lunes, 18 de julio de 2016

LA VIDA EN PALABRAS




“Para la mayoría de nosotros la verdadera vida es la que no llevamos”
-Oscar Wilde-


Respiras.
¿Sientes el aire habitándote?
Respiras.
¿Esto es estar vivo?

Cierras los ojos.
Lo primero que ves es tu último recuerdo.
La vida es memoria.
La vida son todas las palabras. Y también sus silencios.
Vivir es algo más que respirar, es obvio. De esto hablo.

La vida es libertad.

La Declaración de los derechos del hombre y el ciudadano, promulgada en Francia en 1789, enuncia en cada uno de sus 17 artículos la dignidad de la vida desde la primera palabra, cuando dice “Los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos. Las distinciones sociales sólo pueden fundarse en la utilidad común”.  Y es justo esto: la vida como posibilidad no como impedimento. La raíz de un árbol de la vida que da buena sombra y semilla.

La vida es política.

Sobre la vida todos los días se dice algo, por supuesto: se promulgan leyes, se pronuncian acuerdos, se definen reglas. Cada constitución del país que sea en cualquier idioma, de la misma forma que un reglamento de gran empresa o pequeña oficina no es más que el intento por encontrar un manual de uso de la vida, de la vida en común. Y entonces nos movemos por el mundo respirando el aire que esas palabras nos dan. La vida en sociedad está definida y se lleva a cabo dentro de los márgenes de esas palabras, aunque algunos caminen por el borde.

Estamos hechos de palabras. Pero no somos de papel.

¿Si digo agua ¿beberé? Si digo pan ¿comeré?” escribió Alejandra Pizarnik. Y en la suma de esas vocales y consonantes recreó el vacío, instaló un espejo y nos puso frente a frente con la existencia y la insistencia. Con el peso y contrapeso de la diferencia que hay entre vivir y sobrevivir.

El escritor Manuel Mejía Vallejo decía “uno se muere cuando lo olvidan” y en eso coincidía tal vez sin saberlo con indígenas del norte colombiano que tienen la firme creencia de que la gente muere tres veces: primero cuando el alma abandona el cuerpo, luego cuando el cuerpo es enterrado y por último cuando el muerto es olvidado.

La vida es duelo. Y también olvido.

Todos aman el olvido porque disipa lo malvivido. Ese es un secreto compartido. Así vivimos aquí, en Colombia que también es amnesialand, un país donde el recuerdo es una forma de tortura que no nos deja en paz. Si olvido escribir esto sé que no lo recordarás. Olvidamos que, en plena guerra, hay tierras en las que han sembrado más minas que semillas. Y esa cosecha es de tristeza, muletas, sillas de ruedas y futuros en astillas. Antioquia sigue a la cabeza en el país en número de víctimas que en un paso dado en mal momento se encontraron con una mina antipersona. Gentes que en la cama de hospital se repetían mil veces ¿esto es vida?

La vida es violencia.
Una ráfaga como un mal viento que desordena todos tus planes.

En los ojos de una niña he visto a Thelma & Louise; ella andaba buscando el precipicio perfecto. Pequeña princesa que jamás será la reina del baile. Huía de casa donde humeaban los restos de una guerra a la luz de las velas. Era domingo y dios, como es costumbre, había salido a descansar y no dejó a nadie a cargo... por eso no hubo respuesta a sus oraciones. Los vecinos la vieron caminar con su ropa de siempre y la tristeza acostumbrada que juntaba en sus lágrimas todas las lluvias del peor invierno. Yo vi llorar a un fantasma.

Quisiera encontrar el lugar donde el amor no se equivoca con su manera de poner palabras erradas en nuestra boca. Quisiera haber dicho justo lo que ella necesitaba escuchar pero estaba yo tan lejos como puede estarlo un desconocido: a un nombre y un corazón de distancia. Y nada te hace sentir tan impotente como prometer un futuro mejor a alguien que jamás volverás a ver.

La vida es incertidumbre pero insistimos en apoyarnos en algunas certezas para trazar un mapa que nos permita darle a esta ruta algún sentido.

La vida es diálogo.
Y también monólogo.

La vida, hay días, en que sólo puede escribirse en minúsculas. Así como esto que estoy por decirles a continuación.

el eco del último tren que ha partido ya no anuncia próxima estación. todavía entre nosotros se escucha el primer silencio después de la última canción. sabina & páez se abrazan mientras tanto porque algunas torres que caen pueden volver a levantarse. y en la pantalla del cine mientras los créditos bajan se queda en mí la sensación de que soy otro que es mejor que yo. un libro me espera en la mesa de noche dispuesto a estremecerme y quitarme el sueño justo cuando yo lo abría con la intención de dormir mejor. a veces afuera de nosotros mismos nos espera una conspiración.

las listas del periódico me hablan de los hombres del año. las listas de las revistas me enumeran los nombres del año. los leo y sólo encuentro al hombre y sus daños, aunque algunas excepciones habitan esos listados y sonrío de la misma manera que lo hago al encontrar un árbol desobediente floreciendo en pleno invierno. por estos días resulta muy importante que alguien te recuerde que eres importante, que te den un like. por estos días el objeto que más se vende en todas las tiendas es el espejo retrovisor: cada quien quiere mirar atrás sin convertirse en estatua de sal.

las habitaciones de hotel están llenas de vacío... los visitantes han salido a pasear su sensación de estar lejos de casa. jorge drexler canta sobre planes hechos espuma, tú tan a tiempo y tan inoportuna. me encuentro en la estación de tren con personas que llevan en el rostro la obligación de ser felices que se desvanece cuando nos dicen que ya partió el último vagón. y a esta hora de la noche, escuchar ese aviso es la peor canción.

La vida es respeto.
La vida es aprender.
La vida permite que la mires por la ventana.

Un chico aprende a montar en bicicleta en este momento. La calle es tan interminable y misteriosa para él como puede serlo un mapa del tesoro para un viajero en su primera aventura. El chico pedalea con temor e incertidumbre pero con la misma devoción de una monja el día de su santo. Con esa fe devora los metros que lo llevan desde la puerta de su casa hasta la esquina más próxima; donde termina la cuadra y empieza el mundo. Luego sus piernas le demuestran la confianza que nunca pensó que alcanzaría frente al tablero en clase de matemáticas el día que tenía la respuesta exacta a la pregunta que nadie intentó siquiera adivinar. Y con esa porción de orgullo propio se siente el piloto de su propia vida y la bicicleta es suficiente reino para ser príncipe por lo menos por este momento y dos ruedas lo elevan del suelo al cielo con un sillín de por medio. Se siente capaz de desafiar la furia de dios cuando el impulso es suficiente.

Un chico aprende a montar en bicicleta en este momento. Avanza como lo hacen las malas noticias, veloz y azarosamente, pero su motor es esperanza en estado puro. El chico, que monta a solas la bicicleta por primera vez, cae solo de bruces al asfalto por primera vez con la torpeza que suele esconderse en nuestros más finos movimientos. Le tiemblan las piernas, los brazos, lo único que acelera es su corazón mientras la bicicleta está detenida y sus ojos buscan que nadie lo haya visto tropezar. En la vida cuando das un mal paso y caes siempre sobra un zapato. Recoge todo del piso mientras se levanta con señas de la caída pero no le arde tanto como para no volver a intentarlo y empieza de nuevo a usar el pequeño muro del frente de su casa como si fuera escalera al cielo. El chico se promete que esta vez si será. Y con cada pedalazo su herida empieza a sanar.

Un chico aprende a montar en bicicleta en este momento. Primero un pie, el cuerpo entero después y ahí va otra vez. Seguro volverá a caer pero no le importa, siempre se levanta con la sonrisa intacta. Yo lo miro desde mi ventana. Y aprendo. Y aprendo.

Estamos hechos de historias.
La vida –como repetía Gabriel García Márquez- hay que vivirla para contarla.

En este momento hay gente haciendo fila para entrar a cine, hablan sobre la película que no han visto y rezan secretamente por un buen final. Hay gente en la cola del banco esperando que la ventanilla abra para reclamar el cheque frágil de lo que llaman pensión, hablan sobre lo que han vivido; el tiempo en que existía aquello de levantarse en la mañana para ir al trabajo y al final del día ningún calendario les dijo que esta fila de jubilados sería el final de sus días. En este momento alguien conoce la piel de alguien y descubre que siempre había confundido el sexo con el amor pero a partir de este momento ha reconocido la diferencia. En este momento hay gente con prisa por llegar a un lugar donde las horas correrán más lentas hasta que den las seis. Hay gente que se toma su tiempo para vestirse bien porque sabe que va de afán. En este momento el rostro de la soledad de alguno sólo es visto por el espejo de su propia soledad… justo ahora alguien decide que nunca más reprimirá sus ganas de llorar. A esta misma hora un payaso pierde su risa fingida mientras gana la sonrisa de verdad porque ha visto llorar a su primer hijo recién nacido. Hay gente en este momento mirando a gente que no se quiere dejar ver. Alguien en televisión reza por la salvación de todos mientras le pide a los televidentes una consignación en nombre de Dios. A alguien le acaban de romper el corazón por mail y sale a tomar un taxi. A esta hora alguien escribe un poema que nadie leerá jamás porque después del punto final lo espera la tecla que dice “borrar”.

La vida es poner en acción todos los verbos que descansan en infinitivo.

Y en esa conjugación es posible decir incluso que la vida es felicidad, claro, porque siempre te da un motivo para la sonrisa.

 La vida es paz. O al menos su búsqueda. Y, por eso mismo, la vida es esperanza.







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