: son humanos, con dignidad identidad y biografía.

Natalia viaja desde Francia donde estuvo reunida con los coproductores de Cuando se silencien los fusiles, el documental en que se ha sumergido por algo más de dos años narrando el final del conflicto armado con las FARC después de París la cama que le espera es un chinchorro en cualquier lugar conocido con el genérico de “las montañas de Colombia” para seguir grabando antes de viajar a La Habana para hablar con ambos lados de la mesa de negociación con su cámara por testigo.

El periodismo que ejercen Natalia y Federico no conoce la comodidad de boletines de prensa, ni sabe de verdades dictadas por un dueño que manda a decir qué hay que callar. Orozco y Ríos conocen el alto precio de la palabra independencia, pero también su inmenso valor. Allí donde muchos ven reporteros de guerra yo veo corresponsales de paz, porque precisamente gentes como ellos nos ayudan a comprender, a comprendernos.

Detrás de cada foto de él, detrás de cada fotograma de ella, hay conversación y confianza sólo posible con sensibilidad, honestidad e inteligencia. Ellos saben escuchar con la verdad, por eso la verdad les habla.

Hay días en que miro alrededor y siento que estamos en un país de ciegos. Ha de ser por eso que es tan necesaria la gente que abre los ojos con dignidad en la mirada. Así son Natalia y Federico. Gente que nos abre los ojos.

@lluevelove


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