miércoles, 24 de mayo de 2017

EL ÚLTIMO BAR


La casa en que creciste ya no está y con ella se fue tu infancia, lo sabes cuando pasas frente a la fachada que ya es otra, por una calle mucho más angosta que el recuerdo que tenías de ese lugar. Pasa luego lo mismo con los bares, donde el joven que fuiste no está y el bar tampoco. Salvo Berlin 1930, que es inextinguible, cualquier otro lugar que sentí mío alguna vez ya no está. Y si digo mío hablo de la música que escuché y los abrazos que conocían mi nombre. Trabajé en bares -mesero, barman, dj- a los que también me gustaba ir en las noches libres. Y fui a otros más en los que no trabajé y en todos ellos tomé jugo, limonada, café o gaseosa. Así eran las noches mías. El último lugar en que me sentí como les cuento fue en la Galería 10 -36, hace años no está, ahora es un parqueadero. Me detuve a verlo esta noche. Me sentí un poco como una canción que ya nadie escucha.


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