sábado, 18 de marzo de 2017

DESPUÉS DE VER LA MUJER DEL ANIMAL



UNO Interior noche / Sala de cine
Margarita García fue secuestrada por el primo de su cuñado. Raptada a ojos de tantos y con complicidad de varios cercanos a la familia. Margarita es violada, no sólo físicamente sino ultrajada emocionalmente de manera constante. Tan constante que suma siete años de abusos a ojos de todos en el barrio que, aún sabiendo qué pasa, no hacen nada. Les da miedo –o lo que sea- encontrarse con la reacción de El Animal. Sí, porque así le llaman al criminal autor de esta y mil atrocidades más. Ella, La mujer del animal, nos cuenta su historia a través de los ojos de Víctor Gaviria. Es un caso real sucedido en 1975 en la zona nororiental de Medellín cuando a muchos de esos barrios de allí aún les faltaba mucho para llamarse barrio y eran barro y madera y cartón y escaleras y promesas incumplidas.

La película no es violenta, digo, es tensa. Muy tensa. La violenta es la realidad. El director no se regodea en escenas que podrían fascinar a los Tarantinos de hoy. Gaviria es poeta y en esta película se hace muy visible esa cualidad suya. Claro, verla duele, pero duele más no mirarla, darle la espalda a una realidad que no conoce estrato y que se multiplica ante el silencio cómplice de una sociedad acostumbrada a ponerse lentes de callar ojos.

Tito Alexander Gómez es un actor feroz como su papel. De movimientos felinos en las primeras escenas y de mirada brutal tras las rendijas. Te asfixia con su presencia al entrar a cuadro. Cuesta creer que antes de este rodaje era conductor de bus para una flota en Rionegro, eso te hace pensar en el talento que tiene Víctor Gaviria para escoger y guiar a sus actores naturales. Que lo diga Ramiro Meneses. Natalia Polo carga en su piel el peso de las humillaciones y vejaciones que recibió Margarita, protagonizar esta película no debió ser fácil; ella es el temor en persona y el miedo vestido en harapos.

Pensar que esta película se hizo en un lugar que está a 40 minutos del centro de Medellín y que ilustra perfectamente sin maquillaje lo que sucedía 40 años atrás habla también de las décadas de atraso que viven muchos en este valle a esta hora. Atraso como sinónimo de inequidad.

Consistencia. Esa palabra define el camino que hemos visto en el cine de Víctor Gaviria. Un hilo sensible une los cuatro largometrajes que nos ha presentado en más de treinta años de ejercer su oficio. Y menciono que son cuatro porque entre una y otra película parece que hubiera rodado algunas más porque tanto así crece cinta tras cinta. Un hombre empeñado en ayudarnos a entender los rincones más oscuros del alma de esta ciudad, de este país.

Dos motivos tuvo Gaviria para escribir y dirigir La mujer del animal, el primero fue darle la palabra a Margarita quien le decía: “en esos siete años, Víctor, nadie me ayudó, todo el mundo sabia lo que me pasaba y nadie me ayudó” y el segundo motivo está al final de esa misma frase , mostrar el brutal proceso de normalización de los testigos que no hacen nada para salvarla del infierno. Esa naturalización de la violencia es, quizás, lo más violento que nos cuenta la película. 

Ése es el golpe que aturde más fuerte.

Y te lo llevas contigo cuando se enciende las luces.



DOS Exterior día. Cualquier día. Cualquier exterior.
El cine antioqueño ha visto recientemente cuatro estrenos que llevan el color local a las pantallas de circuito comercial. Los Nadie, Jericó: el infinito vuelo de los días, Eso que llaman amor y La mujer del animal. Luego de conversar con productores de estos títulos puedes decir que, combinados las cuatro cintas, estás hablando de algo más de cinco mil millones de pesos invertidos en contar esas historias. El cine es un negocio además de ser arte, está claro, y cuando sumas las taquillas de las cuatro no llegas a cien mil espectadores. Difícil pensar que el retorno económico esté representado en esa boletería, salvo la aplaudida Los Nadie que puede ser la más económica entre las producciones nombradas y por eso mismo alcanzar un punto de equilibrio a partir de la taquilla.

Lejos, muy lejos, de esta perspectiva compleja están El Paseo y otras películas livianas. Y eso no está mal; de hecho por la ley del cine los aciertos taquilleros de fin de año impulsan los estímulos económicos que reciben proyectos de otra naturaleza.

La mujer del animal pasó de estrenarse en más de cuarenta salas de cine a proyectarse sólo en siete pantallas en una semana. Desde los primeros minutos es fácil entender que estamos ante una película de culto, pero ¿quién dijo que los cultos tienen pocos feligreses? recuerde usted que el cristianismo es un culto con dos mil trescientos millones de personas y el Islam cuenta mil trescientos cincuenta mil fieles. Ser "de culto" habla de la trascendencia de la obra, un remedio contra la fugacidad de los tiempos que corren. El abrazo de la serpiente sólo tuvo su segunda oportunidad sobre esta tierra con la nominación a los premios Oscar, antes de esa noticia el grueso del público decía que era una hermosa película que no habían visto. Y ahí fue cuando los miles de espectadores se convirtieron en cientos de miles.

Dirán que la gente no quiere ver en cine lo que se encuentra en el noticiero y puede tener eso un grano de razón aunque no es un argumento incontrovertible. A mí me suena más como a una excusa fabricada por los mismos que dicen "eso es lo que hay que darle a la gente" y así no variar nunca el menú, porque enseñar a pensar siempre es peligroso. Por supuesto que vamos a cine a entretenernos, pero no es sólo una máquina de evasión. también vamos para sentir ¿Formación de públicos? no, no es necesario: hoy tienen criterio para escoger una buena película y mañana tienen criterio para votar por un buen candidato. Mejor deje así. 

Que una película colombiana -distinta a las comedias conocidas- estrene en cuarenta salas es un gran logro, pero es lo cotidiano para una cinta de hollywood de las que llega cada quince días es que se proyecte en 350 teatros en su debut. Con esas proporciones entenderán ustedes las diferencias en muchos números.




TRES Interior día. Un buen día.
Víctor Gaviria ya piensa en su quinta película. Se titula Sosiego. Es la historia de una mamá que piensa “mi vida es un fracaso” porque sus hijos no han llegado a ser y hacer todo lo que ellos hubieran podido y ella hubiera querido. Lo cotidiano en primer plano. 

Ojalá no pase una década como esta vez para que esta historia sea estrenada. Ojalá no sea tan largo el silencio obligado del director que sabe interpretar la membrana íntima de nuestra sociedad y que la expone bajo el reflector sin temor a incomodar. Ojalá su poesía tenga ocasión de contarnos tantas historias más, porque el cine de Víctor Gaviria es sensible y necesario.


@lluevelove

2 comentarios:

  1. Este escrito, serio y desinteresado, nos acerca al cine como una realidad. Siento: admiración, respeto y credibilidad, por el trabajo de Victor Gaviria y de otros cineastas Colombianos. Enhorabuena para los amantes de la cruda verdad.

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