sábado, 18 de febrero de 2017

TODAS ESTAS COSAS QUE ESTÁN SUCEDIENDO FRENTE A TI




Baja el volumen de las guerras que se agitan afuera. Lo que escuchas luego no es un silencio tranquilizante sino el murmullo que se escondía detrás de la detonación, la ráfaga y el estallido. Lo que escuchas ahora es la confirmación de todos tus temores: si las cortinas son de humo, la casa está en llamas. Y es tarde para abrir las ventanas.

Ahora que los titulares no citan un ataque, un combate, una toma. Ahora que los titulares destacan algo que habían dejado para después, las miradas empiezan a ver lo que tantos han querido ocultar: esas formas de violencia acaso más agresivas y profundas que logran, con una firma y tinta sobre un contrato, desangrar y hacer más daños con una pluma cara que  miles de cartuchos de balas de distinto calibre. No es sólo que la guerra sea rentable para tantos, que ya es sabido, sino que por motivos distintos además es conveniente para los que esconden sus intenciones detrás de las trincheras que han levantado con cuerpos de muertos ajenos.

Algo huele mal, puedes sentirlo cuando se disipa el aroma penetrante de la pólvora que ya no está. La letra pequeña de legislaciones que benefician a pocos o eximen a los que pagaron los lobbies más altos, los nombres de líderes sociales que mueren de manera violenta y selectiva ahora son difíciles de esconder como casos aislados detrás de las cifras de asesinatos que han rebajado, tantas obras construidas en papeles pero nunca en realidad dejan ver la sombra de su ausencia… puedes hacer más larga la lista porque los motivos para el estremecimiento se suceden uno a uno en crescendo. El país de las promesas incumplidas ya no camina a tientas aturdido por el coro disonante de la guerra encendida.


Algún consejero político o empresarial dirá a su aconsejado que hay que apurar pan y circo para evitar que despierte la consciencia somnolienta del país de las promesas incumplidas. Pero ya despertó. Y cada vez hay menos pan.

sábado, 11 de febrero de 2017

NUESTRA MEJOR VERDAD




La culpa no es de nosotros, es de los otros. Si alguien tiene una responsabilidad son los demás. Olvidamos ver que el dedo acusador hace parte de una mano en que varios dedos más están apuntando en dirección contraria. La culpa es del presidente, dicen, de los congresistas, aseguran, de todos los políticos, enfatizan -no importa el país, da igual- pero quedan por fuera los que votan por ellos y los que ayudan a elegirlos dejando de votar. Todos somos mejores personas ante el espejo de la soledad porque siempre hay atributos nuestros que todavía no conocen los que nos miran sin piedad.  Cada uno tiene la clave para que este mundo sea un lugar mejor, sólo falta que otro, uno que tenga poder escuche nuestras geniales ideas y las ponga en práctica porque sabemos que si es a nuestra imagen y semejanza todo mejorará. Ay, semejante imagen. Ay, semejante semejanza. Qué ágiles son nuestros movimientos de cintura a la hora de esquivar, bailamos la danza del conmigo-no-es sin perder el compás. Nuestra mejor verdad es que necesitamos escuchar esa voz que nos diga “esto también pasará” para ahuyentar la tormenta portátil que cada quien lleva a donde va, ésa lluvia que nos moja con agua de lágrimas con nuestra sal. Todos los males del mundo, de tu mundo, tienen causa aunque tu lo llames azar. Pero es más fácil, a la hora de buscar culpables, encontrarlos en los demás. Todos los mapas nos conducen afuera, ésa es otra verdad. Sólo sabemos ser héroes o víctimas, es la realidad. Tal vez es que fuimos educados así (¿sí ves? no es tu culpa, una vez más). Los victimarios siempre serán los demás.

martes, 7 de febrero de 2017

LA TORPEZA ENCUENTRA MIL MANERAS DE ENREDARSE ENTRE MIS DEDOS



¿Recuerdas el color del que estaban hechos tus sueños? ¿Recuerdas el olor que te devolvía a la infancia? ¿Recuerdas las promesas que te habías prometido no olvidar? ¿Recuerdas cuando aún tenías sueños? Todo es una nube confusa, blanca-a-veces-negra-a-veces, te sumerges en ella como un buzo con poco aire en el tanque que no ha tenido noticias de su medidor de oxígeno desde que su mano besó al agua. Te has ido tan abajo, tan profundo, que la luz de la superficie es un eco lejano de esos que dejan las canciones que ya no escuchas y te cuesta recordar la melodía. Hay silencios que aturden y estás adentro de uno de ellos en este momento.

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Cuesta creer que esta calle es la misma de nuestra infancia. Todo se ha encogido un poco, las aceras amplias hoy se ven estrechas, los árboles que fueron altos ya no lo son tanto. Crecer es eso: cambiar de punto de vista y perderte en la perspectiva. Jugábamos beisbol en el parque aunque nunca habíamos visto un partido en televisión en la época en que todo se aprendía viendo televisión.  Jugábamos béisbol porque primero tuvimos bate y manilla que balón y guayos, sólo por eso. Porque de niños hasta los gustos son ajenos, una herencia que no pediste. Jugábamos béisbol, éramos los raros de la cuadra con ese deporte del que nadie se sabía siquiera el nombre de un jugador famoso.

¡Home run!

Bases llenas, corre, corre. Que no te alcancen tus peores pesadillas. Corre, corre. No es cierto que los vayan a echar de casa por no pagar el arriendo y tu madre los lleve a vivir bajo un puente. Corre, corre. No es de niños preocuparse por cosas así. Corre. Ya anotaste una carrera más. Lo que agota del beisbol es que puede durar más que una partida de monopolio. Sólo la noche logra que esto termine, ya está oscuro y toca entrarse. Mañana seguimos.

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¿Habría sido más sencillo si fuera diferente? No lo creo, sólo habría sido distinto, pero no hay ningún camino fácil para llegar al final de una ruta de la que no conoces el mapa. Eso que llaman vida es la suma de una incertidumbre tras otra y otra más, ésa es la única seguridad.

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Un salón de clase puede ser un lugar amable y hostil al mismo tiempo. Entre hileras de sillas y escritorios conviven tus angustias y anhelos cuando eres pequeño. El profesor lee tu nombre y juras que es capaz de leerte la mente, se va a dar cuenta que no hiciste la tarea con solo decir en voz alta tu apellido, como un conjuro. Puedes sudar más en este minuto que en toda la clase de educación física. Entonces recurres inconscientemente a un politeísmo conveniente y ofreces sacrificio a cualquier dios que te haga invisible en ese instante con tal que el profesor pase de largo.

Recreo y descanso pueden ser las palabras equivocadas para describir esa media hora en que puedes salir del salón para ir al patio, a la tienda y al baño. Sin tablero y profesor cerca tres chicos pueden convertirse en tres gangsters con solo doblar las mangas de su uniforme escolar. Y no quieres entrar en su radar. Pero siempre es tarde cuando ya te han detectado: hoy también vas a llorar.

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El verdadero peligro de sentirte confundido por mucho tiempo es que pierdes consciencia de la claridad que tuviste alguna vez. Te lo dije. El extravío es una brújula rota que te lleva a los acantilados cuando estás buscando la playa.

Hace días que no hay en tu cuerpo algo parecido al dolor de estar vivo. Te has ido acostumbrando a no sentir nada, por eso los relojes no te importan: por que esta es la hora en que cada minuto es idéntico a cualquier minuto.  

*

Ser niño puede ser la profesión más difícil del mundo y nadie te lo advierte. Simplemente estás ahí, igual que tus mejillas; para que te aprieten tus tías tus padres sus amigos y los amigos de sus amigos. Para que la vida te apriete. Y a veces te asfixia.

Recuerdo el día en que estaba tan enfermo en clase que las nauseas le ganaron la carrera a mi intento por pedir permiso para ir al baño.  La evidencia quedó en el piso, mi vergüenza también. Y el profesor en lugar de preguntarme cómo me sentía o enviarme a la enfermería me trajo un trapero y me puso a limpiar frente a todos. Frente a la risa y el asco de todos.

Nadie quiso sentarse conmigo en el recreo.

*

Apagas la televisión y las malas noticias escapadas del telediario siguen por ahí, pero piensas que no entrarán en tu casa porque el día de la santa cruz dijiste mil veces jesús, jesús, jesús...
 Sé que el mundo afuera, en las calles, no es como en las películas y que hasta en las salas de cine se siente mucho frío.
 Hay días en los que ninguna oración sagrada puede defenderte. Ni curarte la sensibilidad herida con ese miedo a todo, con esta pantofobia.
 Lo peor que pudieron enseñarte en la infancia fue a tener miedo.
 Hoy tienes miedo.
 Y te da miedo decirlo en voz alta, porque 
algunas palabras pueden quemarte la garganta.

*


Algunas palabras pueden quemarme la garganta. Siento que me quedé a vivir en un silencio. Y aturde. Cierro los ojos, aprieto los párpados, luego los abro como quien sale de un mal sueño: con desesperación. La torpeza encuentra mil maneras de enredarse entre mis dedos, incluso al escribir. Si lo pienso bien no recuerdo de qué color estaban hechos mis sueños, ni las promesas que me había prometido no olvidar. El espejo retrovisor en que se reflejaba la infancia está quebrado y no puedo ver atrás. 

Yo lo rompí.

jueves, 2 de febrero de 2017

SOMOS

Somos un chiste liviano, un meme mil veces repetido, el argumento resumido de una mentira en cadena enviada por whatsapp. Somos la realidad que no pregunta y después se queja. Somos la lorita que repite palabras con el mismo fervor con que un fanático religioso recita las líneas de su libro sagrado. Somos la hora del análisis que no quiere demorarse analizando nada. Somos un viejito que ha extraviado la dentadura y espera que todo le llegue ya mascado, no importa por la boca de quien. Somos la mentira mil veces repetida que empezó a sonar como una verdad incontrovertible. Somos la distracción que busca distraerse y que encuentra lecciones de historia en las telenovelas del canal privado de televisión. Somos la indignación express y la ola que es tendencia en twitter, una ola que se rompe a  punto de deshacerse al llegar a la orilla. Somos la maratón en Netflix, por favor no molestar. Somos el jurado que escucha a los jueces del sistema radial judicial en las mañanas. Somos el lamento público por la muerte de la última celebridad. Somos una cita entre comillas de un libro que no leeremos jamás pero que compartimos con toda seguridad. Somos este tiempo que vivimos en que puedes casi atravesar el día sin despertar. Somos el almuerzo a domicilio que ya viene porque hoy tampoco nos apetece cocinar alguna de las tres recetas que copiamos a mamá. Somos la corbata que aprendimos a anudar con un tutorial de youtube. Somos todo eso. Somos la selfie de Narciso frente a su reflejo. Somos la indiferencia, no joda más.

Somos todo eso.


También podemos ser más.




EL ÚLTIMO BAR

La casa en que creciste ya no está y con ella se fue tu infancia, lo sabes cuando pasas frente a la fachada que ya es otra, por una calle...