viernes, 29 de julio de 2016

EL FIN DEL MUNDO YA PASÓ



El fin del mundo ya pasó. Siempre es asíEl fin del mundo se llama Tristeza. Es el sueño postergado que no se cumple con despertar. Esta sonrisa aplazada. El fin del mundo está en la mirada de los deudos en una novena de difuntos y en esa ausencia que se sienta en la mesa mientras intentas comer sin apetito porque las noticias de tu vida te han hecho un nudo en la garganta.

He escuchado el fin del mundo en el silencio que queda como esquirla después del estallido de una ráfaga de odio y balas en una calle cualquiera de mi ciudad. He visto el fin del mundo en el sello bancario sobre papel oficial en el que niegan el préstamo al jubilado que entonces acude al pagadiario que le ha de robar en intereses los minutos que le quedan de vida y tranquilidad. He palpado el fin del mundo en el pulso interrumpido de los brazos de la hija que a sus pies ha visto morir a su papá. He reconocido el olor del fin del mundo en el perfume de la derrota que te ata los pies y no te deja levantar. El sabor de la sangre que alguna vez salpicó mis labios no se olvida ni las lágrimas del campesino que huye a la ciudad donde no sabe sembrar el futuro que le dará de comer. Con todos mis sentidos he sentido el fin del mundo llegar.   

Pasó el prometido veintiuno de diciembre de dosmildoce y -por supuesto- sólo se acabó un círculo del calendario maya, pasó el Y2K en la medianoche del nuevo siglo y los computadores siguen aquí, de tanto en tanto anuncian un nuevo fin del mundo, un apocalipsis de bolsillo que sirve para ocupar algunos centímetros en la prensa y minutos en las pantallas. Pasa. Pero no pasa el hábito que tienen luna y sol de volverse a asomar. Las grandes catástrofes quedaron ayer en las películas y en los noticieros que nos hablan de lugares lejanos, pero las pequeñas tragedias cercanas -que no son tan pequeñas si son cercanas- no las leerás en el periódico de mañana. No es fácil la tarea de inventarse otro fin del mundo cuando sientes que tu mundo está acabado.  

El fin del mundo es la historia de un inocente que pasa otra noche en la cárcel. El fin del mundo es la pólvora que estalla frente al niño: primero quemadura, luego amputación. El fin del mundo es la llamada con la que una amenaza se convierte en extorsión. El fin del mundo es el hambre de esa mujer que vive en el barrio que ves más alto en el estrato más bajo. El fin del mundo es esta conspiración de injusticias que es la inequidad. 

Todos somos sobrevivientes de nosotros mismos.
  
La tierra insiste en girar. El amanecer vuelve después de la peor oscuridad. Al fin del mundo, muchachos, no le ha llegado la hora de decir hoy fue el final. O digamos que sí, ya viste que tantas veces termina una vez más. Y entonces ¿qué vamos a hacer con este nuevo mundo que acaba de empezar? 



@lluevelove


lunes, 18 de julio de 2016

A UN CORAZÓN DE DISTANCIA




¿Cuántas ciudades hay adentro de una misma ciudad? Medellín es una palabra distinta según la voz que la pronuncia. Un sitio del que te sientes orgulloso y también del que te puedes avergonzar. Un lugar que amas con todo el odio del que sos capaz y un lugar que odias con todo el amor que puedes dar. Una misma calle es tantas calles a la vez: distinta para el tendero que ve la vida pasar frente al mostrador, distinta para el niño que la cruza cada día camino a estudiar, distinta para el que en la esquina dio su primer beso, distinta para el que ayer se tuvo que mudar, distinta para el que ha pasado toda su vida en la misma casa, distinta para el que nunca ha ido y le contaron historias sobre cómo es la vida por allá.

Esta ciudad ha sido mi hogar y caminar sus calles, de alguna manera, es lo que otros llamarían ir a la oficina. Es aquí donde aprendí a ser y contar.

Recuerdo que hace años salir a grabar era también salir a vencer prejuicios: una cámara no es un detector de crímenes aunque el periodista, tantas veces, sea un detective. Los niños nos veían llegar a su barrio y pensaban que algo malo había pasado porque la última vez que habían visto micrófonos cerca era porque el noticiero venían de la mano de la policía.  Ese fue el asunto que debíamos cambiar: demostrar que estábamos allí para escuchar la voz de la vida y no sólo las noticias de la muerte.

Una clase de geografía distinta a la que nos dictan las tragedias también se puede contar en televisión. Es necesario.

He conocido gentes que con sus manos hicieron un barrio. He conocido madres que cuidan como suyos los hijos de otros. He conocido maestros que enseñan más con el abrazo y el consejo que con su rastro en el tablero. He conocido también al que tiene todos los motivos para no levantarse de su cama y sale a la vida y sonríen. He conocido campeones mundiales de deportes que nadie nombra con el orgullo intacto. He conocido asombrosos bailarines a los que nadie les quita lo bailado. He conocido literatos que jamás han publicado una página y escritores que nos ponen un espejo frente a nosotros con sus libros. He conocido héroes armados de canciones empuñando un micrófono.

Caminar Medellín también es recorrer el borde de una herida. Caminar Medellín también es acariciar una cicatriz. La ciudad no es una isla y hace parte de este continente que hoy llamaré país. Los problemas de Colombia, todos, están aquí. Pero también la semilla para solucionarlos, estoy convencido. Y lo digo porque lo he visto incluso cuando la cámara se apaga y sigue la conversación en casa de alguien que me trata ya como parte de su familia.

Como cualquiera he sentido miedo. También he sentido confianza, como cualquiera.

Andar esta ciudad también es una aventura parecida a recorrer el lado oscuro de la luna. Incluso el paisaje es el mismo y el frío también. Es posible sentir que todo está por construirse en ciertas esquinas de este valle: lugares altos que tienen al frente una panorámica preciosa sucesión de edificios distantes como promesa de lo que nunca van a alcanzar. Las manos de ellos construyen muchos de esos sitios a los que nunca regresan. Estás aquí, cuentas una crónica, y sabes que este lugar está lleno de causas perdidas por ganar:  la primera es contra la inequidad. Así aprendí que la cámara debe estar a la altura de los ojos, ser la mirada del otro, para contar su historia con dignidad.

Las cámaras me llevaron a  mi y a los televidentes a lugares que jamás hubiéramos conocido si no hubiéramos estado juntos. Y puedo decir que esos lugares de mí no se han ido. Ése efecto tiene esta ciudad. Las puertas se fueron abriendo, igual las ventanas de casas modestas y salas privilegiadas, hasta las cocinas  han sido lugar de visita. Igual en pisos altos, estratos altos o barrios altos que en callejones bajos, estratos bajos y las necesidades básicas serán las mismas: necesitamos motivos para la alegría. Tiene razón aquel que dijo que la sonrisa es nuestro idioma universal.

En Planeación Municipal tienen un mapa con un número de barrios. Y tienen razón sus datos como la tienen las oficinas según la lógica y el reloj de las oficinas. Otro mapa tiene el que vive en un barrio que sin planeación de por medio y sin reloj ha visto levantar un barrio para decir dos días después “esto eran mangas”. Comprendí, cámara en mano, que vivimos adentro de un ser vivo y cada uno de nosotros es una célula de esta Medellín que respira como respiramos vos y yo.

Aquí siempre será posible el asombro: una biblioteca comunitaria adentro de la casa de un hombre que no puede salir de casa por una discapacidad pero que sale al mundo con cada libro que comparte, el restaurante comunitario de una mujer que no tenía nada en su nevera y decidió alimentar a los niños de los demás, la creatividad de las chicas que diseñaron cuadernos para zurdos, una cárcel que en un momento se la jugó entera por la noviolencia y lo lograron por largo tiempo, el arriendo de lavadoras a domicilio llevadas en moto, una urbanización con moneda propia, un barrio que después de existir veinte años se bautiza en votaciones hechas por televisión… es usual escuchar a los académicos decir que esta ciudad es un laboratorio cabe la pregunta ¿hemos sabido contar el experimento?

Medellín no es el cielo pero aquí he conocido a un coro de ángeles, de gente valiente, que nunca ha perdido la voz. Que pronuncian sus sueños en voz alta. Y con su trabajo lo hacen realidad. Para eso me ha servido una cámara: para ser su testigo. Porque delante de ella dicen Yo existo.

También pierdo mis letras para escribir un silencio por los que no están. Por las madres sin hijos. Por los hijos sin padres. Por los hermanos sin hermanos. Porque ése silencio se tiene que escuchar hasta aturdirnos y no olvidarlos. Una cámara en Medellín sirve y es necesaria también para que la ausencia pueda hablar.

Antes de ser periodista siempre seré ciudadano, urbanícola que aquí aprendió a caminar, las historias que aquí he vivido están en mi manera de hablar. Mi acento está pleno de rostros que cierro los ojos para verlos una vez más. Tantas cosas suceden a un corazón de distancia…




*Escrito para Telemedellín y publicado en revista m 
en diciembre de 2012




LA VIDA EN PALABRAS




“Para la mayoría de nosotros la verdadera vida es la que no llevamos”
-Oscar Wilde-


Respiras.
¿Sientes el aire habitándote?
Respiras.
¿Esto es estar vivo?

Cierras los ojos.
Lo primero que ves es tu último recuerdo.
La vida es memoria.
La vida son todas las palabras. Y también sus silencios.
Vivir es algo más que respirar, es obvio. De esto hablo.

La vida es libertad.

La Declaración de los derechos del hombre y el ciudadano, promulgada en Francia en 1789, enuncia en cada uno de sus 17 artículos la dignidad de la vida desde la primera palabra, cuando dice “Los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos. Las distinciones sociales sólo pueden fundarse en la utilidad común”.  Y es justo esto: la vida como posibilidad no como impedimento. La raíz de un árbol de la vida que da buena sombra y semilla.

La vida es política.

Sobre la vida todos los días se dice algo, por supuesto: se promulgan leyes, se pronuncian acuerdos, se definen reglas. Cada constitución del país que sea en cualquier idioma, de la misma forma que un reglamento de gran empresa o pequeña oficina no es más que el intento por encontrar un manual de uso de la vida, de la vida en común. Y entonces nos movemos por el mundo respirando el aire que esas palabras nos dan. La vida en sociedad está definida y se lleva a cabo dentro de los márgenes de esas palabras, aunque algunos caminen por el borde.

Estamos hechos de palabras. Pero no somos de papel.

¿Si digo agua ¿beberé? Si digo pan ¿comeré?” escribió Alejandra Pizarnik. Y en la suma de esas vocales y consonantes recreó el vacío, instaló un espejo y nos puso frente a frente con la existencia y la insistencia. Con el peso y contrapeso de la diferencia que hay entre vivir y sobrevivir.

El escritor Manuel Mejía Vallejo decía “uno se muere cuando lo olvidan” y en eso coincidía tal vez sin saberlo con indígenas del norte colombiano que tienen la firme creencia de que la gente muere tres veces: primero cuando el alma abandona el cuerpo, luego cuando el cuerpo es enterrado y por último cuando el muerto es olvidado.

La vida es duelo. Y también olvido.

Todos aman el olvido porque disipa lo malvivido. Ese es un secreto compartido. Así vivimos aquí, en Colombia que también es amnesialand, un país donde el recuerdo es una forma de tortura que no nos deja en paz. Si olvido escribir esto sé que no lo recordarás. Olvidamos que, en plena guerra, hay tierras en las que han sembrado más minas que semillas. Y esa cosecha es de tristeza, muletas, sillas de ruedas y futuros en astillas. Antioquia sigue a la cabeza en el país en número de víctimas que en un paso dado en mal momento se encontraron con una mina antipersona. Gentes que en la cama de hospital se repetían mil veces ¿esto es vida?

La vida es violencia.
Una ráfaga como un mal viento que desordena todos tus planes.

En los ojos de una niña he visto a Thelma & Louise; ella andaba buscando el precipicio perfecto. Pequeña princesa que jamás será la reina del baile. Huía de casa donde humeaban los restos de una guerra a la luz de las velas. Era domingo y dios, como es costumbre, había salido a descansar y no dejó a nadie a cargo... por eso no hubo respuesta a sus oraciones. Los vecinos la vieron caminar con su ropa de siempre y la tristeza acostumbrada que juntaba en sus lágrimas todas las lluvias del peor invierno. Yo vi llorar a un fantasma.

Quisiera encontrar el lugar donde el amor no se equivoca con su manera de poner palabras erradas en nuestra boca. Quisiera haber dicho justo lo que ella necesitaba escuchar pero estaba yo tan lejos como puede estarlo un desconocido: a un nombre y un corazón de distancia. Y nada te hace sentir tan impotente como prometer un futuro mejor a alguien que jamás volverás a ver.

La vida es incertidumbre pero insistimos en apoyarnos en algunas certezas para trazar un mapa que nos permita darle a esta ruta algún sentido.

La vida es diálogo.
Y también monólogo.

La vida, hay días, en que sólo puede escribirse en minúsculas. Así como esto que estoy por decirles a continuación.

el eco del último tren que ha partido ya no anuncia próxima estación. todavía entre nosotros se escucha el primer silencio después de la última canción. sabina & páez se abrazan mientras tanto porque algunas torres que caen pueden volver a levantarse. y en la pantalla del cine mientras los créditos bajan se queda en mí la sensación de que soy otro que es mejor que yo. un libro me espera en la mesa de noche dispuesto a estremecerme y quitarme el sueño justo cuando yo lo abría con la intención de dormir mejor. a veces afuera de nosotros mismos nos espera una conspiración.

las listas del periódico me hablan de los hombres del año. las listas de las revistas me enumeran los nombres del año. los leo y sólo encuentro al hombre y sus daños, aunque algunas excepciones habitan esos listados y sonrío de la misma manera que lo hago al encontrar un árbol desobediente floreciendo en pleno invierno. por estos días resulta muy importante que alguien te recuerde que eres importante, que te den un like. por estos días el objeto que más se vende en todas las tiendas es el espejo retrovisor: cada quien quiere mirar atrás sin convertirse en estatua de sal.

las habitaciones de hotel están llenas de vacío... los visitantes han salido a pasear su sensación de estar lejos de casa. jorge drexler canta sobre planes hechos espuma, tú tan a tiempo y tan inoportuna. me encuentro en la estación de tren con personas que llevan en el rostro la obligación de ser felices que se desvanece cuando nos dicen que ya partió el último vagón. y a esta hora de la noche, escuchar ese aviso es la peor canción.

La vida es respeto.
La vida es aprender.
La vida permite que la mires por la ventana.

Un chico aprende a montar en bicicleta en este momento. La calle es tan interminable y misteriosa para él como puede serlo un mapa del tesoro para un viajero en su primera aventura. El chico pedalea con temor e incertidumbre pero con la misma devoción de una monja el día de su santo. Con esa fe devora los metros que lo llevan desde la puerta de su casa hasta la esquina más próxima; donde termina la cuadra y empieza el mundo. Luego sus piernas le demuestran la confianza que nunca pensó que alcanzaría frente al tablero en clase de matemáticas el día que tenía la respuesta exacta a la pregunta que nadie intentó siquiera adivinar. Y con esa porción de orgullo propio se siente el piloto de su propia vida y la bicicleta es suficiente reino para ser príncipe por lo menos por este momento y dos ruedas lo elevan del suelo al cielo con un sillín de por medio. Se siente capaz de desafiar la furia de dios cuando el impulso es suficiente.

Un chico aprende a montar en bicicleta en este momento. Avanza como lo hacen las malas noticias, veloz y azarosamente, pero su motor es esperanza en estado puro. El chico, que monta a solas la bicicleta por primera vez, cae solo de bruces al asfalto por primera vez con la torpeza que suele esconderse en nuestros más finos movimientos. Le tiemblan las piernas, los brazos, lo único que acelera es su corazón mientras la bicicleta está detenida y sus ojos buscan que nadie lo haya visto tropezar. En la vida cuando das un mal paso y caes siempre sobra un zapato. Recoge todo del piso mientras se levanta con señas de la caída pero no le arde tanto como para no volver a intentarlo y empieza de nuevo a usar el pequeño muro del frente de su casa como si fuera escalera al cielo. El chico se promete que esta vez si será. Y con cada pedalazo su herida empieza a sanar.

Un chico aprende a montar en bicicleta en este momento. Primero un pie, el cuerpo entero después y ahí va otra vez. Seguro volverá a caer pero no le importa, siempre se levanta con la sonrisa intacta. Yo lo miro desde mi ventana. Y aprendo. Y aprendo.

Estamos hechos de historias.
La vida –como repetía Gabriel García Márquez- hay que vivirla para contarla.

En este momento hay gente haciendo fila para entrar a cine, hablan sobre la película que no han visto y rezan secretamente por un buen final. Hay gente en la cola del banco esperando que la ventanilla abra para reclamar el cheque frágil de lo que llaman pensión, hablan sobre lo que han vivido; el tiempo en que existía aquello de levantarse en la mañana para ir al trabajo y al final del día ningún calendario les dijo que esta fila de jubilados sería el final de sus días. En este momento alguien conoce la piel de alguien y descubre que siempre había confundido el sexo con el amor pero a partir de este momento ha reconocido la diferencia. En este momento hay gente con prisa por llegar a un lugar donde las horas correrán más lentas hasta que den las seis. Hay gente que se toma su tiempo para vestirse bien porque sabe que va de afán. En este momento el rostro de la soledad de alguno sólo es visto por el espejo de su propia soledad… justo ahora alguien decide que nunca más reprimirá sus ganas de llorar. A esta misma hora un payaso pierde su risa fingida mientras gana la sonrisa de verdad porque ha visto llorar a su primer hijo recién nacido. Hay gente en este momento mirando a gente que no se quiere dejar ver. Alguien en televisión reza por la salvación de todos mientras le pide a los televidentes una consignación en nombre de Dios. A alguien le acaban de romper el corazón por mail y sale a tomar un taxi. A esta hora alguien escribe un poema que nadie leerá jamás porque después del punto final lo espera la tecla que dice “borrar”.

La vida es poner en acción todos los verbos que descansan en infinitivo.

Y en esa conjugación es posible decir incluso que la vida es felicidad, claro, porque siempre te da un motivo para la sonrisa.

 La vida es paz. O al menos su búsqueda. Y, por eso mismo, la vida es esperanza.







domingo, 10 de julio de 2016

TRES COMENTARIOS


Otro quirófano que sólo es una camilla y tres cosas más, otra operación que no era de vida o muerte que termina en muerte. Otra mujer traicionada por la promesa de belleza que ofrece un bisturí que, tal vez, pudo no necesitar jamás. Otra vez la historia de un lugar que luego aparece en páginas de prensa con algún eufemismo que evita llamar a doctores y establecimientos por su nombre. Otra vez otra víctima de la que sólo puede decirse una certeza: no será la última.

La cirugía estética como nuevo problema de salud pública.
Por ahí va el rastro que la sangre deja.

*

Diez mil personas, dicen las cifras oficiales. Treinta mil personas, dicen otras cuentas. En fin, miles y miles cruzaron dos puentes como si fuera la primera vez que sus pasos los recorren. Así fue su alegría. Los puentes siempre han estado ahí para ellos, los puentes unen, pero ahora separan tanto como un viejo muro en Berlín. Irónicamente los puentes se llaman Francisco de Paula Santander y Simón Bolívar, nombres que hablan de libertad para una frontera cerrada unilateralmente. Es domingo y la han abierto del lado de allá, les han permitido cruzar a sus ciudadanos para comprar alimentos y medicinas que ya no se encuentran en el país de los estantes vacíos. Las bolsas llenas con que se despidieron los vecinos camino a casa son el reflejo de un día extraordinario que deja en evidencia lo cotidiano: hambre. Ésa es la palabra que no se puede ocultar.

Conviene recordar que el hambre no conoce frontera.

*

Los ojos del mundo los miran. Los ojos del mundo tienen forma de cámara -de celular, de televisión, de transmisión satélite y on line- y cada gesto suyo es seguido por millones y millones que los vemos desde la comodidad que nos ofrece un televisor. No hay intimidad bajo el reflector, no puedes esconder siquiera tus gestos de dolor.

Contador se baja de la bicicleta. Ronaldo se ha sentado en la grama.

Siempre me conmoverán las lágrimas del atleta que renuncia a la meta -justo frente a la gloria por la que ha luchado cada día, durante años- vencido por su propio cuerpo.


@lluevelove





CERATI, GRACIAS POR VENIR

El mensaje de María del Rosario decía “¿Murió Cerati?” quise creer que era una de esas veces (otra vez) en que alguien mata con rumores...