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Mostrando entradas de mayo, 2017

EL ÚLTIMO BAR

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La casa en que creciste ya no está y con ella se fue tu infancia, lo sabes cuando pasas frente a la fachada que ya es otra, por una calle mucho más angosta que el recuerdo que tenías de ese lugar. Pasa luego lo mismo con los bares, donde el joven que fuiste no está y el bar tampoco. Salvo Berlin 1930, que es inextinguible, cualquier otro lugar que sentí mío alguna vez ya no está. Y si digo mío hablo de la música que escuché y los abrazos que conocían mi nombre. Trabajé en bares -mesero, barman, dj- a los que también me gustaba ir en las noches libres. Y fui a otros más en los que no trabajé y en todos ellos tomé jugo, limonada, café o gaseosa. Así eran las noches mías. El último lugar en que me sentí como les cuento fue en la Galería 10 -36, hace años no está, ahora es un parqueadero. Me detuve a verlo esta noche. Me sentí un poco como una canción que ya nadie escucha.

NO JUZGO AL SUICIDA

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Cada minuto pasa lento. Las horas son definición exacta de eternidad.
El día puede ser brillante y caluroso afuera, pero adentro la noche y el frío no terminan. El tiempo no es un efecto fugaz. De repente, todo reloj se detiene. Stop. Un estallido. Un crujido. Una convulsión. Luego nada. Luego todo.

No es tan simple y contradictorio como decir: es el suicidio de un comediante, cuando te mencionan a Robin Williams. No es la muerte sorpresiva de Garrik. Es el final de un hombre talentoso que muere de honda tristeza, es la puerta abierta que da al abismo, es esa oscuridad que abraza y encierra como un dolor que no termina. Es la depresión profunda.

La mirada de los otros puede ser pesada como un juicio. Las palabras que se dicen luego de enterarse de un suicidio siempre son un pesquisa que busca descubrir qué estaba roto en una superficie aparentemente lisa y sin fricciones. Todos los prejuicios asoman si el suicida era alguien que “lo tenía todo” es decir; un nombre conocido. Asumes que no …

BOJAYÁ, NUESTRO GUERNICA

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Por: Juan Mosquera Restrepo

El 26 de abril de 1937 se ocupó de marcar con sangre el nombre de un pueblo que no estaba en labios de nadie fuera de España: Guernica ahora está tatuado en la historia reciente de la humanidad. El bombardeo con sus explosiones hizo lo posible por desaparecer la población, Picasso con su pintura hizo lo posible para mantenerla en pie. Así el horror, así la resistencia, así la memoria. El Guernica.

Ochenta años.
Ochenta años que se han conmemorado celebrando la pintura y repudiando el bombardeo.

El 2 de mayo de 2002 un bombardeo también, usando cilindros de gas como bombas, y una lluvia de balas de varios días puso a Bojayá en nuestro mapa, porque en Colombia aprendemos geografía a partir de las tragedias. Un templo en ruinas, 79 muertos que minutos antes, vivos, buscaron refugio bajo un Cristo que luego, igual que ellos, volaría destrozado en pedazos. Y decenas de muertos más afuera de la iglesia en esos días. Y miles de personas más desplazadas, desarraiga…