martes, 2 de mayo de 2017

BOJAYÁ, NUESTRO GUERNICA

Por: Juan Mosquera Restrepo

El 26 de abril de 1937 se ocupó de marcar con sangre el nombre de un pueblo que no estaba en labios de nadie fuera de España: Guernica ahora está tatuado en la historia reciente de la humanidad. El bombardeo con sus explosiones hizo lo posible por desaparecer la población, Picasso con su pintura hizo lo posible para mantenerla en pie. Así el horror, así la resistencia, así la memoria. El Guernica.

Ochenta años.
Ochenta años que se han conmemorado celebrando la pintura y repudiando el bombardeo.

El 2 de mayo de 2002 un bombardeo también, usando cilindros de gas como bombas, y una lluvia de balas de varios días puso a Bojayá en nuestro mapa, porque en Colombia aprendemos geografía a partir de las tragedias. Un templo en ruinas, 79 muertos que minutos antes, vivos, buscaron refugio bajo un Cristo que luego, igual que ellos, volaría destrozado en pedazos. Y decenas de muertos más afuera de la iglesia en esos días. Y miles de personas más desplazadas, desarraigadas, arrancadas de su tierra. Sin casa ni pueblo ni donde volver.

Son quince años.
Son quince años ya. Y me pregunto dónde está esa canción que todos conocen y que nos estremece con el recuerdo de ese llanto, dónde puedo visitar la pintura que nadie olvida y nos atraviesa con trazos que son metáfora de la sangre que no debió derramarse nunca... No sé. No las conozco. Mea Culpa. Busco esa obra con la que el arte nos grita en la cara Bojayá como una madre llamando por su nombre a su hija muerta... y todos los pensamientos me llevan a Jesús Abad Colorado, a esa imagen suya en las ruinas todavía humeantes mientras las lágrimas no se han secado aún en las mejillas de los huérfanos, de las viudas, de los deudos. Y me detengo aquí y pienso en voz alta: este es nuestro Guernica.



NUESTRO GUERNICA 
Jesús Abad Colorado fotografió en mayo de 2002 las ruinas de la iglesia San Pablo Apóstol de Bellavista, Bojayá



El horror tiene nombre y apellido. 
Si hay víctimas hay verdugos. 
Y aquí todos metieron mano en el mismo fuego.
Guerrilla, paramilitares, militares e indiferencia.
A nadie importó el grito.
A nadie despertó el silencio.
Un país bañando sus culpas
en la sangre de un río de sangre 
que desemboca en la boca de sangre
de un mar
que busca un océano de olvido
que no olvida.
El horror tiene nombre y apellido. 



nuestros muertos, nuestras víctimas:












































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Fotografía: Jesús Abad Colorado, Mirar de la vida profunda / Página 61
Cuadros: Centro Nacional de Memoria Histórica, Bojayá La guerra sin límites  / Páginas 125 -135

Comité Víctimas de Bojayá: http://www.comitevictimasbojaya.org/index.php
Informe Memoria Histórica: https://www.centrodememoriahistorica.gov.co/descargas/informes2010/informe_bojaya.pdf

1 comentario:

  1. Santos inocentes. Mártires sin causa justa. Guerra es el apellido de este país. Justicia, somos un hijo natural que nunca ha sido reconocido por ese apellido, justo. El poder es culpable, y por ser poder nunca se auto-incrimina. La única justicia viene del reconocimiento, del recuerdo, de las letras como las de Juan que nos muestra una realidad que pasó, pero que pasó ayer, ayer no está lejos, está al lado, cerquita del aquí y del ahora. Juan esos textos tuyos que duelen.

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