martes, 7 de noviembre de 2017

EL SUELO BAJO NUESTROS PIES





Suena el teléfono. Carlos al otro lado del auricular saluda, pregunta dos tres cosas como suele suceder cuando llama alguien con el que hace días no hablas y luego dice lo que venía a decir. La pregunta que hace puede servir para titular una tesis de varios tomos, un curso entero, una conferencia taquillera y rentable. La pregunta que comparte es “Juan, ¿cuáles son los retos de los jóvenes en el posconflicto?”

Jóvenes.
Retos.
Posconflicto.

Joven y reto son dos palabras que no están lejos la una de la otra porque ¿qué otra cosa es la juventud sino un desafío? Sobre esto ya hay líneas y páginas y libros y libros y más libros escritos. Lo nuevo aquí es la palabra posconflicto. Esto cambia toda la ecuación.

¿Quiénes han peleado la guerra en mayor número? Los jóvenes.
¿Quiénes han puesto la cuota más alta de muertos? Los jóvenes.

¿Quiénes deciden la guerra? Los viejos.

Es contra natura que los padres entierren a sus hijos. Pero nos acostumbramos a ese paisaje. Lo aceptamos. Algunos por temor, muchos por indiferencia. Y eso que para muchos sucedió en la pantalla del televisor siempre en el mismo horario cada noche, con la emisión de los titulares del noticiero en horario triple a, para otros tantos sucedió en la esquina del barrio, en la fachada de su casa, en la sala de velación del pueblo.

Toda la sangre derramada en décadas de confrontación tiene el color de nuestra sangre y también nuestro apellido. Porque un país también es esto: la primera palabra que va después de tu nombre.

Puedes juntar algunos números para intentar comprender, ése es el oficio de las estadísticas. Calcular los millones de jóvenes que comparten territorio, cuántos en la ciudad, cuántos en el campo, qué estudian los que estudian, cuántos están trabajando, cuántos trabajan en lo que han estudiado, cuántos son desempleados, cuántos viven apenas sobreviviendo… Puedes juntar esos números para hacer una pregunta porque todas las cifras que puedas tener sobre un papel no hacen completa una respuesta.

El país que quiere llegar a un lugar llamado futuro debe pensar en los jóvenes hoy, pero ese mañana no es algo que llega como viento que sopla sin saberse de dónde viene. Ese futuro no es algo que te adjudican como si fuera un lote baldío esperándote. Lo hacés vos. Lo hacemos entre todos.

Cuando dices posconflicto estás hablando de un después ¿después de qué? Después de los acuerdos, después de las firmas, después del desarme, después de la entrada de los ex combatientes a la vida civil. Pero el posconflicto no es sólo para los que ayer fueron guerreros armados de motivos y culpas. También es un después para todas las víctimas, las directas y las indirectas, para vos y para mí. Para la sociedad entera que ha estado en medio del fuego cruzado que sumó más de cincuenta años y que no es tan fácil de resumir como una guerra entre dos bandos.

Vos lo sabés.
Has vivido más de un día aquí.

El reto de un joven está en comprender que tiene derecho a un mañana distinto, que no es suya la biografía que vivieron sus padres. El reto está en entender  que no debe encerrarse para protegerse como en un combate sino, por el contrario, que debe abrirse para que podamos protegernos entre todos como sucede en los lugares en paz.

Nuestro país tiene tantas fronteras como cicatrices. El reto de los jóvenes está en no asustarse con lo que ve cuando Colombia se mira en el espejo. Hay una tarea por cumplir que empieza por reconocer que somos frágiles y también fuertes, que nos habita la contradicción, que no hay que guardarle miedo a la esperanza.

Sólo ahora, lejos de los reflectores, muchas familias vuelven a ser familia. Sólo ahora, lejos de micrófonos de radio, muchos desplazados comienzan a pensar que pueden llamarse Retornados cuando regresen al pueblo que dejaron atrás. Sólo ahora, lejos de los titulares de prensa, los barrios de las grandes ciudades se encuentran con que tienen nuevos vecinos venidos de una guerra que sólo habían visto por televisión y que también sucedió acá, en la misma tierra que pisamos todos los días. En el suelo bajo nuestros pies.

El posconflicto, con todo lo difícil que es y que será, es el tiempo de la más bella oportunidad: solucionar los problemas sin matarnos es la lección del nuevo día.

¿Los retos de los jóvenes en el posconflicto, me decías?

El reto más grande es no heredar el odio. 

@lluevelove

* Artículo publicado en la revista Papel Blanco, páginas para la paz
de la Fundación Instituto para la Construcción de Paz (Ficonpaz)

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