martes, 7 de febrero de 2017

LA TORPEZA ENCUENTRA MIL MANERAS DE ENREDARSE ENTRE MIS DEDOS



¿Recuerdas el color del que estaban hechos tus sueños? ¿Recuerdas el olor que te devolvía a la infancia? ¿Recuerdas las promesas que te habías prometido no olvidar? ¿Recuerdas cuando aún tenías sueños? Todo es una nube confusa, blanca-a-veces-negra-a-veces, te sumerges en ella como un buzo con poco aire en el tanque que no ha tenido noticias de su medidor de oxígeno desde que su mano besó al agua. Te has ido tan abajo, tan profundo, que la luz de la superficie es un eco lejano de esos que dejan las canciones que ya no escuchas y te cuesta recordar la melodía. Hay silencios que aturden y estás adentro de uno de ellos en este momento.

*

Cuesta creer que esta calle es la misma de nuestra infancia. Todo se ha encogido un poco, las aceras amplias hoy se ven estrechas, los árboles que fueron altos ya no lo son tanto. Crecer es eso: cambiar de punto de vista y perderte en la perspectiva. Jugábamos beisbol en el parque aunque nunca habíamos visto un partido en televisión en la época en que todo se aprendía viendo televisión.  Jugábamos béisbol porque primero tuvimos bate y manilla que balón y guayos, sólo por eso. Porque de niños hasta los gustos son ajenos, una herencia que no pediste. Jugábamos béisbol, éramos los raros de la cuadra con ese deporte del que nadie se sabía siquiera el nombre de un jugador famoso.

¡Home run!

Bases llenas, corre, corre. Que no te alcancen tus peores pesadillas. Corre, corre. No es cierto que los vayan a echar de casa por no pagar el arriendo y tu madre los lleve a vivir bajo un puente. Corre, corre. No es de niños preocuparse por cosas así. Corre. Ya anotaste una carrera más. Lo que agota del beisbol es que puede durar más que una partida de monopolio. Sólo la noche logra que esto termine, ya está oscuro y toca entrarse. Mañana seguimos.

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¿Habría sido más sencillo si fuera diferente? No lo creo, sólo habría sido distinto, pero no hay ningún camino fácil para llegar al final de una ruta de la que no conoces el mapa. Eso que llaman vida es la suma de una incertidumbre tras otra y otra más, ésa es la única seguridad.

*

Un salón de clase puede ser un lugar amable y hostil al mismo tiempo. Entre hileras de sillas y escritorios conviven tus angustias y anhelos cuando eres pequeño. El profesor lee tu nombre y juras que es capaz de leerte la mente, se va a dar cuenta que no hiciste la tarea con solo decir en voz alta tu apellido, como un conjuro. Puedes sudar más en este minuto que en toda la clase de educación física. Entonces recurres inconscientemente a un politeísmo conveniente y ofreces sacrificio a cualquier dios que te haga invisible en ese instante con tal que el profesor pase de largo.

Recreo y descanso pueden ser las palabras equivocadas para describir esa media hora en que puedes salir del salón para ir al patio, a la tienda y al baño. Sin tablero y profesor cerca tres chicos pueden convertirse en tres gangsters con solo doblar las mangas de su uniforme escolar. Y no quieres entrar en su radar. Pero siempre es tarde cuando ya te han detectado: hoy también vas a llorar.

*

El verdadero peligro de sentirte confundido por mucho tiempo es que pierdes consciencia de la claridad que tuviste alguna vez. Te lo dije. El extravío es una brújula rota que te lleva a los acantilados cuando estás buscando la playa.

Hace días que no hay en tu cuerpo algo parecido al dolor de estar vivo. Te has ido acostumbrando a no sentir nada, por eso los relojes no te importan: por que esta es la hora en que cada minuto es idéntico a cualquier minuto.  

*

Ser niño puede ser la profesión más difícil del mundo y nadie te lo advierte. Simplemente estás ahí, igual que tus mejillas; para que te aprieten tus tías tus padres sus amigos y los amigos de sus amigos. Para que la vida te apriete. Y a veces te asfixia.

Recuerdo el día en que estaba tan enfermo en clase que las nauseas le ganaron la carrera a mi intento por pedir permiso para ir al baño.  La evidencia quedó en el piso, mi vergüenza también. Y el profesor en lugar de preguntarme cómo me sentía o enviarme a la enfermería me trajo un trapero y me puso a limpiar frente a todos. Frente a la risa y el asco de todos.

Nadie quiso sentarse conmigo en el recreo.

*

Apagas la televisión y las malas noticias escapadas del telediario siguen por ahí, pero piensas que no entrarán en tu casa porque el día de la santa cruz dijiste mil veces jesús, jesús, jesús...
 Sé que el mundo afuera, en las calles, no es como en las películas y que hasta en las salas de cine se siente mucho frío.
 Hay días en los que ninguna oración sagrada puede defenderte. Ni curarte la sensibilidad herida con ese miedo a todo, con esta pantofobia.
 Lo peor que pudieron enseñarte en la infancia fue a tener miedo.
 Hoy tienes miedo.
 Y te da miedo decirlo en voz alta, porque 
algunas palabras pueden quemarte la garganta.

*


Algunas palabras pueden quemarme la garganta. Siento que me quedé a vivir en un silencio. Y aturde. Cierro los ojos, aprieto los párpados, luego los abro como quien sale de un mal sueño: con desesperación. La torpeza encuentra mil maneras de enredarse entre mis dedos, incluso al escribir. Si lo pienso bien no recuerdo de qué color estaban hechos mis sueños, ni las promesas que me había prometido no olvidar. El espejo retrovisor en que se reflejaba la infancia está quebrado y no puedo ver atrás. 

Yo lo rompí.

4 comentarios:

  1. Sin palabras, duele tanto como el momento en el que nos ha tocado existir, o más bien sobrevivir... Ojalá puedas recuperar la fuerza para coger los pedacitos del retrovisor y pegarlos... No importa que no queden perfectos, se que nada volverá a ser igual... Pero necesitamos ver atrás así sea un poco, porque el camino aún es largo y es necesario andar... Te quiero Juan

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  2. Uy, me dolió leer esto... debe ser por lo verdadero que es, pero yo aun tengo sueños, a pesar de mi avanzada edad y mi mayor miedo es no alcanzar a cumplirlo... muy bien escrito, gracias!!

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  3. Uy, me dolió leer esto... debe ser por lo verdadero que es, pero yo aun tengo sueños, a pesar de mi avanzada edad y mi mayor miedo es no alcanzar a cumplirlo... muy bien escrito, gracias!!

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